jueves, 30 de octubre de 2014

Más del Anillo

Ayer estuve en la charla-coloquio que ofreció Rubén Castillo en la capital del sultanato de Sean Connery hablando de El anillo de Moebius detrás de José Méndez Espino y Patricio Peñalver.

martes, 28 de octubre de 2014

The Bridge. Segunda temporada

Siguen los trasiegos en la segunda temporada de The Bridge. Siguen los rumbos perdidos. Sigue el pasado de la hermana muerta, más presente que nunca. Llega la Lola alemana que no es solo de tres versiones distintas, tiene un pasado que al final lo explica todo. Siguen los sombreros y la corrupción, que ya no se sabe si es mayor en Méjico con jota, en el sultanato de Sean Connery o en bancarrotismo cutre de Rajoy. Y las balas perdidas en forma de hijas, y el pasado suicida de alguna, y los periódicos de tercera que de vez en cuando sacan mierda a relucir, y la DEA y más agencias del gobierno gringo, y las jodiendas con vistas al desierto, con serpientes. Y las madres entre la basura, y cumplir quince años y celebrarlo, y andar entre coyotes por la noche, y los niños jugando al baloncesto, y acabar entre rejas al lado del tipo que desenterró a tu padre. O tal vez. En su línea, que diría un dictador. Y todo lo demás.

Himno para guardar ropa

Mantones de manila, mantas, cubiertas, ganchillos varios. Y, luego, los himnos.

lunes, 27 de octubre de 2014

Boardwalk Empire. Quinta temporada.

Es verdad que todo lo bueno se acaba. Y se añora. Y nunca volverá a ser lo mismo. Ni las fugas. Ni las cicatrices. Ni los cambios de cromos. Y encima se hace muy corta la quinta temporada de Boardwalk Empire. Las fugas. Las citas al Eclesiastés. Las visitas inesperadas. Los martillazos en la cabeza. La Agencia Tributaria. La escoria multiplicada. Las barricadas habaneras. Las muertes tempranas. El pasado familiar. Los bichos que luego vemos en The Bridge. El pasado magnificado. ¿El salto temporal? 1931. Demasiado. Definitely Maybe. Puede ser. Y qué mas da. Lo hecho bien solo se puede enfatizar, poner con boli rojo, subrayar como el rotulador manda. O no. Nucky en un jodido altar, antes y después de la quinta temporada, aunque algún pero podríamos poner pero no es momento para ello, que mañana empieza nueva temporada de NBA y toca volver a no dormir, a pensar en la ley Volstead. Menudos inventos, pijo. Y los tocadiscos, y sus sorpresas, y el hierro que da y quita vida, y las monedas, y el Comodoro, y los hijos de los hijos de las recogidas, y las líneas privadas de teléfono, y las esperas, y las sorpresas de sobremesa, y las bolsas con dinero, y los Arquímedes de turno, y las búsquedas sin solución, y los manicomios y sus cesáreas, y las tumbas caseras, y el sombrero de rigor, y las manos ensangrentadas, y los Kennedys crápulas, y los sordos lectores, y cada pecado tiene su penitencia. O eso dicen, que ya no sé lo que es el pecado. Y todo lo demás.

domingo, 26 de octubre de 2014

Zas en toda la calva

No puede uno ver el Telediario. Solo dan disgustos. Y collejas.

viernes, 24 de octubre de 2014

Siguen las promesas

Pero no hay ni una puta solución, Mariano.

jueves, 23 de octubre de 2014

Solo un alumno

De los míos, de este curso. Tengo pocos Chés en mis bachilleratos. Viva 1º de la ESO!!!

miércoles, 22 de octubre de 2014

Nucky de rodillas

Sigues despierto a las mil y ves a Nucky de rodillas. Rogando. Ni más ni menos. En mi vocabulario está prohibido el ruego. Y, la pregunta, también.

martes, 21 de octubre de 2014

Rose está de vuelta

Ya lo vimos en el mundial de España (esa pesadilla que nunca acaba). Derrick Rose ha vuelto para quedarse siempre y cuando las lesiones lo dejen. Espectacular a pesar de haga pasos en más de una ocasión.

domingo, 19 de octubre de 2014

La cabra

Hoy no toca hablar de la Ley de Godwin, hoy toca recrearse con la visión sabatina de la cabra legionaria. Hay un antes y un después de esa mirada inquisitorial.

Despliegue dominical

Porque, aunque flor de un día, tiene sus momentos en la residencia catastral . Y todo lo demás.

viernes, 17 de octubre de 2014

Volviendo a Atlantic City

Nos quedan ocho visitas. Únicamente ocho. Habrá que disfrutarlas como el final de una era, de una ley, de una época. Y todo lo demás.

El incansable Butler

O vivan los toritos bravos. Y todo lo demás.

martes, 14 de octubre de 2014

Ray Donovan. Segunda temporada

Hay principios del judaismo que mejor no conocer. O tal vez, sí. Será por principios y será por momentos y por trifulcas. La segunda temporada de Ray Donovan subraya con boli rojo todo aquello que aparecía en la primera. El énfasis, en la desesperación. Todo lo que se puede complicar, lo hace aún más. Todavía más. Todo se va a la mierda con una bonita cancioncilla de fondo. Y si hay que celebrar una fiesta de cumpleaños, que sean todos como el de la casa de Ray Donovan en esta segunda temporada. Bendito Ray solucionando problemas. Y creándolos. Y el padre canalla, y Bunchy con los diablos interiores, y el tembleques y su obsesión por Irlanda, y el encantabobos más canalla del mundo, y el Ezra más pesetero que nunca y los negratas raperos jugando a matar como lo hacía el Este contra el Oeste. Y un montón de asuntos más. Sobresaliente.

Vuelven

Novedad de esta mañana en la residencia catastral. Efímeros segundos de vida.

Lección de historia número uno

Es cosecha de Galveston, de Nic Pizzolato: "Hasta que te mueres no eres más que un impostor". Y todo lo demás, también.

domingo, 12 de octubre de 2014

Anillo de Moebius

Me ha sorprendido el final de Anillo de Moebius de Rubén Castillo. Bueno, no solo el final. En su particular invención moreliana, nada es lo que parece. O simplemente todo es mentira. Las personas no existen. Los encuentros en los autobuses no son casuales. Las casualidades no existen. Nosotros nos obligamos a crear mentiras en nuestro cerebro de trabajadores de hospital o de banco. Subido en el coche del pueblo alemán, el protagonista, llámese Enrique, llámase Julio, pone en entredicho todo lo que le rodea: amor, amistad, trabajo, filiación deportiva, desayuno, clave de tarjeta de crédito y todo lo demás. Menudo panorama. Otro pasando de la felicidad a la tortura, otra vez desarrollando el infierno en primera persona masculino singular. Casi nada. Y el cambio etílico de nuestros sentidos, llevándonos a un libro cuyo índice nos desconcierta y no es el esperado. La bibliografía del agobio existencial tiene demasiadas referencias pero ese infierno personal destroza hasta al más preparado de los marines para soportar la operación Tormenta del desierto. Pero la tormenta, incrementada por los olores, no es solo desértica, llega a todos los ámbitos de la existencia. El cliente habitual de un bar, el odio al cobalto que estabiliza la espuma de nuestras cervezas, la mentira de lo cotidiano. No es fácil ese paso del cero al infinito ni para el más experto de los matemáticas porque siempre hay un Bolzano que lo fastidia todo, o un amigo que besa a tu novia, o una pandilla de secuaces equivocados que te joden con la broma más macabra del universo conocido. Y, cuando en mitad del infierno, con o sin grietas, la gravedad ejerce su influencia, la porquería preconcebida empieza a flotar. Cuando se jode lo cotidiano, cuando la rutina es solo una sombra, todo se desmorona. Y no te vale que no te cambien en un bar, ni que los ricos sean prepotentes y tampoco que te larguen del local de turno cobrándote la cerveza y las almendras al precio de ambrosía. Y no hay respuestas, y hasta recuerdas aquel maldito penalty del Hércules de Alicante. Y en el Matrix paralelo de nuestra existencia siempre hay fallos multiplicados por mil. Nuestros dibujos de cada día están hechos por un payaso borracho que juega a ser Dios. Y no hay un Jimmy Page que nos escriba un himno en mitad de la desesperación. No existe, y si existe, su Olimpiada particular es distinta a la nuestra. Cuando perdemos nuestra brújula existencial no hay puntos cardinales que nos señalen la salvación: todos los caminos conducen a un infierno sin salida. Y, a través de ese juego en plan Bioy Casares, en mitad de chupitos de vodka caramelo, Rubén Castillo nos sorprende con un final inesperado. No es Dormir al sol, pero casi. Y las mentiras creadas, como esas mujeres cuyos nombres dicen que juran en nombre de Dios, se desvanecen en dos folios impresos. En dos jodidos folios en mitad de un sobre en una casa ajena y ni Led Zeppelin nos saca del lío. Y como dice Rubén, “la soledad es un castillo con demasiada hiedra en las paredes”. Y a mí me encanta la hiedra. Y punto.

La herencia valcarceliana

Ahora que de aquí a mayo se va a poner el asunto divertido en el antiguo reino valcarcil, tocará hablar, entre ruices y sus secuaces, de la herencia. Mal dicho lo de la herencia. La herencia se reparte cuando existe. En el ahora sultanato de Sean Connery solo hay deudas y más deudas. Y todo lo demás. No hay más triste que la herencia valcarceliana.

Riñones del día

Entre las clases de mañana y tarde y las jodidas evaluaciones que van a cambiar el mundo, en la residencia catastral me llevo la alegría de esos riñones espectacular al Pedro Ximénez que cambian la perspectiva del día. O de lo que queda de día.

martes, 7 de octubre de 2014

Un ratico

Estuvimos el domingo por la tarde, mientras otros veían el Chelsea Vs Arsenal, charlando de todo un poco, aunque no sabemos todavía quien fue el primero en ir a mear. El que fuera, ya sabe lo que debe. Y Generation Kill, al poder.

sábado, 4 de octubre de 2014

La paz de los atléticos

No está Dieguito Costa. Ni FL por la banda izquierda. Ahora resulta que el Cholo no es tan bueno. ¿O lo ha sido alguna vez? Veremos.