viernes, 30 de abril de 2021

Silvio (y los otros)

"Todo documentado. Todo arbitrario". Cerdeña. Aire acondicionado. Borrego muerto. Telebasura. Y de Cerdeña a Apulia. ¿Se escribía Apulia o cómo se escribía? ¿Aparte del Prestoden hay algo decente para las almorranas de la señora? Vaya tela. Vaya tela. Y apertura, o abertura, o como se diga, en alta mar. Y todo arreglado. Y el tatuaje berlusconiano que lo cambia todo. Absolutamente todo. Y de ahí, pegando saltos, a Roma. Vaya tela Silvio (y los otros). Vaya tela. "Yo soy un liberal; hay que acabar con los monopolios". Y más frases: "Es más mala que Putin". Yeeeeeepa. Albanesas al poder. Y luego, Silvio. Silvio. Todo alrededor de Silvio. Pero hay cosas que chirrían, como los futbolistas que leen a Saramago. "Parece un espectáculo de la RAI3; es la tele de los comunistas". Hasta que alguien le dice, "todo no es suficiente". Y contesta Silvio: "¿Pero a tí te parece justo que yo esté todavía en la oposición? Pues a mí no". Claro que no. Si no tuvimos suficiente en 1994, pues más Silvio (y los otros). Que no nos falte. Todo mentira en Roma y en las villas. Silvio (y los otros) y todo lo demás. Y la esposa con sus lecturas, con El hombre duplicado, y sus esculturas. ¿Qué hacía esa mujer con ese Silvio? Vaya usted a saber. Se necesitaban. Y dale con lo mismo: “La vida es dura cuando no sabes hacer nada”. Siempre lo mismo. Y tras el borrego, o lo que fuera lo del principio (Agnus Dei para todos), una rata enorme. ¿De verdad Galliani hablaba de tú a Berlusconi? Fiestas, despiporre, jodiendas con vistas recordando los estudios en los Salesianos, y los listines de teléfonos, y un espectáculo visual sin sorna o con toda la sorna, porque Silvio y los otros es un no parar, un viaje no hecho andando a Camboya (o a algún lugar así), y el complejo de inferioridad hecho presidente, y escuchas telefónicas y frases para citar (no solo vamos a repetir hablando del comunismo lo de comunismo o libertad): “¿Sabéis cual es la diferencia entre el cristianismo y el comunismo? El primero predica la pobreza; el segundo, la hace realidad”. Realidades paralelas y yeeeeeeeeeeeeeeepas que te salen al subirte a un tiovivo, al notar la ausencia de una caracola, al sentir un indulto enmascarado de una nueva presidencia. Vaya show el de Silvio (y los otros).

domingo, 25 de abril de 2021

Capone

Ahora vivimos en la época en la que idealizamos el caos y la violencia, idolatramos a muchos tipos que en condiciones normales debieron ser crucificados públicamente... y no pasa nada. Los alumnos te ponen en un altar al narco de turno y le dices malparido y se lo toman a bien. Pero el plata o plomo es inmemorial, es mucho anterior a PEEG. Mucho antes de Cali, Al Capone. Lo de Al Capone era para cuando era jefe de una mafia asesina. En casa, no. Como si un político socialista o comunista o gaviotil guay hablando bien de un etarra, de un exextarra o de un amigo de un extarra. Lo mismo. Capone, la película, se va al retiro de Al Capone en Florida, esperando una muerte en mitad de la locura y el delirio, en mitad de una mierda que se ve y que, en ocasiones, hasta se huele. Sí, se huele. Ves al amigo Hardy, camaleón él siempre, hijo de su tiempo y de sus disfraces, deambulando detrás de críos por mi primera vez, en una mansión muy rara, abriendo puertas. Pero te das cuenta que se ha convertido en una marioneta de la degeneración enfermiza, aquella sífilis contraída a los 15 años degenera en una neurosífilis de lo más traumática. ¿Pero se puede sentir pena por un asesino y tipo corrupto por muy mal que esté? ¿Nos acordamos del bolinaganiense caso? Pues eso. No. No se puede tener compasión ni pena con un asesino: no. Y Hardy lo consigue con una interpretación que haces que el tal Capone, el tal Fons, ya sea un chiste sin gracia, un testamento sin contenido, una ruina en lo ecónomico y en lo existencial. ¿En qué se convirtió el monstruo en la cárcel? ¿En un payaso? ¿En una criatura endeble? ¿Un juguete? ¿Un cacharro inservible? Y empieza a hablar, y hay día de Acción de Gracias (pero no vemos a los Lions, qué broma es esta...), y hay hijos que desde lejos hacen llamadas y va el mafioso y recordando se mea encima. No hay que recrearse en el adiós, las agonías largas (como las profesiones tardías), son peligrosas. Muy peligrosas. Para el que las pasas y para los que rodean al que las pasa. Incide la película en la ruina económica (no para de estar en el ambiente la pregunta de la ubicación de 10 millones de dólares escondidos por Fons y no encontrados...). Lo que no se puede encontrar, no se encuentra. Y como película con mafioso, escenita de cama para recordar, pero sin cabeza de caballo: sustituimos el bicho equino por mierda de Capone ya que Fons se caga encima y termina llevando pañales y una zanahoria en la boca porque ya no le dejan ni fumarse sus puritos. Pero como todo es mentira, hay alguien que se congratula de que la realidad de lo cotidiano sea dormir más o menos con tranquilidad: "28 años de tranquilidad he tenido que esperar para tener un poco de paz", dice su esposa (cómplice en tantos asuntos) y que en los últimos días del mafioso prefiere no tener que ir intranquila por la vida. La imagen de este Capone es la de un caballo que en su día ganó muchas carreras y que, como en la Cuba franquista, vive con una pata menos y no es sacrificado por lo que fue. Ese chiste ambulante, esa farsa con pañales, se recrea en su particular sala de cine casera viendo El Mago de Oz y ejerciendo la locura en su manicomio propio. Y como si de una broma macabra se tratara, Casanova y La fuga de Los Plomos me viene a la cabeza (cosas de hacerse mayor). Y hasta deja moralinas la película, con un niñato del FBI poniendo en su boca a Hitler y comparando la muerte del del bigotito con la estancia en la península de Florida del tipo que hizo de la ley seca un negocio. De todo hay en la viña del Señor. Y ya que toca ponerse místico (vengo de misa de 13:30 de San Pablo), habrá que preguntar a los cielos que si los dioses son mortales, Capone contaría bien la agonía de un Dios. O ahorrarnos la pregunta. Y, ya que nos ponemos, hay que fijarse bien en los ojos de Hardy, cada vez más ensangrentados, cada vez más rojos que un infierno que ese Capone se merecía como el que más, como el canalla que fue.

sábado, 24 de abril de 2021

Mr. Witt en el Cantón

No leí Mr. Witt en el Cantón durante la carrera. Tampoco durante mis dos cursos cartageneros. Ha tenido que llegar abril de 2021 para empezar su final de lectura. Un libro con altibajos, que va de lo personal a lo histórico, de lo comarcal a lo nacional. Es un retrato con imperfecciones de una etapa en la historia de Cartagena y de España que iba de cisma en separación, de divorcio en huida y tiro porque me toca. ¿Pero cambió algo realmente con el Sexenio Democrático? Escribe Ramón J. Sender: "Después de instaurada la República mandaron en los astilleros, en los barcos y en las aduanas los mismo carlistas o alfonsinos que mandaban antes". Que cambie algo para que no cambie nada. Retrata, por ejemplo, al principio, en el Libro I a la altura de marzo a un "teniente de Artillería de los disueltos por Amadeo". ¿Pero qué fue realmente el cantón? ¿Fue un intento real o el último suspiro de ingenuidad en una etapa que pensaba directamente en el cerrojazo? ¿Había posibilidades reales de éxito? Recuerda RJS la Cartagena que dura hasta ciento y pico años después, la de cantos por cartageneras y la del Molinete: "miseria, prostitución y navaja". Y apostilla: "En ella la prostitución se hace romance marinero". Azúcar para definir lo que había en torno a cualquier puerto importante. Se recrea también RJS en la vida cotidiana, en lo que se meten al buche los protagonistas (Don Eladio), "era republicano y ateo; pero jamás vería bien que la plebe gobernara el país". ¿Pero quién representaba a la plebe en 1873? ¿De verdad lo de Antonete Gálvez pudo salir alguna vez adelante? Y jugando como ministros del tiempo, como tesoreros de ilusiones, habría que preguntarnos si un chalecito en las afueras también representa a la izquierda. O no. También refleja esa espera que nunca se cumple: las ilusiones, las herencias, los matrimonios con dudas. Y también el movimiento cantonalista tenía grietas infernales: "Con eso de los federales y los unitarios el negocio estaba muy desanimado". Y llevándolo a personajes de laca en el moño, tampoco ha cambiado tanto. Siempre hay un Casado y una Lastra que reflejan el Principio de Peter y nos ilustran con estupidez la imposibilidad del cambio. Escribió RJS en MWEEC: "El director de los astilleros es monárquico. Es tan culpable como el general Serrano. Mientras sean esas personas quienes detenten los puestos de responsabilidad, seguirá en todas partes el imperio de la tiranía". Y letanías que no llevan a ninguna parte, que no salen de Alumbres, y el miedo reflejado a ser reclutado en Escombreras. Escribe RJS sobre los "cachibaches" del gabinete de Mr. Witt. Ya no hablamos de cachibaches, hablamos del tiempo que perdemos en utilizar Telegram, Instagram y tonterías varias. Tampoco se utiliza la palabra "cornucopia", que también utiliza RJS. Qué le vamos a hacer. Revoluciones y más revoluciones, y algunos sin leer a Godechot. Se pregunta Mr. Witt: "Cuándo se ha visto una revolución de arriba a abajo". De Vallecas a Galapagar y tiro porque me toca; del Master de Casado a la tesis de Sánchez, de las cremas de Cifuentes o las menores de Baleares, de lo de el exoltrado al penúltimo acercamiento de presos de Marlaska. Siempre hubo cuitas aunque no siempre un Werther en el que descreer. O no. Añade RJS refiriéndose a Castelar
y a Pi y Margall: "Quieren evitar la revolución, pero no podrán. Les ciega la super
stición del Poder y del orden público y no ven lo que sucede alrededor". Les ciega el peluquín de la izquierda o el viaje a Turquía o lopezmirasismo como ejemplo de incompetencia. Hasta de asuntos conyugales deja reflexiones RJS ilustrando la reflación de Mr. Witt con su Milagritos: "En cuanto interviene el sexo, se acaba la claridad de visión y juicio". Ríete de las reformas de Diocleciano: para que una república federal si el PNV, desde su silencio altruista lo consigue todo. Pero sin conocer nada, se retrata un lugar y una situación que no iban a fructificar por su propia esencia: "Todo aquello que sucedía en la calle era primario e instintivo: hambre, sed, odio, amor, irreflexión, ceguera". ¿Se puede retratar mejor un contexto en una frase? Cuenta RJS la llegada de barcos y las banderas turcas, y las cruces de mayo, y los crímenes frecuentes en La Unión y las esparteñas de Cieza. De todo. Y como luego Eric Vuillard en 14 de julio, si hay que hablar "del rumor de sacar a todos los presos del penal", se habla. Lo que haga falta, como ilustrar el izado de la bandera turca en el fuerte de Galera al modo de RJS: "...era una imprudencia que podía desencadenar sucesos de importancia. Inglaterra era enemiga de Turquía. Francia también. Se estaba viendo venir la intervención". Banderas, escudos y porque RJS no conocía los cantos de la Demencia estudiantil, porque la bandera turca era común en las gradas del Magariños, pero no nos desviemos por cuspineros derroteros. También muestra el autor la complejidad del asunto con la visión de los periodistas, como el corresponsal del Times, y como se interpreta la toma del Ayuntamiento (¡arriba Pepe López!), y de Telégrafos y de lo que toman los rebeldes sin luchar. Y las ensoñaciones equivocadas: "Y Gálvez le parecía a Mr. Witt eso: un profeta". Y llegando a algo que va de lo festivo a la equivocación, de lo trivial a la cucharadita de aceite mañanero para ir a evacuar, pone RJS a Mr. Witt a charlar con Antonete, y va dejando perlitas sin Steinbeck, uvas con más ira de la cuenta para un sueño que acaba en pesadilla: "Nosotros los bárbaros, necesitamos de usted". Caracteriza a Antonete con sus ojos grandes que acompañan a su barba reconocible. Y deja más steinbeckcadas: "Hoy por hoy, Mr. Witt, somos invencibles". Tanto o más que Aznar, Blair y Bush, y yo también sé poner los pies sobre la mesa: "La simpatía de Francia nos cuesta el odio de Alemania". Me estoy imaginando a Aaron Sorkin rodando esta conversación, con gente pasando de un sitio para otro sin parar, con Antonete buscando inspiración mientras su índice derecho se pierde entre sus largos pelos a la altura de la nuez. O no. Y añade RJS palabras en boca de Gálvez: "Los cañones sirven de poco contra las ansias de redención de todo un pueblo": Incluso, aunque no lo parezca y sea puro algodón de azúcar, se atreve el autor a dejar cursilerías del tipo "el amor y la solidaridad van obrando milagros". Y Rivera acabará en el PP, eso está claro. Incluso también se recrea RJS en la deriva sentimental del protagonista, entrometiéndose en cartas ajenas y poniendo la lupa en el arte epistolar de otros: "Allí donde no llegan las palabras llega el plomo" (¿no dijo eso también PEEG?). Quizás sea yo el que está equivocado, quizás todo sea un rumor sobre el éxito de la superliga florentiniana y su pelea uefeniana, como fue la lucha del cantón contra una república repleta de contradicciones, de un querer y no poder, de una hucha sin dinero que vive de ilusiones bajo la luz de una luna mendemonasteriana. O no. Y remata, como Zamorano en Milán, el final de su primer libro de esta historia a la altura de aquel julio de miseria e ilusión: "El hombre que se desdeña a sí mismo inicia la pendiente de la castástrofe". O no. Pero como todo es mentira, todo tiene fines de acabar como acabó lo de Tania tras una columna en Las Cortes: "La previsión de Antonete se cumplió. Un decreto declaró piratas a todos los barcos sublevados en Cartagena y autorizo, por lo tanto, a los barcos extranjeros para perseguirlos, apresarlos y destruirlos": Faltaba lo de Heidi y Pedro, "enséñame a silbar" y todo lo demás. Y como Conesa con Clavero (con un par, alhameño), Antonete destituye alcaldes y coge trenes a Hellín y vuelven antes de tiempo y no llegan a Albacete y hay regresos tristes y míseros. Y la llegada de las naves leales al gobierno en torno a la costa cartagenera, y las oraciones senderianas para señalar con boli rojo: "Las masas. Aquí, en España, las masas se embriagaban en seguida, y no de vino. Si las dejaran hacer, no dude usted que harían algo. Son embriagueces fecundas". Ideas que luego se disuelven como terrones (ya nadie utiliza terrones de azúcar, la degeneración de Occidente es manifesta): "Antonete estaba seguro de resistir en Cartagena, estimulando al mismo tiempo con el ejemplo a Cádiz, a Barcelona, a los verdaderos federales instransigentes, que, si de momento estaban apoyados, nadie podría decir lo que sucedería mañana". Salud y Federación y "esa eterna aventura frustrada de los cartageneros". Esa sí que hay que subrayarla, y no solo con rojo: "Esa eterna aventura frustrada de los cartageneros". Repetirla en bucle, hasta que se entienda, como la sintonía de Succession, como la resignación de que la derrota es eterna. Coda: Y a las malas, siempre recordar la frae de Javier Eder en su Dignidad en la derrota: "La política no debe ser más que la forma de conciliar las soberanías individuales".

jueves, 22 de abril de 2021

Menos Saras más Xavi Pascual

Con Saras y con Laso me pasa lo mismo, tengo la impresión de que están por encima del bien y del mal. Y no debería ser así. Y si no, que le pregunten al lituano por el baño que le dio ayer el Zenit a su todopoderoso FCB.

miércoles, 21 de abril de 2021

The Minister. Primera temporada.

Hemos repetido más de una vez, por aquí, grito en ristre y voz atrapada: VIva Islandia. Incluso hemos dicho "Viva Islanida" hablando de Trapped. Pasamos del barco al timonel de un país. ¿Qué queremos hacer con la primera temporada de The Minister? ¿Un Borgen islandes con un primer ministro loco, bipolar, esquizofrénico e hijo de una suicida? ¿Dónde queremos ir a parar? The MInister nos lleva a las jodiendas de las aritméticas, de prometer lo que no se puede cumplir, de eslóganes repetitivos, de coaliciones antinatura. ¿Qué hace un político por mandar? ¿A qué renuncia un político para acceder a un cargo? Tiene The Miniester una narrativa atrayente pero que nos muestra una personalidad compleja en un país lleno de complejos. Y aquí, como si fuera un tema podemita, andan todos revueltos mezclando familia, política, enredos y dineros. Un poquito de todo, de ovejas descarriadas buscando pastor, de manicomios del pasado en un presente de locos. Y ahí, como siempre, el cuarto poder tiene una influencia total, un chantaje emocional que no tiene cura. Hasta de la caza de ballenas en Islandia habla The Minister. ¿Qué iban a cazar entonces? ¿Berberechos del Mar Menor? Y en política, antes, durante y después de Iván Redondo, siempre hay ventas de ideas y demagogia, mentiras y trincheras, guerras relámpagos y mentiras sanchistas. Muchas mentiras sanchistar. Empecé a ver The Minister el mismo día que el Marqués de Galapagar hizo público que decidía presentar su candidatura a las elecciones autonómicas madrileñas. Curioso, que no casual, que las casualidades no existen. Y en The MInister también hay teología y referencias varias. Acusan, como buenos acusicas (señalar es de buena educación, rígidos índices al son de Joaquín Rodríguez), de ser al tipo que todo lo come de "Profesor de Teología". ¿Qué tiene de mala la teología? ¿Y las morcillas? Y pastores en mitad de una tierra olvidada en muchos lugares de la mano de Dios, y un padre que pastorea y no siempre el rebaño acude a su ayuda, y un piano de cola real como asunto nacional, y las relaciones Iglesia-Estado (confiscaciones de tierras incluídas). De todo hay en la viña de The Minister. O de casi todo. O cualquier cosa. ¿Somos más de Sancho II o de Alfonso VI? ¿De verdad que somos más de Sancho II, no? Bueno, da igual. También tratan el tema de cambiar la constitución (que suenen violines) y de la construcción de hoteles entre pájaros, y obras del pasado que se intentan recrear en el presente. Pero el pasado es un mal aliado del presente. No se llevan bien. Hay recelo. Dudas. Y a partir del ecuador de la temporada, ya vemos que el loco está de ministro, que no es el ministro el que está temporalmente loco. No. Son cosas distintas, deportes distintos, juegos diferentes. Y salen lágrimas y mierdas varias. Y mientras la locura se apodera de la serie, se siguen metiendo (con más o menos calzador, todo hay que decirlo) asuntos de actualidad como el de los sin papeles, el de los permisos de residencia, el de la falta de personal médico... Pasa aquí, allí y en mitad de cualquier lugar medianamente civilizados. "Si la humanidad no tiene cabida en el esperpento, ¿qué supone la burocracia". De capítulo en capítulo hay moralina de pinball en The Minister. Y cuando la locura va asciendiendo en su Everest particular, sacan el tema del euro y la moneda que es mejor para Islandia, y ridiculizan a la UE (bilis para todos, que todo no es Úrsula en Turquía). O sí. ¿Qué pensaría el hombre de la camisa verde sobre la salida de la Unión de España? Nunca lo sabremos. Lástima, siempre hay que decir lástima cuando nos acercamos al inicio de Roland Garros. Visiones, dolores, niños por venir, milagros que se aparecen y salmos que recitar en mitad de recuerdos de la crisis de 2008. Monedas débiles y Tesoros vacíos y visiones irresponsables en medio de un crecimiento negativo (que vuelvan Solbes y De Guindos y Montoro...). No. Lo pienso y mejor que no vuelvan. No hace falta. Y ahora que hay que soltar la palabra "empoderamiento" en cualquier lugar, también The Minister habla de poderes sobre las personas, de incapacitar a personas, de meter en veredas a maniacos que conducen países. No sé lo que pensaran los politólogos de series como Borgen o The Minister, pero tampoco me interesa la opinión, porque "cerca de mí, Señor...". Una buena temporada la primera de The Minister aunque peque de soberbia.

14 de julio

No me ha gustado tanto como La batalla de Occidente. Menos que El orden del día, pero es que estamos hablando de otro nivel. Eric Vuillard se centra en aquel martes que cambió la historia de Francia y del mundo, aunque luego media Francia y medio mundo estuvieran en contra de aquel cambio en 14 de julio. Empieza EV hablando de casas de recreo, "el reino burgués de la segunda residencia". Ahora, en plena cuarta ola pandémica, los burgueses, los nuevos burgueses, los resistentes a la resiliencia, ya pueden ir a la casa del campo, al huerto, a la playita. Mierda sobre mierda, mentira sobre mentira y tiro porque me toca. Y sí, recuerda para empezar la historia de 14 de julio la bajada de salarios que un rico pide en su manufactura real de papeles pintados. Y tirando del hilo, llega al 14 de julio. Decía José Perona que "las tradiciones son modas envejecidas". ¿Por qué pintar papeles? Dice EV que esa costumbre la inició la chica de los Converse, María Antonieta, con las paredes de su tocador, y que luego, pantalón campana sí, pantalón campana no, la moda pasó a Europa. El color pulga, ni más ni menos. La moda. Y de los papeles tintados pasó a la fábrica de salitre, y el hambre también pasó de unos a otros, y se iniciaron motines de hambre. Pero los promotores de las bajadas de salarios sufrieron en sus carnes sus consecuencias. Y con estas jodiendas, en abril del 1789, se da comienzo a la Revolución Francesa. Casas y negocios destrozados, muerte y chusma, hambre sobre hambre. Compara los muertos del 28 de abril con los del 10 de agosto de 1792. Y los hermanos reconociendo al suyo, a sus genes, en la morgue. Y pone énfasis EV en la deuda estatal mientras Versalles se sigue comiendo el presupuesto. "El palacio es una obra eterna", escribe el autor. Añade: "Y hasta el final, hasta la Revolución, Versalles será una derroche innumerable de servidores". Y mientras, como la España de Rajoy, de Zapatero, de Sánchez, "Francia estaba empeñada hasta el cuello". Se pasa por encima o por debajo, pero luego están las alianzas de civilizaciones de turno en la que te metes, jardines ajenos en las que quieres poner tu helecho propio: "Lo que costó más, lo que realmente se tragó el Tesoro fue la participación de Francia en la Guerra de Independencia de los Estados Unidos". Incluso pone cifras EV, situando lo que suponía el mantenimientos de los luises y sus cortes, entre el 7% y el 10% del presupuesto estatal. Una décima parte para alfombras y dorados, para candelabros y diamantes, para zapatos y papel pintado, para juergas de casino estatal pagado por los alfareros y los vendimiadores. O no, vaya usted a saber. Y les pone cara a esos despilfarros, como los 4 relojeros de cámara del rey (tic, tac, tic, tac, Pablo, cobrando ahora mismo su sueldo como exvicepresidente, ya sin saber cuántos salarios mínimos son los cinco mil y pico euros de casta que cobra al mes por ser un ex...). Y al más puro estilo Montoro pepero, tocaba subir impuestos: "Y mientras los príncipes nos se privan de nada, las finanzas del reino se agotan; Francia ayuna. Comienza entonces una furiosa y caótica caza del impuesto". Y empieza a enumerar EV bancarrotas y miniestros, los dos años de Turgot, el tiempo de Necker y Calonne, la vuelta de Necker "para tranquilizar la Bolsa, pues entonces era ya la Bolsa la que tomaba el pulso del mercado": Ya lo dijo Rato: "Es el mercado, amigo": El puto mercado. Y habla el autor de la especulación con la deuda inglesa y la francesa: "La ganancia es una melancolía sin media, toda la decepción del mundo se traduce en el poder de vender y de comprar". Y bancarrotas. Esa parte es la que más me gusta del libro, luego se enreda en detallar con minuciosidad cosas que no siempre importan, o si importan pero de otra manera. Relata también la Convocatoria de Estados Generales, con ese 4 de mayo y sus 1139 diputados (alegría), y la transformación del Tercer Estado en Asamblea Nacional, y la destitución de Necker por Breteuil. Y más frases de EV: "Resulta increíble la cantidad de tartamudos convertidos en oradores y la cantidad de malos alumnos convertidos en escritores". Viva Camille Desmoulins. Viva la patria, y los guardias descontentos unidos a los rebledos, y el insomnio ("no dormir es vivir en la muerte"). Importante el factor del calor para la locura colectiva, para la jodienda entre las jodiendas, para el más allá en el caos". Y como recuerda el autor, la toma de La Bastilla de 1789 no fue la primera, recuerda la de 1588 y la de tiempos de Enrique IV. Pero el ámbito parisino no es el mismo, ha cambiado: "Cada ciudad es una reunión de emigrados y errabundos, la cuna de todos los apátridas". Y añade EV: "El 14 de julio, Babilonia será más fuerte que el diluvio, más viva que la hoguera, más ruidosa que las trompetas. Ahora la ciudad es inmensa". ¿Pero no se ha escrito lo suficiente sobre 1789? ¿No se ha escrito todo sobre la Revolución Francesa? EV cita a Michelet, aunque también dice que "hay que escribir lo que se ignora". Será por factores. Y también recuerda a los protagonistas, ale emisario Thuriot La Rosiere. El hombre de la camisa verde me preguntaba alguna vez: ¿Quién en condiciones normales no hubiera votado matar a ese rey? Y aunque la gente en el pueblo no lo supiera, él si había leído a Vovelle y a Soboul. Y luego, los factores, el arsenal, el puente levadizo que se desploma, los cadáveres, Ethis de Crony, Luois-Lezin de Milly, las tablas y todo lo demás, también. Un buen libro aunque no redondo, como una revolución necesaria repleta de imperfecciones.

Escuchando

No tengo ni idea de toros. Antes, cuando había toros en Tele5 y Antena3 y en TVE, los veía. Pero siempre hay que escuchar a personas que saben de algo de lo que tú no tienes ni pajolera idea.

Shitsel. Tercera temporada.

Volvió, con salto temporal en todos los sentidos, la tercera temporada de Shitsel, dejando puntos suspensivos y con ese regusto amargo de renuncia continua. ¿A qué cantidad de cosas debe renunciar una persona por pertenecer a una comunidad? ¿Qué poder tiene el pasado en nuestras imágenes cotidianas? ¿Podemos renunciar a los recuerdos? ¿Somos capaces de poner nuestra supervivencia por encima de nuestros ideales? ¿Somos capaces de poner en tela de juicio nuestros principios existenciales por tener algo parecido a la infelicidad? Al final, a todo se acostumbra uno: la enfermedad, los prejuicios, la soledad, el dolor, el rechazo. Sobre todo, el rechazo. En la tercera temporada de Shitsel se reflexiona mucho sobre el rechazo, sobre la incapacidad de respuesta ante un no, sobre la resistencia moral ante los problemas. Una y otra vez, luchar, luchar y volver a luchar, aunque “el ajo es bueno para tomar decisiones”. Y si hay problemas dialécticos, flores: “No hay discusión que una planta no pueda zanjar”. O sí. Caminos largos, caminos cortos, padres enfrentados a sus hijos, hermanos enfrentados con hermanos, familias en disputa por temas que no deberían ser vitales. Una buena temporada para pensar sobre la lucha entre las decisiones equivocadas y las erróneas, entre lo que pensamos que nos puede venir bien y en lo que realmente nos afecta para seguir respirando.

jueves, 8 de abril de 2021

El orden del día

Siempre dudo con Occidente o con occidente, pero resulta que lo que faltaba era la última de Vuillard. Con un par. Intentaré no equivocarme mucho esta vez. Pero la gran pregunta que empieza a hacer el autor, al que no escribí en la anterior entrada sobre La batalla de Occidente su última letra, es el motivo de reunirse con un tipo como Hitler un 20 de febrero de 1933. Reunirse con Hitler y con los antecedentes que tenía. ¿De verdad que la reunión de esos magnates alemanes de la industria no tenía contrapartidas? ¿Ninguna? ¿Se puede mirar para otro lado? Cuando explico en 4º de ESO o en 1º de Bachillerato las dictaduras iniciadas por tipos como tito Adolfo o melenas Benito, les intentó hacer reflexionar a los alumnos sobre las motivaciones que hacen que millones de personas voten a tipos así. ¿Por qué? ¿El motivo? ¿Los motivos? ¿Dinero? ¿No estaban podridos de dinero? ¿Avaricia? ¿Pura avaricia? ¿Trabajar para qué? ¿Para disfrutar? Empieza Eric Vuillard (esta vez sí creo haberlo escrito bien) con una frase sobre el trabajo, que suena a vieja oración de lesión rotuliana de alguien que pasó media vida de pie en su factoría: “La mayoría pasó la mañana arrimando el hombro, esa gran mentira decente del trabajo”. ¿Qué querían los tipos de Krupp, Siemenes, Opel, Shell, Telefunken, BMW, Agfa, IG y otros más? ¿Qué podían pedir a cambio? Empresas que reconocemos todos, o por lo menos todos los que las reconocemos. Pero no hace falta marchar a Alemania, piensen en los 60 en España. Escribe EV: “Las empresas no mueren como los hombres. Son cuerpos místicos que no perecen jamás”. Leo eso y pienso en el cordero místico, en un cuadro con el careto del Conde-Duque de Olivares, en un triple de Stephen Curry. ¿Qué podían esperar 24 tipos con todo lo inimaginable en el Palacio del Presidente del Reichstag? Estoy viendo la serie islandes The Minister y todo esto me parece un chiste, pero no es plan de hablar ahora de gordos pianistas bipolares, sino de un enano nacido en Austria que llevó al mundo al abismo. Pero pensemos en el coche de alguien, que yo no tengo coche. Mi padre si tuvo un Astra, y él y yo lo llevamos al lugar del desguace. Se desguazan coches, pero escribe EV que “la compañía Opel es bastante más vieja que gran número de Estados”. Y es verdad. Nos han gobernado y nos gobiernan las corporaciones. ¿Qué sería del tipo de las homilías vacuníferas (creo que ha sido Alsina el que lo ha definido así esta mañana) sin sus empresas del IBEX35 dueñas de los periódicos que jalean sus andanzas? Nada. No sería nada. Ni manual de resistencia ni amigas que colocar gabilondeando. Nada. También, antes y después, saca en escena EV a Göring. A Göring. Casi nada. Y habla el autor de la financiación de las elecciones para los nazis. Dinero, dinero, dinero. Lo mismo de siempre. Hay que vender aparatitos. Y muchos. ¿Y eso lo garantizaba Hitler o cualquier otro enano rumbero? ¿Seguro que no? Fuera libertad, fuera sindicatos, fuera comunistas, fuera independencia, fuera pensamiento plural. Fuera todo eso, que había que vender poleas y cadenas, estupidez e ignorancia. Hablamos de corrupción, de FILESA y Gurtel, de los ERE’s andaluces y de desalonizadoras. De lo que haga falta. Lo resume EV: "Lobbyn, gratificación, financiación de partidos”. Me da igual que unos pagaran más o menos. Eso en Alemania. Después de preguntarse y responderse, EV sigue con lo que quedaba fuera. Si de puertas adentro todo era balsa de aceite prothitleriana, fuera no iba a ser menos. Y el autor de El orden del día pone nombres y apellidos en los responsables de una errática política de apaciguamiento, de mirar para otro lado, de escurrir el bulto (Chamberlain, Halifax y demás jalea infecta que pensaban que si no hacían nada evitarían que Hitler sacase cojones para hacer lo que hizo). Y nos pone en antecedentes EV: ¿Qué se hizo con la anexión del Sarre? ¿Cómo se respondió? ¿Y con la remilitarización de Renania? ¿Y con el bombar deo de Guernica? Halifax y Göring de charla, como si no pasara nada, de charla amigable. Mientras no me toque a mí, mientras no lleguen a las islas, o a Francia, o a mi casa… Intermediarios válidos, que ahora llama la prensa a estas cosas. Intermediarios válidos… En fin. Y tipos como Halifax, nos recuerda EV, tuvieron los arrestos de contar estos asuntos en sus escritos… Con un par, pero la balanza no aguanta el peso, como bien recuerda Don Eric poner énfasis en la negativa de Halifax como ministro del ramo financiero inglés en la ausencia de auxilio a una Irlanda que se moría de hambre… No todos somos iguales. El rasero indie, que decía el otro comparando a Los Planetas con otros grupos… Nada es comparable. Nada. Y pasa EV a enumerar las intimidaciones hitlerianas, como cuando un 5 de noviembre de 1937 hace saber (en plan medieval, vociferando con las ventanas abiertas desde el centro de Europa igual que hoy lloraban en Múnich por la victoria del PSG en Champions) que iba por Austria y Checoslovaquia, que en su ceguera dialéctica tenía que invadir Austria y Checoslovaquia, que había un espacio vital y que estaba obligado, como buen samaritano, de no dejar títere con cabeza en la oposición dentro y fuera de sus fronteras. Y cita más hechos que el resto de Europa no debió permitir como el incendio del Reichstag, o el inicio de Dachau o pasar de fértil a estéril a miles de enfermos mentales. Diga 33 muchas veces. 33 veces 33. Y luego otras 33. Y muertes ajenas como propias, como el asesinato de Dollfus en Austria por nazis de lo que fue la marca osterroica. Y mete también en la coctelera del nazismo el papel de Mr. Estornudo (Schuschnigg), el autriaco canciller que recogió en sus memorias tituladas Réquiem por Austria sus andanzas, entrevistas y tiras y aflojas con el del bigotito. Recuerda EV las exigencias que hizo Hitler a Mr Estornudo en aquella reunión “informativa” que tuvieron, como autorizar las ideas nazis, que distintos nazis ocuparan lugares de responsabilidad (Seyss-Inquart fuera ministro de Interior, Glaise-Hostenau como ministro de la Guerra y el Dr. Fischböck también entrara en el Gobierno, que sacaran a los nazis encarcelados…) Por pedir que no fuera. ¿Y se podía oponer? ¿Se podía hacer el intento de oponerse a Hitler? ¿Hubo huevos o solo política de apaciguamiento? Apostilla, otra vez, EV con el nombre completo: “Cuando los gángsteres o los locos furiosos sonríen, cuesta oponerles resistencia”. Va dando saltos el autor, y poniendo a algunos de estos protagonistas de la gran farsa ante el juicio de Núremberg, sonrisas y lágrimas, con momentos The Wire de escuchas y transcripciones, pero sin McNulty haciendo de las suyas. No. Todavía hay que esperar a que Dachau se convierta en Baltimore, pero siempre hay un Omar jodiendo la marrana. Recuerda también EV el final en USA de Mr. Estornudo, aunque también pasó lo suyo, y culpa directamente a los que con esa farsa del apaciguamiento permitieron el desastre. Aparece en el relato (¿se puede decir relato después de lo de ayer de Vallecas?) Ribbentrop, embajador del Reich en Reino Unido antes de ser nombrado Ministro de AAEE, un tipo al que EV ilustra con sus palabras: “Había llamado la atención de Hitler (…) en medio de lo que era su partido, un atajo de bandidos y criminales”. ¿Pero de verdad se convirtió Alemania en millones de bandidos? ¿Eran todos criminales? ¿Cómo cojones se llegó a tal situación? Y ya, sin frenos, la BlitzKrieg (cita EV a Guderian, su ideólogo) y el Anchluss, ante un ejército que no era lo que parecía. Pero es que al principio nadie opuso resistencia. Nadie. Escribe EV: “El mundo se rinde ante el bluff. Incluso el mundo más serio, más rígido, incluso el viejo orden, aunque nuca cede cuando se exige justicia, aunque nunca se doblega el pueblo que se subleva, sí se doblega ante el bluff”. Y luego la parafernalia, la importancia de la propaganda y la publicidad goebbleliana. Todo propaganda, con aquel discurso de Hitler desde el balcón austriaco y la Conferencia de Munich (que si la explico en clase, sí), con la foto de los caretos de Chamberlain y Daladier junto al melenas y el bigotito. Y de ahí, a millones de muertos. Y más muertos y la pantomima del plebiscito austriaco (algo así como un 99,75% a favor). Recuerdo que en No me digas que fue un sueño, los tres capítulos del Videodrome de Radio 3 que dirige Gregorio Parra, se puso énfasis en la desaparición del número de suicidios de varios países comunistas en la segunda mitad del siglo XX. Como si no hubieran existido. Nunca. Y comenta EV que también fue un estigma, que se convirtió “muy pronto, anunciar un suicidio en la prensa se convertirá en un acto de resistencia”. Mejor no, que a lo mejor a alguien se le atraganta la tostada escuchando música clásica. Mejor no. Y no es anecdótico lo que cuenta EV, que a los judíos de Viena les cortan el gas. ¿Motivo? “Porque se suicidaban preferentemente con gas y dejaban las facturas sin pagar”. Viendo lo visto, mejor que no se nos olvide este dramón. El orden del día es un libro que hace justicia, que señala aspectos de un pasado que no deben ser olvidados, de frases que se deberían repetir a diario mientras nos subimos al coche, encendemos la máquina de coser o vemos la batería de nuestro aparatito favorito.

La batalla de Occidente

Cavar, cavar y cavar. ¿La Primera Guerra Mundial? Cavar y seguir cavando. La batalla de Occidente de Eric Vuillar es uno de esos libros que te hace meditar el motivo que lleva a una guerra. Los motivos. La incoherencia. ¿Se escribe así? Creo que sí. Da igual. Cavar, cavar y cavar. Empieza hablando de primos reyes, citando a Guillermo II: “La guerra será fresca y gozosa”. Esos primos (¿o deberíamos decir primates?), nietos de la gran Victoria, uno alemán, otro inglés. Y acaba hablando de J.P. Morgan y de los asesinatos de Garfield y McKinley. Todo un círculo: cavar, cavar y cavar. Habla de los dirigentes barbudos que nos llevaron a la I Guerra Mundial, prehipsters en un mundo que ahora es una mezcla de Homo Antecesor y de teléfonos inteligentes para analfabetos funcionales. ¿Pero no eran también una panda de palurdos aquellos que nos llevaron a la IGM mientras estaban de vacaciones en playas gabachas? Contaba Del Nido que Gil y Juan Muñoz no hubieran dado aquel espectáculo televisado si el no hubiera estado de vacaciones. ¿Dónde estaba? Pues no lo sé. También habla Vuillar en La batalla de Occidente de los colores de las guerras y del nombre del barco de J.P. Morgan, Corsario. Corsario. Y, según cuenta Vuillar, se jactaba de ser descendiente del capitán Morgan. Robar, robar y robar. Porque en las guerras, aparte de cavar, cavar y cavar, hay mucho de préstamo y robo. También escribe Vuillar en este maravilloso librito de la escuela de guerra prusiana desde 1910 y del efecto que hacen esas dos palabras juntas en una misma frase: escuela-guerra. Como decir Rocíito (nunca sé donde narices poner el acento en la Carrasco) y publicaciones, como decir Busquets y piscina, como escribir selectividad y talento. O no. ¿Quién dirigía un ejército de la IGM? Eso nos lo cuenta EV: niños bien hasta unos años antes, hasta que la guerra francoprusiana de 1870 cambió muchas cosas. También me pregunto yo muchas cosas cuando digo Sedán en una aula de Alquerías y a la mayoría les importa una mierda: Sedán y Alquerías. Pero siempre hay algún alumno que te sorprende. O no. “La guerra es una inmensa empresa que se prepara sin cesar”, escribe EV al principio de LBDO. Cavar, cavar y cavar. Hasta del dios Moloch se acuerda. Pero entonces, también hay que hablar de Sarajevo y de Schilieffen, (¿se escribe así, profe), ese “enjuto anciano avinagrado”. No mojamuto. No. Todavía no estamos hablando de las ratas, pero también habla EV de las ratas, de las ratas que comían en las trincheras. ¿Por qué cavar, cavar y cavar? Para hacer trincheras. Esa victoria rápida que pensaba el viejo enjuto no fue así, y se alargó el asunto. También escribe EV sobre Moltke (¿hablé en Alquerías también de Sadowa?), y de lo mal que se llevaban desde siempre los alemanes y los franceses. ¿Somos más de Griezman o de Muller? Y mete también en la coctelera más factores: “Todo ello no es sino la consecuencia del maremoto revolucionario: una exaltación de la cultura, que no suele ser más que la tradición disfrazada”. Y ahora que hablamos de Comunismo o barbarie, de Ayuso y del farinhístico Iglesias, también nos recuerda EV el factor del populismo: “El populismo será una manera eficaz de remedar la democracia, conservando todos los valores del viejo orden”. Fácil, porque todo es mentira. Siempre es mentira. No podemos creer nada. Y para ponerle más pimentón (picante, por supuesto), agrega a la recta el nacionalismo: “El nacionalismo imitará el fervor de los nacionalismos republicanos sin las ideas políticas de la revolución”. Creo que era así la frase, que estoy escribiendo muchas cosas de memoria. ¿Y qué fue Sarajevo? ¿Qué fue aquel junio de mierda? Pues otra gran mentira, y hasta de los orígenes de la esposa del archiduque se acuerda (de la que yo no me acuerdo en mis clases, o cuando doy algo parecido a las clases), que era de sangre noble pero no real. Que no es lo mismo. Y se acuerda de los hijos de aquel matrimonio, y como dos de ellos acabaron en manos de la Gestapo en 1934, limpiando mierda y llevándolos a la locura. Y también nos recuerda EV los nombres de los que montaron el asesinato, como si del quinteto de un equipo de baloncesto de Split sorprendente se tratará. Tres puntos, colega. Hasta se acuerda del darwinismo “brutal y zafio” que llevó al mundo a la IGM. Y también nos recuerda el asesinato de Jaurès, y de como su asesino se refugió en Ibiza tras el paripé carcelario y acabó asesinado a su vez en el 1936 español: curioso, que no casual, que las casualidades no existen (el hombre de la camisa verde no estaba siempre de acuerdo con esta afirmación). Crisis sobre crisis. Define a esas realezas sin reales huevos, a esos “Luis XIV de bazar, viejas malas razones de Estado”. Ya no hay nada sagrado en ellos, según EV. Y apostilla: “Ni bombonas de agua bendita bastarían para hacer de esos príncipes otra cosa que majestades de folletín”. Cavar, cavar y cavar. Sigan cavando, que dice Nadia Calviño que los resultados van a ser malos (los de marzo 2021). Pero sigamos, que EV tiene para todos. Recuerda el bombardeo de la iglesia de San Gervasio un Viernes Santo (sin Salzillos, que ordinariez), y de la inflación, y de los obuses de 900 kilos y del ruido de la guerra. El puto ruido de la guerra en el continente que hasta en las islas británicas se escucha. Cavar, cavar y cavar. Esos obuses tratados por manos femeninas. Las ciudades abandonadas, como Lille. Y el agotamiento, no solo de cavar, cavar y cavar. Y las condiciones climáticas, esas que también nos recuerda EV: “El gran invierno gélido de todas las guerras que se prolongan más de un verano”. Y el símil de los caracoles, y los campos de deportados (antesala de comunismos y fascismos) y de los mutilados sin rostro en plan Boardwalk Empire y de las facturas. Todo es mentira, pero las guerras dejan millones de muertos de verdad. Cavar, cavar y cavar, pero que los banqueros siempre ganen. Y apostilla EV: “Y es que el dinero y la sangre siempre se intercambian y se vierten –vencimiento, plazo, muerte--, y rigen sobre el número y el tiempo. Un libro excepcional.

sábado, 3 de abril de 2021

Ya tenemos Consejera del ramo educativo y cultural...

...veremos si tiene los 100 días, los mismos que se le deben dar a Serrano en la alcaldía postballestera.

viernes, 2 de abril de 2021

Homeland. Octava temporada.

Se cerró el círculo de Homeland con su octava temporada. ¿Valía la pena estirar tanto el drama del espionaje? Dicen en La Cultureta que, recurriendo al tópico, los espías generan más guerras de las que evitan. O tal vez no lo escuché en La Cultureta, no lo sé. Vueltas y más vueltas de Rusia a Kabul, y tipos (y tipas, que no se me enfade ninguna de las cuatro vicepresidentas de Sánchez), individuos (e individuas) que son detenidos (y detenidas), la lucha de los padres contra los hijos, atentados, espías rusos con barbas de varios días (¿podemos decir las días en vez de los días?), olvidos propios de enfermedades bipolares, presidentes poco duraderos, vicepresidentes (antes licántropos, viva True Blood), magnicidios que no lo son (o podemos ponerle otro nombre), desapariciones y dramas (o dramones) televisados. De todo hay en la tele yanki, hasta leyes marciales. Y más frases para repetir con o sin motivo aparente: “Un rescate fallido puede una hundir una presidencia “(pero no dice “Dame cacahuetes, Jimmy). No. Hasta tipos que nos recuerdan a persecuciones y platos hannibalísticos nos los ponen de asesores presidencial. Jesús, aparta de mí este cáliz. “Siempre hay sangre en las calles”, y, como buen Viernes Santo, bien vale recordar estas frases del pasado. ¿Por qué los líderes talibanes parecen la tropa de Jesucristo y los apóstoles? ¿Hay motivo? ¿Y la Virgen del Jilguero? ¿Por qué no sale la Virgen del Jilguero y sí unos tipos negratas en Moscú dándole al jazz fusión? Usados y subestimados, pobres espías. Zolpidem para todos. ¿Qué libro dejarías de leer para ver la octava temporada de Homeland? Pues depende del libro, la verdad. Aunque cuando dice Carrie que “podría abrir una farmacia”, te da la risa floja. ¿De verdad hubieran dejado a una loca de manual seguir con sus fechorías majaretas tanto tiempo? ¿Por qué el moño no tiene femenino? ¿Es moña? ¿Moña no es otra cosa sin pelo? ¿Por qué en el moco de pavo no hay plumas? ¿Por qué la caja negra es roja en la octava temporada de Homeland? Más frases: “La verdad no sirve si nadie esucha”. Todo es mentira. Siempre. Fronteras, coches bombas y profesoras de inglés, de todo hay entre Pakistán y Bangladesh. Grandes fronteras, y vaya recreación tan recurrente del Berlín de los 80’s. Vaya tela. Traiciones y más traiciones y más frases: “Todas las guerras deben ser vendidas”. O no.