domingo, 31 de diciembre de 2017

Sigue siendo...

...algo muy difícil de explicar con palabras. HIMNO.

sábado, 30 de diciembre de 2017

¿Dónde está el límite?

¿Dónde? Ese límite. A todos nos gusta reincidir. Pero hay momentos, "que nos cuesta digerir". Vivan las versiones.

Eva

Empieza AP-R diciendo que Falcó no desea su muerte en una noche concreta. Vías de escape en la Lisboa tajeña. ¿Qué ponemos antes en nuestros pensamientos? ¿Mujeres? ¿Seguro? ¿Cigarrillos? ¿Seguro? ¿Restaurantes? ¿Seguro? Sus 37 años, su brillantina, sus pastillas antimigraña, podían con (casi) todo. O tal vez, no. ¿A quién no le gusta un sitio con camareros simpáticos? Y visitas relámpago a Salamanca y Sevilla y hoteles caros y facturas junto al brazo y las bragas de una mujer. Mujeres ajenas y partidas de cartas y hoteles aún más caros conforme el Mediterráneo se acerca. ¿O era al revés? Hay lugares y frases reconocibles (¿más de la cuenta?) en Eva. Pero a veces está bien reconocer(se) en las lecturas ajenas, en los momentos del pasado, en los martes sin planes, en los domingos sin dinero (Romay dixit). Y los diálogos del segundo capítulo. Grandes. Está bien recrear(se) en palabras simples pero acertadas. Y pajas mentales, y Nicolás Franco y viejas historias de viejas guardias. O como ahora se diga en las redes sociales. Y Tánger, y mujeres del pasado y brazos que ya no están, y charlas con capitanes de barco que permiten ciertas licencias. Peleas, bares, rostros reconocibles. La misma mierda de Falcó. Recuerdos, citas, entrevistas, propuestas. Capitanes con principios. Horas en las que pensar. Atenas y Beirut y Berlín en el recuerdo. El reencuentro con Eva y los postulados de Euclides. El problema es que suena demasiado reconocible, suena a leído, suena a música ya escuchada, a música con la que, eso sí, recrear(se). Siempre hay puñales, siempre peleas, siempre carreras, siempre noches con olor a mar salina. Y eso, está bien. Capitanes, lealtades, lobos marinos, desfiles salmantinos, dinero que no es suficiente. Eva, la lucha proletaria, los ideales que ya no se se ven, morir sin motivo. Pinchos, no siempre morunos, caen entre la niebla. Hermanos con principios de mar. Dolor de alma y pendientes, otra vez, de cruzar otra frontera. Tánger, aunque está vez, no sera Soto. Y todo lo demás, también.

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Que si el tiempo perdido...

...que si odiar(se) a uno mismo... Coda: "Tus puñales aún me duelen en la espalda".

martes, 26 de diciembre de 2017

Boxing Day

Tenemos mucho que aprender de la tierra de los Peaky Blinders. Una de ellas, el Boxing Day. Mientras que en esta tierra de mierda llamada España paramos el reloj, otros como los ingleses le dan más revoluciones. ¡Viva el Boxing Day!

Himno hecho Cayetano

Vaya himno, vaya letras, vaya renacer niki:“Todos tus amigos se llaman Cayetano, no votan al PP, votan a Ciudadanos“. Muy grandes. Coda: He llegado a Carolina Durante gracia al gran Ángel Calvo Botella.

Psicópata

Ahora que se acerca Nochevieja, vamos a recuperar una vieja foto de Nochevieja. Volviendo hace 12 años de casa de Carmen Ruiz Pedreño, mientras los jefes de los indios guardaban su vehículo en la residencia catastral, apareció el hombre de la camisa verde. Con su clásica caída de ojos, con su pesimismo impertinente y su guasa de cobro de paga recién cobrada e invertida en alpiste. No es casual. Hace un rato, allá por la página 272 de Eva, regalo de Lali, Falcó recuerda la palabra de moda en 1937, desde el verano anterior: "Psicópata". El hombre de la camisa verde está en el cementerio aljucereño, pero ninguna placa lo recuerda en la tumba que está enterrado. Me llamaba psicópata y asesino. Decía que mis ojos de enfado daban miedo. Falcó recuerda esa palabra al uso, para hacerla extensible a criminales. Pero no a cualquier criminal. Para aquellos que nunca alcanzarán la gloria; para aquellos, que en mitad de su lucidez taciturna, no tienen conciencia; para aquellos que no conocen en su vocabulario la palabra decencia. Y me reservo el epíteto para aquellos que entierran a sus muertos y no los recuerdan ni, tan siquiera, con una placa con su nombre. Pero algunos si nos acordamos, Ginés Caballero.

A mí no me han gustado nunca las gaviotas

Ni solo ni acompañado. Gaviotas y palomas, ratas aéreas en general, a distancia. Bien lejos. Ni en pintura.

sábado, 23 de diciembre de 2017

1864

Bismarck siempre tiene razón. 1864 es una serie de sentimientos y carne triturada por las balas, de llanto y sangre, de euforia patriótica y de derrotismo loco, de gentuza populista y de estadistas que lo tienen todo controlado. Nuevos tiempos. Los generales prusianos viven de recuerdos napoleónicos; los daneses, bajo el mandato de incapaces de psiquiátrico que buscaban victorias con las que perpetuarse más allá del recuerdo de 1851. Entre estándares de mierda y carroña (un 1864 se merecen los cuerpos sin alma que los han redactado), la guerra entre Dinamarca y Prusia se cita de puntillas este enfrentamiento entre 4º de la ESO y 1º de Bachillerato. Bueno, casi ni de puntillas. Una lástima. Ni la de 1866 entre Austria y Prusia, que también aparece al final de la serie. Y, de sopetón, muertos daneses en tierras orientales asiáticas en el presente, que la guerra siempre anda rondando a los nuestros. A los vuestros. A todos. Palabras, cartas perdidas, fuego cruzado, intereses matrimoniales, cobardes barones, alcohol y promesas que cumplir, fuego sobre población civil, curiosidades en el parentesco, esoterismo, valentía. Males, los mismos son en épocas distintas. Mentiras, siempre. Políticos, liantes de tres al cuarto que nos joden, que joden a un populacho que tiene ideas pero que no puede llevarlas a la práctica. Siempre hay un soldado, una intención (mal)interpretada, un rechinar de dientes, una alondra que canta en mitad de una batalla. Y luego, esos mierdas que redactan estándares. Y todo lo demás, también.

Peaky Blinders. Cuarta temporada.

Ha vuelto Thomas Shelby por Navidad. Por la Navidad de 1925. Y dando consejos a aquellos que se salvaron justo cuando tenían una soga en el cuello. Sexo, güisqui y libertad. ¿Qué más se puede pedir? Vaya puto crack Tommy, recordando lo que ya no tenemos y lo que pudo ser, recordando a los muertos y deseando muertes. Y el resto a lo suyo: pistolas, cocaína... y putos pájaros. Putos pájaros. Todos los pájaros del mundo deberían estar muertos. Sí o sí. ¿Quién no quiere discusiones en Nochebuena? Yo sí. Siempre. Empresas Shelby pagando coches, y chóferes. Y lo que haga falta. Y la puta sacrosanta paridad, y huelgas por el Boxing Day y lo que haga la jodida falta. Orden del Imperio Británico. Y la mano negra, y la puta mafia siciliana. Y los posos del café, embarazados; y los gitanos, emboscando italianos; y la mafia, al norte y al sur, en toda la maldita ciudad de Birmingham; y las peleas de los pesos medios del Midlands; y mujeres que muerden como yeguas y Shelbys que muerden que las nuevas a las que adoras; y mitines y aprender que una mujer no puede beber sola en un bar (o solas); y botas de hombre para recorrer un sindiós de camino; y hospitales de encierro, y acuerdos tácitos para acabar con la familia, con la propia familia; y la vuelta de Alfie, y el olor a ginebra y a ron; y las huelgas que todo lo paran y las huelgas inventadas, y la pintura de uñas de mujeres en mitad del carbonífero ambiente; y la destiliría y la revolución y la lucha de clases y los que dicen que no reniegan de su clase mientras que muestran su ascenso. ¿Y si los comunistas hubieran llevado la revolución adelante también en Europa Occidental? ¿Qué hubiera sido de nosotros? ¿Qué se puede vender ante una ginebra no demasiado dulce? ¿O si era lo demasiado dulce? ¿La ginebra era un pasatiempo mientras que en Yankilandia había ley seca? Enebro, patatas, agua, azúcar... Buen invento. Perfeccionable, pero buen invento. ¿La ginebra lleva a la melancolía? ¿De verdad? ¿El ron incita a la violencia? ¿De verdad? ¿El ron te quita la inseguridad? ¿De verdad? Y si lo dice Tommy, va a misa, aunque solo hable de la ginebra que hace con la receta de su padre: "Destilada para la erradicación de la aparentemente irremediable tristeza". Y en mitad de esa guerra, en mitad de esa batalla interminable, surge la opción barata. La del dinero. La de vender(se). Todo se compra. Todo tiene un precio. Todo es mentira. Y si hace falta acabar con todo, se acaba con todo. Incluso, con la democracia. Viva el laborismo, viva la cobardía, viva la gorra con cuchillas y vivan los que sacan los ojos a otros. Vivan los Peaky Blinders. Y todo lo demás, también.

domingo, 17 de diciembre de 2017

Desastre ante el quintaniano Betis

Tenía que ser ante el Betis de Quintana. Para darle aire. Para resucitarlo. Vaya tela de partido nos hemos tragado hoy en el Palacio de Deportes de Murcia.

Babylon Berlin. Segunda temporada.

Vuelve el asunto del tren por todo lo alto en la segunda temporada de Babylon Berlin. Y si hace falta saltar(se) el Tratado de Versalles, nos lo saltamos. Y si hay que reencontrar(se) en la capital con la familia, nos reencontramos. Y si hay que enterrar a una madre, pues se la entierra. Apuestas ilegales, peleas de perros, pasadizos sin luz, medicinas reconciliadoras, entierros que no acaban nunca. Es una segunda temporada de tinieblas y desentierros, de barro y disparos en escaleras, de números y vuelos primigenios de avión, de comunistas que meten mano a sirvientas en los cines, de manifestaciones y premios Nobel de la Paz, de humedales y preñadas, de sangre en las calles y de enfermedades que mutan, de visiones nocturnas con barro en las manos, de vómitos y tormentos, de alianzas rusogermánicas, del abandono de Dios en la Tierra, de árboles sin raíces y de padres que piensan que tuvierno mala suerte con la descendencia, de corbatas y sombreros, de músicas para pagar entierros ajenos y movimientos pélvicos que repercuten en el pasado. No deja títere con cabeza la Babylon Berlín con esta entrega. Y no se puede permitir que unos socialistas le pongan moscas a los militares, los cuales no sueltan prenda sobre sus estrategias. Reuniones y teatros, obras y diplomacia, disparos aprovechando la lírica. Conspiraciones y señales, acción y armas, el día de la picota. Ríete tú del 23F. Hay que acabar con la democracia y poner el Estado en manos del Ejército, y acabar con la república y que vuelva el Káiser al poder... ¿Utopía? ¿Punto decisivo de la historia alemana? ¿Viva el Káiser? Operaciones secretos. Ejércitos en la sombra. El miedo a volver a 1918. Mierda sobre mierda. Asesinatos a la luz de la luna y a la luz del sol. Impunidad. Matrículas reconocibles. Persecución al bolchevique. Muchas salsas y ninguna, o, casi ninguna, buena. ¿Cruz verde? Frío para sacar los más bajos secretos. Cocina y congelación. ¿Se puede cooperar con el enemigo? Y medicinas que cambian, de oral a intravenoso, y tormentos interiores que van a peor. Y el ministro francés de exterioresen Berlín en el Día de la Picota. Y los Premios Nobel de la Paz. Y el peligro de intentar mantener la democracia. Y la historia del oro, siempre presente. ¿Es posible que un empeño personal frustre un pronunciamiento? ¿Tantas ansias tenía Alemania por un golpe de estado? ¿Tanto miedo? ¿Tanto oro encisternado? ¿Tanta bomba por explicar? ¿Existe el sueño alemán? ¿Nos viene bien de vez en cuando un poco de tacto prusiano? ¿Hace falta extender la teoría de la conspiración a todas las series? ¿Pasar del comunismo al nazismo era solo cuestión de cambiar de uniforme? ¿De verdad podemos unirnos a una causa no justificada? ¿De verdad un 4 de noviembre de 1918 da para tanto? ¿De verdad no reconocerías a tu hermano a las primeras de cambio? ¿De verdad un vendedor de armas en cantidades industriales puede limpiar su alma con una fundación de mierda? ¿De verdad podemos respirar tanto debajo del agua? ¿De verdad una muñeca ha de ser acostada en la cama de su dueña? ¿De verdad se puede tomar el pelo al personal jugando una doble vida? ¿De verdad (cómo decía Volpini) el Diablo es un agente doble al servicio de la Providencia? ¿De verdad es tan buena la segunda temporada de Babylon Berlin?

sábado, 16 de diciembre de 2017

Perro de prensa

Empieza Javier Eder su Perro de prensa haciendo mención, en plan prólogo, al perro de Alcibíades. Para empezar. La primera parte de estos artículos la titula El aire de los tiempos. Que no nos falte ese aire, y escribe el autor sobre martinis y bikinis mientras reflexiona sobre el papel de la publicidad (está en nosotros, sale, lo utilizamos, lo infravaloramos, siempre dependiendo del viento de levante). Escribe también sobre el amor de Tarzán y su novia, "amor puro y verdadero", mientras alude al amor romántico (creación literaria que para JE va desde el siglo XII al XIX) hasta que llega a un límite. Después, reflexiona sobre el anagrama de la 20th Century Fox. Anagramas al poder. ¿Es el cine la guerra o era al revés? ¿Es el cine simple carnaval? Cita a Kipling. Recuerdo que en el año 2001, haciendo las prácticas del olvidado CAP (ahora todo es un máster), llevaba citas de Kipling, de Mann, de Pérez-Reverte, de Leguineche. La guerra. La dichosa guerra. "Lo primero que muere en la guerra es la verdad" es la cita de Kipling que nos recuerda JE. Y recuerda que desde el 39 al 44, unos y otros utilizaron el cine como vehículo de ideas, como fenómeno para atraer mentas mononeuronales y algunas de las plurineuronales. Y apostilla para terminar el artículo que "la guerra del siglo XX no es más que la miseria moral que permite el entierro sangriento de la verdad". Casi nada. En el siguiente artículo lleva a relacionar ostrogodos y dadaísmo y a la antigua cadena pública de la2 de TVE, hoy olvidada o semiolvidada. Medievalismo y modas de temporada, gastos de publicidad de una película que superan a los de producción. El mundo al revés, señora. ¿Son el disco, el cine y el libro cultura? ¿Estaba equivocado el Ministerio de Cultura del Gobierno del Reino de España? Escribe sobre niños aníbales y caníbales, sobre niños de 8 años que son el terror cotidiano de cualquier sitio. Si León Bloy levantara la cabeza no sé si cambiaría de opinión al respecto. Y define con precisión a las nuevas bestias de la ciudad: "Los nuevos bárbaros urbanos no son más que la reencarnación del loco del regadío y el balarrasa hundetapias". En Agosto del 93 ya escribía JE sobre Ratzinger Z, futuro Sumo Pontífice y que estaba encaramado a la Inquisición de finales del XX y principios del XXI, la Congregación para la Doctrina de la Fe (sin tilde y algo parecido a ello). Ahora parece olvidada, pero también hablaba hace 24 años JE sobre la Teología de la Liberación y sus manos sucias en villas de la miseria. De todo había (y hay, con el el Papa jubilado) en la viña del Señor. De esas perspectivas bíblicas, de la aberración inquisidora a la mal vista tendencia marxista dentro del Catolicismo, pasa JE a escribir de clónicos personalizados y virus definitivos (que nunca lo son totalmente). Escribe JE: "Lo que en otro tiempo fue el culto a los libros, y el correspondiente espanto ante la perspectiva del incendio, hoy es el culto a la información y conlleva el pánico ante el gran cataclismo de las memorias magnéticas en blanco". Eso era escrito en marzo de 1992, antes de MySpace, de blogger, de Twitter, de Facebook, de Instagram. ¿Se perderán las infamias ante el virus definitivo? En Postguerra caliente habla del tema de la seguridad: "El valor de los bienes que se quiere defender viene ya dado por las defensas que lo protegen de manera disuasoria". Habría que seguir preguntando si debemos pagar impuestos para pagar antidisturbios en torno a los campos de fútbol o deberían hacerlo los equipos. Y tantas cosas más, como los viajes papales y sacramentales varios. En Lugares públicos/Vicios privados hay para todos: para los fumadores (desde el punto de vista cualitativo y cuantitativo [viva la Escuela de Los Annales]), para las administraciones ("De ser Europa algo, no creo que deba ser la promesa financierocomercial de Masstrich, como una nueva Venecia o nueva Amberes, ni el pesado, pomposo y clerical paternalismo de los eurodiputados" [esto lo escribía Javier Eder en noviembre de 1992, 25 años antes del paripé que nos comemos todos los días y pagamos todos los días, con bronca de Juncker incluida: "El Parlamento es rídiculo]). Y no quiero que se me olviden las palabras de Eder hablando de Europa: "De ser algo Europa, no puede ser más que puro humo, humo de puro habano o de puro cigarrillo, ese invento de la tropa napoleónica en sus correrías por lo largo y ancho de todas las Europas". Tomad notad, aborígenes, indígenas, nativos. Y el recuerdo de la Ley Corcuera, como si fuera antes de la semana pasada. O por ahí (noviembre de 1993). En Las leyes de la hospitalidad empieza JE hablando de la muerte del autostop, de la muerte del autoestopista. En Dignidad en la derrota escribe el autor que "la política no debe ser más que la forma de conciliar las soberanías individuales". Si fuera solo eso la política. Como utópica idea, debería; en la práctica, un sueño más. Otro. En La paz de los cementerios habla JE de los cementerios privados, con todo lo que eso conlleva. ¿Es el humor patrimonio de los bufones? ¿Exclusivamente? ¿Podemos reirnos del racismo? ¿Podemos hacerlo de las religiones? ¿Podemos reírnos de cualquier asunto? En La trivialidad del mal, se hace referencia, entre otros temas, al tráfico de plutonio. Escribe JE al respecto que "El Doctor No es la trivialización del mal en la cultura de masas". Y eso antes de ver The Leftovers. Si. En Silencio, se mata, habla del doblaje de films como mutilación (en lo que estoy totalmente de acuerdo). Con tono acertado, hablando de tito Steven, habla de Parque Judaico y de En busca del Schlinder perdido. Con mucha razón. Se pregunta también JE si es posible la poesía después de Auschwitz. Pues no lo sé. Escribe JE: "El horror no es un espectáculo asimilable y desde luego no se puede acceder a él con una bolsa de palomitas en la mano sin constituir otro horror". En la segunda parte, Nuevos ritos de paso, empieza JE hablando de Los Beatles. De los Beatles de serie A, no de Primal Scream. Lo de los Beatles, con la cara del dólar, para que se entienda. Y los Stones contra los Beatles, batallitas de toda la vida, hasta que te conviertes en el papá de. Y datos de Cáritas de diciembre del 94, con 4 millones de pobres en ese engendro llamado España. Las crisis, los ciclos, las llamadas a colaborar con todo. Y San Valentín, y los valentines, y la Ley Seca y 1929. Y todo es mentira, todo es un reflejo que no existe en verdad: el papamóvil, la Roma eterna que vemos en las pelis de romanos y las últimas cenas desde Lorenzo el Magnífico hasta ahora. Y morir en un coche, sea Mercedes o 124. Ave César, a morir se ha dicho al volante. ¿Seguro que septiembre es el mes más cruel? ¿Seguro que la vuelta a la normalidad es un destrozo emocional? Terapias y fiebre fascicular a mitad de los 90. ¿Tanto hemos cambiado? Nada: todos, hasta el último mono, pese al avance de las ciencias, sigue despiojándose. Y caer en la cuenta (suma y sigue, y multiplícate por el dígito como Bartolomé el amarillo) de que la literatura medieval es de oído. Viva Canterbury. ¿Preferimos perder(nos) en un bosque o en una ciudad? Yo lo tengo claro, pero podemos poner en la balanza la opinión de vascos y de Walter Benjamin como hace JE. El viaje, la incertidumbre y todo lo demás. Y el silencio de una noche ante una catedral (sea francesa o no, no nos pongamos tan exigentes, autor). Y estoy de acuerdo en esas palabras con las que acaba El viaje imposible: "Lo que se da en llamar viajes sea más bien una rutina obligada de unas modas culturales, no muy distintas a la comida rápida, asesinas de cualquier sentido". 1993, ahora y mañana. Lo suscribo. Y Tocqueville, y el "populismo creciente" y todo lo demás. Es lo que tiene leer libros entre autobuses, entre veranos cortos y otoños de calor, mezclando artículos e ideas, frases apuntadas en folios en autobuses que no llegan nunca a su destino. Escribió JE en junio de 1993 que "dos de cada seis catalanes son unos hombres ennoblecidos por los derechos democráticos es poco discutible". En Soda pop JE empieza recordando un mito, a Elizabeth Taylor, aquella que proclamó, como nos recuerda el autor que "yo soy mi propia industria, yo soy mi propia mercancía". ¿Y quién no es mercancía? ¿Quién no es industria? ¿Quién no es algo? ¿Quién no es? ¿Quién no? ¿Quién? Si, mercancía, industria, leña caída, madera. Escribiendo sobre el tenista Bjorn Borg escribe JE "Sófocles supo que el mito se hace más valioso después de la caída del héroe, cuando este ha de sobreponerse a la humillación. Pero los mitos, como la poesía, hablan hoy en el vacío". En el maldito vacío. Y, entre calcetines y medias, preguntas sobre los negros en Woodstock, sobre el desaparecido Rappel, sobre el Bakalao y el Papapo. Y escribiendo sobre Induráin, nos deja JE perlas maravillosas, de esas que debemos (si es que sigue funcionando mañana lo de la libertad de cátedra) leer en clase (si es que mañana nos dejan a los interinos que no tenemos certificados de conocimientos de idiomas trabajar): "Las humanidades han desaparecido, prácticamente, de la Enseñanza; pero si en alguna perdida escuela o colegio --ahora llamados con la precisión propia de la jerga tecnificadora-- enseñan todavía humanidades, tienen con Induráin la oportunidad inigualable de explicar qué es y cómo funciona hoy un mito". Para terminar sobre el exciclista navarro, añade JE: "El mito es hoy un producto de la comunicación". Cierto. Y los milagros electrónicos y gaseosos de las bebidas que son las sustitutas de tantas y tantas cosas. Y personas. Y de ahí, al festival de Benidorm, a Keith Richards, a Luis Cobos. La tercera parte del libro empieza con Teleevidente, querido Simpson. Ni más ni menos. Pasan las décadas y la familia amarilla sigue ahí. Incluso, cuando han sido suspendidos temporalmente por el otro temporal (el catalán de octubre de 2017) la discusión tuitera era si debían (sí o sí) volver el borracho y su familia de dos a tres a las casas de todos los españoles (federales o no) para inflar(nos) con la veintena de minutos de publicidad correspondiente. Gran familia la amarilla (o eso me dicen, que yo precisamente dejé de verlos cuando los quitaron de las tardes de la segunda cadena). [¿Tan mayores somos?] En Caínes de la televisión reflexiona sobre un siglo XX encargado de hacer olvidar, a partes iguales, las conquistas y los horrores. El recuerdo de Lobatón, ahora que Netflix lo ha sacado del baúl, sigue ahí. JE escribe sobre don Francisco y la posibilidad de que encuentre el Santo Grial... o incluso al Yeti. ¿QSD? ¿Servicio social el que hacía Lobatón en QSD? ¿Morbo sobrevalorado? Esto, escrito en septiembre de 1993, adelantó el horror de los reality shows, de la carnaza, de la mierda sobre mierda. Madre mía. Comparado con lo de ahora, QSD es otro deporte, otra liga, otra competición. Hablando de gabardinas, JE escribió también sobre el teniente Colombo, con su mirada perdida, y su vuelta atrás para realizar la antepenúltima pregunta. Y luego, la penúltima. Después, otra antes de la final. Menudos tiempos los de Colombo. Y Lo que necesitas es amor, y la Gemio en busca de la felicidad ajena (que la propia está, como Lobatón, por encima de su valor). Realmente se ha escrito muy poco sobre la televisión en España. Da para muchas Biblias, da para muchos evangelios apócrifos, da para muchos amazónicos papeles. O tal vez, no. En mayo del 93, un artículo de JE estaba relacionado con la puñalada que le dieron a Mónica Seles. Nunca volvió a ser la misma. Aquellos gritos. Revés para arriba, revés para abajo, reveses y reveses. Aquello cambió la seguridad, aunque no lo suficiente. Da gusto recordar ciertos artículos sobre asuntos sombríos, pero que están bien escritos. La segunda sesión de la tercera parte se titula Algunos elepés. Vaya tela los 90 con la música. Benditos tiempos. Neil Young y el óxido que nunca duerme, o dormía, que me pierdo en la traducción más que el cazafantasmas en Japón. Y Elliot Murphy y los sueños rotos. Y Antoine Fats Domino en el recinto de la muralla de Bayona en el recuerdo. Y la Velvet Underground para la desesperación y la locura ("pero no es posible salvar los abismos"). Al hilo de la Velvet escribió JE: "El Estado de Bienestar también se estaba revelando como un Estado de Control, de domesticación urbana a través del consumo". Y el cambio de costa, que nada como pasar de un lado al otro de la brújula. Y termina, en plan epistolar: "Hay abismos cuyo salto es inconcebible o que sólo pueden dar los espectros". Y el recuerdo de Ian Dury, y su SDR&R. Y Reagan, y Nixon, y todo lo demás. Y llegó tito Ronald, y los USA supieron lo que valía un peine de un actor llegado a presidente (dejad de teorizar sobre House of Cards un rato). Escribió JE al respecto: "Reagan volvió a poner las cosas en su sitio: frente a sexo, SIDA; frente a las drogas, puritanismo calvinista: frente al rock, deporte grandes espectáculos culturales y radiofórmula". La maldita radiofórmula. Y el cadáver de Kurt Cobain, y las frases del Zurdo en los conciertos y Neil Young, otra vez, en el horizonte. Entre Sid Vicious y Tim Buckley... La antepenúltima parte del libro se titula Lecturas perdidas y empieza recordando a otro de esos tipos de los que no te hablan en una Licenciatura en Histora (ahora grado, ahora todo es grado): el Cardenal de Retz. Vaya tela. Y si algún día vuelvo a leer a Stendhal veré si es cierto que le debe mucho al Cardenal de Retz. Tiempo al tiempo, el mismo que no tenemos. Y en Tudela pasó tres días. Y luego, Jünger. Reconozco que no he leído nada de Jünger, pero tengo pendiente, en algún rincón de tiempo y espacio, Sobre los acantilados de mármol. Habrá que buscar ese rincón, ese tiempo, ese espacio. Escribe Eder que "Adolf Hitler y Bertolt Brecht no tienen en común más que una frase pronunciada por ambos en distintos momentos: dejad en paz a Jünger". Casi nada al aparato, casi nada y sin leer El trabajador. Acaba JE este artículo de junio de 1992 de forma concluyente: "En las tijeras, su libro más reciente, Jünger tiene previsto esto: <>". Sobre la Diana de Viana afirma Eder que "Quintiliano vuelve a vivir días de ostracismo y sus doce libros ni siquiera pueden encontrarse en versión castellana". Gafes del Oficio, la penúltima sección, empieza con El síndrome del columnista, sigue con Las porteras somos nosotros y continúa con La filosofía del Ente en la que recuerda a Aberasturi y a los gerifaltes de la TVE. En Con el tópico hemos topado, recuerda las palabras de Franco Zeffirelli y sus opiniones sobre el juez Falcone, el aborto y los políticos corruptos. España, Italia, el Mediterráneo, y eso era abril de 1993. Casi nada. ¿Siempre tiene razón el cliente? ¿Podría ser? ¿Por qué (casi) nadie recuerda a SuperLópez? ¿Son intercambiables los políticos? Uffffffffffffff. Menudo marrón el de la política. Azúcar moreno. Para acabar, Funde en negro nos recuerda a John Ford, y a las personas que fuman en las películas de John Ford, y a la emotividad y los héroes (más o menos cansados) de las películas de John Ford. Los muertos a sus lugares es el título del apartado que empieza recordando el entierro de Fellini y te enteras que La Dolce Vita, como tantas otras cosas, no se pudo ver en España hasta la transición. Y acaba Los muertos a sus lugares de la siguiente manera: "En el rodaje de Viva María, los ayudantes de dirección, Buñuel hijo y Schlöndorff, tenían que gritar constantemente: ¡los muertos a sus lugares! Lo hacían porque los extras muertos en una toma anterior, muy a menudo no descansaban en paz donde debían. Pues bien, aquí tenemos a un par de extras irreductibles fuera de su lugar: ¡los muertos a sus lugares! En Por amor al cine, JE siente la muerte del crítico de cine José Luis Guarner recordando su inteligencia, recordando su discreción, recordando su amor al cine y "no devorado por las filias y fobias que llevan a otros a asentar la realeza de su yo sobre el milagro de luces y sombras proyectadas en la oscuridad". Muchas veces somos ombliguistas con las críticas, somos ególatras en busca de atención. Continúa JE sobre José Luis Guarner: "Un crítico como T.S. Eliot quería la crítica: la inteligencia del explorador al servicio del transeúnte perdido que busca la belleza en la oscuridad". Y no quiero ejercer de crítico, pero este recopilación, Perro de prensa, ya tiene un lugar privilegiado en las estanterías de mi pequeña biblioteca.

Mr. Robot. Tercera temporada.

Siempre empieza con confusión Mr. Robot. Esta temporada, la tercera, también. Aunque suenen los INXS y creamos en las nuevas sensaciones, de golpe y porrazo, con un sábado un 155, llega la vendeta y la muerte, la traición y el llanto de un niño, la apertura cerebral y el diente en el cuello del hermano, la sesión de terapia y la vuelta a la rutina. Al descenso y al ascenso, en la oficina y en la vida personal. Y tiene capítulos mágicos como el segundo, el quinto y el noveno. Auténticas películas. Después de dos meses con la intriga, hay resolución y también hay puntos suspensivos para la cuarta temporada. No es fácil reinventar(se) y no caer en la repetición. 71. Atentados, caretas, Congo, ONU, dinero virtual, Ejército Oscuro controlando el FBI, investigadores vendidos a la serie B, hijoputas con traje y gafas y siempre Mr. Robot. ¿Podemos creernos la gran mentira? ¿Podemos estar al margen de la gran conspiración? ¿Podemos sobrevivir sin caer en la tentación de la huida? ¿Es el abismo una opción? ¿Es el decorado lo importante o simplemente intrascendente? Irán, anexiones chinas, padres que aparecen treinta y algún año después, familia antes que traición, vacaciones en Barbados, suicidios orientales, hackeos de los toda la vida, faroles en mitad del pajar, lágrimas en la mansión. De todo tiene la tercera temporada de Mr. Robot. Y que no nos falte.

viernes, 15 de diciembre de 2017

La Zona. Primera temporada.

No. No estamos hablando de eso que ya nunca se pita en baloncesto. Estamos hablando de la primera temporada de la serie de Movistar. La zona se refiere a un lugar, una extensión de terreno de exclusión después de un accidente en una central nuclear en el norte de España. Se mezcla en la serie la mafia, la corrupción, el pasado recurrente, policías que no pueden dormir, militares, robadores de pequeños tesoros, autopsias, hijos ausentes, café mal hecho y un montón de mierda más. Un trabajo bien hecho, con buenos diálogos, con buenos actores, contada sin prisa y con audacia. Con dos primeros capítulos que explican el asunto y un tercero y parte del cuarto que lo complican, llegamos a un quinto capítulo de apoteosis, de mirar hacia adelante, de cuadrar y pensar, como los estadistas europeos que nos llevaron a la locura de 1914, de 1939, de tantas y tantas locuras. La Zona es un lugar incómodo, de demasiadas preguntas a las que buscar respuesta. Pero en mitad de esas preguntas con puntos suspensivos, hay que pensar. Como en Crematorio, hay que buscar las alianzas de jueces, empresarios, policías, mierdas con traje y mierdas sin traje. Pero los que sufren, siempre los mismos. Los de siempre, los que llueve mierda radiactiva y se (des)hacen, los que vienen de Serbia o de Bosnia con una pistola, los que esperan una llamada en un bar de madrugada, los que no pueden dormir y (re)caen en pastillas y drogas, los que suman pelo en sus manos después de la ducha reglamentaria, los que esperan una penúltima quimérica quimio que les de la redención, los que salen a cazar porque es lo único que saben hacer, los que recogen tierra cada vez que llueve porque el ciclo de la radiación nunca se acaba en La Zona, los que buscan respuestas en cadáveres invisibles en cajas mortuorias. Los que somos los mismos de siempre, con el disfraz de la (son)risa macabra en la cara. Y hay muchos detectives con la cara de putero en el rostro. Siempre. Buenísimo ejercicio el de La Zona, con algún giro exagerado, con algún matiz sobrante, pero que con sus lluvias fincheriana nos mete en una atmósfera de poison rain en la que ninguna canción de U2 nos salva. Ninguna. No hay sinfonías salvadoras en la lluvia del horror. Ninguna. Quizás, algún hilo de esperanza, pero no en Twitter, que hasta en las redes sociales podemos buscar el infierno de la desaparición, los minutos de un TheLelftover con explicaciones políticas que nunca deben salir a la luz. Y en esas tinieblas, con historias cruzadas, con bombas y puntos suspensivos, con lágrimas y puertas giratorias, con dolor y llanto y fotos que explican muchas cosas. Siempre vence la mentira porque todo es mentira. Y punto.

jueves, 14 de diciembre de 2017

Recordando himnos

Tras evaluar y evaluar y evaluar tres días, queda el cuarto. Pero no hay estudios, ni viajes. Solo, evaluar.

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Versión de Islamabad

Es lo que tienen las evaluaciones. Te hacen pensar, y volver a pensar, y decidir y escuchar y opiniones diversas que nunca sabes si son correctas. ¿Cómo valoramos esta versión de Islamabad?

¡Vivan los experimentos con gaseosa!

¿Qué hacemos para honrar a nuestros caídos? ¿Qué hacemos para recordar a distintos bandos y visiones del ejército? ¿O esto únicamente se lo dejamos a los novelistas?

7 años sin Enrique Morente

Sí. Cierto. 7 años sin Enrique Morente. Casi nada. Se dice pronto. Parece ayer cuando lo vimos en el Auditorio Víctor Villegas. Era 2009. Un año y dos meses después, se fue pero nos queda su música.

martes, 12 de diciembre de 2017

4 Blocks. Primera temporada.

Tiene frases míticas la primera temporada de 4 Blocks que conocí gracias a la recomendación (otra vez) de Lorenzo Mejino. Libia y Turquía, rostros reconocibles. Extrapolable a extranjeros de cualquier país con décadas de estancia. La mafia. La policía. Recuerda, por momentos, como bien indica LM a Gomorra. Historias sobre la calle, sobre los permisos para ser ciudadano de un país (en un momento uno de los protas dice que los refugiados tienen más derechos que ellos), sobre el trapicheo, las tragaperras, las discotecas, la relación fraternal y la de amistad. Buenas reflexiones. Y con los hipsters se hace dinero. Residencia no permanente después de toda una vida en Alemania. Así funcionamos. Los 4 bloques: mujeres, cocaína, tragaperras, extorsiones. Los 4 Bloques, y, otra vez, aunque no estemos en Italia, un libanés. Vaya tela. Y siempre hay un falso 9, o debería existir un falso 9, un Muller como el del Bayern o el de la selección alemana. Y siempre hacen falta suministradores, administradores, rodillas en tierra. Cárcel, distancia, velo. 4 Blocks pasa del infierno del Islam a la codicia de la mafia en un Berlín hecho trizas con la porquerías que andan y venden, con la escoria humana y la existencial. Con la escoria de toda la vida. Y la vuelta a los orígenes, y los palos del sombrajo que se caen, y los agentes dobles que se venden por dinero, y el odio fraternal, y las grapas en la cabeza, y las planchas en el pecho, y la cuerda al cuello, y la capacidad de huir, y la posibilidad de elegir, y el duelo, y los insectos y la droga, y la copia del jacksontellerismo y una vez que se abre la baraja no hay ases para todos. Imposible. Ni de coña. Todo se fue a la mierda hace muchos años, el mito de la convivencia y la multiculturalidad es una mierda como el Empire State de grande y hay sextos capítulos que deben ser vistos una y otra vez. Siempre. Vivan los pilares, hasta que caen. Vivan los mitos derruidos, vivan los que gritan en mitad de la tormenta eso de... ¿Y ahora qué?

sábado, 9 de diciembre de 2017

Sábados en los que comentas a tus seguidores

¿Cuál fue el motivo para empezar a hacer comentario en los blogs? ¿Nos acordamos de lo que hacíamos hace 10 años? Tampoco. Nunca. Respuestas recurrentes. Martes al sol y todo eso. Pero el tiempo pasa y nos hacemos mayores y todo lo demás.

Tijeras robóticas

La hijísima, la hermanísima, la pistola, la tarjeta, la caja fuerte, la almohada. Todo es una gran mentira. Hasta en las novenas sinfonías elevadas al cubo, la mentira vence.

Alias Grace. Primera temporada.

Con los saltos en el tiempo del primer capítulo de Alias Grace se pierde un poco la fluidez, se pierde un poco el hilo, pero no es fácil meter(se) en la piel de protestantes y católicos que huyen de Irlanda en el siglo XIX y que llegan a las antiguas colonias, ahora Estados Unidos. Pero una asesina, su médico, su cárcel, sus dueños, sus mierdas varias, van encauzando el camino, aunque no del todo. Esa falta de fluidez, pese al dinero invertido, pese la llegada a Toronto, pese a colores de piel nuevos, babelónicos barros portuarios donde clavar los pies. Pese a todo ello, hay que verla. Sí. Hay que verla, aunque caiga en los tópicos de padre borracho que pega a los hijos y jodiendas con vistas al frío, también demasiado recurrentes. Todo recurrente en ocasiones. Y las recurrentes manos largas del padre, en todos los sentidos, también. ¿Todo eso lleva a una mujer a convertirse en asesina/cómplice de asesinato/o lo que sea? Y más tópicos, bocas que alimentar, ropa sucia, zapatos rotos, mierda de caballo a espuertas, pelo bajo sombreros y pañuelos para mejor no mirar. O sin mirar. Ideas democráticas en mitad de la penumbra en boca de criadas. Nada como sacar tripas a los pollos, nada como gritar en una celda, nada como los experimentos, nada como las chimeneas al amanecer después de una noche y trabajo de costura. La tristeza, el enfado, la desesperación, la falta de humildad. Y pensar en lo peor, y todos al Infierno. Cada uno tiene el diablo que se merece. Algunos, más de uno. Bastantes. ¿La traición tiene un aire despreciable? ¿Seguro?

viernes, 8 de diciembre de 2017

Reflexionando sobre el canal

Seguimos enfrascados entre mafias, entre políticos corruptos, entre ilusos que creen que el Estado nacionalizará el invento. Y, al final de toda esta mierda, resulta que todo es mentira. Todo falso. Todo mierda.

El agujero, las monedas, la cofia

Hubo un día en el que toda mentira, otra vez institucionalizada, se hizo verdad. Verdad escrita. Verdad. Pero nada es lo que parece. Nada. Ni la plata más reluciente. Todo mentira, todo falso. Como las monedas, como el agujero, como la cofia. Todo mentira. Y, luego, la entrevista a Noel.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Cuatro millones de golpes

Empecé leyendo Cuatro millones de golpes de Eric Jiménez con el Space Cowboy de la Steve Miller Band de fono. Curioso que no casual, que las casualidades no existen. Nunca. Empieza con un prólogo, como escribiría Mateo Carnicer, peculiar. Empieza con La importancia de llamarse Ernesto y la estupidez de llamarse Eric. Hablando de 091 y de conciertos a los que no piensas ir y, al final, vas. cosas que pasan. Y conciertos. Y empezar con Segundo premio y que se pare el puto mundo. El puto mundo. Segundo premio creo que es la canción que he escuchado más con Lali. Hemos llorado mucho con esa canción, pero es que esa canción se lo merece todo. O casi todo, ese compás cuatro por cuatro.... Escribe Eric de los olores de los conciertos. Lo he visto con Los Planetas, lo vi con Lagartija en el Víctor Villegas con Lagartija Nick y Enrique Morente haciendo el Omega, lo he visto con Tarik. No es mucho pero es suficiente. Bajo palio y sin estar debajo del palio. Habla Eric de que "cada espectáculo es distinto" en la página 19. Por supuesto. (Casi) nunca el repertorio es igual. En el último concierto que vi de Los Planetas, este B-Side 2017, con Lali y con Antonio Jesús Castillo, fue una suma de muchas cosas espectaculares de Los Planetas. De lujo. Pero también hubo regulares. Y malos. Hay de todos. De todo. De. Dice Eric que hay que luchar. Contra la física. Faltaría más. Yo lucho lucho todos los días contra la incomprensión de muchos de mis alumnos. De casi todos. Habla Eric, desde su batería, de ese "centinela que vigila desde la atalaya". A mi me gusta la retaguardia. Que otros se lleven la publicidad, los premios, las palmas. Lo que se tengan que llevar. Y en esas llegas a 1967, hospitales y todo lo demás. Y volvemos atrás. O dónde demonios nos lleven los demonios mientras escucho Islamabad, esa canción que escuchamos por primera vez en directo Lali, Castillo y yo en Molina en el B-Side de 2017. Y en esa pensión (Pen) que no (Sub) habla Eric Jiménez Linares de su madre, porque padre parece ser que no hay. Y no sé si su bañador Meyba era del FCB, pero puede ser. O no. Sigo escuchando, otra vez, en la residencia catastral, Segundo Premio. Puto himno. Pero vuelvo a Cuatro millones de golpes. "En realidad, nunca fui niño", escribe Eric recordando a familiares, recordando la pensión (Pen), recordando, recordando yo Segundo Premio y "si tuve miedo..." y "si todo el tiempo que he desperdiciado". Y habla, escribe, comenta. 14 años. Disco KGB. 16 Años. Boda. Joder. Joder. Joder. Y los cinco meses sin ir a clase...hoy habría una PTSC que le haría la vida imposible. Demasiado imposible. Y bandas sonoras que marcan, como las pimientas del sargento. Y empezar a ensayar Omega, y pensar en hierbas, y en García Lorca, y en las Chus y en la Falange y la OJE (casi como si estuviera en Cieza). Y saltos en el tiempo, con Navidades Radiactivas que llevaba siglos sin oir, y 091 y KGB y todo lo demás. Vivan las Navidades Radiactivas, como ya he dicho más de una vez por aquí, y no la mierda consumista en que la hemos convertido. Porque todos somos cómplices. Benditas Navidades aquellas. Pero sigamos, que ya voy dando saltos en el tiempo y las páginas de Cuatro millones de golpes. Otra vez. Bendita KGB musical. De la otra ya escribiremos otro día, más tarde que pronto. Noches de Treblinka, noches para recordar, noches para escribir sobre ellas. ¿De verdad un disco como El acto de Parálisis Permanente marca tanto? Y Las estrellas en el horizonte y en nuestros tímpanos. Y otra vez TNT, y KGB, y la muerte de Eduardo Benavente, y dejar de ir a clase en séptimo (vulgo, primero de la ESO). Escribe Eric sobre "anestesiar la bondad". Y el "Cebollas Palace", y beber como escape y continuación, y la Lirios mezclada con cualquier cosa y todo lo demás. Confundir amor y enfermedad. Confusión al poder entre visita y visita la hospital y a la desesperación y a todo lo demás. No es oro todo lo que reluce, según cuenta Eric con los inicios de Lagartija Nick con Antonio Arias, y trabajando de camarero en Distrito 10 y Ke y El Gallo de Oro y juntar perras para salir adelante. Nunca es fácil si no tienes buenos padrinos. Inicios difíciles, pero girando. Y el jaleo de Alicante, y recuerdos que hay que sacar a la luz aunque no sean placenteros. Y los muertos cercanos, los de muy, muy cerca. Y nada como un concejal, aunque sea del Partido Comunista, aunque sea de Benamargosa, para tocar la moral (o lo que se pisa Curry con sus canastas ganadoras). Y la Guardia Civil, y 1844, y el Duque de Ahumada y los cuartelillos de media España. Y la primera visita de J y Florent en El Gallo de Oro y esos recuerdos que quedan en la memoria. Y escuchar a Los Planetas en Palco, desde la barrera, al otro lado. Y Morente, el germen del Omega, y las conversaciones con Eduardo Rodríguez Valdivieso y Juan Salvador Gaviota en el horizonte. Siempre Bach en el horizonte hasta que los focolares intentaron mitificar ese libro y, por supuesto, lo jodieron. Pero volvamos a CMDG. Y me apunto ese principio morentiano de escuchar a la gente y hacer lo contrario. Y el viaje a Madrid para intervenir en Pop, de Los Planetas, pasando de dos a siete canciones su colaboración. Y la primera actuación planetaria ante vientos zaragozanos. Y el concierto en Fuente Vaqueros hecho plastilina. Y la llegada a Los Planetas. Y el viaje a Copenhague gastando a mansalva. Y otra historia desconocida, la de la ciudad libre de Christiania, una de esas joyas escondidas en ninguna parte. Y Una semana en el motor de un autobús. Ese viaje. Otro. Y sumar ideas, como la de Banin. Y el viaje al Nueva York de los catetos y al de los otros, al que impresiona y desespera, al de los atascos y los ascensores. Y la presentación de USEEMDUA, y el FIB, y los gafapasta y el concepto de indie. Y la pregunta sobre la existencia de Dios,siempre presente. Y trabajar con Carlos Hernández y volver a los inicios y todo lo demás. Y el Martini y Suso Sáiz y pensar en esa pregunta divina, existencia, ateísmo, deísmo, resaca, Semana Santa, izquierdas, Falange, conciertos ante la Guardia Civil en Baeza... Y, por supuesto, la oveja Dolly se va a reencarnar, pero con el reuma que sufrió en su primera vida. Y el lanzamiento de cuchillos, y la botella para arriba y para abajo. Y Unidad de desplazamiento, ese disco donde nos cautivaron a más de uno, con una perla detrás de otra, joya tras joya, piraña tras piraña. No sé el motivo, o tal vez, sí, pero siempre pongo en relación Unidad de Desplazamiento con Las Pirañas. Amor y desamor sin caer en la cursilería (como dice Eric que escribe J las canciones de amor). A veces, en las guardias con los alumnos con los alumnos (no sé el motivo), cuando les pongo música de fondo para que afinen el tímpano y se callen, enlazo La Aurora de Nueva York con Que no sea Kang, por favor, y me gusta ese contraste, y me gusta que Eric se refiera a ella como "un grito desesperado de socorro). Que no sea Kang, por favor. Himno detrás de himno. Como no puedo ser neutral, ahora tengo que dar mi opinión (¿otra vez?) sobre Los Planetas se disuelven y El la oscuro de la fuerza, canción que pongo en bucle cuando estoy loco encerrado durante días con las malditas oposiciones de las narices. Una locura en mitad de otra interminable locura. Y la marcha de Kieran, y la llegada de Miguel López y Encuentros con entidades. Y la ciudad del viento, y el retraso por las torres, y la Salvia divinorum y todo lo demás. Y otro salto en el tiempo y Los Planetas contra la la ley de la gravedad y la vuelta con Lagartija Nick y la publicación de Lo imprevisto. Y como nos contó don Alejandro García en aquella clase de Sistemas Políticos Latinoamericanos del curso 1998/1999 de tercero de carrera, lo primero a lo que te refieres a Mejico D.F. (le pongo la jota recordando a don Juan Andreo, que para él no existía esa equis por ningún lado) es la visión desde el avión de esa interminable ciudad. Y más saltos, esta vez con la camaroniana La leyenda del espacio. Y la muerte de Morente, y no: Cuando Eric se vaya al otro barrio no hay bombardeo. Y el recuerdo de Joe Strummer. Y sí: Viva el ron pálido de Motril. Viva. Y lágrimas saladas, también. Y Bob Esponja y todos los demás, también. Y Holden Centeno. Y punto.

martes, 5 de diciembre de 2017

Cansadísimos

Llega ese 5 en el que hay que decir basta, asta, sta, ta, a. O al revés. Pero el cansancio no es relativo, no es un estado mental. No.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Ley y Orden True Crime: El Caso Menéndez.

No. No toca hablar de O.J. No. Aunque se solaparon en el tiempo, y eran ricos, y se cruzaron por la cárcel del condado, no toca hablar de O.J. Hoy toca hablar de Ley y Orden True Crime: El Caso Menéndez. Sí. Le pongo la tilde por mis arrestos. Porque, de momento, y con el adviento y las velas de colores por delante, seguimos en España. Y si escribimos Méjico con jota, escribimos Menéndez con tilde. ¿Motivos para verla? Edie Falco. ¿Hacen falta más motivos después de la primera de Oz, después de Los Soprano o después de Nurse Jackie? No. Son motivos suficientes. Pero la historia es buena, no hace falta meter(se) con su peinado. No. Familias de ricachones de BH con problemas traumáticos: niños que sufren abusos de parte de sus padres que se hacen adolescentes y siguen sufriendo el abuso de sus padres y que se quieren marchar de casa y siguen sufriendo el abuso de sus padres. ¿Y qué hacen? Coger las de VillaDiego y tirar por el camino más traumático y coger las escopetas. Y matar a sus padres. Por hijoputas. Y ahí empieza el lío. ¿Está justificado esa medida drástica? A favor, en contra, ni si ni no sino todo lo contrario, mi opinión es que no tengo opinión. Traumas para superar traumas, adopciones, abusos que vienen de generaciones anteriores, jueces malparidos, la televisión metiendo cizaña, mierda sobre mierda y, encima, televisada. Buen intento, aunque con lagunas, el de Ley y Orden True Crime: El Caso Menéndez.

sábado, 2 de diciembre de 2017

¿Cuándo perdimos el norte?

¿En qué momento dejamos de ser testigos de lo verdadero? ¿Desde cuando abrazamos causas innobles? ¿Imposible perdernos si ya estamos absolutamente (des)brujulados?

Una de tormentas ideales

Pero que no fueron tales tormentas, se quedaron en chispeo, en jodienda en un autobús sin luces, en baterías que andan solas sin viento ni cuerda. ¿O era al revés?