miércoles, 31 de enero de 2018

Tejados de Férez

El gran José Alberto juega con las maquinitas y nos muestra los tejados de Férez y nos recuerda que siempre tenemos a mano La Toscana en Albacete.

The Knick. Segunda temporada.

¿De verdad los días son tan largos? ¿De verdad nos cuesta tanto martillear el cartílago de una nariz? ¿De verdad el negro nos sienta tan bien? ¿Somos demonios en el paraíso terrenal? ¿De verdad nos amó Dios? ¿Qué queda de la gente que queríamos en nuestro corazón? La segunda temporada de The Knick vuelve a plantear preguntas. Volver en plan subordinado. Vivan los caduceos. Vivan. La segunda temporada de The Knick hace pensar sobre las obligaciones: familiares, empresariales, religiosas, espirituales. Todas, en su momento, caducas. Al final, pensar, (te) mete en líos. Demasiados. Y hay que dar explicaciones, y volver a pensar, y sacar gratas sorpresas. Porque en mitad de la noche, a veces, hay gratas sorpresas. Ilustra The Knick (otra vez) sobre las repercusiones que tienen nuestras dependencias sobre las personas que nos rodean, sobre aquellos que nos quieren y nos odian, sobre los que se preocupan y sobre los que desean vernos peor. The Knick es preparación y huída, deseos incomprendidos, malas rachas y partidas nefastas, corrupción y engaño, mafia y deshonor, poder negro y búsqueda de lo que nos salvará. Antes del Canal de Panamá, cualquier cosa es posible. Vacunas, separaciones de siamesas, cánceres maternos, libros y cárcel, lucha y falsedad. No se olvida casi ningún tema. De los malos y de los aún más malos. Los supervivientes, los que lloran, los que aguantan y los que persisten en la enfermedad. Todos tienen su hueco en esta serie. Y los consejos, siempre lejos. Muy lejos.

Un domingo cualquiera

Y no. No vimos al Tiago ni al Alergias por Antonete Gálvez.

¿Por qué dejé de escuchar a Templeton?

Interrogaciones en plan Mou, antes y después del Chelsea y del ManU. ¿Por qué?

¿Herederos de Los Brincos?

¿Somos de Juan Pardo o de Junior? ¿Por quién luchamos? ¿Cambio de cromos? Aquellos ojos eran turbios...

Yugoslavia

Cuando mis alumnos de 1º de Bachillerato muestran síntomas de aburrimiento en la primera semana de clase les digo que estén atentos y cuenten las veces que voy a decir Yugoslavia a lo largo del curso. No tienen conciencia de Yugoslavia. Ni puñetera idea. Nada. Al carajo la Historia y sus cuitas. ¿Y vuestras familias no os han dicho nada de Yugoslavia? Ayer, con la victoria de España ante Francia en la semifinal del Europeo de Balonmano de Croacia, Twitter estalló con referencias a Yugoslavia, a Los Nikis, a los días en que no estábamos acostumbrados a ganar en baloncesto. Nos hemos (mal)acostumbrado. Nos comportamos como nuevos ricos cuando en realidad somos unos farsantes. Más falsos que el billete de Rajoy con el pulgar hacia arriba. Este país se fue a la mierda hace mucho tiempo, pero todavía quedan libros de Historia, todavía quedan momentos que recordar, himnos y cantar y partidos que visualizar (de nuevo). Rajoy, anda, baja el pulgar y no te presentes a la próximas.

miércoles, 24 de enero de 2018

The Knick. Primera temporada.

Llegué a la primera temporada de The Knick por Darío Manrique y la banda sonora de Cliff Martínez. Opio, medicina y jodiendas con vistas a los boñigos de los caballos en el Nueva York de 1900. Utópicos médicos que salvan vidas experimentando día a día pero que se ven envueltos en dramas personales. Las jeringas, jaco y caballo, para pasar los traumas. Y eso se mantiene. Si vemos el número de enfermeros y médico y personal vinculado a la medicina que está enganchadísimo no nos sorprendemos. Es algo cotidiano. Para convivir con la muerte hay que hacerse su aliado. Un aliado muy personal. Y ser educados, otra vez, en la altivez del suicidio que nos recordaba el Maestro de Gramática y también AP-R. Droga, corrupción, disolución, racismo, tuberculosis, partos de nalgas y todo lo demás, también. "Cuándo la tempestad de la guerra sopla en nuestros oídos nos es preciso imitar la acción del tigre". Hasta tito Guillermo es citado en The Knick. ¿Carnicería o cirugía? ¿Responsables de muertes? ¿Somos esclavos de nuestras dependencias? ¿Cómo nos afectan las muertes de nuestro entorno? Y en mitad de ese jardín, los conflictos entre blancos y negros, el odio racial, la venganza personal, el deseo de ascender, la pasión irrefrenable, el broche en el pelo, el dolor y los tirantes. No deja titere con quinqué, no hay lámpara de aceite que no se resista a la primera temporada de The Knick. Reflexiona la serie sobre el miedo de ir más allá, de no saber frenar, de la legalidad y la intolerancia, de la tarea que hacer y de la que está pendiente. Esclavos de nuestros deseos, primates en continua evolución, venas que provocan temblor al no ser encontrados. The Knick es cambio: de mentalidad, de obsesión, de necesidad. El trabajo como trauma y escape, válvula para ir más allá de un infierno demasiado personal. No es fácil abstraer(se) de ciertos trabajos. Todo tiene un precio; el valor, una cantidad que se pone en evidencia a la primera crisis de subsistencia. Y no poder dormir, un día tras otro, jeringuilla tras jeringuilla. Ilustra esta sucesión de capítulos un deseo de llegar a la vanguardia, de estar siempre por delante, de buscar una batalla aunque no exista un enemigo real. Borrones en unos apuntes que no tienen una segunda oportunidad. Estudios y Rayos X, cheques que extender, incesantes suposiciones en mitad de un pozo del que nunca se sale. Ríanse ustedes de los recorte. Busca y hallarás, dice la Biblia en algún lugar. Pero hallarás un barco en el fondo de un océano. O varios. Pedir en mitad del lujo, llorar en la más absoluta de las miserias. ¿La gente enferma se pone enferma? Y las muertes de los jefes, las que marcan de por vida. La sustitución, el cambio, la modificación de conductas que no te dejan dormir de forma natural. Y otra vez ese aceite que arde, ese petróleo que nos atormenta y nos engaña para que conciliemos el (no) sueño. Muertes sin explicación, fe sin acento y sin consuelo. Almas inmortales que mueren, bautismos al margen. El cielo estará a rebosar. ¿Dios? ¿Eterna comunión? En el error está la solución, en la ejecución está la salvación. Almas del mundo, buscad un plan zeta, porque los anteriores fracasaron todos. Y punto.

martes, 23 de enero de 2018

40-20-10

¿Y cómo dejó Divac salir a este jugador de los Kings? ¿Cómo?

domingo, 21 de enero de 2018

Con Los Brincos en el horizonte

Suenan híbridos himnos, mezclas que hacen fantasear, que hacen pensar en las canciones que harían ahora Los Brincos. ¿Difícil? ¿Jugar un rato a música ficción?

Himno para el penúltimo domingo de enero de 2018

¿Cómo vigilar a los dueños sin sueño? ¿Cinturón bíblico de USA? ¿Gritos? Vivan los himnos.

sábado, 20 de enero de 2018

En busca del silencio

Encontramos un himno, hicimos un inciso, buscamos la cápsula perfecta. 10 años de aquel 20 de enero que lo cambió casi todo, en pequeños pasos, pequeños momentos. Al tiempo.

Deadwood. Tercera temporada.

Sermones y guaridas, diligencias y abortos, discursos y elecciones, más putas y más alcohol, versículos de San Mateo y locuras transitorias, sed de sangre y martillazos en la mano. Sorpresas en mitad de ningún sitio en la tercera temporada de Deadwood. Ya lo dice el versículo: "Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada". Voluntades impuestas. Galeses muertos. Chinos de vuelta. Rejas para todos. Y los tratos para el color. Contrariedades y dulces que a veces amargan. Latas para alimentar el alma y el estómago. Infecciones. Y vuelta a la locura. Y la tuberculosis, y los pañuelos, y las cartas, y el papel de la prensa. Nos hacemos viejos. Todos. Pero en aquella época todos casi que nacían viejos. Pero los que llevan el peligro en la sangre siempre estarán en la picota. Siempre. Elecciones, calendarios, imprentas, periódicos, neutralidad. Opiniones que hay que guardar. ¿Esconder cobardía bajo ciertos principios? Que no falten calendarios, que no falten bares, que no falten historias que contar, que no falten dedos en las manos y pañuelos con que cubrirlos. Y esa lucha por un oro que lleva al más absoluto de los desastres, a la locura colectiva, al enfrentamiento final de un territorio que huele a demasiada mierda, a demsiado barro, a demasiado alcohol. Robar para adornar un escenario macabro, un decorado de locura y desesperación. ¿Confundir miedo con preocupación? ¿El miedo está en el alma del hombre? ¿De verdad nos hacemos estas preguntas? La democracia y el artículo 15 de la Constitución yanqki, y los votos y la papeleta y todo lo demás. ¿Tenemos carácter o el carácter nos posee? Deadwood no deja puntos suspensivos. Deadwood pone los puntos sobre todas las vocales. Vida, soledad, montañas que escalar, oro y más oro. Antes de huir, toca poner el vaso boca abajo. Siempre hay ataúdes que llenar, siempre sangre que limpiar, siempre periódicos que leer. ¿Dormir bien? ¿No creerte un héroe? ¿Escapatoria? ¿Ilusión?

viernes, 19 de enero de 2018

Llegando a planetas extraños

Cultivar, ir, marchar. Siempre trabajar de sol a sol. Himno para un viernes que empieza y que seguro, se hará largo. Coda: Viva la política municipal. Recordando a algunos gracias a quien trabajan.

jueves, 18 de enero de 2018

Gomorra. Tercera temporada.

Vuelve el espíritu de Don Pietro. Ha vuelto el espíritu de Ciro di Marzio. Vuelve Gomorra con su tercera temporada. ¿En el entierro del rey el único que no llora es el rey? Tarde o temprano, el virrey se convierte en el peor enemigo del rey. Puestos a mentir, como escribió la exministra, que sean mentiras, y que sean gordas. Nada es lo que parece, nada es nada. Siempre hay que hacer el paripé, siempre hay que hacer que nada es lo que parezca. Nunca. Ojo por ojo y padre por hijo. Siempre hay un Ciro para una conjuración. Siempre. Y en esa vuelta espiritual y física, hay fronteras que pasar, pasaportes que retomar, documentación que manchar. Viva Albania y viva Bulgaria y viva lo que haga falta. Vaya Ciro. Y no poder confiar en la familia, porque la familia es lo peor: la que te hará llorar, la que te hará sufrir, la que te permitirá vivir pero como un maldito perro. Y tampoco confiar, nunca, en un calabrés. Nunca. Renacer de las cenizas. Esta tercera temporada de Gomorra supone reinvención, pasar del todo a la nada y del que a hierro mata a hierro muere. Demasiados círculos para seguir encerrado en la misma caja de mierda de siempre. O algo así. Y la resurrección, la vuelta de las cenizas desde el mayor de los infiernos. Resucitar para ocupar el espacio perdido, la cara rota, la cicatriz, el hijo que no se puede ver, la mujer que no puede acercar(se). Y la corrupción generalizada: alcaldía, región, premio gordo, premio extra, plan a, plan penúltimo, escalera de color, mierda sobre mierda. Pero las nuevas generaciones, de moto en moto, de tiro en tiro, de piscina en piscina, toman su lugar. Su sitio. La sangre azul, nueva sangre, sangre limpia. Ascender hasta la mierda. Comuniones de celebración. Siempre esas premisas de mierda: familia, amistad, compromiso, sangre. Pero nadie, a la hora de la verdad, cumple. Todo es mierda en una iglesia que te abren de madrugada para tus chanchullos. Almas del purgatorio como testigos. Ni más ni menos. Sí. El miedo es libre pero tiene un precio, un coste, una autoexigencia. Nunca se sabe lo que conlleva la plusvalía del dolor. Y antes o después, se produce el adelgazamiento de la base política mafiosa. Los hijos de los reyes fallecidos toman el poder anteponiendo el negocio a los sentimientos. Siempre es bueno recordar que todos tendremos un Judas cerca en busca de sus veinte monedas de plata. Y que, todos, antes o después, tendremos nuestro particular Jueves Santo. Y punto.

miércoles, 17 de enero de 2018

Tabarnia existe

Hecho político vivo. Da testimonio de un sentimiento, atestiguando que Tabarnia no es un ente imaginario, que está presente, que es verdadera.

martes, 16 de enero de 2018

Mortal y rosa.

A la mierda con Freud. A la mierda. A la. A. Da igual. Sueños, mierdas, dolor. De Pedro Salinas hablaremos otro día. Otro miércoles. Otro. Vivir de silogismo. Envidia total. Muy grande. Proyectos líricos al poder. Al más grande. ¿Criatura de cercanías? Pues no lo sé. Ese pelmazo que lo apunta todo somos cada uno de nosotros. Siempre. Sí. Los sueños siempre interesan. Siempre. Ni María Campillo en su altar me negaría esa intención. Mortal y rosa, entre el sueño, para acabar un año. A la mierda también Sartre, Breton y todo aquella persona que haga falta. ¿De verdad solo recurren a los sueños aquellos sin imaginación. Difícil pregunta, la verdad. ¿De verdad que más vale la lucidez mediocre (no sé si es mejor la mediocre que la taciturna) que el delirio? Más difíciles preguntas. ¿De verdad que un lavado de cerebro no es una metáfora germano-soviética? Difícil cuestión, difícil. ¿Falsedad calavérica? ¿A estas alturas? ¿De verdad es el cementerio una reunión de enmascarados? ¿De verdad lo que persiste se perfecciona? ¿Los ancianos quieren creerse gloriosos? ¿Antes o después del Apocalipsis? Ahora que está muerto Umbral, a lo mejor es fácil. Criticarlo. Digo. Pero esas frases no se construyen fácilmente. ¿De verdad la vida es opaca para la muerte? ¿Seguro que lo que se mantiene se perfecciona? ¿Seguro que los años dan nobleza? Y leer a Nietzsche y a Juan Ramón, y Proust y Quevedo y reflexiones sobre el antropoide. ¿De verdad que la literatura y la pintura son artes selváticas? ¿De verdad que se puede convertir una masturbación en un poema? ¿De verdad que se puede convertir un grito en una sonrisa? ¿Seguro que no hay manos inocentes? ¿De verdad que no hay igualdad en la vida? ¿De verdad que nos preguntamos eso de "el mar o la mar"? ¿La literatura como secularización del aislamiento? Y los monaguillos, y las misas perdidas, y el frío eclesial. ¿Debemos elegir entre el arte de Gregorio Fernández y el de Berruguete? ¿Seguro que el tacto es ciego? ¿Siempre? ¿Seguro que el oído es torpe? ¿Seguro que debemos interiorizar lo de fuera y observarlo hacia dentro? ¿Seguro? Y el mal de ojo, mirando a los demás, fijamente, clavando iris en iris ajeno, clavando. Los animales hechos símbolos infantiles, hechos gestos infantiles, hechos palabras que designan otros pensamientos. ¿De verdad que la literatura y la pintura buscan lo vertiginoso en el olor? ¿De verdad que la novela es un compromiso burgués? ¿Seguro que estamos vivos de milagro? ¿Seguro que lo milagroso es no estar muerto? Y los libros como refugio, como murallas que sirven de aislamiento ante el dolor, ante la angustia, ante la desesperación? ¿De verdad que podemos creer en las naranjas? ¿De verdad que existe la inspiración? ¿De verdad que existe relación entre escritura y transparencia? ¿De verdad que existe sombra en la prosa? Y el doble fondo de las lecturas, hechas imaginación, transfiguraciones bíblicas que no las entiende ni Dios. Y el octubre de las manzanas caídas. Y los poemas de la 118, y las lecturas en el silencio, imaginario o falso, martes en mitad de un calendario inmundo. Y aplazar la muerte, en plan Panero, en plan retraso de lo inevitable. No hay arca en la que escapar, que el símbolo de la paloma que no vuelve no es únicamente para los sermones de iglesia escuchando a un cura que ha perdido un vuelo. Y los otoños abrileños, y ese cementerio, y ese recuerdo que de por vida se queda clavado en una retina. Eso sí que es de verdad. Eso sí que es publicable. El tiempo y las comparaciones hípicas. Y recordar a Cesar Vallejo, y los heraldos negros. ¿De verdad que el cuerpo solo tiene una dirección? ¿De verdad que solo marca una dirección nuestro cuerpo? Y la felicidad de la carne quemada, aunque suene raro leerlo. Y el recuerdo continuo de las pecas. Y la ciencia y la racionalización del dolor. ¿De verdad que la gloria es homicidio? ¿Seguro que la fama es violencia? ¿En serio que la popularidad es una agresión? Y lapidar a los líderes políticos antes aclamados. ¿De verdad que adoramos lo que hemos destruido? Y el psicoanálisis. Y la pasión por lo incógnito. Y el vértigo, el ruido que entra en el oído y no sale, a la multitud. Sí. Enseñar Historia sigue siendo, muchísimas veces, enseñar crímenes. Pero no solo crímenes. Enfermedades y monumentos han de ser objeto historiográfico. Siempre. Sí o sí. ¿Seguro que el tiempo y la cultura son simplemente un error? Y sentir(se) un Magritte. Y el fetichismo de las cosas, el fetichismo de los objetos al más puro estilo tarantiniano. ¿No podemos vivir sin seguir el compás del tiempo? Y la fiebre, ese peligroso síntoma que nos dice algo que va mal en nuestro organismo. ¿Seguro que la biología es blasfema? ¿De verdad que en la cima del horror hay quietud? Escribe FU de la vida sin música. Para mí es inimaginable una vida sin música. Imposible. Sin otras cosas, quizás; sin música, imposible. ¿Seguro que nuestra vida es una sucesión de treguas? ¿De verdad que el sol no duda? No sé yo si el señor Blake estaría equivocado... Y el valor de la bastardía en la obra umbralística, recurrente momento con nombres cambiantes. Y la literatura como única salvación, como único momento de vida en mitad de la muerte, como único salvavidas en un océano de mierda y sangre y dolor y entrañas que salen a relucir en mitad de la batalla. Y la novela familiar, esa gran mentira que nos mantiene vivos a pesar de todo. De todo. Y el recuerdo del hijo en fotografías, que nos traen la vida cuando ya no está, cuando todo es pasado ante un presente de grietas perennes. Y la infancia disuelta, esas infancias que se marchan y no vuelven y nos dejan una amargura en el alma imposible de endulzar. ¿De verdad que el futuro es un pasado actuante? ¿De quién el la culpa? ¿Cómo buscar la palabra felicidad ante semejante diccionario de penas? ¿Cuánto dura la fama? ¿Cuánto el prestigio? ¿Sirve de algo la relevancia pública? ¿Por qué nos escondemos ante triunfos parciales? ¿Por qué nos conformamos con triunfos parciales en batallas si la guerra está perdida? ¿De verdad que Dios piensa en nosotros? ¿Seguro que sabe Dios que existimos? ¿De verdad que Unamuno era un pelma? ¿Seguro que estamos anclados en la realidad? ¿Seguro que abrimos abrilísticas huellas en la hierba? ¿A ese nivel de abstracción somos capaces de llegar? Y el viento, y el mes de las hogueras anturales y todo lo demás. Sillas sin dueño. Alegría, dolor, alegría, dolor. El fantasma, el oxígeno, lo moribundo. Los Hermanos Karamazov en el recuerdo. Siempre. Y leer a los clásicos, y escuchar a los muertos. ¿O era al revés? ¿Seguro que la buena novela hace al buen escritor o era al revés? ¿De verdad que el estilo más directo sería el de no escribir? Ese grifo de la cocina, puede sacar cualquier cosa. Dudas físicas, que decía el otro cuando no sabía que decir. ¿Estamos mayores? ¿Vivimos solo de frases hechas? ¿Es todo mentira? Cadáveres afeitados. ¿Seguro que el artículo es una forma segura de fracasar? ¿De verdad es estúpida la plenitud del día?

El traje del emperador

En esas que estás un sábado dándole a los electrodomésticos, a los prescindibles y a los imprescindibles, y aleatoriamente se escucha en el celular El traje del emperador. Y empiezas a escuchar, entre electrodoméstico y utensilios/cacharros cocineros, y te acuerdas de MasterChef, y de la época de hacer el vago y de lecturas impenitentes. Y a escuchar. Se trata de escuchar. Letras bien hechas, letras que nunca dejan de enseñar algo nuevo. Y ya tendremos tiempo de saldar deudas. Y todo lo demás, también.

Barry Seal: El traficante

Ahora que toca por todos, o casi todos, idolatran a esa panda de locos que eran los integrantes del Cártel de Medellín, hay que aplaudir un rato la figura desmitificadora que aparece de ellos en Barry Seal: El traficante. Que no todo sean palmas y gritos a favor. Eran malas bestias, que no se nos olvide. Pero esa solo es una parte de esta película. La parte más llamativa es la de la crítica a la administración Reagan en torno al tema de las drogas. Con el pretexto de la lucha contra la droga se montó un jaleo para esconder los verdaderos programas que Reagan y Bush Senior montaron en buena parte de América Latina. Los mismos ideólogos de las campañas antidroga del marido de Nancy eran los que en sus despachos de sus agencias de publicidad iban de coca hasta arriba. Hasta el cogote. Todo mentira. Pero siempre salpica, siempre hay algo que pese a todo, nos llega. El Irangate fue solo una de esas aristas de una pieza de una etapa oscura. Utilicemos divertimentos como esta Barry Seal: El traficante para recordar una etapa que fue un antecedente de toda esta maldita política yanki que tenemos en la actualidad. El uso de este tipo, Barry Seal, fue el de otro peón al que sacrificar por parte de todas las agencias que (des)gobiernan Gringolandia y el mundo. Que no se nos olvide, por favor.

La peste. Primera temporada.

Se quedan cortos los primeros seis episodios de La peste. Dicen en la serie, desde el principio, que en aquella Sevilla que quería ser capital del reino, rica y pobre, antónimos en un mundo de sinónimos de mierda, el personal moría fundamental de cosas: hambre y peste. Dependiendo de la época, de la coyuntura braudeliana, metidos en tiempos cortos y largos, unas veces más de peste, unas veces más de hambre. El asunto estaba así. Al Guadalquivir llegaban gentes buscando el milagro de salir adelante. O el milagro de ir a América, si la Casa de Contratación te dejaba. Ilustra muy bien la peste las dos Sevillas. La del poder, con su consejo municipal y sus intrigas, la de los comerciantes que son los que realmente mandan en la ciudad (nada nuevo bajo el sol moderno), con sus mierdas políticas que prefieren intrigar antes de informar sobre la enfermedad antes de declarar la epidemia. Por otro lado, la Sevilla de los pobres, de las chozas en las que se muerte de hambre y de peste, en la que los luceros roban a los borrachos, la de la superstición y las trampas de las julleras. Y en mitad de ese mercado, se retrata una sociedad que en algunos aspectos, era menos hipócrita que la de ahora. Esas mancebías controladas por ayuntamientos e Iglesia en la que era legal trabajar desde los doce años. Con este retrato, el pasado, ese que según Montero Glez, "o se olvida o se magnifica", vuelve con una puñetazo en mitad de la mesa para traer a un personaje huido llegado de Toledo con muchos asuntos que esconder. Con el Betis de fondo, se encuentran cadáveres, se buscan protestantes, el Santo Oficio ejerce el más viejo trabajo de todas las torturas, hay mujeres revolucionarias en un mundo de hombres y la brujería se mezcla con el dolor, la falta de sueño y el oscurantismo. Todo bajo un suelo de mierda y barro, de callejones oscuros y de una nueva Roma que acabó siendo un maquiavélico escenario de traiciones y bajos instintos, de supervivencia y mierdas varias. La peste no deja indiferente. Factura cuidada al detalle, cárceles en lo que todo era posible, entrañas urbanas de una gran invento que no pudo terminar de materializarse. Y sí, Dios está en todas las putas del mundo. En ellas, también. Pero al final, como en casi todo, la mentira vence. La conspiración, los medios tiempos, la mirada perdida, el fuego inquisitorial, la mierda junto al río. Y únicamente queda luchar o huir, vender la gran mentira o coger el libro ajeno y partir a un Nuevo Mundo lleno de rufianes y de deshechos humanos. Todo es cíclico aunque la peste ya no esté aquí. Siempre habrá políticos disfrazados de santos que nos venden la pureza del asunto. Mentira sobre mentira. Y todo lo demás, también.

sábado, 13 de enero de 2018

¿Podemos escondernos del Ángel Exterminador?

Falsas esperanzas, espejos dando malas noticias, edificios caídos y escombros morales. ¿Por qué ya no tenemos canciones como Rifle de repetición?

jueves, 11 de enero de 2018

Y no...

...si no me vas a escuchar... Entre kikoentierro de 4 y misa de siete vuelvo a Juniper Moon. ¿Tan mayores somos? ¿Dónde estábamos hace tanto tiempo?

lunes, 8 de enero de 2018

Scrotal Recall (Lovesick). Tercera temporada.

A diferencia de otras de sus series, los dueños de la nueva imaginación parece que han equivocado su lupa sobre Lovesick. No deberían seguir estirando el chicle de Scrotal Recall. El chicle se ha quedado sin azúcar, sin goma, sin sabor. Más de lo mismo. No hace falta pensar. Dándole vueltas al asunto, muchas veces, perdemos el norte. Ya lo cantaban Los Planetas en Desorden: "¿Qué puedo hacer si no puedo hacer nada para acabar con algo que no acaba?" Salvo por sus himnos y algún chispazo, no aporta nada nuevo. Directas e indirectas, mal de equívocos, errores del pasado que vuelven al presente y desvaríos singulares que no aportan demasiado más a la historia. A la misma historia de siempre. Salvo la incorporación de algunos nuevos personajes, nada nuevo bajo la lluvia. ¿Por qué cuesta tanto acabar con algo que se ve sin futuro? ¿Tanto cuesta finiquitar episodios que no van a ningún sitio? ¿Por qué terminar unos versos que no deberían nacer nunca? Difíciles decisiones para días que nunca acaban, para lunes por la tarde en invierno. Misterios, preguntas, volver a un punto de partida en una hoja en blanco. Y todo lo demás, también. Coda: Y los errores, y las palabras dichas y que no se entienden. Nunca

¿Qué nos sobra?

¿Qué hace que fallemos continuamente con nuestros argumentos? ¿Por qué después de cenar caemos en desgracia? ¿Por que tenemos móvildependencia? ¿Y luego hay disgustos como dice De la Rosa? No estamos para cebar ideas falsas, no estamos para disculpas con cierta edad, no estamos para discursos que caen en el olvido. ¿O era al revés? ¿Sí que estamos para cebar ideas? ¿Sí para disculpar(nos) por respirar? ¿Nunca es tarde para pedir perdón por existir? ¿Recuerdas aquellas flores a las que hiciste daño?

El rey de los ojos azules

Ahora que mis alumnos me llaman "el diablo de los ojos azules", equiparándome a Alonso de Ojeda, toca hablar de Juan Carlos, de los Reyes Magos, de la demagogia y de Luis del Val. Los mismos que ayer aplaudían, día tras día, a Luis del Val, hoy son sus más grandes detractores. Este país no cambia, pijo.

jueves, 4 de enero de 2018

Dialéctica temporal

Escuchando himno se da uno cuenta de la temporalidad de la dialéctica. De aquello que llamaban, los viejos del lugar, estetizar la política. ¿O era politizar la estética? ¿Es tarde/temprano/pronto para meter(nos) en esas diatribas? ¿Cuánto dura la eternidad de un himno? ¿Qué consolida la duración de atemporal himno? ¿Antes de? ¿Después de? ¿Qué cantidad de tiempo condiciona la eternidad del himno impenitente?

Three Girls. Primera temporada.

Un gran dramón el de la primera temporada de Three Girls. Dramón. Bien hecho. Factura BBC. Dramón de los que nos encontramos en ambientes desestructurados, de ambientes de hacinamiento, de ambientos de marginación. Y ahí, en ese contexto, la mafia hace su agosto. Y el calendario entero. Día tras día. Niñas de 15 años obligadas a tener relaciones con pakistaníes. Y a partir de ahí, el sufrimiento que sufren. No solo las chicas, sus familias, las trabajadores de Salud Sexual. Y también refleja Three Girls el problema de la legislación, de los problemas estatuarios, de la incomprensión de parte de la policía y de parte de Servicios Sociales. Y este ejemplo, el de la localidad de Rochdale, es extrapolable a muchos lugares, a demasiados sitios, a incontables barrios de más de un Manchester. Muchas veces mezclamos educación, enseñanza y palabras vanas. A veces es imposible ser equidistante, a veces es difícil ser justo, es difícil ser correcto. Y en mitad de esa locura, siempre hay un rayo de esperanza aunque los obstáculos son enormes. Pero la justicia es ciega, y las perspectivas, poco convincentes. Y se caen los palos del sombrajo. Y los juicios, y la mierda saltando, y las injusticias, y un futuro manchado pero gris. Y hay muchos tipos de grises. Reflexiona Three Girls sobre el mirar hacia otro lado, sobre la mentira institucionalizada, sobre la falta de agallas de políticos, policías y servicios sociales. Injusticia hecha serie. Grandísima serie.

martes, 2 de enero de 2018

Black Mirror. Cuarta temporada.

Ahora a todos los cítricos, los tipos o limones que beben vinagre por las mañanas y hacen críticas de maratones, y están sanjuniperizados, y mean agua bendita y todo lo demás, a todos ellos Black Mirror post San Junipero les parece poco. O nada. O mierda. La cuarta temporada de Black Mirror vuelve a reflexionar sobre la necesidad de la capacidad de elegir y, sobre todo, con la culpa que nos colgamos al alma en la toma de decisiones. Y cuando hay maquinitas por el tema, peor todavía. Puedes ir más o menos elegante, elegir un día para espíar o tomar adn de piruletas, para largarte después de pisar a un ciclista o intentar huir de la platónica caverna. Da igual. Siempre habrá culpa. Siempre podíamos escoger otra opción. Siempre. O tal vez no. Tal vez no hemos bebido suficiente vinagre, tal vez nuestro nivel de ácido cítrico en sangre no sigue siendo lo suficientemente alto. Critiquemos. Ya no hay transiciones en las que dar tregua. Desde la barrera, desde la maquinita en la sien, desde el observatorio ajeno, es fácil escupir. Pero no lo olvidemos. Escupimos, sí, pero lo hacemos en el mar. En la insignificancia de un mar lleno de pasado. ¿Sociedades igualitarias a la altura de un morro de un cerdo? Somos bichos en busca de bichos, somos máquinas necesitados de máquinas, somos bestias en rumbo ajeno. Somos una voz familiar en nuestro interior, somos experimentos en busca de soluciones. Somos promesas en una carta en blanco. Pero, ante todo, somos mentiras.

Martes de estudio

No consigue uno centrar(se) o suarecizar(se) los martes de Navidad para el estudio. Aparte de los noises que acaban con las neuronas, tocan cuitas, tocan calentamientos de escarcha que no vienen a cuento. A veces, es mejor estar(se) quieto. O tal vez, no.

lunes, 1 de enero de 2018

Entierros, Navidad, Lunes.

Siempre pasa lo mismo. Ya sabemos que todo es mentira, pero la mierda sigue creciendo. Mucho. Volvemos, ejercemos de herederos bajo una tarjeta (que yo no utilizo) y creemos ser dioses. Creemos. Vovler. Planos y dolor. Mierda sobre mierda. Flequillos varios.

Adiós Sixto Miguel Serrano!!!

Deja Movistar+ el gran Sixto Miguel Serrano, siempre con su camiseta del Real Murcia. ¿Por qué es tan humilde un tipo que sabe tanto? ¡Gracias por enriquecernos con tus narraciones!

The End Of The Fucking World. Primera temporada.

No está mal un poco de aire fresco de vez en cuando en la televisión. No está mal escuchar a un tipo de instituto que es un psicópata y que aparezcan animales muertos. Está bien la sinceridad. Está bien. Está bien que se desmarquen de los arquetipos. Que todo deje de ser parecido de algo que nos suena a música común. O a Música de mierda. Por eso y por mucho más está bien la primera temporada de The End Of The Fucking World. Está bien materializar sueños en imágenes, sangre sobre el parqué, tacos en el restaurante, pensamientos sobre una mano que de pequeña entró en una freidora, cartas de felicitación de un padre ausente desde los 8 años, camisetas similares lustro tras lustro. O tal vez, no. Convertirse en algo, hacer(se) preguntas, joder la marrana. Cocinar o diabetizar. Beber en casas ajenas, huir, escuchar música, hacer dedo, pensar en voz interior, creer en voces ajenas cuando solo crees en la tuya. Dar órdenes. Y siempre hay una foto que distrae. Joder. ¿De verdad que el mundo es jodidamente sombrío? Dependerá del sol, de la latitu y de si Magallanes no es una de tus obsesiones. O Elcano. O Topher. ¿Diminutivos de Cristóbal? Y atacar, y quemar, y pensar, y olvidar. Y muchas griegas sin latina. Sangrar, limpiar, olvidar, deshacer, lejializar. ¿Por qué copiamos lo que hace la gente en la tele? Ya lo decía el hombre de la camisa verde, que matar es difícil. ¿Seguro que en silencio es difícil olvidar cosas? Yo prefiero olvidar. Siempre. Siempre hay que correr cuando alguien que no conoces de pide tu nombre completo. Huir. Normal que algunas odien ser chicas en este mundo de perros de mierda. ¿Estamos tensos en mitad del ayuno? Y siempre hay que dar la mano con la correcta diestra. Pero todo se va a la mierda antes o después porque todo es mentira. Siempre. Y punto.

Fin de año con victoria

Esta vez, ante Baskonia. Resulta curioso, que no casual, que tras un partido de Euroliga de viernes, quizás un equipo menos grande te ponga en problemas. Ocurrió en el Palau contra el FCB y hubo victoria; ocurrió en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid, ante el Real, y UCAM perdió el partido con unos segundos finales lamentables (no lo ganó el Real, lo perdió UCAM); y ocurrió ayer en el Palacio de Deportes de Murcia contra Baskonia. Pero que la selva de ayer, guerra de guerrillas ante un equipo hipercansado, no nos impida ver el Belén en su justa medida.