miércoles, 30 de septiembre de 2026

El problema final. Primera temporada

Cuando uno está tiempo fuera de todo (absolutamente de todo), no recuerda bien lo que leyó, lo que observó, en lo que se fijó. Todo olvido. O casi todo. No recordaba, años después, El problema final de Arturo Pérez-Reverte. Viendo ahora su adaptación televisiva, sigo sin recordar, por lo menos, esa lentitud con la que la serie se va desarrollando. Quizás, estas adaptaciones, necesitan esa velocidad (o esa falta de velocidad), esos pantalones anchos de José Coronado, esos peluquines que desentonan, esas medias que van de lo peligroso a lo decadente, ese acento en María Valverde. Quizás, en mitad de esa lentitud, pueda uno encontrar los matices, los detalles, la necesidad de la parálisis del recreo. O no. Puede ser que quizás si se necesite más velocidad, menos pantalón ancho y menos sombrero, menos cambio de vestuario, menos tiempo y menos de todo. Pero, puestos a quitarle prisa a todo, puestos a reflexionar, habrá que hacerlo por sobre la necesidad de llevarlo todo a ese extremo llamado ahora serie. Y quizás, sólo quizás, esta lentitud sea fallida. O esa es mi impresión, o que el libro me resultó, o debió resultarme, más interesante que la serie. O, puestos a pensar mal, quizás deba volver a leer más y quitarme las pantallas. Para (casi) siempre.

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