jueves, 31 de diciembre de 2020

Hacen falta más tipos como Sergio Algora

Jugando a historia ficción, a canción ficción, a ficción dentro de la ficción cual Woody Allen con viento de ese aragonés del bueno, estoy imaginando las canciones escritas por Sergio Algora durante el confinamiento pandémico sobre citas que nunca ocurrieron, sobre lo que te sienta bien o mal, sobre el humo de los bares, sobre el fuego en la boca, sobre la existencia acompañada de soledad y miedo. O no. Tal vez nunca imaginamos secuencias bíblicas, nunca creemos que nada puede ocurrirnos, que todo es mentira y que nunca existió aquel fatídico día de julio de 2008. Todo es mentira y todo sigue siendo mentira.

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Hágase querer por un James

No. No me refiero a la relación entre James Rodríguez y Carleto. No. No. Escuchaba esta mañana a Santiago González y a Rosana en ELMDF hablar sobre la concesión de la ciudadanía española a James Rhodes, icono de la nueva izquierda (ejemplo de clase trabajadora que se esloma de sol a sol en la industria española, en la construcción española, en la minería española). ¿Qué ha hecho James Rhodes para conseguirlo? ¿Es necesario? ¿A qué intereses representa el pianista (bien)peinado. ¿Cuántas personas necesitarían la nacionalidad española para salvar su vida? Pues muchas. Más de una vez he recordado por aquí los llantos de una madre de un alumno de mi tutoría, venezolanos todos, media familia allí, media familia aquí, recién llegados a Torreagüera, ayudados por el CEPAIM y por todos los dispuestos a ello, con el tema del papeleo y toda la mierda burocrática pertinente. Pero si eres amigo, fiel escudero, vasallo de unas ideas, da igual: lo consigues todo. El ejemplo de MM, rubia jotaefekiana al poder. Mejor lo resume Malpartida. Mucho mejor. Pero si te llamas Óscar Pérez, no.

martes, 29 de diciembre de 2020

Grandes momentos de la televisión

La Corona Vacía: Ricardo II

Empieza La Corona Vacía con la historia de Ricardo II. Un mono, un duelo, un primo dolido, un fiel vasallo ofendido, un tío enojado, una espada que vuela. Tiene de todo desde el principio The Holy Crown al ritmo del tito Guilllermo Shakespeare. Y claro, el que se pasa el día ofendiendo a los demás, rodeado de chupatintas y pelotas, acaba mal. Muy mal. No siempre haciendo el bien recibes agradecimiento, pero suele pasar que el que siembra vientos recoge Katrinas. Katrinas de las de verdad, de flor de lis en tierra de los Saints y los Pelicans. Y los que juegan a pintar a San Sebastián, acaban sansebastianizados; los que juegan a juzgar cual Cristo, acaban cristianizados yendo antes de tiempo con el Todopoderoso que todo lo iguala y a nadie deja indiferente. La historia de Ricardo II es una historia de venganza y envidia, de dolor traumatizado por familias engendradas dentro de la más asquerosas de las infamias. Pues viva la venganza, la envidia y la infamia, en cualquiera de sus órdenes, estrecheces y mentiras. Porque esta política medieval, estas mentiras institucionalizadas, estaban a la orden del día. Primos que mandaban matar a primos, o mandaban con palabras envenenadas a que otros instrumentalizaran su necedad. Si el Principio de Peter lo vemos normal con ZP, Rajoy o SP-C, en la Edad Media vivían en él, en la espada y el yugo, en la mentira cruel y constante. Y todo lo demás, también.

domingo, 27 de diciembre de 2020

viernes, 25 de diciembre de 2020

The Good Doctor. Tercera temporada.

Otra vuelta de tuerca en la tercera temporada de The Good Doctor. Más drama, más llantos, más quebrantos, más dolores de cabeza, más jarana y más muerte. Amor, desamor, huida hacia adelante, renuncias, novedades, rupturas, envidia, familia, idas y venidas. Pero con el drama por encima de todo. Mucho drama. Que no falte en el universo Shore. Nunca. ¿Vale todo para forzar la lágrima? ¿Vale todo para conseguir audiencia? ¿Vale todo en el universo de la ficción? Si se hace bien, si que vale (casi todo). O quizás, no. Gran tercera temporada de The Good Doctor. Veremos como sigue la ficción con la pandemia coronavírica. Al tiempo.

Himno de día de Navidad de 2020

Industry. Primera temporada.

La primera temporada de Industry viene salpicada por referencias a Girls, a la dirección de algún capítulo de la creadora de Girls. Pero esta serie es mucho más que Girls (me quedé en la segunda temporada, no aguantaba cuitas inaguantables). La primera temporada de Industry viene salpicada por referencias a Girls, a la dirección de algún capítulo de la creadora de Girls. Pero esta serie es mucho más que Girls (me quedé en la segunda temporada, no aguantaba cuitas inaguantables). Algún cursi, alguna cursi, algune cursi (¿tenemos equivalente feminazi para la palabra cursi?), escribirá, dirá, grabará un podcast sobre la presión que tienen los niñatos, niñatas y niñates de los bancos de inversión, el estrés de jugar con millones de libras y euros y dólares, dólaros y dólaras (no confundir libras con libros, las libra siempre era el equivalente a 100 pesetas), sobre el estrés de un exigencia laboral inabarcable. Y empieza Industry con la muerte de uno de estos niñatos que estaba casado con su profesión y, literalmente, vivía para su trabajo, para agradar a sus jefes, jefos y jefas (porque vaya retratito acertado hace de los que mandan, de la cadena de manda y del vivo reflejo del Principio de Peter en el trabajo). ¿Cómo ha llegado a ser jefe, jefa o jefo? Pues dándole a lo que Montero Glez decía que le había dado MM hasta llegar a ser MM. Está claro. No he contado (como hacen mis alumnos con mis chascarrillos en 4º B este pandémico curso) las veces que dicen resaca, que dicen de quedar tras el trabajo, que dicen de liarla parda aunque no tengan posibilidad de liarla parda. Nada como chocar contra un cristal varias veces durante una fiesta del trabajo, nada como una caída en mitad del océano, nada como escupir en el mar antes de ser despedido, nada como mentir en mitad de la mentira. Industry vuelve a demostrar que todo es mentira. Nada es real. Nada tiene veracidad en este opaco espejo de mentiras, en este páramo de indignidad que soportamos en el trabajo. Y somos culpables todos los que no somos los suficientemente reacios a aguantar lo que antes no aguantábamos. ¿Facturas? ¿Recetas antisoledad? ¿Volver para vivir en una mentira? ¿Trabajar en algo que no te gusta para comprar cosas que ni necesitas ni vas a necesitar? ¿Quién necesita un traje nuevo teniendo 20 trajes ya aunque parezcan de un Funerarias Saturnino? De Funerarias Saturnino hablaremos otro día. Industry es una reflexión sobre la soledad de gente que cree que, estando rodeado de seres sin principios durante horas y horas, ya tiene suficiente. Ni suficiente ni leches ni pepinillos en vinagre (aunque ahora estoy dándole más a las guindillas picantes en vinagres plurales recogidos sin daños corporales). La soledad. Hemos creado una sociedad de individuos que viven solos cuando creen que son el centro del universo; de tipejos que creen que una red social es vida social; de sociópatas que escuchan mierda y creen beber ambrosía. Ni la pandemia nos hará mejores. Ni mucho menos. Vivan los bajos instintos. Y de la retahíla de frases, mejor ni empezar porque van a ser lapidarias (o lo serían si esta serie la dirigido Guy Ritchie). Industry es recomendable para verla en Navidad, para pensar, volver a pensar y creer que pensando, otra vez, somos mejores. Mentira. Lo que es Industry es un manual de supervivencia, un instrumento para saber que no se puede confiar en nadie, un recordatorio de la inexistencia de amigos en el trabajo (gente con la que pasamos ratos). O no. Y que hay individuos, individuas e individues que no saben, no quieren y no pueden vivir sin el trabajo. Tal que así. “Sobrevive diciéndoles lo que quieren oir”, espeta un politoxicómano expulsado del trabajo de su vida, expulsado de drogadictos anónimos, despedido de por vida. Le tocaba escuchar La Copa de Europa de Los Planetas, pero ni siquiera sabía que existía. Y estos jóvenes profesionales en ascenso, antes llamados JASP (no como los alumnos de antes Julio, Agosto, Septiembre, puteados… porque ahora les suda el pepinillo en vinagre (o la guindilla, o las tápenas) estudiar en verano), solo quieren ser adorados por los demás cuando hablan de sí mismos en tercera persona. Con un par. Más frases: “Una buena noche con un cliente vale más que 100 informes”. O 1000. O 1789, o guillotinas para todos, o “algún aún por descubrir o algo dentro de mí” como cantaba Jota en LCDE. Y los tópicos políticamente incorrectos que tanto se añoran en las nuevas series políticamente correctas, y serias, y mentirizadas desde el útero materno por la superioridad moral de la izquierda: “No deberían darle pasta a los negros”. Como para decirlo en clase. Y hasta para recomendar a los adoradores de sermones hay regaladores de consejos: “Sé como el cura en el púlpito: claridad y convicción”. Pues eso, Industry es claridad y convicción. Y punto. Coda: Algún día, subidos desde un campanario, habrá que explicar, como el tullido de Sospechosos habituales, la mentira estilizada, la gran mentira de la que desconfiar en mitad de una vuelta insospechada. O no. Coda 2: "Si quisiera una historia, leería Moby Dick". Leer, vaya cosa de infames, pijo.

Navidad de Reserva

Yo soy el fruto de un sueño irreal...

Alsinianos todos

jueves, 24 de diciembre de 2020

El Cid. Primera temporada.

El Infierno, castellano y leonés, sigue llenos (entre parias y taifas) de buenas intenciones. ¿Cómo plantear una serie como El Cid contentando al personal? Díficil, muy complicado. Pero es lo que hay. Hay que intentarlo, aunque tengas cagadas varias, echanovizando y bardemizándolo todo. Sangre fresca, batallitas, luchas por el poder, relaciones fraternales complicadas, premios y castigos, envidias y cuota de géneros (que estamos en 2020 y hay que meter con calzador la cuota de 8M correspondiente que no se enfade nadie, que sola y con Dios quiero llegar a Zamora y Toro). No solo la dificultad de iniciar una serie que tiene vocación de continuidad, sino de enlazar historias mezclando tradición, modas envejecidas y cuitas varias. Si ese infierno, antes y después del testamento de Fernando I, continúa por estos indicios, habra que tener paciencia y no caer en la tentación de santagadear antes de tiempo. O sí. No estamos en tiempos de virtud ni de buenrrollismo. No. Y si el rey de Aragón es de Puerto Lumbreras, se dice y tal que así. Y punto.

miércoles, 23 de diciembre de 2020

domingo, 20 de diciembre de 2020

sábado, 19 de diciembre de 2020

The Good Doctor. Segunda temporada.

Aspergianos con malas pulgas que se salen con la suya... a veces. ¿Se podría titular así la segunda temporada de The Good Doctor? Como se trata de estirar el chicle (como todo en la vida, como todo en esta mentira disfrazada de vida cotidiana), estiremos el chicle. Vacilaciones, cambios, modificaciones, música dramática de fondo, tumores del tamaño de una habitación, enfermedades distintas en la vida y en el humor, en la existencia y la supervivencia. The Good Doctor es una historia, ante todo, de superación, de encontrar salidas en un salto al vacío, de alternativas en mitad de la peor vida, de justicia poética sin canciones de Sergio Algora de fondo. Ni la muerte de Maradona ni la cirrosis de Gascoigne pueden ser entendidas sin el contexto narrativo adecuado; la de un cirujano con Asperger en un hospital de San José, tampoco. O sí. O tal vez, dentro de la mentira, podamos teatralizar que el ascenso es posible, que hubo equipos como el Hamburgo o el Celtic que una vez ganaron la Copa de Europa, que incluso, en las peores tormentas, al final, muy al final (si no hay un chino o un virus chino o la versión postmoderna del chino Cudeiro que te joda) sale el sol y te sales con la tuya cuando escampa. Pero, generalmente (¿por qué no escribo básicamente ahora que media España dice básicamente continuamente) no suele ser así. Pero esto es, simplemnte ficción. Y viva la ficción. Coda: Fijaos si son posibles los imposibles que hoy, Koeman como entrenador del FCB se enfrenta al Valencia C.F. con el que hace 5 años vivía un infierno cañizarizado. O no.

Himnos de murciélagos que no te cansas de escuchar

viernes, 18 de diciembre de 2020

El hombre en el castillo. Segunda temporada.

Sigo con la segunda temporada de El hombre en el castillo desde una altura número 15, en mitad de un toque de queda y en un país en ruinas. La historia de EHENC sigue mejorando capítulo a capítulo. Hay rupturas, idas y venidas, enfermedades y huídas, dolores, llantos y quebrantos. Y, avanzando un poco en la historia (no leas si no quieres), nada como soñar la muerte de Hitler. Pero no una muerte cualquiera. No. Encamado. Ni más ni menos. El tembloroso Hitler fallece en cama y Himmler y sus secuaces ponen hombres de paja, pero no sale el asunto como debía y hay cambios. Cambios, marcha atrás y todo por una cinta, por unas imágenes, por una bomba, por una historia en Bikini. Casi nada. Da mucho que pensar (afortunadamente), aunque nos estamos acostumbrados a una ucronía, a una distopía que nunca imaginamos ni en el peor de nuestros sueños. Hay opiniones que dicen que cualquier asunto es posible. Pero no lo sabemos hasta que llega el desastre, hasta que el barco se hunde, hasta que Japón y Alemania, aliados bélicos y postbélicos, están a punto de la guerra. Como en cada uno de nosotros hay una guerra interior, vivamos esa guerra hasta las últimas consecuencias. Y todo lo demás, también.

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Euphoria (capítulo especial 6 de diciembre de 2020)

Mentiras, pastillas y mentiras sobre estar limpio. La perfección no existe, ni en el capítulo especial de Euphoria de 6 de diciembre de 2020. Escuchar y oir, escuchar y oir gilipolleces en voz alta, escuchar y oir mierdas que no quieres ni escuchar ni, por supuesto, oir. Ni en voz alta ni baja. ¿La vida le sonríe a estos tipos, tipas y tipes? La salud mental y sus daños colaterales. ¿Eres débil si no estás zumbado? La turbidez y sus aristas y las mentiras de bar cutre. ¿Puedes estar centrado y no creerte Fernando Redondo? ¿Podemos creer si no estamos educados en la altivez suicida? Mentira sobre mentira. El equilibrio es imposible. Trolas y más trolas. Calvarios a los 17 años de niñatos que no han trabajado en su vida. Ja. Triple ja. ¿Qué necesitamos para vivir la vida? Reconociendo la caída, uno se siente Jesucristo pero se queda en San Juan Bautista. La jauría del plan B. ¿Pero quiere uno realmente rehabilitarse? El concejal Bartolín me decía que todos los varones de su familia eran dependientes. Causas perdidas. Probaron las drogas y las cebollas se dispararon. La enfermedad de la adicción y los regaladores de consejos. Hablan en Euphoria de tiempo y paciencia, de crueldad y autodestrucción. ¿Merece un adicto nuestra atención? “Despojos y desastres con patas”. Toca pensar después del capítulo del sexto día del último mes de 2020 de Euphoria. Mucho. Y no eres ni Jesucristo ni San Juan Bautista, sino los que estaban con Jesucristo siendo crucificados pero de ellos no se acuerda ni Dios. Hasta de conversión se habla en Euphoria, pero no de la de San Pablo camino de Damasco. No. No hay sitio para los sirios en este momento. ¿Perder las riendas? ¿Perder el norte? ¿Perder la vida? Mentira sobre mentira. Dios y las creencias, y nuestra misión en el mundo, y los terremotos, y el cáncer y las jodiendas con vistas a la bahía. Vivan las misiones mesiánicas y las terrenales, y la Unión De Gilipollas Colgados Del Mundo. Todo es mentira. ¿Para qué queremos preguntas si tenemos mentiras? ¿Qué será lo siguiente? ¿Entonces las drogas solo esclavizan a las niñas de 17 años? ¿Y al resto? ¿Las revoluciones ya no son radicales? ¿Qué pijo son entonces las revoluciones? ¿Hacemos una revolución para acabar hecho un propietario de Galapagar? ¿Para tener una casa con tinajas? ¿Para casarte con la sobrina de un guitarrista? ¿Para comprarnos unas zapatillas de marca sin necesidad? Hasta de Kaepernick y de Nirvana tienen los cojones de hablar y reflexionar. Pues si hablan de Kaepernick habrá que hablar de la enfermedad de Tourette y de aquellos que, mucho antes, se negaron a escuchar himnos que dicen que oprimen. O no. Quizás el himno no oprima. Quizás todo sea mentira. Y hacer lo que te salga de la Isla de las Hormigas. ¿Qué nos importa nada? ¿La depresión importa? ¿La publicidad importa? ¿Importa el móvil último modelo? ¿Eso sí importa? ¿De verdad? Dice uno de los protagonistas: “La auténtica revolución no tiene aliados”. Hablan de la temporalidad de las revoluciones, de su corto espacio se tiempo. El padrino de Euphoria sigue con su retahíla: “Una verdadera revolución es en el fondo algo espiritual, es algo que derrumba, que aniquila tus prioridades, tus creencias, tu estilo de vida y reconstruye con la intención de…”. ¿Qué pretende una verdadera revolución? Al final, no sabes sí creer, no creer, dejar de creer, dejar de respirar, ser psicópata a sueldo o imbécil las 24 horas del día. Vaya usted a saber. Sigue el padrino: “Tienes que creer en la poesía porque todo lo demás te acabará fallando”. Y sentencia: “Tu única esperanza es una revolución, pero una de verdad, por dentro y por fuera, pero te la tienes que currar, aquí no valen medias tintas”. Vivan los calamares.

lunes, 14 de diciembre de 2020

Grand Army. Primera temporada.

Vaya tela la primera de Grand Army. De la mentira del empoderamiento femenino, del feminismo judío, de los matrimonios por conveniencia, de los atentados islámicos en Nueva York a la homosexualidad de los indios, de la adopción de una china por una familia judía al baloncesto de instituto, de la cultura del miedo a la del libre albedrío. Días de mierda en un instituto de mierda. O no. Pánico y jodiendas en un taxi, en un metro, en una fiesta judía, en una familia de la exIndia británica, obras de teatro más falsas que un billete de Mortadelo. ¿Se puede montar un numerito sobre la libertad de los pezones en una clase sin que una profesora te llame puta? ¿Se puede preguntar si estás seguro o segura o segure continuamente? ¿Podemos cuestionar las mentiras entre piruletas y falsos mitos sobre la ridiculez? El peligro de Grand Army es la redsocialización de todo? ¿Hay que contarlo todo continuamente las 24 horas del día? ¿Todo es todo? ¿Mentira sobre mentira? Todo grabado, todo subido a las redes sociales, todo llevado de móvil a PC, de tableta a la retina de todos. El tiempo malgastado en tonterías varias, en mierdas que te pueden llevar a la ruina. Y las consecuencias de una broma, de un robo, de un dolor existencial. ¿Puedes querer a las personas que te hacen un daño infinito? ¿Es posible? Y como en buena serie de instituto, el futuro universitario en el aire, las carreras como salida de un infierno del que no siempre se puede salir. Parejas (mal)avenidas, nombres en mitad de un expediente, habladurías y cosas raras a las que es difícil poner nombre. Y pensar, como siempre digo, te mete en líos. Ahora no vale. Nada vale nada. De las arcadas al poder, y tiro porque me toca. Seres mononeuronales hablando sobre obras de teatro feministas mientras hacen todo lo contrario en su vida cotidiana. Y la vida de los negros importa. Vale. ¿Y la del blanquito lechoso no? ¿Seguro que no? ¿Ola negra? Sermones indios en mitad de la multiculturalidad de la mentira. Abusos televisados en mitad de un mundo sin valores, en mitad de un engendro del que todos somos responsables. Y veamos Dirty Dancing otra vez, que no pasa nada. Claro que sí. El elitismo quiere salir en fotos con la peña de La Fama y de La Paz, y del Espíritu Santo y de Santa Lucía. Y quedar bien. Quedar muy bien. Preguntas sobre el origen de las personas, sobre los parecidos y las diferencias, sobre lo híbrido y la mezcla. Los blancos en la diana de todo. Fotos de orfandad, fotos de desesperanza, fotos de ilusión. Videos de elección, videos de condena, videos de la locura colectiva. O no. Simplemente deberíamos encerrarnos en una biblioteca y no salir, y no llevar ningún aparato eléctrico en un mes. Probad, probad malditos. Confesiones en mitad de un ascenso etéreo, confesiones en mitad de la terapia, confesiones sin motivo aparente. ¿A quién no le gusta desvariar? ¿A quién no le gusta desconectar? ¿A quién no le ilusiona la antología del disparate? ¿No tenemos bastante con los dibujos animados? También reflexiona la primera temporada de Grand Army sobre la desesperación de una generación de amargados que no tiene ni pajolera idea de lo que va a hacer, a pasar, a multiplicar(se) por cero la mitad de su existencia. Putos ceros a la izquierda, uno detrás de otro. Ya no valen explicaciones por parte del profesor porque no hay esperanza: nadie va a escuchar al profesor. Ninguno. Se lo suda todo. Proyectos inconclusos. ¿Confundimos a la rabina con la psiquiatra? ¿Al cura con el psicólogo? Y si lo llevamos todo al extremo de las redes sociales, las cuentas falsas salen a florecer como níscalos en Cehegín en otoño. Arroz y níscalos para todos, pijo. Hasta con la bazofia antiTrump se regodea Grand Army, dándole suero en vena a aquellos que quisieran seguirle el rollo. Y la cantinela de la segregación en los centros de internamiento. ¿Hasta dónde llegan nuestras tragaderas? ¿Límites logarítmicos? Y las verdades que duelen, y las mentiras que sangran, y las verduras que nos venden como el manjar de los Dioses en un Infierno laico. ¿Se entiende? Y copiar, copiar y volver a copiar. ¿Algo original? ¿De verdad que comparan Grand Army con la versión gringa de Euphoria? ¿Procesar traumas? ¿Es el momento de procesar traumas viendo Grand Army entre ola y ola pandémica? ¿De verdad hay esperanza? ¿Seguro? Coda: ¿Esto son las Olimpiadas mejicanas para acabar así?

Parejas míticas

Como dijo Sánchez en rueda de prensa, para las vacaciones estivales...

sábado, 12 de diciembre de 2020

Virgin River. Segunda temporada.

Vuelve el azúcar acaramelado en la segunda de Virgin River, pero también vuelven los sentimientos avinagrados, la tirantez, las falsas esperanzas, el dolor de la huída, la querencia por lo peligroso, la novedad en mitad de unos paisajes que, aunque idílicos, a veces hieren. Y hieren mucho. Da que pensar la segunda de Virgin River. Idas y venidas, anillos de pedida que vuelven a ser pedidos, mala leche, sorpresas y pesadillas del pasado que vuelven al presente, jodiendas con vistas a ríos, montañas y valles, y kayaks emocionales y de los otros. Y, al final, más puntos suspensivos en espera de una tercera temporada que nunca se sabrá la forma en la que saldrá.

viernes, 11 de diciembre de 2020

Nasdrovia. Primera temporada.

Ruskis, pachangas de baloncesto, platos raros, patitos con sorpresa, fiestas de cumpleaños, jodiendas con vistas a un juzgado, pescaderos con acento, tatuajes varios y crisis de los 40. Un puzzle de sorpresas y risas, de desconexión de un estrés que viene de antaño. O no. O simplemente sea mi impresión de la primera temporada de Nasdrovia. Siempre hay curiosidades que nos cambian la vida, nos cambian el apetito, nos cambian las medicinas y nos cambian las decisiones. Tragedias tenemos todos; tolerancias, menos. Suspensiones que cortocircuitan el dolor, la ansiedad o lo que haga falta. Tachenko y Biriukov, dedos y arenques, karaokes y canciones de Loquillo, Mari Trini y Mecano. Casi nada. La mafia va, viene y tiene epicentros que hacen salpicar copas casi llenas de vodka. O de lo que sea. Tres horas para mandibulear de otra manera, para chascarrillos de óptica distinta, de sentimientos de culpabilidad y emoción. O tal vez, no. Viva Nasdrovia y todo lo demás.

Vuelve Liam

Mentiras, el Sahara Occidental y coartadas de pacotilla

Seguimos pensando en aquellos accidentes...

Siempre. Curiosos, que no casuales, que las casualidades no existen. Nunca existen.

Línea de fuego

Empecé Línea de fuego un 20 de octubre de 2020 y la acabo, decepcionado, un 11 de diciembre. Mes y medio después, pese a algún fogonazo de lucidez, lo termino de aquella manera, terminar por terminar. No hacían falta más de 600 páginas para contar la historia de un lugar de mierda en el que luchan gentes perdidas o sin brújula, obligados o renegados, llevados por una circunstancias de mierda a un pueblucho de mierda dentro de una guerra de mierda. Quizás fue la Guerra Civil Española simplemente eso, una mierda. O no. O quizás hubo personas con conciencia que fueron llevados a una barbarie sin motivo, a una jodienda con vistas a una Harinera, a una ubicación porquera llena de vino y poco más. Hay de todo, recordando al principio en la enumeración de nombres y pasados de Un día de cólera. O no. O únicamente es figuración mía. O de todos. O vaya usted a saber. La idea de Línea de fuego es buena, pero no termino de encontrarla redonda. Quizás si hubo ideales en esa guerra de mierda, pero muchas veces fueron ideales equivocados. Antiguos mineros de La Unión, las chicas del cable, carlistas por familia, extranjeros de toda índole... ¿Me suena? ¿Lo he visto ya? ¿Lo he explicado ya en clase? Quizás. Lugares comunes. Demasiados lugares comunes. Camaradas que defraudaron y señoritos que defraudaron, eso fue aquella guerra de mierda. Como decía el grafiti de Aljucer, queremos soluciones, no promesas. Y aquella guerra de mierda vino precedida por unas promesas previas de mentira asquerosa, de soluciones que nunca llegaron y problemas que se multiplicaron. Tiene puntazos de los que me gustan, eso sí. Lo del chocho pasionario en Teruel, de traca. Eso sí me gusta, me gusta la guasa socarrona de La sombra del águila, que gracias a Sergio y su recomendación la mandé como lectura en Bachillerato. Está bien cagarse en el copón de Bullas, o tal vez, no. Sí el Infierno sigue lleno de buenas intenciones, aquí tenemos otra prueba. O no. Quizás nos estemos acostumbrados a quejarnos de todo, a resoplar en cada esquina, a buscar insecticida cuando lo que necesitamos es leer más y darle a la cocotera hasta la extenenuación. O no.

Hoy Darío recuerda a Torrijos

Tal día como hoy...

jueves, 10 de diciembre de 2020

domingo, 6 de diciembre de 2020

Roadkill. Primera temporada.

Va de más a menos (le sobran minutos, conversaciones intrascendentes, repeticiones de pacotilla) pero la historia es buena en la primera temporada de Roadkill. Un ascenso a los infiernos. Utilización. Mentiras. Mierda sobre mierda. Habla sobre los títeres del poder, la mentira (otra vez institucionaliza), la escoria en la Cámara de los Comunes, la escoria en general y la escoria en particular. Como si todo fuera Seguidores de TAB, diríamos que no queremos estar solos nunca más. O no. O no hablar. O no decir nada. Roadkill, la familia, la familia que llega de improviso, los secuaces, los trabajadores a tu cargo, los jefes que imponen, los que callan por su sueldo y el dolor atemporal. Todo mentira en un ascenso que no satisface, que no termina de convencer, que es, de nuevo, escoria. Vamos a enterrar reyes, pijo.

sábado, 5 de diciembre de 2020

Allegados

miércoles, 2 de diciembre de 2020

Entrevista obligatoria

Dieter entrevista a Federico tras la publicación de su último libro.

Trampa-rencia...

Fargo. Cuarta temporada.

Ha vuelto Fargo pero con altibajos, con jodiendas de intercambios entre niños de clanes distintos, de orígenes distintos, de etnias distintos, de problemas infinitamente distintos. O no. El único problema a destacar es la credibilidad. ¿De verdad un intercambio de niños para conseguir una paz duradera? Una jodienda, por supuesto. ¿A quién creer? ¿Contamos demasiado? ¿Contamos coincidencias? ¿Demasiado para ser verdad? ¿Hacemos lo que nos conviene o nos confomamos? Fargo no deja indiferente, pero a veces nos lleva a preguntas incómodas, a mafias incontrolables, a indignantes mediadas que en ocasiones tenemos que tomar. ¿Qué hubiera hecho yo sí...? ¿Qué inquietudes nos llevan a mostrarnos reacios a todo? ¿Qué será lo siguiente? Las urgencias mafiosas llevan implícitas dolor y sangre, asco y redención, venganza y persecucioón, cruzadas personales que intentan destrozar todo lo destrozable. O no. En Fargo la secuencia de hechos no siempre tiene lógica. O no. Pero siempre nos lleva a la pregunta de la posiblidad de la casualidd o la curiosidad. ¿Podemos dejar atrás las traiciones y mirar hacia adelante? ¿Nos conformamos con un menú del día o necesitamos caviar los siete días de la semana? Todo mentira, pero con muchas variantes. O, quizás, todas estas líneas también sean mentira. Más mentiras.

lunes, 30 de noviembre de 2020

domingo, 29 de noviembre de 2020

sábado, 28 de noviembre de 2020

viernes, 27 de noviembre de 2020

jueves, 26 de noviembre de 2020

¿Cuánto tiempo pensamos en la muerte?

¿No cuantificamos lo suficiente el tiempo pensado? ¿Y el tiempo pensado en el más allá? ¿Cuellos delicados? ¿Y ahora qué? ¿Qué hacer después de ? ¿Qué hacer después? ¿Qué hacer? ¿Qué?

¿Y ahora qué?

¿Cómo?

Leyendo a Borges (por enésima vez)

30, Maradona y todo lo demás.

La investigación (Efterforskningen). Primera temporada.

Otra vez, otra recomendación. Lorenzo Mejino vuelve a acertar al hacerlo con la primera temporada de La investigación. Una serie de silencios y quebrantos, de llantos ante la búsqueda y los encuentros, ante la desaparición y la muerte, ante la mutilación y la esperanza. No es fácil de digerir asuntos tales, pero hay que hacerlo cuando la historia es buena y cuando los actores lo hacen bien y cuando toca recordar que la maldad acaba en la cárcel y con la pena máxima.

miércoles, 25 de noviembre de 2020

Disco azul

Narración en primera persona

Importante escuchar el relato de un policía y las verdades del yihadismo.

Himnos clásicos y de toda la vida

martes, 24 de noviembre de 2020

viernes, 20 de noviembre de 2020

jueves, 19 de noviembre de 2020

Deutschland 89 (continuación de Deutschland 83 y Deutschland 86).

Fin de la Historia y no solo fukujamísticamente hablando. O sí. Y acabar con el muro de Trump para resumier la caída del muro de Berlín. ¿Hemos perdido el norte o solo la brújula prusiana? Ese 1989 que cambió el mundo, que nos cambió a todos, que nos dejó en bragas, que nos quiso hacer creer que todo es maravilloso y bonito y helmutkoliano. Todo mentira. Coaliciones de mentira para acabar con el comunismo. Viajes a Italia, a Rumanía, al corazón de la mentira. De la gran mentira. Deutschland 89 sigue esa estela de mentiras, ese romeístico momento que fue Deutschland 83 y ese viaje africano de Deutschland 86. Vivan los momentos que llevan a utopías, a sentimientos encontrados, a huídas que nos encuentran en mitad de un camino sin salida. ¿Fue positivo aquel final en todos los sentidos? Evidentemente que se pudo hacer mejor, pero la improvisación mandó en aquel berenjenal con anchoas robóticas. Deutschland 89 sigue una estela de ficción recreativa, de momentos ilustrativos de unos cambios que modificaron la existencia de todos. ¿O no fueron lo suficientemente traumáticos? ¿Se esperaba más?

miércoles, 18 de noviembre de 2020

martes, 17 de noviembre de 2020

No man's land. Primera temporada.

¿Qué pijo hacen una panda de franceses luchando contra el ISIS? ¿Qué hacen una panda de franceses luchando con el ISIS? ¿Qué hacen un grupo de mujeres luchando contra el ISIS? ¿Qué enreda Israel en el asunto? ¿Qué harías por una hermana? ¿Qué harías por tí? ¿Es posible la redención? ¿Es posible la catarsis en mitad del caos? ¿Es posible creer en lo imposible? No man's land en su primera temporada nos muestra a un grupo de personas que, debido a una serie de circunstancias, se instalan en mitad del caos más absoluto. Muchas veces nos hacemos preguntas, creemos que podemos solucionar un infierno creando momentos de redención. Pero no hay redención posible porque todo es mentira.

sábado, 14 de noviembre de 2020

Helvetica. Primera temporada.

En los países artificiales, todo es mentira (también). Bombas racimo, policias corruptos, bombas, mamadas que meten en líos, emigrantes kosovares que juegan a la mafia, prostitución, perros que agonizan, familias destrozadas, verdes paisajes que engañan una y otra vez, ceremonias de la confusión en mitad de esa gran mentira, con minorías no asimiladas que llevan a la ruina. La primera temporada de Helvetica no deja títeres con cabeza, muestra las falsedades de una sociedad que no tiene cimientos sólidos y que hace desconfiar hasta de tus más fieles seguidores. Y la amistad, otra gran mentira. Helvetica es un ejercicio de redención, de saldar cuentas con el pasado de muerte y accidente, de amigos que no son amigos sino asesinos, de presidentas sin escrúpulos, de política hecha por lastres políticos (siempre hay una Adriana en la confederación y en la autonómica España). Firmas que esconden mierda, acuerdos que esconden mierda, vidas que son mierda porque no tienen otra cosa que esconder.

Somos muy mayores

Ya era hora, Arnaldo

Montero, Lastra, la desinformación y todo lo demás

jueves, 12 de noviembre de 2020

El IVA de las mascarillas

Ayer lo recordaba Santiago González hablando del tema del IVA de las mascarillas: "De esto salimos más fuertes". Y apostilló: "Los impuestos de los ricos". Y acabó con el mágico "Aquí no se queda nadie atrás". Lo dicho, un cachondeo desde marzo del 2020 a noviembre del 2020.

martes, 10 de noviembre de 2020

domingo, 8 de noviembre de 2020

Reflexionando sobre el Ministerio de la Verdad

Ante la insitutionalización de la mentira oficial monclovita, las pocas opiniones libres dentro del periodismo patrio muestran sus ideas sobre el tema. Recomendable hoy domingo la lectura de la entrada del blog de Rosa Roda al respecto.

Gambito de dama. Primera temporada.

Los 60's, orfanatos, suicidios, pastillitas de colores, una blancucha y una negrata (perdón, Biden, y perdón a la nueva vicepresidenta, y perdón a sus orígenes, y perdón por existir). La excusa está bien para ver que muchos de los geniecillos locos del ajedrez, cual profesor enfrascado en materias varias, puede terminar majareta total, mirando a Cuenca, exaltando adicciones y buscando agua en un desierto de soledad. Porque Gambito de dama reflexiona sobre una soledad taciturna, equivocada, (mal)encarada y frustrante. No hay nada nuevo bajo el sol. ¿Acaso veíamos la lucha Karpov Vs Kasparov como normal? ¿Hay alguno que no está como un jodido cencerro? En ese encierro personal de los ajedrecistas (y de les ajedrecistes, que también habrá hermafroditismo en este manicomio), el pensamiento único lleva a una demencia claustrofóbica, a una sucesión de errores que muchas veces llevó a muchos al Luis Valenciano y al Román Alberca de turno. ¿Ombliguismo? ¿Necedad? ¿Presión? ¿Dolor de muelas? Un poco de todo. Una buena ilustración visual para un tema no siempre bien entendido: los geniecillos tienen defectos. Muchos defectos.

sábado, 7 de noviembre de 2020

Suburra. Tercera temporada.

Vuelve la tercera temporada de Suburra, vuelve ahora con un jubileo, con más oro en las paredes y más tatuajes en los cuellos, en las espaldas, en los tobillos. Ni el pájaro Andersen, pijo. ¿Redordamos lo de Valencia y el Papa? ¿Y la JMJ? Pues aquí más, viva Italia, viva la mafia. “Todo el mundo tiene secretos, sobre todos los curas”. Las misiones, de todo tipo. La tercera de Suburra va de distintas misiones… y ya ha pasado el DOMUND. El empoderamiento es la forma de mandar de estos 4, y no lo de la mujer del Kichi contra la mujer del coletas. Ratas, samurais que caen y parroquias con secretos y hasta parques que son trampas. “El dinero solo vale para comprar a las personas, no para ayudarlas”. Viva el chantaje y la delincuencia y todo lo demás. Asesores, comisiones y buenas retribuciones. “El honor no tiene nada que ver; son solo negocios”. Y sí, “camuflar la realidad, no significa no mentir”. No mentir. Y si no sabes, que te enseñen. “La prisa es mala para la salud”. Planes, empeños, droga, pisos nuevos, cambio de cromos que esclavizan. Al final, de la mafia esperas mafia; de los políticos y de los Papas peronistas, solo mierda y mentiras. Buenas reflexiones con la tercera temporada de Suburra en la que se vuelve a constatar que estamos dirigidos por gentuza, que no podemos creeernos nada y que debemos vigilar nuestras espaldas (más que nunca), porque nuestros más fieles seguidores se han convertido en nuestros mayores detractores. ¿O era al revés?

miércoles, 4 de noviembre de 2020

domingo, 1 de noviembre de 2020

La extensión de la barbarie

Aquí no se trata de BLM, se trata de delincuentes ejerciendo de delincuentes. Pero ya lo adelantaron Los Planetas, patinete incluído. Y siempre habrá papel para regalo. Siempre.

Recordando momentos

Justificando lo injustificable

sábado, 31 de octubre de 2020

Otra

jueves, 29 de octubre de 2020

Guille Ortiz entrevistando a Antoni Daimiel

29/10/2020 (Reflexión sobre el Islamofascismo)

No todo es pandemia. O, mejor dicho, otros aprovechan que todo es porquería para añadir más mierda sobre el guano y el estiércol. Hoy me preguntaba un alumno sobre el signficado del guano. Del jodido guano. Y luego, todo lo demás.

martes, 27 de octubre de 2020

lunes, 26 de octubre de 2020

ACDC

Sobre canciones y sentimientos

Hubo un tiempo que me pasaba que no podía dormir en dos días. Habitulamente, me pasa que puedo estar tres o cuatro, pero alguna vez, tengo que recurrir al plan b de lectura y llego a todo lo demás. Y estas canciones, me encantan.

Meridianos y paralelos

ET

Viento duro de levante

¿Seguro que puede ser maravillosa?

Estamos tensos

Himnos de estado de alarma

Las dos baterías

¿Y quién no lo es?

La clase media

Sentenciados

Nos quieren encerrados. ¿Qué daño le hago yo a nadie saliendo solo a la calle?

Será por tumbas políticas

miércoles, 21 de octubre de 2020

martes, 20 de octubre de 2020

No podemos permitir más

No sé. NO, con mayúsculas (Salva, has llegado a esto, tú también, lamentable). No podemos aguntar que esos equipos directivos, ahora convertidos en comisionados políticos (otra vez), traguen con todo. No. NO, mayúsculamente hablando, debemos consentir esta mierda. NO.

Es todo lo que vamos a perder

Peronísticos momentos

"Desde la constatación de la ceguera ya próxima, Jorge Luis Borges trataba de luchar contra la pérdida progresiva de la linealidad del tiempo. Ya no leía, recordaba. En las lentas rememoraciones descubrió la verdad aterradora de la circularidad del intrínseca del recuerdo que se constituía a imagen y semejanza del tiempo circular". José Perona, El Eco de Borges (Sábado, 8 de enero de 1994)

Antidisturbios. Primera temporada.

Todo mentira en mitad de la gran mentira. De la puta mentira. Antidisturbios, una vendeta con y sin uve, al entrar y al salir siempre hay que cerrar, siempre hay que llorar en casa ajena y sin que te vea nadie. Policía, policías que investigan a policías, policías que buscan fuentes en mitad del desierto. Plataformas que juegan con los sentimientos de la gente. Croquetas con harina para celíacos. Mentiras subvencionadas en lecheras policiales. Mentiras sobre negros, blancos y viceversa. Investigaciones sobre investigaciones y tiro porque me toca. Siempre nos queda un bañito, una consultoría, una jodienda en Villa Desmadre y todo lo demás. Al verde muerto, siempre mentira. Historiales falsos, muertes verdaderas. Viva Senegal, viva El Lugar de Don Juan. Yo soy más de fiambres alhameños que de cántabros. Ríete tú de las cloacas, de la mierda sobre mierda y de la escoria que huele a perfume. A perfume del bueno. A perfume que te cambia la vida. Y, si algo faltaba, la confianza engañada, el dolor de muelas que vive en cada uno de nuestros corazones. Y la historia, te la creas o no (todo mentira, más mierda sobre más escoria) es buena. ¿Es todo eso invención? ¿Los sindicatos se han puesto tontos con eso? ¿No se le puede asustar a mierda gabacha? ¿Venganza? ¿Todo cruel y despiadado? Da igual. Esto es ficción, no nos hagamos pajas mentales con esto porque acabaremos todos (y todas, y todes, y transloquesea cada uno dentro de su infierno interior) locos (y locas, y loques y translocotrans). Y todo lo demás, también.

lunes, 19 de octubre de 2020

sábado, 17 de octubre de 2020

The Good Doctor. Primera temporada.

No. No hablo de la original coreana. O koreana. O como se diga. La primera temporada de The Good Doctor, con sus fases, con sus subidas y bajones, es de lágrima y estómago, es para tener capacidad de tragar bilis y azúcar. Un poco de todo. Una obra de grandes interpretaciones, de momentos bestiales y llegadas infernales, de pasados que vuelven a los peores presentes y a las jodiendas con vistas a San José. Viva San José. He tenido alumnos autistas en varios centros, y cada uno responde de una manera distinta. No hay patrón. Hoy, en la cola del supermercado, curiosamente (que no casualmente, que las casualidades no existen), un padre le decía a su hijo David, más alto que yo pero ni la mitad de edad que yo y autista como el buen doctor de la serie, tenían una conversación. El padre decía de ir a la playa, que hacía buen día, que no hacía frío aunque estuviéramos en invierno. Y el tal David, entre paseo y paseo por los pasillos del supermercado, le ha dicho: "Papá, no estamos en invierno, estamos en otoño". Y las cajeras y yo nos hemos mirado. Y todo lo demás, y si hay que buscar unos ratos para seguir viendo The Good Doctor, se buscaron, debajo de los hígados, de los omas de turno y de lo que haga falta. Y punto.

viernes, 16 de octubre de 2020

Terrer

Yupi

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martes, 13 de octubre de 2020

lunes, 12 de octubre de 2020

Ni Paz, ni Piedad, ni Perdón

Los dos últimos años he tenido buenos alumnos, en distintos sentidos, en Segundo de Bachillerato a los que hablarles de Paz, Piedad y Perdón. Azañistas todos, todas y todes. Todavía no he leído el último de Pérez-Reverte, pero Alsina, en la entrevista sobre el libro, recordó esas palabras que en su día no tuvieron mucho éxito ni interés. Ahora todo es recuperación, memoria histórica, memoria democrática y jodiendas con vistas a la bahía. Palabras como las de Los Rodríguez. Poca memoria es lo que tenemos, ni histórica ni democrática ni pepinillos en vinagre. Poca. Muy poca.

Preciosidad

Carolinos todos

sábado, 10 de octubre de 2020

miércoles, 7 de octubre de 2020

martes, 6 de octubre de 2020

lunes, 5 de octubre de 2020

Otro alumno con blog

El alumno Pedro del curso pasado en el Saavedra Fajardo estrena blog sobre baloncesto resumiendo la victoria de UCAM Murcia ayer tarde en Vitoria frente al Baskonia. Esperamos sus crónicas en un año que será difícil en muchos sentidos. Enhorabuena, Pedro.

¿Cómo definimos criterio?

P-Valley. Primera temporada.

Tenía pinta P-Valley de lugar tipo entrañas de True Blood. Pero no. Son juegos distintos. Son deportes distintos. Muy muy distintos. El dinero es despreciable, pero siempre está ahí para joderlo todo, para saltar(se) las reglas, para buscar nuevos socios, para recoger cristales rotos, para disparar a la persona distinta, para huir de algo tangible y necesario, para redefinir el concepto de música y redes sociales. Hay salas que son el paraíso y que acaban en el infierno, como la vida misma. Y siempre hay que devolver favores, buscar enemigos para aliarse con otros, necesitar dolor para buscar placer y redescubrir lo que no necesitamos para abrir una Caja sin Pandora ni sobre barcenísticos. O tal vez, todo sea un error.

domingo, 4 de octubre de 2020

Quiz. Primera temporada.

Quiz, Quiz, Quiz. ¿Quién quiere ser millonario? ¿Recordáis a Sobera levantando la ceja? ¿Y la otra ceja? ¿Y el entrecejo? Joder, claro que sí. Lo veíamos cuando no teníamos Internet en casa, y te ibas corriendo a coger el tomo de la enciclopedia y buscar la respuesta cuando el tipo no lo sabía, o pedía el comodín del público, o el del cincuenta por ciento... O el de la llamada. Gran invento. La serie de la ITV británica cuenta la historia de la génesis del concurso (nada más y nada menos que con una productora llamada Celador), su éxito, su popularidad y la forma de dar el golpe desde dentro. Dinero llama dinero. Un premiazo para un concursazo. Da que pensar y merece la pena pensar sobre estos concursantes, sobre estos creadores, sobre timadores y gente enferma. Porque hay gente enferma respecto a todo: morcillas, juego, relojes, pulseras, móviles y tonterías varias. Horas, horas y horas delante de la tele, buscando información, buscando mejorar la velocidad de pulsación, buscando y buscando la forma y manera, el método y la técnica para ganar. Ya lo dijo Luis Aragonés: ganar, y ganar y volver a ganar. ¿Vale todo para ganar? ¿Seguro? ¿Fue fuera de juego el gol de Mijatovic con el Real ante la Juventus en la Champions? ¿Se le tuvo que quitar al Marsella su título de Champions? ¿De verdad se reconoce a Óscar Pereiro ganador del Tour o solo nos acordamos del ganador con el maillot en París? Tema complejo el del juego televisado, el del engaño televisado, el de la mentira institucionalizada. Tiene dos grandes primeros episodios Quiz, y, en el tercero se meten más en la parte judicial (hasta la matriarca de los Peaky Blinders se pone a defender a los malos). Y sí, recordad, antes y después de la gran estafa, antes y después del bicho, antes y después del IRPF de Montero y Montoro (dí algo Calviño, joder), antes y después de la masonería: "Todo es mentira".

sábado, 3 de octubre de 2020

Honour. Primera temporada.

No he contado las veces que dicen la palabra honor en los dos capítulos de la primera temporada de Honour. Sin parar. El honor. El honor en una familia kurda en la Inglaterra de la primera década del siglo XXI. El honor en una familia que tiene de todo menos honor. Se da uno cuenta, a los pocos minutos de Honour, que algo huele a cañería rota y piedras y carne humana podrida. Muy podrido. Personas podridas, ideas podridas, tradiciones podridas, policías podridas, gentuza podrida. Pero todavía hay gente que tiene entrañas y lucha y no duereme porque la verdad salga a relucir. Justicia, injusticia y vistas a una jodienda inclasificable. Chusma varia que hace lo que lleva la gentuza en su ADN: perrerías. Honour da para muchas reflexiones, para pensar que hay tipos que no tienen ni una chispa de humanidad en su asquerosa existencia. Con Honour pasa como con The State, que se te revuelven las tripas pero sigues viendo hasta el mismísimo epitafio. O con Kalifat. Y merece la pena verla.

Recordando a Don Ennio

Upright. Primera temporada.

Parece ayer cuando Lorenzo Mejino recomendó la primera temporada de Upright en su blog del periódico. Pero acabo de mirar y no fue ayer. Fue en febrero, pero me sigue pareciendo ayer. Junto estas líneas con un Chelsea contra el Crystal Palace de fondo en la tele, pero con una grada vacía. Sí que nos ha cambiado todo de febrero a esta parte, cuando no le dábamos importancia al bicho chino y hacíamos bromas y nos metíamos en jardines (otros jardines, ahora no podemos ir a los parques, ni otros a las barras y ese partido de los de Lampard es sin público en las gradas). Y Upright reflexiona mucho sobre el tiempo y la distancia (ahora que ha venido Francisco Nixon a a Murcia y únicamente han ido unos privilegiados a verlo), sobre las ausencias forzadas y voluntarias, sobre huídas hacia delante con un piano a cuestas, con un brazo roto, con un aliento que no es suficiente para sobrevivir. Hay joyas que están ahí y no nos damos cuenta de ellas hasta que ya no están, hasta que se quedan sin pelo y sin aliento, hasta que tocan unas teclas y te hielan el alma. No siempre es fácil escapar, pero muchas veces es más complicado ausentarse. Vaya joyita Upright.

Los árboles nos impiden ver la pandemia

jueves, 1 de octubre de 2020

martes, 29 de septiembre de 2020

Sumo otro

Los himnos atemporales de los que nunca te cansas

Coda: Aunque ahora habría que reescribir, en tiempos de COVID, las alusiones a la universidad. O no. Así está bien.

Vienen curvas

lunes, 28 de septiembre de 2020

Que rule

miércoles, 23 de septiembre de 2020

martes, 22 de septiembre de 2020

Cobra Kai. Segunda temporada.

Y los malos siempre vuelven, en forma de quenoseakangporfavor planetario. La segunda de Cobra Kai sigue con su labor de recuperación de vejestorios con malas pulgas y puros en la mano. Es lo que toca. Ahonda la segunda de Cobra Kai en esa diferencia generacional que, muchas veces, nos negamos a asumir: hacernos mayores, hacernos vijos, canar pelos de la barba, tener rodillas que chirrían, jodernos la vida con fascitis plantar y plantarnos en un sofá a ver como esta adicción (Cobra Kai) se te mete entre venas y arterias, entre patatas en el corazón y válvulas del pasado arrojadizas. Muy arrojadizas. Pero no nos pongamos tiernos que batallitas también tiene Cobra Kai, y puntos suspensivos y jodiendas para el sensei y el tatami y cualquier palabra que termine con una i perejiliana. Rica, rica la segunda de Cobra Kai. Y todo lo demás, también.

Cobra Kai. Primera temporada.

En medio del pastiche de lo retro, de lo vintage, de la Nintendo de 8 bits y el Super Mario Bros, del Sonic y la Sega, de traer los 80's al presente y al futuro, en mitad de ese berenjenal con arándanos y sin ellos, de guindillas y reclutas, ahí, justo ahí, tenemos que encuadrar la primera temporada de Cobra Kai. Ni más ni menos que traer a los personajes de la batalla de Karate Kid al presente hollywoodiano (o como se diga) y ponerlos a hacer de buenos y malos. No sé dónde leí que son profesores con alumnos buenos y alumnos malos. Puede ser. ¿Quién hace de profesor bueno ahora mismo? En algunas comunidades autónomas se están quedando sin profesores en las listas de interinos (o se quieren quedar, y así no gastan no vaya a ser que...). Profesores buenos, profesores malos, alumnos buenos, alumnos malos. De todo hay en la viña divina, en la del Señor y en los IES del mundo. Siempre había ovejas negras y ratones coloraos, que diría el risitas quinteriano. O no.

Des. Primera temporada.

De vez en cuando te encuentras con malos malísimos, de esos que te cagas del susto en cuanto los ves. Maldad con mayúsculas, sin aditivos, ni conservantes ni anchoas del Cantábrico (aunque ahora también vienen de Chile, viva Santiago y cierra Chile). Eso pasa con Des. Un julandrón de mucho cuidado que se dedicaba a matar a tipos que encontraba y que llevaba a su casa a ponerles una corbata al cuello y hacerlos pedazos. Y se quedaba tan pancho el tío. Tal que así. Y da pavor, y la poli intentando saber el motivo, y los nombres de los que descuartizaba y todo lo demás. Vaya tres capítulos para empezar. De traca.

Plus

lunes, 21 de septiembre de 2020

Muy muy muy

sábado, 19 de septiembre de 2020

viernes, 18 de septiembre de 2020

jueves, 17 de septiembre de 2020

martes, 15 de septiembre de 2020

domingo, 6 de septiembre de 2020

Th Feed. Primera temporada

Estamos tan blackmirrorizados que no tenemos ojos para nada más. O sí. Cada uno tiene el diablo, con cuchara larga, que se merece. ¿Es The Feed un capítulo muy muy muy largo de Black Mirror? ¿Nos hemos acostumbrado al caviar o a la mortadela? ¿Sigue siendo el infierno una cosa muy personal? En The Feed, la familia puede ser lo peor, algo entre infernal y demencial. Visiones, espasmos, llantos, arcos, padres atormentados, madres muy reconocibles, hermanos torturados, entornos conflictivos, maquinitas de perversión que dejan en bragas al mismísimo cortador de césped.

miércoles, 2 de septiembre de 2020

lqrís.

sábado, 29 de agosto de 2020

El perfume. Primera temporada.

Bajos instintos los que salen a relucir en la primera temporada de El perfume. Bajos. Los peores. La locura, el sadismo, la enfermedad, el deseo, la crueldad, la falta de humildad, los silencios, la vergüenza, el descontrol. No sé el adjetivo, si tuviera que elegir uno para definir El perfume, que elegiría. Quizás, perverso. Llega incluso, en ocasiones, a ser desagradable. El tema de llevar los sentidos al extremo tiene peligro. Mucho peligro. Y El perfume nos lleva a eso, a ponernos en una situación extrema y ver que haríamos en esa situación. Y las amistades pueden ser muy peligrosas y, la imaginación, también.

viernes, 28 de agosto de 2020

El robo del siglo. Primera temporada.

Otra vez Andrés Parra se come el mundo. Esta vez en El robo del siglo. Vaya robo en la Colombia de los 90's. Los focos estaban en otras cosas: la droga, el proceso de los 8.000 y cuarenta mil asuntos más. El robo del siglo es un ejercicio de corte y confección: explica los motivos por los que unos individuos (también individua en individue, todo hay que decirlo) dan el golpe de sus vidas. O el que pudo ser el golpe de sus vidas. Nada es para siempre. Todo lo que sube baja y todo amor es traición y acaba en mentiras y cintas de video de cumpleaños del pasado. Atracos, trasplantes, huidas y decepciones. De todo hay en El robo del siglo. Coda: Y deja frases para enmarcar, del tipo "uno no elige la familia en la que nace pero si en la que delinque" o "ladrón no es el que roba sino el que se deja coger".

Repetir

miércoles, 26 de agosto de 2020

Volver

Vuelve Alsina.

Un 26 de agosto, cuando Messi se quiere ir y Pedro Sánchez vuelve morenito de su gira vacacional. Pero con peores datos y sin respuesta Y nos recuerda Alsina que ayer, en su homilía, el presidente no habló de ránking. Y la oposición, tocando la guitarra. Y Sánchez habla de garantía en colegios y en institutos, como en el ayusiano Madrid.

domingo, 23 de agosto de 2020

Normal People. Primera temporada.

Tuve que esperar al cuarto capítulo de la primera temporada de Normal People para que la Ley de Godwin se cumpliese. Y antes o después, se cumple, sobre todo si metemos en la coctelera al hijo de una limpiadora con una ricachona niña repelente de instituto. O no. La ley de Godwin aparece aquí y en Galapagar, con Bárcenas y los ERE de Andalucía. Pero centrémonos en Normal People. ¿Tanto bombo para esto? Está muy bien la libertad de expresión, pero hay que saber utilizarla. Y la duración de las series, también. Hay que ponerle freno, antes y después de la pandemia, a muchas cosas: a los clubs de debate, a los escritores noveles con pretensiones, a los repelentes niños de mamá (el orgullo de mama), a los bohemios ricos que van a lo suyo, al deporte como fábula en edad escolar, a las válvulas de escape, a las mentiras (porque la verdad no existe),a buscar protagonistas británicos que se parezcan a los hermanos Neville del viejo ManU, a los diálogos que no llevan a ningún sitio, a las idas y vueltas, a los desengaños y reencuentros,a la vergüenza de estar por alguien y lo humillante de no contarlo, a permitir cosas que hace 15años no hubiéramos permitido, a buscar respuestas donde no hay preguntas, a unir vidas anteriores conon presentes de mierda, a pensar en querer encajar y ver que es imposible, a pensar y volver a pensar,a llevar atados en el código ético lo borde y lo frío. O no. Quizás no.Quizas no se pueda entender nada. Quizás la milonga que nos contaron profesoras que ya están muertas no merezcan ser recordadas. Quizás faltamos a nuestras promesas y no vamos, como Carolina Durante, los segundos domingos de cada mes al cementerio. Todo mentira. Normal People, la lucha de clases llevada a la tele: otra gran mentira, otra colección de niñatos con pretensiones que se desvisten y hacen creer que hay profundidad cuando solo hay fango. Mucho fango. No vale creer lo que suponemos de los demás, hay que comprobarlo en las situaciones de estrés. Y las prisas, como decía García, para los ladrones y los malos toreros. Y no es lo mismo deleitarse viendo a un Velázquez que viajeros de madera. Lo dicho, Normal People, otra gran mentira.

sábado, 22 de agosto de 2020

Himno sin remordimientos (2020)

Virgin River. Primera temporada.

De tarde en tarde, de madrugada en madrugada, cae un Videodrome de Radio 3. Y caes en el dedicado a Sospechosos habituales. Y luego lo comparas con todo lo demas. Y te acuerdas de la comparación presente-pasado-presente. Con Virgin River hay mucho de ese pasado-presente-pasado. Muchos flashback, o como se diga. Como se diga. Y luego te pones a pensar, y recuerdas elecciones erróneas, equivocaciones, fallos, saltos temporales, huidas. De todo un poco tiene la primera temporada de Virgin River entre diálogos y consultas, entre realidades que duelen y dolores que se sienten. O no. Tal vez todo sea mentira.

jueves, 20 de agosto de 2020

Himno de jueves de 2020

We Hunt Together. Primera temporada.

Nos gustan los malos malísimos. Y los buenos buenísimos. Y los que van de una cosa y son otra. Al principio, ennesa diferencia, me llevó la primera temporada de We Hunt Together a los primeros capítulos de la primera temporada de Killing Eve Bajo un perfil menor, We Hunt Together nos lleva a hacernos preguntas: ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Por qué personas nos vemos obligados a hacer cosas que no queremos? ¿Qué mierdas seríamos capaces de hacer en unas situaciones extremas? La tortura, el maldito pasado, la convivencia deteriorada, las pastillas que acaban en otras drogas, el disco que suena para esconder el dolor, la huída, los daños colaterales... Excelente primera temporada de We Hunt Together.

miércoles, 19 de agosto de 2020

Marcella. Tercera temporada.

Vaya un final para la tercera temporada de Marcella. Ríete tú de el de cualquier película de Eastwood o de Tarantino. Un paso más. Y Marcella juega al diablo siguiendo la stoniana reflexión de Federico Volpini: "El diablo es un agente doble al servicio de la providencia". Tintes, agujero en el techo, Belfast, Mafia, drogas, política. Tiene de todo la tercera temporada de Marcella. A veces hay que olvidar, a veces hay que tener estómago, a veces hay que saber matar y a veces saber perdonar. Todo es imposible, pero Marcella lo intenta. Jugar con dos barajas es difícil, pero siempre hay un Paul Newman en un tren con el que jugar a las cartas en un tren. O no.

sábado, 15 de agosto de 2020

Dead to me. Segunda temporada.

Macabras historias estiradas hasta que no hay mañana. Creo que le sobra alguno de los diez capítulos de la segunda temporada a Dead to me. Y los tópicos: el hermano gemelo, la madre desgraciada, el nuevo lesbianismo ilustrado, las ceremonias de recuerdo, las ventas que no acaban nunca, el policía atormentado. De todo un poco. Se ve considerablemente bien, aunque algunas situaciones parecen demasiado forzadas. Y todo lo demás, también.

jueves, 13 de agosto de 2020

Marcella. Segunda temporada.

Vuelve Marcella en su segunda temporada aún mas macabra, aún más sangrienta, aún más salvaje. Y sin concesiones. Ni una. A los fantasmas ya vistos en la primera temporada, se suman otros daños colaterales que van a la yugular familiar y laboral, al morbo del destrozo sentimental y al que te lleva al borde del suicidio. Nada como apretar un rato hasta reventar y que la mano chorree. También reflexiona esta segunda temporada de Marcella sobre la desmitificación de los héroes, sobre el dolor del adiós traumático, sobre las avenidas oscuras que solo te meten en líos. Y todo lo demás, también.

miércoles, 12 de agosto de 2020

Dead to me. Primera temporada.

Hay veces que llegas a una serie con ignorancia absoluta. No sabes si te espera la confirmación de la caja b de un partido de derechas o la supuesta confirmación de un partido comunista en el poder. ¿Cómo reaccionar ante semejante situación? No sabea si reir o llorar, no sabes si acabamos en comedia o en tragedia, en coger los bártulos y marchar al condado de Orange o quedarte en La avata, Galapagar. En la primera temporada de Dead to me hay de todo: diálogos imprevisibles, situaciones complejas, derivas que acaban en lios. Entretenimiento bien planteado, y, además, bien hecho. Las series, como las mentiras, crean dependencias. Pues que vivan las mentiras Y punto.

martes, 11 de agosto de 2020

Perry Mason (HBO). Primera temporada.

"A los leones no les interesa la verdad, solamente la carne". La puta carne. La primera temporada de Perry Mason, con música jazzística de fondo, saca los más bajos instintos a relucir: los muertos de hambre, los vendepatrias, los radiopredicadores con blasfemia, la vuelta a la transformación de Tatiana Maslany, los derrotados de la vida, los viejos que esconden secretos, la corrupción policial, el instinto macabro de los políticos (en los años 30, como ahora). De todo tiene la primera temporada de Perry Mason. Y sí, "una cosa es lo legal, y otra lo correcto". O algo así. También es la historia de una transformación kafkiana, de un tránsito de la tortura a la semiestabilidad, de un proceso que lleva del desorden al orden. Quizás, el problema, sea la diferencia de intensidad entre los distintos capítulos, o, quizás, que nos estemos acostumbrando a series y no distinguimos el grano de la paja, la secta de la religión, el policía y el matón, el negrata que roba en una tienda de ordenadores del boliviano que coge sandías en Lorca, el lesbianismo de la tontería del ministerio de Irene, y los martes con los sábados. O tal vez, como en el robo de un niño, btodo es mentira en época del prohibicionismo del alcohol en el que ganó la Mafia y perdieron los hígados de los estadounidenses. Y como tras la prohibición cerraron muchos aeródromos en Estados Unidos, en el reino valcarcil habrá que ir pensando en cerrar el aeropuerto peatonal de Corvera. Veremos a Perry en otros casos, pero aquí solo hemos visto a Tatiana en dos de sus versiones. Lástima.

lunes, 10 de agosto de 2020

Marcella. Primera temporada.

Sangre, bañeras y bolsas de plástico en torno a una cabeza. A varios cráneos. Casos del pasado que vuelven al presente. Matrimonios más falsos que un billete de Mortadelo. La primera temporada de Marcella tiene muchos kilos de maquillaje en unos personajes que tienen mucho que esconder: envidia, asesinatos, celos, rupturas, dinero, esclerosis, panadería de tapadera, paramoia, vinos caros, chantaje emocional... y del otro, también. Y la enfermedad, la locura, el pragmatismo, que no falten. Nunca. ¿Qué somos capaces de hacer para conocer la verdad? ¿Cómo esconder nuestros secretos más íntimos? ¿Cómo despistar al prójimo con una fachada intentando camuflar lo incamuflable? Buena primera temporada de Marcella. Veremos si las expectativas se mantienen por todo lo alto o tocaba estirar el chicle hasta la inexistencia.

Paranoid. Primera temporada.

Ahora que andamos como locos, vomo pollos sin cabeza, pensando en una vacuna anticoronavirus, está bien pensar en el papel de las farmacéuticas en la vida contemporánea. Paranoid va de lo local (asesonatos ennun pueblo de la campiña británica), a lo mundial ( papel de ina farmacéutica en un ensayo clínico y sus daños colaterales). Pero no sólo se centra en alfa y omega, sino que reflexiona sobre la soledad y la enfermedad, sobre lo cotidiano y lo divino, sobre lo trascendente y lo prescindible. Ahora que pensamos que la vida ha cambiado, ahora que pensamos que hay que hacer testamento antes de ir a currar, también es necesario pensar que no siempre la psiquiatría es buena, que la espiritualidad hay que buscarla en sus formas originales, que necesitamos pausa y serenidad en mitad de un caos que te puedes encontrar en Aljucer o en Dusseldorf. Buena primera temporada de Paranoid, aunque cómo digo de vez en cuando en clase, lo mejor está todavía por ver.

sábado, 8 de agosto de 2020

Karppi (Deadwind). Primera temporada.

A veces nos empeñamos en buscar lejos, en buscar lo complicado, en buscar una conspiración como si fuéramos Jim Garrison y hubiera que encontrar al asesino de JFK. Pero siempre hay que buscar lo más fácil, lo más sencillo, como bien nos indicaba Hannibal Lecter. La primera temporada de Karppi nos lleva a una sucesión de intrigas, de mala leche en Helsinki, de distintos adoradores de egos, dede diferentes formas de aceptar el dolor. Explicar o buscar explicación a un asesinato es uy difícil, y en Karppi esa forma de hacerlo es buena. No siempre es posible cuadrar un círculo, pero Karppi muestra talento e insistencia a la hora de llevarlo a cabo. Atormentada por su pasado más reciente, la inspectora protagonista se empeña en sacar la investigación adelante aunque ello le cueste una factura muy alta. Tanto la trama princiycomo las paralelas se proyectan para buscar la atención de unun espectador que debe pensar sobre hormonas del crecimiento e investigaciones sobre energía verde, sobre muertes sin chalecos reflectantes en Hamburgo y sobre actrices que envejecen, sobre policías con novias drogatas y tipos a punto de jubilarse que se recrean viendo a distancia los mirlos de la temporada. Una primera gran temporada la de Karppi.