miércoles, 28 de enero de 2026

Landman. Segunda temporada.

Nada como reflexionar sobre la utilidad del desayuno para volver a ese mundo de Landman que junta mierda en el desierto y escotes en los baños, que une familias desunidas y viudedad disfrazada de crueldad, que resuelve problemas universitarios con globos y herencias y soledad con o sin puesta de sol. Y ser rico no es el sueño de todos, aunque a algunos les cambia la vida. En esta sucesión de banderas y camionetas, de sirenas y búsquedas, de venados limpios y cuestiones sobre la carne de cerdo que no todo el mundo entiende (o no quiere entender), siempre se aprende algo. Y el sermón radiofónico, hecho a la medida del precio del petróleo, porque el dinero, al final, “arruina a más familias de las que ayuda”. Y siempre hay que creer en algo o “evitar decir la verdad durante mucho tiempo, no empecemos ahora”. Pero no todo el mundo lo ve así, porque “ya se había puesto el sol cuando yo nací”. Y quizás, desde nuestra perspectiva contemporánea, “todo lo que acaba bien, está bien”. Las pruebas de Dios, la capacidad de reciclar y lo que nos queda por incorporar a nuestro infierno particular. Porque Landman va de infiernos que no asumimos, que nos llegan y con los que tenemos que apechugar. Y de cementerio a cementerio y tiro porque me toca, aunque no hay Salmo que consuele saltar de cementerio en cementerio, porque “los demonios corren más rápidos que los arcoiris”. Y no nos queda más que la resignación, aunque algunos sigan empeñados en “malgastar la vida en la esperanza”. Se pregunta Landman sobre el valor de lo que decimos, aunque realmente “la palabra de nadie vale nada, porque para eso ya están los abogados”. Y como todo sigue siendo mentira, todo sigue su curso: “La vida no tiene un plan para cada uno. Tú tienes que tener el plan. Luego, luchar con todo para hacerlo realidad”. Y luego el amor, el desamor y todo eso que hacemos para pasar años y años. Pero los planes no siempre funcionan, no siempre son efectivos, no siempre van conforme a la corriente. Y ese “recuerda responder preguntas con preguntas” que tantas veces se nos olvida (o parece que se nos olvida) y creer, o al menos, mirar para otro lado mientras entendemos “la necesidad de distanciarse de la responsabilidad”, como si fuera tan fácil poner un momento American Beauty en nuestras vidas. Pero en esta vida sin brújula, nada como ser “el mapa del camino equivocado”. Nada como volver a Landman para recordar que no somos nadie y, como decía el hombre de la camisa verde, que siempre hay una sorpresa con la que alegrarnos el día. Hasta que llega otro, y lo jode todo.

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