29/10/2020 (Reflexión sobre el Islamofascismo)

No todo es pandemia. O, mejor dicho, otros aprovechan que todo es porquería para añadir más mierda sobre el guano y el estiércol. Hoy me preguntaba un alumno sobre el signficado del guano. Del jodido guano. Y luego, todo lo demás.

Sobre canciones y sentimientos

Hubo un tiempo que me pasaba que no podía dormir en dos días. Habitulamente, me pasa que puedo estar tres o cuatro, pero alguna vez, tengo que recurrir al plan b de lectura y llego a todo lo demás. Y estas canciones, me encantan.

Sentenciados

Nos quieren encerrados. ¿Qué daño le hago yo a nadie saliendo solo a la calle?

martes, 20 de octubre de 2020

No podemos permitir más

No sé. NO, con mayúsculas (Salva, has llegado a esto, tú también, lamentable). No podemos aguntar que esos equipos directivos, ahora convertidos en comisionados políticos (otra vez), traguen con todo. No. NO, mayúsculamente hablando, debemos consentir esta mierda. NO.

Peronísticos momentos

"Desde la constatación de la ceguera ya próxima, Jorge Luis Borges trataba de luchar contra la pérdida progresiva de la linealidad del tiempo. Ya no leía, recordaba. En las lentas rememoraciones descubrió la verdad aterradora de la circularidad del intrínseca del recuerdo que se constituía a imagen y semejanza del tiempo circular". José Perona, El Eco de Borges (Sábado, 8 de enero de 1994)

Antidisturbios. Primera temporada.

Todo mentira en mitad de la gran mentira. De la puta mentira. Antidisturbios, una vendeta con y sin uve, al entrar y al salir siempre hay que cerrar, siempre hay que llorar en casa ajena y sin que te vea nadie. Policía, policías que investigan a policías, policías que buscan fuentes en mitad del desierto. Plataformas que juegan con los sentimientos de la gente. Croquetas con harina para celíacos. Mentiras subvencionadas en lecheras policiales. Mentiras sobre negros, blancos y viceversa. Investigaciones sobre investigaciones y tiro porque me toca. Siempre nos queda un bañito, una consultoría, una jodienda en Villa Desmadre y todo lo demás. Al verde muerto, siempre mentira. Historiales falsos, muertes verdaderas. Viva Senegal, viva El Lugar de Don Juan. Yo soy más de fiambres alhameños que de cántabros. Ríete tú de las cloacas, de la mierda sobre mierda y de la escoria que huele a perfume. A perfume del bueno. A perfume que te cambia la vida. Y, si algo faltaba, la confianza engañada, el dolor de muelas que vive en cada uno de nuestros corazones. Y la historia, te la creas o no (todo mentira, más mierda sobre más escoria) es buena. ¿Es todo eso invención? ¿Los sindicatos se han puesto tontos con eso? ¿No se le puede asustar a mierda gabacha? ¿Venganza? ¿Todo cruel y despiadado? Da igual. Esto es ficción, no nos hagamos pajas mentales con esto porque acabaremos todos (y todas, y todes, y transloquesea cada uno dentro de su infierno interior) locos (y locas, y loques y translocotrans). Y todo lo demás, también.

sábado, 17 de octubre de 2020

The Good Doctor. Primera temporada.

No. No hablo de la original coreana. O koreana. O como se diga. La primera temporada de The Good Doctor, con sus fases, con sus subidas y bajones, es de lágrima y estómago, es para tener capacidad de tragar bilis y azúcar. Un poco de todo. Una obra de grandes interpretaciones, de momentos bestiales y llegadas infernales, de pasados que vuelven a los peores presentes y a las jodiendas con vistas a San José. Viva San José. He tenido alumnos autistas en varios centros, y cada uno responde de una manera distinta. No hay patrón. Hoy, en la cola del supermercado, curiosamente (que no casualmente, que las casualidades no existen), un padre le decía a su hijo David, más alto que yo pero ni la mitad de edad que yo y autista como el buen doctor de la serie, tenían una conversación. El padre decía de ir a la playa, que hacía buen día, que no hacía frío aunque estuviéramos en invierno. Y el tal David, entre paseo y paseo por los pasillos del supermercado, le ha dicho: "Papá, no estamos en invierno, estamos en otoño". Y las cajeras y yo nos hemos mirado. Y todo lo demás, y si hay que buscar unos ratos para seguir viendo The Good Doctor, se buscaron, debajo de los hígados, de los omas de turno y de lo que haga falta. Y punto.

Yupi

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lunes, 12 de octubre de 2020

Ni Paz, ni Piedad, ni Perdón

Los dos últimos años he tenido buenos alumnos, en distintos sentidos, en Segundo de Bachillerato a los que hablarles de Paz, Piedad y Perdón. Azañistas todos, todas y todes. Todavía no he leído el último de Pérez-Reverte, pero Alsina, en la entrevista sobre el libro, recordó esas palabras que en su día no tuvieron mucho éxito ni interés. Ahora todo es recuperación, memoria histórica, memoria democrática y jodiendas con vistas a la bahía. Palabras como las de Los Rodríguez. Poca memoria es lo que tenemos, ni histórica ni democrática ni pepinillos en vinagre. Poca. Muy poca.

P-Valley. Primera temporada.

Tenía pinta P-Valley de lugar tipo entrañas de True Blood. Pero no. Son juegos distintos. Son deportes distintos. Muy muy distintos. El dinero es despreciable, pero siempre está ahí para joderlo todo, para saltar(se) las reglas, para buscar nuevos socios, para recoger cristales rotos, para disparar a la persona distinta, para huir de algo tangible y necesario, para redefinir el concepto de música y redes sociales. Hay salas que son el paraíso y que acaban en el infierno, como la vida misma. Y siempre hay que devolver favores, buscar enemigos para aliarse con otros, necesitar dolor para buscar placer y redescubrir lo que no necesitamos para abrir una Caja sin Pandora ni sobre barcenísticos. O tal vez, todo sea un error.

domingo, 4 de octubre de 2020

Quiz. Primera temporada.

Quiz, Quiz, Quiz. ¿Quién quiere ser millonario? ¿Recordáis a Sobera levantando la ceja? ¿Y la otra ceja? ¿Y el entrecejo? Joder, claro que sí. Lo veíamos cuando no teníamos Internet en casa, y te ibas corriendo a coger el tomo de la enciclopedia y buscar la respuesta cuando el tipo no lo sabía, o pedía el comodín del público, o el del cincuenta por ciento... O el de la llamada. Gran invento. La serie de la ITV británica cuenta la historia de la génesis del concurso (nada más y nada menos que con una productora llamada Celador), su éxito, su popularidad y la forma de dar el golpe desde dentro. Dinero llama dinero. Un premiazo para un concursazo. Da que pensar y merece la pena pensar sobre estos concursantes, sobre estos creadores, sobre timadores y gente enferma. Porque hay gente enferma respecto a todo: morcillas, juego, relojes, pulseras, móviles y tonterías varias. Horas, horas y horas delante de la tele, buscando información, buscando mejorar la velocidad de pulsación, buscando y buscando la forma y manera, el método y la técnica para ganar. Ya lo dijo Luis Aragonés: ganar, y ganar y volver a ganar. ¿Vale todo para ganar? ¿Seguro? ¿Fue fuera de juego el gol de Mijatovic con el Real ante la Juventus en la Champions? ¿Se le tuvo que quitar al Marsella su título de Champions? ¿De verdad se reconoce a Óscar Pereiro ganador del Tour o solo nos acordamos del ganador con el maillot en París? Tema complejo el del juego televisado, el del engaño televisado, el de la mentira institucionalizada. Tiene dos grandes primeros episodios Quiz, y, en el tercero se meten más en la parte judicial (hasta la matriarca de los Peaky Blinders se pone a defender a los malos). Y sí, recordad, antes y después de la gran estafa, antes y después del bicho, antes y después del IRPF de Montero y Montoro (dí algo Calviño, joder), antes y después de la masonería: "Todo es mentira".

sábado, 3 de octubre de 2020

Honour. Primera temporada.

No he contado las veces que dicen la palabra honor en los dos capítulos de la primera temporada de Honour. Sin parar. El honor. El honor en una familia kurda en la Inglaterra de la primera década del siglo XXI. El honor en una familia que tiene de todo menos honor. Se da uno cuenta, a los pocos minutos de Honour, que algo huele a cañería rota y piedras y carne humana podrida. Muy podrido. Personas podridas, ideas podridas, tradiciones podridas, policías podridas, gentuza podrida. Pero todavía hay gente que tiene entrañas y lucha y no duereme porque la verdad salga a relucir. Justicia, injusticia y vistas a una jodienda inclasificable. Chusma varia que hace lo que lleva la gentuza en su ADN: perrerías. Honour da para muchas reflexiones, para pensar que hay tipos que no tienen ni una chispa de humanidad en su asquerosa existencia. Con Honour pasa como con The State, que se te revuelven las tripas pero sigues viendo hasta el mismísimo epitafio. O con Kalifat. Y merece la pena verla.

Upright. Primera temporada.

Parece ayer cuando Lorenzo Mejino recomendó la primera temporada de Upright en su blog del periódico. Pero acabo de mirar y no fue ayer. Fue en febrero, pero me sigue pareciendo ayer. Junto estas líneas con un Chelsea contra el Crystal Palace de fondo en la tele, pero con una grada vacía. Sí que nos ha cambiado todo de febrero a esta parte, cuando no le dábamos importancia al bicho chino y hacíamos bromas y nos metíamos en jardines (otros jardines, ahora no podemos ir a los parques, ni otros a las barras y ese partido de los de Lampard es sin público en las gradas). Y Upright reflexiona mucho sobre el tiempo y la distancia (ahora que ha venido Francisco Nixon a a Murcia y únicamente han ido unos privilegiados a verlo), sobre las ausencias forzadas y voluntarias, sobre huídas hacia delante con un piano a cuestas, con un brazo roto, con un aliento que no es suficiente para sobrevivir. Hay joyas que están ahí y no nos damos cuenta de ellas hasta que ya no están, hasta que se quedan sin pelo y sin aliento, hasta que tocan unas teclas y te hielan el alma. No siempre es fácil escapar, pero muchas veces es más complicado ausentarse. Vaya joyita Upright.