domingo, 26 de marzo de 2017

sábado, 25 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (XXIII)

Hay veces que es mejor pensar si va a amanecer. No es bueno que se nos caiga el alma del cielo, que nos vengan vientos africanos para jodernos el asunto. Habrá que resistir.

Camino de Las Azores (XXII)

Llegamos a las puertas del invierno pero no encontramos nada; llegamos a las mismísimas entrañas del asunto pero lo complicamos aún más todavía. No hay pistas, no hay brújulas en mitad de ningún sitio. Locura hasta la saciedad. Las piedras no llegan a ningún sitio. Preocupaciones al segundo, multiplicadas hasta el infinito. Hierro y níquel al poder.

La almohada con agua y sal

Los 70 puntos de Devin Booker frente a Boston Celtics

Menudo show. Si las lesiones no lo impiden, este tipo va para estrella global, con el ejemplo de Thomas enfrente esta noche. Bestial.

viernes, 24 de marzo de 2017

¿Error?

Ahora que espera en la librería de referencia, para mí no será un error volver a leerla, porque me parece que libros así son de obligada visita, de reflexión posterior, de acercamiento a momentos en que todo parece que se va a la mierda.

Camino de Las Azores (XXI)

Y algunos piensan que el invierno se fue para no volver, pero se equivocan. Siempre está aquí, con o sin muro. Pero la zona es la que nos toca asumir, nuestro compromiso con volver a se lo que fuimos. O tal vez, no.

jueves, 23 de marzo de 2017

Innan vi dör. Primera temporada

Sin aliento. La primera temporada de Innan vi dör deja sin aliento desde el principio. Lo que parece un asunto en familia (madre policía metiendo a su vástago en un jardín de drogas que le lleva a la cárcel) acaba por sacar la famosa batidora de mierda, salpicando todo lo que pilla a su alrededor. Y se enreda de gran manera: bandas de moteros enfrentadas, hechos de la guerra civil de la extinta Yugoslavia que salen al presente trayendo toda la jodienda del pasado. Tal que así. Y con una atmósfera sueca de redención, de escasa luz y tinieblas exteriores e interiores. Innan vi dör también es, desde el principio, una serie de desconfianzas, de miradas por el encima del hombro, de platos rotos y cocinas sucias, de sangre entre la nieve y aeropuertos que se abandonan antes de salir. Y tiempo extra, y topos que dan información en los dos bandos, y contracciones y armas y escapadas hacia ninguna parte. Y túneles de sangre e imitadores de Jackson Teller ikeaizados, vicepresidentes que esconden secretos y que, desean, la muerte del presidente. Secretos oscuros que lo mandan todo al diablo. Viudos que desean venganzan. Krajina. Estambul. Restaurantes con sed venganza, con bajos fondos y rubias que van provocando. Tinieblas nórdicas. Cuellos con señales. Dramas bajo la tarima. Pero todo es mentira. Todos llevamos un agente doble en nuestro interior, trabaje o no para la Providencia. Y en mitad de esa gran mentira, Kaliningrado es una tomadura de pelo. Submarinos que esconden grandes mentiras. Fotografías que esconden dramas. Charcos de sangre en mitad del páramo y en la costa. Pero sigue saliendo el sol y hay que seguir cazando ratas, hay que seguir completando puntos suspensivos en mitad del drama.

lunes, 20 de marzo de 2017

El dulcísimo nombre del Creador

Los Bravos. 1967. Francia. La tele. El blanco y el negro. La botella del refresco. Y la música. Bendito sea el dulcísimo nombre del Creador. Coda: Nada como escuchar himnos en Cuaresma.

Camino de Las Azores (XXI)

No hay vuelta atrás. Todo es despreciable, todo es inútil, todo es una gran sartén de ajos perdidos para el cocido. O tal vez, no.

Salamander. Primera temporada.

No está la primera temporada de Salamander a la altura de la de Enemigo Público, pero hay que decir bien alto ¡Viva Bélgica! Vivan las conspiraciones de estado, vivan los tipos que manejan el mundo, vivan los policías con buenas intenciones. ¿Por qué entrar al banco más poderoso y robar las cajas de seguridad y dejar el dinero? La información es todo. Chantajear a tipos sin escrúpulos es todo. Vale la pena tener de los cojones pillados a quienes dominan el cotarro. Pero siempre hay que eliminar a posibles testigos, a individuos que pueden tirar de la manta. Pero como dice la clásica frase, todos salimos perdiendo. Lo que esconde una caja de seguridad, mejor que no salga a la luz. La luz siempre hace daño. Y explotan bombas. Y parece que todo se va a la mierda en mitad del chantaje institucionalizado. La mierda, la del pasado, la de las escalinatas de palacio, la de los consejos de administración, la de las estaciones de policía, la de los conventos, la de los cuernos, toda ella, sale a la maldita luz. Y no hay sujetacorbatas que frene la venganza. No está bien subestimar a ciertas personas. Al final, todos los cargos públicos, en mayor o menor medida están rubalquizados. La seguridad siempre es relativa. No hay nada garantizado en nuestro bienestar. Nunca. No se puede confiar en nadie. ¿Elegir camisa? ¿Elegir políticos? ¿Elegir bazofia? ¿Elegir ruido o música celestial? Pero todo tiene un origen: la II Guerra Mundial. El pasado hizo bueno avales para el presente. Enfermedades internas que debilitan los países. Y paralizar el país. Colapso. Ira ante la corrupción. Escándalos de subsidios. La CIA metiendo sus narices. Todo se junta en la primera temporada de Salamander. O casi todo. Suicidios y renuncias, promesas de pompas de jamón, situaciones insostenibles, señales que no sirven para nada. Impresiones equivocadas. Y siempre se busca una cabeza de turco, un campesino flamenco que pague por los males del país. No hay fiesta completa sin chivo. Spika. Abril de 1944. Paracaidistas británicos. Resistencia ante los nazis. Todo tienen un pasado. Y la política, independientemente de las latitudes, sigue siendo una mierda. Pero a veces el honor existe. Quedan personas honestas. Pocas, pero quedan, aunque estén abocados a una muerte temprano, espirítual, profesional, física. Salamander. Un nombre con demasiadas preguntas como una biblioteca llena de libros en el convento más alejado de la historia. Perseveranter o no rendirse nunca, círculos de fuego para aislarse de casi todo. Jacob Lascaille. Imprentas del XVII. Dinero, poder, abuso. Y los sentimientos que te pueden meter en líos. Adiós a los sentimentales, a los que se dejan llevar por algo intangible, por algo que no debe mostrar en público. Cooperar o morir. Pero siempre hay vacíos en el pasado, documentos que se pierden, meses que no aparecen en los registros. Ascensores y disparos, huidas hacia adelante, estatuas ecuestres e internados de dolor. Personas convertidas en números: 110, 640 y suicidios de niños que se niegan a asumir su porvenir negro. Saltos al vacío para terminar de cerrar el círculos. Sobres que nos demuestran que no podemos cambiar el mundo. Charcos de sangre que evitan pensamientos positivos. Ambulancias que recogen las entrañas del suelo. Conspiraciones políticas. Seguir el rastro del dinero. Aunque la lista de interrogantes es alta, siempre se puede conjeturar, y, puestos a conjeturar, habrá que salamandear. Y todo lo demás, también.

domingo, 19 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (XX)

Y seguimos enfrascados en mitad de la catástrofe, en mitad del fraude de las expectativas, en la posición central de perder el tiempo. Sigue el miedo, sigue el cambio (a peor). ¿Las Azores solo existen en nuestras cabezas? ¿Negamos la existencia de Las Azores? ¿Y si cambiamos el nombre de Las Azores por el de timo? Y entre epítasis y prótasis, se supone que encontraremos Las Azores.

sábado, 18 de marzo de 2017

Fosa común

Ese debería ser el presente de muchos de nuestros políticos (nacionales, regionales, autonómicos, locales). Ascensores y políticos muertos. Fosas comunes para los ladrones de sentimientos y euros. Salamandras asquerosas que solo piensan en el interés personal, en la avaricia, en buscar necesidades vacías sin leer un libro.

Septiembre 2009

Llevaba desde septiembre de 2009 sin escuchar esta canción, sin esperar sorpresas en mitad de la madrugada. Septiembre de 2009. Parece ayer.

Himno para empezar un sábado muy largo

Los Acusicas en el horizonte. Siempre. Que se paren las rotativas, lo cooperación internacional y los nombramientos de por vida.

viernes, 17 de marzo de 2017

jueves, 16 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (XIX)

¿Pociones en mitad de ninguna parte? ¿Desilusión en mitad de la duermevela húmeda? ¿Resina sin carne? ¿Volvemos a ser perdedores en mitad de una brújula que no muestra el norte?

Camino de Las Azores (XVIII)

Seguimos en mitad de la niebla diaria. Recuerdos de un horizonte dejado atrás. Cansancio crónico. Vómitos crónicos. Rodillas sobre la madera, manos sobre las cuerdas, espaldas torcidas por la sal y el dolor. Es tóxico pero es lo que hay. No vemos iglesias de cristal en poniente, tampoco cebollas sin llanto ni alientos ni esperanzas.

La pereza de los jueves

miércoles, 15 de marzo de 2017

Otra vez.

Sí. La que siempre gana Guardiola sin Messi, sin Iniesta, sin Xavi, sin Busquets. La misma. Las cuentas.

Los nuevos idus de marzo de la política

Hoy me ha dicho un alumno que hoy era el cumpleaños. ¿El cumpleaños? Si, lo que nos contaste de Julio César. Aniversarios. Los idus de marzo. Julio César. Año 44a.C. Estamos en las mismas. El caciquismo político quiere hacer sangre. Mucha sangre. Sangre, sudor y elecciones a la vista. En todos los partidos, en todas las marcas, más o menos blancas, más o menos conservadoras, purgas. Una detrás de otra. Que no falten purgas. Todo mentira en política. Piara sin final, estiércol neuronal, tipos arbeolizados en su metabolismo político. Mierda sobre mierda. Pero da igual. Pasará el verano y si Sánchez pasa a segunda ronda, habrá elecciones en el rajoyato para conseguir la mayoría absoluta. Viva la democracia. En el sultanato de Sean Connery, nada nuevo bajo el sol. Tres cuartos de lo mismo. La misma historia de todos los días. Así nos va. Cada uno tiene el diablo político que se merece.

martes, 14 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (XVII)

Son jornadas de parciales. Lo que multiplicamos en unos minutos lo restamos durante horas de sopor. Perdidos en el dolor nocturno, cualquier división nos lleva a pique en el momento menos pensado. Desequilibrios mentales que nos llevan al abismo, a claves que pensábamos imprescindibles y que son manifiestamente cuestionables.

Camino de Las Azores (XVI)

Que se paren las sombras; que la luna no conspire contra nosotros; que el aire se vuelva respirable. Pero nada. Nuestros deseos son utopías sin JH. Plegarias que acaban en olas rotas. O tal vez, no.

Una de pucherazos (febrero del 36)

Volvemos a febrero de 1936. Volvemos a mese convulsos, meses en lo que todo valía. Y habrá que leer el libro para sacar nuestras propias conclusiones. 1936: Fraude y Violencia. Siempre es bueno recordar que hay personas que se dedican durante años a sacar a luz las mentiras institucionalizadas. Y Federico también nos da su opinión. Lo dicho: habrá que leerlo.

4 estaciones en La Habana. Primera temporada

Cuatro estaciones en La Habana empieza lento. No van con prisas. Buenas canciones, diálogos lentos, buenos mostradores, casas viejas sin 34, techos sin red, cables remendados, macetas multiplicadas, todo Cristo diciendo "te lo juro por mi madre" y muchas historias más. Y Jorge Perugorría vuelve a enamorarse, y vuelve a escribir, y se tambalea borracho, y fuma, recuerda con amigos el pasado y los bares lustrosos que nunca visitamos, y lentitud y jazz, y coches viejos, y sustos con la Policía Nacional, y cabrones que también aman a las orquídeas, y teléfonos reutilizados, y oficinas con humedades en los techos, y calendarios y la imposibilidad de conseguir café y cabezas llenas de humo, persianas aún más viejos. ¿Revolución es no mentir jamás? Y el miedo a que te dejen abandonado en la isla, largar(te) con un balsero y dejar todo atrás. Pero no. Siempre hay miedo en el cuerpo. Y hojas arrancadas en un Biblia, y el capítulo 17 del Evangelio de San Mateo y buscar una transfiguración de un hombre en un mundo que te oprime y te aniquila o te manda a cortar caña para que te conviertas al machismo-leninismo. Vaya figura este protagonista, Mario Conde, escribiendo con su vieja máquina, sobre folios húmedos y buscando ron para celebrar cualquier cosa. También salen los jinetes apocalípticos, los asuntos internos, mitad cuervos y mitad buitres que escarban buscando cualquier miseria para justificar(se). Buenas vistas aéreas, buenas vistas nocturnas, buenas casas coloniales pero la comida es un lujo y hay que ponerle mucha imaginación para seguir creyendo en la Revolución. Demasiada. Y los budas de oro enterrados y la mierda del régimen y la temporada de huracanes y el dolor existencial. Grandes momentos, aunque con altibajos, en esta primera temporada de Cuatro estaciones en La Habana. Quizás la velocidad, quizás a humedad, quizás la lluvia, quizás la ausencia de esperanzas. Pero siempre nos queda la Creedence Clearwater Revival. O lo que haga falta.

lunes, 13 de marzo de 2017

Scarlett

Tú me decías que me querías, que ibas a estar toda la vida, conmigo. Tú me decías que me querías, que ibas a estar toda la vida, y era mentira...

Camino de Las Azores (XV)

Y ahora, los virtuosos de las Biblias, empiezan a hacer sus agosto en invierno entre el Génesis y el Apocalipsis. Y mientras, el resto, escupimos en el mar.

Copiar

Buenas palabras para empezar un lunes. Buscando la originalidad lo único que hacemos es copiar, copiar y copiar. Todo tiene un precio. Y no tomamos medidas, seguimos copiando. Y todo lo demás, también.

Camino de Las Azores (XIV)

La ultima ocurrencia es volver. Desactivar, deshacer el trayecto realizado y volver. No cabe un tonto más. No cabe. No estamos para este tipo de regalos. Palabras muertas para llenar vacíos. Ahora, en mitad de este desastre, pensando en Arias y letras, todos somos expertos en lunas.

domingo, 12 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (XIII)

Nos hemos convertido en prestamistas de sueños ajenos, en usureros de deseos que no nunca se van a cumplir. Vamos en mitad del duelo, pero la copa sigue inmensamente llena de aire. Hígados secos y pesadilla continua. Jodiendas mironianas que el anticiclón en el que nos encontramos nos provoca.

Camino de Las Azores (XII)

Y llega la noche, las pesadillas, la ausencia de todo y no queda ron y dan ganas de seguir al viento y no las coordenadas marcadas. ¿De verdad amamos la oscuridad?

Los 30.000 puntos de Robin Hood

Andrés Montes lo rebautizó como Robin Hood pero los 30.000 puntos de Dirk Nowitzki son un hito para la historia del deporte profesional. La única pega, quizás, aquella eliminatoria de primera ronda de postemporada contra los Warriors en la que cayeron ante los de Don Nelson. Pero nos quedan sus canastas y, como diría don Guillermo, "su tirito de toda la vida".

sábado, 11 de marzo de 2017

La Casa Ocre

Conocí a José Luis Cano Clares hace un tiempo en El Sur. Con José Luis se puede hablar de política. Sabe mucho y conoce a mucho personal. En febrero de 2016 me regaló La Casa Ocre. En la introducción, José Luis escribe que "el mundo tiene fin es tan cierto como que se nace o que se muere. Mundo no hay uno solo". El Capítulo I, El Carromato, recuerda a la mula, a las moscas, al tío Pedro, el conocimiento del camino de la mula. Recuerda el "sombrero de fieltro con badana". Los detalles, siempre presentes. Y el tiempo pasa, como demuestra la vejez de Eusebia. Supervivientes de una época en la que había que mirar mucho al cielo, con miedo al granizo o a lo que pudiera caer. Arados romanos, ni más ni menos, que un tal Victoriano y sus secuaces utilizaban. Recuerda José Luis que "no hay más reloj que el sol ni más urgencias que las que marcan la estación o el día". En el segundo capítulo, El Viaje, habla de los preparativos para salir de la ciudad una vez que hay vacaciones en la escuela. Lugares reconocibles: Vidrieros, plaza de la Paja, Plano de San Francisco, el molino de Roque, el Barrio con mayúsculas, el río presente. Y nombres de políticos que, comparados con los de ahora, son de otra galaxia: desde Sagasta a Cánovas. Y luego, pasar por el Rollo a la carretera del Palmar (ahora llamada Avenida, con un par), y llegar a la Venta de La Paloma, y parar en el cruce de Corvera, y la venta de la Virgen, y la venta de San Antonio y todo lo demás, también. La Casa Roja es el tercer capítulo, esa casa más cercana al árbol de las bellotas. Y recordar la carrasca, y su hermosura y su porte. Y la casa, con su atrio, y su enlosado de piedras, y el tejado a dos agua, y las tapias ciegas, y el pozo, y el luto de Feliciana, y el matrimonio que, originalmente nombran a sus hijos Juan y Juanita, y son gente callada. La Casa Blanca es el cuarto capítulo. Pedro y Eusebia, la mujer que "no espera en este lugar otra cosa que el paso de los días, de los meses y las estaciones". Y añade José Luis sobre ella: "Y que no exige a la vida otra cosa que el respeto o la consideración a esta manera de ser o de entenderla? Y la autonomía de esas minúsculas casa, y la alacena donde un tal Juanico vende loterías traídas por italianos. En el capítulo quinto escribe José Luis sobre La Casa del Labrador, con Victoriano y Rita, y sus numerosos hijos. Casa "indefinida" según JLCC. Esos hombres que se pasan todo el día currando en el campo, todos los días del años, como escribe José Luis "sin fiestas ni domingos". Y los únicos que van a la escuela son los infantes, los pequeños de la casa, Andrés, Víctor y Antoñín, y como siempre, a alguno se le iba a llevar al seminario de San José, y separarlo de la tierra y del campo y de todo lo demás. Aquí hace JLCC referencias a la posguerra, a la economía de subsistencia, y del valor del lugar porque "en el campo se comía". Pero el agónico sistema hizo que muchas personas optaron por marchar a la temporal vendimia y, posteriormente, buscar trabajo definitivo en Alemania o Francia o dónde hubiera empleo. Y como Bazán y Escombreras reclutaron gente del campo y muchos no volvieron a ese campo que les daba de comer hasta entonces. Y el gallinero, con cluecas y pizpiretas, y el gallo haciendo de Lotus despertando al personal, y los pavos al margen y todo lo demás también. Y en la velada, tras comer sobre el mantel de hule (como hacemos todavía nosotros en la residencia catastral), los hombres cogen sillas bajas y hablan del día, el mismo duro de todos los días desde que el Lotus con cresta los avisó de que el campo esperaba. Y Pedro y Juan, comiendo pisto de patatas y pimientos, y tocino y pan. Como todos los días. Y los chiquillos acuden al cuento de la luna, que es "peligrosa, traicionera y malvada, y guarda un resentimiento especial hacia los niños noctámbulos". Y el tío Pedro manda y todos escuchan. Y punto. El capítulo sexto hace referencia a la ciudad. Esa ciudad de posguerra de "ambiente helado, congelado en este tiempo frío de abrigos largos, bufandas anudadas y verdugos que cubren la cabeza". Y la mesa de camilla, siempre presente, con los braseritos, y el flexo (también lo sigue utilizando mi padre en la residencia catastral). Y JLCC nos trae a la memoria el recuerdo de las últimas jornadas de la Guerra Civil Española, y "Murcia y las provincias vecinas del Levante se habían visto ocupadas en los últimos días de guerra por un ejército folclórico de moros africanos, requetés de Navarra y campesinos castellanos". Y nos deja otra frase para subrayar y repetir: "Esta clase de guerras se pierden para todo el país, pero se pierden más para los que le ganador considera como perdedores". Y al ser Murcia fiel, los murcianos pasaron a ser sospechosos, desafectos. Y sí. Hace frío y la pobreza era eterna. Y los gatos, y escuchar la música que ponía Radio Luxemburgo, y el portero Juan, y Domingo y Pura, y la Bernarda y Domingo y el tendero, "infieles en tierra de creyentes, obligados, según la tradición inquisitorial, a justificarse y a intentar comprender esta especie de penitencia permanente que se les aplica por no haberse sublevado como los vencedores". Y pasar la noche escuchando la BBC, o Radio París, o Radio Tirana o emisoras albanesas. Escribe José Luis: "Haber nacido en el seno de una sociedad perseguida permite, desde muy temporano, conocer la extraña sensación que sólo percibe quien se encuentra exiliado en su propia tierra. Comprendes enseguida que llevas grabado sobre la piel una especie de estigma inocultable". Y describe la ubicación de la estatua del cardenal Belluga en la Glorieta, con las palomas revoloteando y fastidiando al personal, y Floridablanca aguantó en su jardín ajeno a otras historia. El capítulo séptimo se refiere a San Antolín, el barrio, separado del barrio de San Pedro gracias a la calle del Pilar. Y el mercado de Verónicas, y la Lonja que ya no está, y el antiguo camino de Castilla, y la taberna a la entran solo los hombre, y la plazuela de San Ginés, y el convento de las Agustinas y las visitas, y la casa de las Ritas, y "el Monín", y con esas llegamos al capítulo octavo, La Casa Ocre, y el recuerdo de los grandes árboles que estaban desde el Rollo hasta El Palmar, y de los que solo quedan unos cuantos a la entrada del Lugar de Don Juan antes de llegar al Reguerón. Y el cuarto de los santos, y el sable militar cuya procedencia se desconoce pero que lleva la fecha de 1863 y que salió de Toledo, y la caracola entre el arca y las camas y el mar Menor al que accedían a través de la estación del tren de Balsicas, y la Cartagena militar. La casa la describe José Luis con "gruesas paredes y huecos pequeños que protegen del sol y aíslan del frío, y el recuerdo de las mecedoras, que "son durante la tarde como barcas, balanceándose sobre la tierra humedecida". Y el agua, el capítulo noveno, en el que JLCC habla de "esto que llamamos secano es en realidad casi un desierto", y del filtro de porcelana, y las labores de bordado. Y en el capítulo décimo, el campo con sus ramos y sus pozos, y como Andrés y el Rojo trepan , y los camino y los partos de las ovejas. Y la siesta ocupa el capítulo undécimo, con el calor del mediodía y los cuatro tomos del Quijote en los cajones del escritorio que "llenaba las horas de la siesta". Y por allí había un Corazón de Jesús y una virgen de Fátima y una Sagrada Familia. Y en la patio trasero de la casa, la pocilga. Dice José Luis que "los cerdos son como almacenes vivos de tocino". Y el automóvil es el título del duodécimo y último capítulo, en el que cuenta que el tío Juan el Viejo apareció muerto sobre una loma, y la gente de Victoriano marcharon a Escombreras y que el lotero pilló un premio gordo, y todo salió de allí incluidos el filtro de porcelana y la caracola y el decimonónico sable y los tomos del Quijote, pares para unos e impares para otros. Y así acaba La Casa Ocre.

viernes, 10 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (XI)

Y, de vez en cuando, ese rayo de sol que pensabas que no llegaría nunca, llega. Y te arregla la brisa y lo que haga falta. O eso es lo que tú crees.

jueves, 9 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (X)

Como dice IF, seguimos girando a la deriva. Pero viva la puta deriva a la que vamos en la que pienso en ti.

Camino de Las Azores (IX)

Y a falta de agua dulce, chaconas; a falta de ropa limpia, dame un uno, dame un cuatro. Todo se fue al carajo pero nos sigue quedando un himno, simple pero mágico, que podemos tararear y laudear.

Camino de Las Azores (VIII)

No. No. No. Desistir no entra en nuestro vocabulario aunque el destino no sean islas sino cementerios sin absenta ni mezcla ni ron austriaco. La salud mental ha dicho basta. Ni Miró, después de cinco días sin dormir para pintar aquellas paranoias de azules, rojos y amarillos, se encontraría en una pesadilla como la nuestra. El desastre nacional es nuestro nombre, es cada uno de nuestros apellidos, es cada uno de los momentos en que somos incapaces de dormir. Recuperemos el espíritu de Thomas Shelby. O el de Steve McQueen. O el de algún barbudo sin escrúpulos. Pero recuperemos el espíritu.

Camino de Las Azores (VII)

No quedan fondos. Nos van a comer los buitres que ya nos rodean. Nos llaman caraduras; nos llaman imbéciles; nos llaman iluminados. Yacimientos de promesas incumplidas. Prisas para llegar al hambre. No vamos a ningún imposible porque imposible era nuestra salida y aquí estamos. Ante el vicio de ensuciar el deseo de gaviotiles pensamientos. Bitácoras olvidadas. Adiós al fin porque el ambigú es demasiado largo, casi infinito.

miércoles, 8 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (VI)

Sigue la huida pero los farsantes totales, los leninistas totales, siguen jodiendo la marrana. Todo es mentira menos el miedo que tenemos en el cuerpo. Los matones del barco más rápido nos llevarán a una encerrona. Aquí no hay llegada feliz. No hay llegada. No hay.

martes, 7 de marzo de 2017

Himno para superar un martes con sueño

Imputación formal

La penúltima Ron sin Jeremías es la llamada imputación formal. Nos siguen tomando por gilipollas, por imbéciles, por subnormales, por la soberbia de estos tipos que no se mueven de su sillón. Y después del verano, elecciones para acabar con lo poco que queda de PSOE. Lo que pasa en Murcia se queda en Murcia, como si estuviéramos en 1898 y el reino valcarcil fuera Cuba. Así nos va. Tocando la mierda que ya nos llega al cielo del boca y tragamos vómito continuamente.

Así nos va

Acierta de lleno Don Arturo. Hay que leerlo. Y punto.

lunes, 6 de marzo de 2017

¿Qué mitad?

One Mississippi. Primera temporada.

Resulta que la vida es muy hija de perra. Y luego está la existencia cotidiana de Tig, la protagonista de la primera temporada de One Mississippi. Una auténtica jodienda con vistas al río la vida de esta mujer: cáncer, enfermedades que te hacen la vida imposible, un padrastro insensible, una novia con sus cuitas, un hermano peculiar, un padre biológico borracho. Y con ese panorama, muere su madre y vuelve a casa para despedirla, y siente que debe quedarse para contestar preguntas, para completar puntos suspensivos, para hacer un milagro de su día a día. Porque su vida cotidiana es un infierno. Un puto infierno. El pasado es un hijoputa que te golpea sin avisar. El postureo, otro hijoputa que te pregunta por tus cicatrices, por los gatos perdidos, por los abusos de la infancia, por las coronas de las reinas, por los comentarios caducados, por los estribillos susurrados ante la ausencia de la novedad. Pequeña joya imprescindible en sus primeros seis capítulos One Mississippi. ¿Y qué queremos hacer cuándo tenemos cierta edad y no tenemos casa o novia desde el instituto o tu castillo de naipes se desmorona en una caída ante un sofá blanco? ¿Por qué pasar tiempo con personas que no se lo merecen? ¿Por qué intentar olvidar cuando la pesadilla es continua? ¿Por qué comportarte como un puto adolescente con edad para estar en el asilo? Todo es mentira, y esa mentira la cuenta Tig desde su particular programa de radio, desde su voz baja, desde su interminable colitis, desde su asiento con ruedas que no giran sino que descarrilan hacia ninguna parte. O tal vez, sí. Tal vez tengamos que descarrilar, chinchillear y volver a usar la vida como toallita de baño. O tal vez, no. Tal vez no sepamos qué hacer, tal vez no sepamos, tal vez no. Tal vez. Juegos de palabras que no llevan a ninguna parte, eso es la vida. Y siempre fallamos. Coda: Pero a veces, una simple canción nos arregla la vida. O la jode. Coda 2: Y nada es lo que parece. Nunca.

Sumando columnas

domingo, 5 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (V)

Volvemos a releer el cuaderno de bitácora. Estamos perdidos. Pañuelos sucios. Tinta perdida. Zafiros y rayos diáfanos. Claves que anuncian macabros vicasterios. Demasiada inquisición con el estómago vacío. Más de la permitida, más de tolerable en dosis limitadas. Seguimos derivando hacia una isla que nunca llega, con o sin pijoapartes a los que venerar.

Aljucer. Marzo 2017.

Se han adelantado los idus de marzo. Lumbreras del mundo. Iluminados. Sobran las palabras

Camino de Las Azores (IV)

Imposible volver a empezar. No valen las súplicas. No valen los jabones para engañar al hedor. Sueños que no llevan a nada. La humedad, otra vez, jodiéndolo todo. Salitres de paladar sangrante. Venenos en dirección sureste. ¿Está muerta esta ruta? ¿Nos lleva al infierno? ¿Por qué las barras de la bandera no relucen?

19 días

sábado, 4 de marzo de 2017

Camino de Las Azores (III)

Vienen mal dadas. La tormenta nos mira desde el firmamento. Solo hay silencio antes de los truenos, solo hay eses después de los puntos. Siempre, siempre, siempre. Pésimas elecciones, séquito de zombies, estampas bíblicas en mitad del lapo en el mar que no sirve para nada. Escupir en el mar. Sangre en el paladar. No habrá Azores sin sufrimiento. Coda: No sería mala idea reimplantar el Código de Eurico o la Lex Romana Visightorum. O los fueros. O los huevos. Lo digo para preparar el retorno de los hunos para la burocracia de los otros. (José Perona)

Camino de Las Azores (II)

Viento sur. Arena en los ojos, pero no por el viento. Relectura de Espejos de una Biblioteca con el sol a la espalda. No vemos las islas en el horizonte. Utópicos momentos, debilidad máxima, rodilla ensangrentada, enfebrecidos momentos de lucidez. La carga es la única opción. No hay más. Fue el perchero roto, fueron las velas rajadas, fue la cera sobre la madera, fue el barril de ron, fue el jarabe sin la tos presente. Coda: Fue escuchado en boca de un sabio moribundo:" Los nombres de las cosas son las marcas. Las marcas son las cosas. Las vidas de los hombres son pretextos semióticos". Y un poeta loco, de nombre ya perdido, escribió con grueso trazo: Maldito seas. Me has vencido" (José Perona, La hermosa Babel).

Camino de Las Azores (I)

Hemos cambiado de bandera. Llevaba la yanki. Somos gringos caminos de Las Azores, pero unas Azores muy distintas de las de Aznar, Bush, Durao Barroso y Blair. No estamos en marzo de 2003. Pero tenemos otra guerra que ganar. Siempre tenemos que batallas que luchar. Siempre hay muros que derribar, siempre individuos por los que velar, siempre hay viento que nos lleve a otra misión. Todo está podrido en alta mar, solo hay ratas en despensa, solo dolor y humedad en los huesos. Pero es lo que hay. No queda otra. ¿Y ahora qué? Nos vamos a pique, pero con dignidad. Somos campeones en venta, somos Curros Jiménez buscando Napoleones. Y todo lo demás también.

miércoles, 1 de marzo de 2017