Los últimos michirones de 2016

Y, desde el otro lado, llevan la firma de Isabel Ruiz Pedreño.

viernes, 30 de diciembre de 2016

The Young Pope. Primera temporada.

Desde el principio todo es distinto en la primera temporada de The Young Pope. Suena distinto. Los verdes son distintos en los jardines del Vaticano. Las malabarísticas naranjas son distintas. Y todo es una gran mentira, porque el Vaticano es la MENTIRA. Lo dice alguien que va a misa los sábados, algunos domingos, algunos días. Una cosa es la institución, otra la mentira. La gran mentira. Y puestos a contar mentiras, hay que dar(les) mucho barniz. Toneladas de barniz. Barniz del que huele bien. Pero también del otro. The Young Pope es política, pero la peor política: la de puñaladas traperas con ropa cara, con alzacuellos nada baratos, con puñales de plata y oro, con sangre cara. Reiremos sobre la elección de Trump cuando pasen unos años; reiremos (o no tanto) sobre poner zopencos zapateriles y rajoyescos al frente de un camión sin frenos llamado España; ¿reiremos cuándo en Francia gobierne Le Pen con tinte rubio caro y zapatos hechos por negros? Las risas en política, en religión, en fútbol y medicina tienen un precio. La ley de la oferta y la demanda en política, religión, fútbol y medicina es demasiado cambiante. Maradona, San Pipita, Verrati, Ganso, Nasri, Isco. Todo producto es cambiante (menudo delirio). O encontrar a Dios en un bar esrilianqués (o como se diga), junto a un alemán que pretende imitar a un Hannover, ernestiano o descendiente de la reina Victoria o vaya usted a saber de quien. Hay cafés y obsesiones (¿seguro que el azúcar de caña es una obsesión juvenil?). Gran pregunta papal : ¿Te regocijas en la bellezas? Será por preguntas papales, por argumentaciones papales, por jardines papales, por el canto de los mirlos del jardín papal, por la presuntuosidad papal, por la esterilidad de las rubias. Y no hay que perseguir a ningún fallecido, por si vuelven. Y bautismos entre llantos, con haches o sin haches. Y aquella mujer barbuda de las oposiciones, siempre presente. Y el Secretario de Estado vestido con la indumentaria napolitana, antes y después de que el Santo Padre le pase el zapato rojo por el hombro. ¿Qué fue de la marginalidad de la Iglesia? ¿Cuál es el propósito de los sacrificios? ¿Qué estrategia deben seguir los cardenales? ¿Qué ocurre cuando las iglesias están vacías? ¿Por qué ya no hay curas? ¿Por qué ya no hay misioneros? ¿Por qué ya no hay chicles de clorofila? ¿Por qué Iglesia y corrupción aparecen muchas veces unidas? ¿Por qué la farsa se olvida de la realidad? ¿Por qué no sale Mou preguntándose cualquier asunto imposible? Rosarios para todos, entonces. O tal vez, no. Cantaban Los Nikis en No vuelvo a ir a Benidorm aquello de "Herodes, ven, por favor". ¿Por qué ya no se enseña el noble arte de la coctelería? ¿Por qué no maduran nunca los sacerdotes? ¿Por qué se impiden asuntos manifiestamente prescindibles desde La Iglesia? ¿La Verdad? ¿Conocen los miembros de La Iglesia la piedad? Decían en JFK que "la traición no prospera porque si no ya nadie la llama traición? ¿Por qué el Papa tiene los calcetines del revés? ¿Por qué el pecado genera pecado? ¿Tenemos que conformarnos con lo que tenemos? ¿Asociar buen humor con estupidez? ¿Dolor en mitad de ninguna parte? Coda: ¿Y este es el desahucio eclesiástico merecido? Coda 2: ¿De verdad que todo tiene un precio? ¿Tanto castigo para los pecados del pasado?

jueves, 29 de diciembre de 2016

El carmín y la sangre

Estira mucho el chicle al principio Montero Glez en El carmín y la sangre antes de llegar al lío gibraltareño de Ian Fleming, el señor Donovan, espías que citan a James Joyce y Dylan Thomas, y llega a meter en el lío hasta el célebre Ignacio Molina. Penoso que no nos hablaran de ellos en la Licenciatura de Historia en la Universidad de Murcia, pero es que mucho más interesante hablar sobre la emigración murciana a Marruecos desde febrero del 41 a marzo del 48. Interesantísimo. Pero una vez que entra en materia, le da hilo a la cometa como Dios manda, con una guapa Petenera que te mete en líos, en barcas y en lo que haga falta. Tardaron los yankis en llegar, pero menos mal que llegaron que si no hoy todos hablaríamos merkeliano. O tal vez, no. Nunca se sabe, pero meter guerras y parlamentos en la misma frase no siempre es fácil. No es fácil hacer ver a los claveles que los rifles, de vez en cuando, son necesarios. Y las mentiras (bien) disfrazadas son absolutamente necesarias en las guerras. Imprescindibles. La guerra, ante tipos como Hitler, es un mal necesario, a la altura de los entrenadores de fútbol y de los profesores de Historia en 4º de la ESO. También imprescindibles. Gibraltar, Estoril, Nueva York, Algeciras y tiro porque me toca. Pero luego todo se tuerce. Todo se va a tomar viento. Fleming cambia de tercios, de banderillas, de agujeros que cerrar, de almohada y de limpiabotas, que a fin de cuentas es lo mismo. Y las implicaciones de España. ¿Por qué no entró España en guerra como quería Serrano Súñer? ¿Por qué algunos alemanes no querían que España entrara en guerra? ¿De verdad qué el motivo era el reparto posterior al posible triunfo italogermano? Será por hipótesis. Pero todo eso es como escupir en el Estrecho: no sirve de nada. Todo es mentira en el balanza de los espías, de las entrepiernas, de los telegramas, de los casinos, de las barras, del morse del taconeo, de las mentiras con sello oficial y de las andanzas de los embajadores. Aderezadas, pero grandes mentiras a fin de cuentas, a fin de novelas, a fin de relatos con los que llenar periódicos e imaginaciones. Mucha guerra para tan pocas neuronas, que decía un profe de cuyo nombre no debo acordarme. O tal vez, sí. Herodes no hizo suficiente trabajo. No hubo suficientes abortos entreguerras. No los hubo. El número debió multiplicarse, como los torpedos de los submarinos. Y el famoso bombardeo italiano de La Línea de la Concepción de julio de 1941 en el recuerdo, como todo el pasado, hecho diapositiva, hecho dolor, hecho guerra mundial. Y La Petenera, la más grande en La Venta Vargas y en los cuartos oscuros y menos oscuros, y las vergüenzas que duelen hasta que dejan de doler. Y en los pasillos, y en las duchas, y en los anuncios de los periódicos encuentras de todo. Lo mejor, cuando uno pueda, es retirar(se), abandonar(se) a los placeres y olvidar la derrota. Sí, la derrota. Porque siempre perdemos. Siempre salimos perdiendo.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Muerte en León

Nada como un viernes por la noche para empezar a ver Muerte en León. Una cosa es lo que vemos en los telediarios, informativos, periódicos, radios. Y, cuando empiezas a ver Muerte en León, te entran las dudas. Lo que parecía sencillo, se vuelve difícil. Raro. Incomprensible. Mentiras. Discretas e indiscretas. Todo se vuelve brumoso. Demasiado brumoso. Niebla sobre niebla. Ojos cerrados. Venganzas. Historiales de internet. Balas. Ruidos. Puentes. Testimonios. ¿Es creíble que toda esta historia la tramen tres mujeres simplemente por venganza? ¿En un mundo civilizado llegamos a este nivel? Los tres primeros capítulos dejan muchos suspensivos, pero en el último cuarto de hora del último y cuarto capítulo, te entran los escalofríos. Hay que verlo. Cuando los conductores de la producción cruzan los datos telefónicos, empiezan a surgir dudas. Empiezan a surgir cuestiones. Empiezan a surgir preguntas. Ruegos. Una cosa son los enemigos políticos (dentro y fuera del partido, sobre todo dentro), y otra llegar al asesinato en pleno centro de una ciudad civilizada. De traca. Lo dicho, no solo son los testimonios. El odio. El caso de oposiciones con resultados manifiestamente dudosos (hecho que ocurre en toda España, por cierto, con la fortuna de los hijos de alcaldes, de concejales, de números equis de ciertos partidos en ciertas provincias, en ciertas diputaciones, en ciertas comunidades, en España). Demasiadas dudas. Demasiadas. Son de esos juicios que parece que no acaban nunca. ¿Pero ha acabado? Los personajes como Isabel Carrasco llegan a la política para quedar(se). Es difícil que se vayan. Cuando se van, las marchas son sonoras. En este caso, la marcha no fue voluntaria. Muerte en León hace un esfuerzo por resumirlo y que lo entendamos y que hagamos nuestra interpretación. Y sacas la conclusión en primera persona del singular, sacas una conclusión en la que no hay buenos ni buenas pero no están todos los malos. Aquí faltan muchos malos, muchos inductores, muchos cómplices, muchas voces que dieron empujones a personas a hacer una locura, una temeridad, un crimen. Un maldito crimen. El infierno es una cosa muy personal, pero nadie se merece una muerte así. Nadie.

Bosch. Primera temporada

Desde el primer capítulo de la primera temporada de Bosch, te das cuenta de que el señor detective de marras está casado con su profesión. Vive por y por el trabajo. Obsesionado por su pasado y por las procelosas influencias que el pasado tiene en el presente. Un malas pulgas, que se lleva mal con los jefes, un tipo que no se para con jodiendas para conseguir lo que debe. Lo que debe. Y lo tiene claro, aunque siempre eso lo mete en demasiados problemas. Demasiados. A su actor protagonista, Titus Welliver, lo tenemos en la retina gracias a Sons of Anarchy, jugando a dos barajas. En Bosch lo vemos en un personaje sin límite, dispuesto a todo para sacar a la luz los infiernos de su infancia, el dolor por su madre, la angustia de sus compañeros, la inquina de los jefes, la necedad de los fiscales, los jardines a los que te lleva la política. Alcantarillas al poder, en todos los sentidos. Incluídas hijas que te llaman por tu nombre de pila. No es un ejercicio visual fácil de ver, pero de los que hay que ver. La vida en Los Angeles no es de color de rosa aunque tengas unas vistas maravillosas a la ciudad. Todo es una gran mentira en la primera temporada de Bosch. A su vera, el gran Jamie Hector que hemos visto en multitud de series, y, últimamente, en la primera temporada de Quarry. Y búsquedas en puntos suspensivos. Idas y vueltas. Venganzas. Padres con sed. Lo más sencillo es muchas veces lo más complejo. Difícil peso para tan pequeñas espaldas. ¿O era al revés? Veremos como se resuelve el entuerto en la segunda temporada. Y todo lo demás, también. Coda: Siempre hay que tener un himno para las niñas ausentes.

martes, 27 de diciembre de 2016

domingo, 25 de diciembre de 2016

¿Por qué nos gusta el santiabadismo?

Pues, básicamente, porque sí. Porque nos da la gana. Porque nos gusta el artículo 34 (y no estamos hablando de la CE1978). Porque somos de los malditos, de los mal vistos, de los que hablan a sus espaldas, de los que van en contra del viento, de los que andan hacia ninguna parte arrastrando los pies, de los que hablan mal sus compañeros, de los que van en contra de los secuaces del poder y de los adláteres del buen rollo. Y todo lo demás, es mentira.

sábado, 24 de diciembre de 2016

Quarry. Primera temporada

Todo tiene explicación hasta que se vuelve todo inexplicable. Empieza la tormenta de mierda, con doble viaje a Vietnam, ida y vuelta al infierno para encontrar otro infierno en casa. Cuando todo el mundo te da la espalda, todo el mundo te odia, todo el mundo te niega un trabajo digno, todo se vuelve asfixia. Memphis en 1972. Spitz y todo lo demás. Dramas raciales (otra vez). Tormentosa vida personal. Tormentosa vida. Tormentosa. Grandes momentos los de la primera temporada de Quarry, aunque duelan, aunque hagan reflexionar, aunque hagan daños. Hay veces que es mejor tapar(se) los ojos, poner calcetines en la boca, matar básicamente al que se ponga por delante. El drama hecho serie. A veces, es mejor no volver. Es una vuelta demasiada dolorosa. Carcajadas macabras; piscinas que reinventar; deudas ajenas que saldar; pistas con canastas de madera; autobuses infernales; armarios de sorpresa; lanchas de salvación; moteles en mitad del limbo; jefes que deseas matar. El negocio de la muerte hecho trauma. Y con himnos como los de la banda sonora de Quarry hay manera de tragar tanta bilis. Coda: ¿Qué se puede añorar la guerra? Todos los días. No somos nada sin guerra, sin lucha, sin sangre, sin dolor, sin sufrimiento. Y hay placer (mucho) en la guerra, y hay placer (mucho) en la lucha, y hay placer (y mucho) en la sangre, y hay placer (y mucho) en el dolor, y hay placer (y mucho) en el sufrimiento. Coda 2: Pero al final, todo es mentira. Todo tiene una explicación. La selva nos impide ver la droga. La selva diaria, la bruma diaria, nos hace pensar en la pequeña mentira pero no vemos la gran mentira. ¿Por qué existió Vietnam? ¿Intereses? ¿Cuáles pesaban más? ¿Nadie analiza la balanza de la mentira pequeña en contraposición a la gran mentira? Coda 3: ¿Y nuestra máscara particular? ¿Por qué nos persigue? ¿Cuánto nos hace ganar y perder? ¿Nos recreamos en esa máscara? Coda 4: Pero como antes les decía a mis alumnos, siempre nos queda Van Morrison para escucharlo en los malos días.

El castillo, la sombra y la bandera

¿Qué fue primero? ¿La sombra? ¿El castillo? ¿La bandera? ¿O fue el viento que llevó sombras de nubes? ¿O fue el viento el que movió la bandera? ¿Fue primero la rebelión? ¿Fueron antes las rebeliones que el comienzo de todo? ¿Antes de?

Se supone que es un día especial...

...un día entero de flagelación, 364 de libertad.

lunes, 19 de diciembre de 2016

191220216

¿Se puede pensar un lunes de diciembre en el que no pasas el Puerto de La Cadena? ¿Debemos? ¿Podemos? ¿A quién votar?

Enemigo público. Primera temporada.

Bélgica. Bélgica y sus bosques, y sus colgados, y sus policías, y sus cervezas, y sus abadías, y sus dibujos, y sus peculiaridades. Últimamente, con Bruselas y sus atentados y sus telones (con y sin fondo, y sus singulares leyes) parece que solo hablamos de Bélgica para mal. Y sin citar al Duque de Alba, que viene por las noches... A lo que iba, sin Montoro, que ya se encarga él de el otro IVA. Hoy toca hablar bien, muy bien, de Bélgica. De una de sus series: Enemigo público. Tiene una primera temporada digna de alabar: todo tiene un pasado, todo una explicación, todo un mal intrínseco, nada es azaroso, toda imagen tiene su explicación, todo asesinato una motivación, todo suicidio un dolor. Tiempos lineales para universos llenos de horror. Puntos suspensivos que se completan dramáticamente. Relaciones familiares que se fueron al garete, dramas de enfermedades que vienen para quedar(se). Papeles sin terminar. Incógnitas al por mayor. Carpinterías que limpiar. Herencias que no se pueden disfrutar. Discos que escuchar con una copa en la mano. Tumores que no pueden ser extirpados. Le buscamos explicaciones raras a sucesos que tienen causas mucho más sencillas. Amor, desamor, dinero, fraternidad, odio, pesadillas, invierno en los huesos. Y capítulos donde se empieza a entender todo. O casi todo. Y no andar, no vaya a ser que se joda el asunto a peor. La mejor sinopsis de la serie la hace Lorenzo Mejino en su blog. Nada más que añadir de esta primera temporada de Enemigo público.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Show sin goteras

Acompañado de María he visto el show del UCAM frente a Retabet Bilbao Basket. Es cierto que los vizcaínos venían de jugar Eurocup entre semana, pero está bien, de vez en cuando, recordar la temporada pasada. Y todo lo demás, también.

24

No. Hoy no toca hablar de series. Toca hablar de los Rockets como bien nos informa NBAManics. 24 triples en un partido. El dantonismo ha vuelto en su máxima expresión.

Evaluar hasta bien tarde

Hasta que se haga de noche y caigan chuzos de punta en territorio de la bitaifalidad. Menos mal que siempre nos quedan los Artic Monkeys.

Paternidad hiperprotectiva

Me gusta leer los domingos Papel. Por sus firmas. Y hubo un artículo este domingo de los que hay que leer y releer: Wasap de padres, firmado por Luis Martínez. Esos padres en la guardería, en el colegio, en el instituto. Jodiendo la marrana y poniendo al profesorado a caer de un acantilado, de cuanta más altura, mejor. Los listillos, ahora, son los padres. Y el emoticono de mierda (¿o era de helado de chocolate? a la hora de juzgar al profe de equis asignatura, al maestro de equis materia, a la equis de la casilla doce de la quiniela del domingo. Todo vale para emoticonear, o como se diga ese infinitivo tan de moda. Y un tipo con un helado de mierda junto a su nombre ya ha perdido, de antemano, la autoridad. Y todo lo demás, también.

National Treasure. Primera temporada

Vaya marrón al que tiene que hacer frente el protagonista de National Treasure. El pasado se hace presente para sacar una batidora de mierda que no para de crecer y crecer. Y ya sabemos como es la prensa (amarilla y de todos los colores) en las islas británicas. Cuando estás todo el día en la tele, y eres un personaje público, cualquier cosa es posible en Inglaterra. A todo comediante le toca un chiste sin gracia. Un mal chiste sin gracia final. Y salpica a esposa, hija, amigos, vecinos, taxistas, abogados. A todos. No hay delantal del tamaño de esa inmensa cantidad de basura. Y lo mejor de todo es que es real, no hay nada nuevo bajo el escaso sol anglo. Pero hay que darle a la hiel: hiel, hiel, hiel, hiel. Multiplicada hasta que se desborda, hasta que uno vomite, hasta que le salga la hiel por todos los agujeros de su cuerpo. Vaya temporada primera de National Treasure. Sale mierda y se respira solo mierda. Única y exclusivamente mierda. Pero sale sin prisa, buscando los más bajos instintos. Abuso, obsesión, palabras que se cruzan en un juicio. Lágrimas y palabras en mitad del silencio. ¿Mentiras? ¿Mocos cuando alguien dice "no tengo más preguntas"? Todo es relativo en mitad de ese silencio, de ese dolor, de la hiel y la mierda. Coda: Nada como agrandar el mito, nada como especular con gigantes barrigones con pies de mantequilla, nada como escupir en mitad del Canal de La Mancha. ¿De qué te sirve ganar cuándo estás solo?

domingo, 11 de diciembre de 2016

The Crown. Primera temporada

Siempre pensamos en Isabel II de Inglaterra como esa señora mayor que aprieta un bolso ante la atenta mirada de miles de súbditos. Pero todo es distinto a lo que pensamos. Muy distinto. No todo el mundo nace mayor. La primera temporada de The Crown deja desde el principio el listón (demasiado) alto. No sé si se cumplirá el hecho adelantado de, como mínimo, cinco temporadas más. Isabel II da para eso y mucho más. Y con todo lujo de detalles, desde la boda a la enfermedad del padre, desde pulmones enfermos y viajes de compromiso, de Margarita en busca de casado y de Carlos con orejas saltonas. Todos los detalles están cubiertos en The Crown. Hasta la niebla de diciembre de 1952 que causó miles de muertes y una crisis de gobierno, y los caprichos del duque de Edimburgo, y las perlas del cuello de la reina, y el tabaco de la reina madre María, y la nariz de la reina madre Isabel, y las alfombras y los cuadros y las velas de todos los palacios. Todo. Y el oportunismo del rey que abdicó. ¿Abdicar por amor? ¿Truco de marketing? ¿Y el duque de Edimburgo era simplemente una ameba? ¿Pasa la reina de la humildad a la superioridad? ¿El consorte de rodillas y siempre detrás? Felipe el eunuco. La reina y su autoridad. No sé cómo tratarán el Brexit en la sexta temporada. Habrá que ver las excepciones. Habrá que ver los santos óleos con Carlos de Inglaterra. O tal vez Carlos haga como su tío abuelo, abdicar antes de la coronación. O tal vez, no. Y todo se va a hacer gárgaras, o viajes con disfraces, o enfrentamiento entre hermanas, o retratos de Churchill ardiendo. Porque aunque la motivación es Isabel II, el que mandaba era Don Winston (y si el retrato debía arder, que ardiera, aunque fuera una obra maestra). Y la enfermedad, siempre presente; y el postureo sobre lo que se debía hacer y lo que se tenía que hacer, sobre lo que se debía pensar y lo que se pensaba, y sobre los caballos que debían cruzar(se) o sobre los que tenían que cruzar(se). Hay que tomar decisiones en la vida que duelen, hay decisiones que cansan, hay decisiones que solo llevan a problemas. Pero hay problemas necesarios. Muchos asuntos en la primera temporada de The Crown. Veremos que estiran el chicle en las cinco siguientes. O las que vengan

jueves, 8 de diciembre de 2016

La gracieta

Tengo que releer estas fiestas, si los higadillos y los mantecados lo permiten, Las pirañas. Mientras tanto, Miguel Sánchez-Ostiz, nos describe el panorama actual en artículos magníficos como Pícaros y tartufos. Así nos va con las gracietas y groserías de los rentistas de casino cultural y agropecuario. Ilustración perfecta de lo que tenemos.

Estatuas de mármol

Empecé ayer en una clase de 1º de la ESO con 35 alumnos (viva la Escuela de los Annales, viva lo cuantitativo, viva la medición estandarizada de alumnos peculiares y singulares y únicos en su especie en cada una de sus múltiples particularidades) el tema de la civilización griega. La gran y olvidada civilización griega. Les suena a música celestial. Algunos me hablaron de la película 300. Yo empecé hablando de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad. No había baloncesto entonces, pero si les construían a los grandes atletas estatuas de mármol en su honor. Grandes estatuas para grandes atletas. Pies de mármol para cuerpos de mármol. Ahora que se nos caen los palos del sombrajo de los futbolistas que no pagan sus impuestos, que tenemos American Crime Story (y yo sin verla), no está de mal hablar de tipos como Pau Gasol. Barbudo espigado que no es estatua de mármol en nuestro país. Muchos ni prestaron atención a un Spurs Vs Timberwolves. Muchísimos. Pero ahí, en el frío minesótico, volvió a entrar en otra selecta lista. Otra más. Puntos, rebotes, asistencias tapones. Un despiporre de datos, un despiporre cuantitativo: 19.000 por un lado, 10.000 por otro, 3.500 y todo lo demás. Gestos, rituales, momentos buenos y malos. Recuerdo el viernes tarde en el que vi la repetición del Grizzlies Vs Timberwolves (otra vez salen los fríos aullidos de MN) y aquel mate que nos dejó helados en la cara de (tenemos que hablar de) Kevin. KG. El malísimo se lo trago con patatas fritas y Andrés Montes lo narró. Que si es blando, que si no defiende, que si Phil Jackson le empujó en la eliminatoria contra unos Mavericks que luego fueron campeones. Tenemos, los que dormimos poco, muchas imágenes en nuestras retinas. A este lado del Atlántico, también. La semifinal del Europeo contra Francia y en Hollandeland, también. 40 puntos para cantar el himno francés en Vallsland: "Del cerdo se aprovecha todo, menos las uñas de los pies" (versión vía Alfredo Díaz). Ya sé que la prensa patético-franquista en muchos momentos (no sé el nombre del que acuñó "patético-franquista" pero acertó de lleno) se pasa en algunos momentos (para lo bueno y para lo malo). Pero tipos como Pau Gasol si que se merecen estatuas de mármol. Y todo lo demás, también. Coda: Malditas y benditas retinas. Coda 2: Y es una versión de aquel extraterreste, aquel bestia que nos sorprendía y nos maravillaba. Coda 3: ¿Tan mayores somos? ¿Ya no decimos Generación del 80?

martes, 6 de diciembre de 2016

Billions. Primera temporada

Empieza la primera temporada de Billions lenta. Sin prisas. Pero poco a poco se va encabronando, salen los más bajos instintos, salen a relucir los colmillos más sanguinarios, salen a relucir las mierdas más extremas. En la empresa, en la familia, en la fiscalía: todo puede empeorar. Para mal o para muy mal o para peor directamente. Nuestro amigo zanahorio de Homeland se vuelve a salir, entre discursos y arengas a los empleados de su empresa, entre momentos de lucidez y renuncias viendo Ciudadano Kane por primera vez. Siempre hay una primera vez para todos, incluso heredando el control de su empresa tras el 11-S. Conciertos de Metallica, saunas, yates. Y ya se sabe la diferencia entre el millonario y el multimillonario, como nos recuerda de tarde en tarde el gran Manuel Alcántara: el millonario pregunta el precio del yate y el multimillonario no pregunta el precio de ese mismo yate ni por curiosidad. "Quiero este yate", dice su índice. O se lo hace a su gusto en Estonia, como ocurre en Billions. Grandes preocupaciones las de los ricos. Romper cheques en la cara. Insultar en la cara. Tragar bilis. Tragar lo que tengas que tragar. ¿Somos más de Curry o de Kobe? ¿Somos de pedir permiso o hacer la maldad sin preguntar? ¿Somos de dejar morir o creer en milagros? ¿Somos de odiar a Papá o pedir perdón cuando queremos algo a cambio? ¿Somos de viajecito en helicóptero o de inventarnos a Papá Noel? Vaya juego el de la primera temporada de Billions. Todo es mentira, pero hay que saber mentir con la habilidad adecuada, con la velocidad justa, con la ortodoxia genética. O tal vez, no. Tal vez todo vale para mentira. Todos nuestros caprichos tienen un precio concreto. La ley de la oferta y la demanda de los caprichos es peculiar, no es fácilmente resumible. En esa balanza, en la persuasión de la ofensa, está la clave. Y dejar(lo) todo atrás. Convicciones olvidadas, grabaciones borradas, ordenadores espiados, ética de trabajo, mentiras podridas. Y un último capítulo de teatro, de ficción, de tablas y gritos y marcos con cheques rotos que guardar. Y todo lo demás, también.

Recordando a don Ambrosio

La soberbia de la juventud perdida hace 11 años y dos meses. Hasta la Mona Lisa envejece. Viva el club de la lucha y todo lo demás.

La (penúltima) de Marc

Haciendo número. Dígitos, dígitos, dígitos. Sumar, sumar y sumar. Coda: ¿Es una versión mejor o simplemente distinta? Será por versiones... Coda 2: ¿O tienen razón los que hablan y se enquistan en sus (escasos) números en el rebote?

Esos partidos que no quieres que acaben

Pese que en territorio rajoyesco decidieron televisar un OKC Vs Atlanta (y con realización de Yankilandia), hay que ver entero el Pacers Vs Warriors de anoche. 60 puntitos de Klay en 29 minutos. De traca. Pero todavía hay individuos que lo ven fuera de la bahía. Con un par. Viva la prensa.

Atlanta. Primera temporada

¿Qué hacemos para conseguir nuestros sueños? ¿Dónde está el límite para aguantar lo inaguantable? ¿Cuál es el precio que debemos pagara para conseguir que todo lo que añoramos no sea una simple pesadilla? ¿Cuál es el objetivo de nuestros madrugones? Todas esas preguntas, y muchas más, se hace la primera temporada de Atlanta con el telón de fondo de la música, del rap, de un sin techo que duerme (incluso acompañado) bajo un techo, de un músico que hace de la música un plan b mientras vende drogas. Hacer lo que se tenga que hacer, sin pensar en las consecuencias. Y cuándo las consecuencias te ponen en tu sitio, se te caen los palos del sombrajo. Siempre hay un momento en el que la cuenta se queda a cero, y hay que pedir ayuda, y el castillo de naipes se va a la mierda. Antes o después ocurre y se te queda cara de gilipollas profundo. ¿De verdad que alguien que no sabe quién es Steve McQueen? ¿De verdad que el SIDA se inventó para que Wilt Chamberlain no batiera el récord de sexo? El baloncesto, las miradas, los encontronazos. Sueños rotos. Pecados con penitencia. El pipí como motivo de despido. Los pases perfectos. La redención en mitad de un mensaje de móvil. La perfección en los sueños no existe. Nunca. Es evitable pero el dolor nocturno siempre está ahí. Siempre. Todos nos prostituimos por nuestros sueños, con la diferencia de los ceros. Izquierda, derecha, marxista, sexista, robo a mano armada, seducción intangible. Será por intangibles. Será por bestias. Será por billetes. Todo tiene un precio entre la satisfacción y la necesidad, entre pagar facturas y cobrar egos. La piedad y su concepto depende de la Iglesia que sigamos (y las copas que llevemos cuando escuchemos al pastor que guía a su descarriado rebaños). La multiplicación de las facturas impagadas es la parábola del neoliberalismo georgiano de Atlanta. Coda: ¿Cuál es nuestro futuro? ¿Dormir en el cuarto de los trastos?

¿Olvidar entra en nuestro vocabulario?

La pregunta del millón: ¿Cómo cuantificar todos los libros del último siglo?

domingo, 4 de diciembre de 2016

España dividida. La guerra civil en color

Gracias a DMAX hemos podido ver, en ocasiones por primera vez, imágenes de aquella maldita guerra, sus "personajes", las últimas filmaciones de tipos como José Antonio o Durruti, los duelos en el frente, los generales en sus cuarteles, los políticos con sus trajes y el personal de a pie pasando hambre. Muchas veces, los alumnos, no le dan credibilidad, no le prestan atención, a todo aquello que vaya en blanco y negro. Con España dividida. La guerra civil en color se nos muestra una realidad que, aunque dolorosa, no hay que olvidar. Errores que no repetir, caprichos que hay que obviar, momentos que hubo que reconducir, muertos que no debieron morir. La plaza de toros de Badajoz o Paracuellos, son momentos que no debemos borrar del archivo de nuestro disco duro neuronal de la Guerra Civil Española. Nunca. Buen ejercicio este de colorear el antes y el durante de la guerra, los bandos y sus huídas, las desventajas de unos políticos chaqueteros y de unos militares sin escrúpulos. Todo se fue a la mierda en color aunque siempre lo recordáramos en blanco y negro. Ahora ya no. Simplemente recordaremos que todo se fue a la mierda y se pudo evitar, haciendo un sacrificio, aquella carnicería sin nombre. Carnicería que se hace extensiva, con todo detalle, en el capítulo final y la Batalla del Ebro, o los casi 200 bombardeos franquistas sobre Barcelona, o el bombardeo de aviones rusos sobre Cabra. Y la desfachatez de políticos y militares que jugaron su ajedrecístico ejercicio de testosterona sin contar muertos en ambos frentes. Vaya oportunidad perdida, vaya forma de morir, vaya idea de país que hemos dejado. Vaya mierda todo.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Flowers. Primera temporada

Vaya familia los Flowers. De traca. Otra de Channel 4 para disfrutar. Entre el disparate y la desesperación, entre suicidios frustrados y muertes hospitalarias, entre desastres cotidianos y amores (re)convertidos. La palabra excéntrica se queda corta. Demasiado corta. La locura cotidiana hecha serie de televisión. Pandilla de raros con genes compartidos; vecinos aún más peculiares; extravagancias en capítulos de media hora. Los Flowers tienen una brújula distinta a la nuestra. Deportes distintos y ligas distintas. En este ejercicio extraño, la primera temporada de Flowers pasa de la carcajada cruel a momentos tétricos de vergüenza ajena. De mucha vergüenza. Extraños momentos de personajes manifiestamente hilarantes. Menudo circo. Y en esta barricada de locura, los ingleses se llevan la palma. Aldabonazos de sarcasmo. Las mejores obras se construyen con albañiles raros. Los mejores libros tienen detrás de la pluma a geniecillos locos, a artífices de manicomio, a esclavos del siglo XXI que no saben que una máquina está fuera de servicio. Pero el manicomio se vuelve sueño sergioalgoriano, se vuelve una daliniana fascinación por lo extraño. Lo efímero de nuestra existencia nos lleva a tomar decisiones equivocadas, (mal)entendidas, encierros en nosotros mismos, suicidios, rayos, huidas hacia ninguna parte. Gran reflexión para momentos en los que el cansancio. Como dice DAJ, "nos creemos que olemos mejor de lo que olemos". Pensamos que todo es colonia, pero realmente es vómito, es sangre tragada en una cama que gira en mitad de la noche. Siempre hay un recuerdo, una ilustración, un viaje por el que vivir. O tal vez, no. La primera temporada de Flowers da mucho que pensar. Afortunadamente, pensar nos mete en líos. Y todos los demás, también.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

El pintor de batallas (obra de teatro)

El sábado, viendo El pintor de batallas en el Teatro Romea de Murcia, me venía a la memoria la novela original de Pérez-Reverte, hace ya diez años. Vaya tela, diez años. La historia la resumen muy bien los actores en una de sus presentaciones. La obra es hiel, es redención y venganza, es dolor y recuerdos, son preguntas con respuestas dolorosas, calvarios en los que sacar demasiado rencor. ¿Todos los actos (conscientes, involuntarios) que hacemos tienen repercusión? ¿Debemos cuestionarnos cada uno de nuestros actos? ¿Podríamos dormir tranquilos haciéndonos estas preguntas una y otra vez? Quizás nos volveríamos locos. Demasiado pirados estamos ya para desenfocarnos con cuitas sin Werther. Goethe volvería a terminar sus días como la primera vez. ¿De verdad la maldad es genética? ¿Podemos olvidar todo lo que hemos hecho y tuvo consecuencias? Demasiadas preguntas para terminar noviembre. Y todo lo demás, también.

Spotlight

Ayer enlazaba en este Gintonicdream (alabado sea Glen Rice padre y todos los que hablan de sí mismo en tercera persona) la columna losantiana que se refería a la prog-hez periodística que cloaquea en su reino. Pero de vez en cuando hay historia como la de Spotlight que hacen que te reconcilies con el Periodismo. Salí asqueado después de seis meses del segundo ciclo de Periodismo. Me aburría soberanamente en las clases de Derecho del Periodismo (o como aquello se llamase), en las que un tipo nos dictaba al más puro estilo 20-N. Sentencias pantojianas y similares. Aquello no era Periodismo para mí. Y Spotlight trata un tema delicado: abusos de cientos de curas en el católico Boston, el patriciano Boston, en el trebolístico Boston. Casi nada. Con la Iglesia hemos topado. Otra vez. Pero tuvieron arrestos (más, menos, demasiados, pocos, cada uno que decida la cantidad). Vaya historia la de Spotlight. Hay que ver(la) y tragar bilis, hay que verla y denunciarla. Una y otra vez. Y ver como el tipo que escondía el asunto, el que ocultaba todo, fue mandado a Roma. Menuda recompensa. Siempre se pone en duda la realidad de lo cuantitativo. ¿Que porcentaje de curas han deshonrado a los que son buenos sacerdotes? Evidentemente una minoría. En la película se habla del 6%. Menudo disparate. Ese seis, tal que así, es disparatado. De traca. De cárcel para esos animales con sotana (o con lo que lleven ahora). Pero es más importante lo que dijo Baron, el director en aquel entonces del Boston Globe, ahora en el Washington Post, en una entrevista al mundo. Son las amenazas de las empresas las más peligrosas. Por supuesto. No hay duda. Son las empresas las que nos gobiernan. De eso no hay duda. Pero que nos desviemos del camino. Gracias al cuarto poder, no estamos salvados pero siempre tenemos alguna esperanza de salvación. Alguna, para evitar que venga el primer desgraciado y nos sodomice en la rectoría, en la sacristía o en mitad del campanario. Y todo lo demás, también. Coda: Y vaya piezas pianísticas del señor Shore. Coda 2: Pero que no todo el monte es orégano, y el laurel se muere de aburrimiento en el jardín. Siempre recuerdo que hay curas obreros que salvan el honor de la institución, como el de mi pueblo en el 81, que ayudó a la familia de uno de los miembros del PCE que fallecieron en accidente de bus. Y sí, existieron los curas obreros. Hay pruebas de ello.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Escuchando en bucle

Como si no hubiera mañana. Como si no hubiera. Como si no.

Progr-hez

Estamos leyendo "de todo" tras la muerte del dictador cubano Fidel Castro. Absolutamente de todo. En la balanza de la Historia (mayúsculas, minúsculas, medias tintas, grises de otra época) está claro que no solo contamos a los muertos por su peso y número. Hay diferencias cuantitativas. Por supuesto. Pero cada vida es única y eso no se puede olvidar. Lo lamentable es el hedor periodístico. Recuerdo que cuando estaba matriculado en el segundo ciclo de Periodismo, no veía a nadie con un periódico en la mano. Ni Dios. Con un par. Yo llevaba cuatro autobuses en el cuerpo e iba con las hojas de tinta en las manos, y me miraban como bicho raro. ¿Qué es ser periodista? No hace falta ser licenciado o graduado (o lo que salga de la próxima Bolonia, que la habrá). Simplemente, hay que ser honesto. No hablo de ser aséptico, hablo de humildad y objetividad. Y estamos muy hartos de la progr-hez. Muy hartos. Y todo lo demás, también. Coda: Decía ayer Alsina que el personal ignora el USA Today y luego cada uno tiene el Trump que se merece. Y como subrayó Javi Gómez, es la gran desilusión en la que vivimos. Es lo que nos toca.

¿En qué te gusta reincidir?

Es verdad que el problema anda por barrios. Por demasiados barrios. Excesivos. Nos es bueno llegar con himnos como el precedente de Viva Suecia y que una alumna, a eso de las 8 y 5 de la mañana te diga, para empezar, que te pareces a alguien que se hace llamar Wismichu. Tal que así. Debimos ser muy malos en una vida anterior. Ni el capítulo cuarto de Atlanta. ¿Eres gallego? Esa ha sido la pregunta de la alumna a esas horas intempestivas, a esas horas. Fuera de lugar, fuera de sazón.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Versión del día (Jesús de Los Planetas por Airbag)

Siempre Airbag. Siempre himnos, propios y ajenos. Siempre grandes. Esta última vez fue la versión de Jesús.

La tolerancia, la historiografía y los momentos de lucidez

En esas que estaba el viernes, rodeado de mantas (te haces mayor cuando te abrigas sin que nadie te lo diga ni te obligue) viendo los dos primeros capítulos de España dividida: La Guerra Civil en color, cuando volvía a mis retinas del famoso cartel de If You Tolerate This Your Children Will Be Next. Los siguientes. En las guardias en los institutos me gusta poner esta canción de los Manic Street Preachers y si algún alumno pregunta, pues les cuento un poco el sentido de la historia, la importancia de los Manic Street Preacher. Con sus maniqueísmos y su única visión de la guerra, pese a ello, hay que escucharlos. Hay que prestar atención. Siempre. Coda: Strummer siempre presente, que no se nos olvide. Preferencias, ideas, listas. Todo es difícil de seleccionar, de preferenciar, de situar "por encima de".

Reflexiones postcondomineras

Que la victoria no oculte el juego de un equipo. El inexistente juego. La segunda parte que vimos del UCAM ayer en La Condomina (no vieja, la de toda la vida, lo otro fue un invento para ganar mucho dinero) fue lamentable. Salmerón tiene opciones de seguir, pero Reverte debería ir pensando en mover ficha antes de que sea demasiado tarde.

sábado, 26 de noviembre de 2016

¿Hoy toca escuchar a Joy Division? ¿A Hombres G?

¿Estaban preparados los obituarios de Rita Barberá en las redacciones el pasado miércoles? Los de Fidel Castro lo estaban desde 2006. Cuestión de tiempo. Libros de estilo de los periódicos. Himnos que no recordamos del pasado. O no queremos recordar. Hoy toca reescuchar himnos de niños de 19 años. O tal vez, no.

viernes, 25 de noviembre de 2016

De charlas (los viernes)

No nos vistamos de piratas, por lo que pueda pasar. Pese a todo, siempre nos queda Beck.

Scrotal Recall (Lovesick). Segunda temporada

No siempre vale acabar con puntos suspensivos aunque muchas veces o hacemos. Eso ocurre con la segunda parte de Scrotal Recall (Lovesick). Demasiadas piedras en el camino; demasiados obstáculos que superar; demasiadas pruebas para un decathlon en el que al final falta el oxígeno. Pruebas, pruebas, pruebas. La vida es una sucesión de pruebas y es difícil de superar. No vale con intentarlo, hay que buscar nota que sobrepasar, no fallar, no caer en los mismos errores. ¿Cómo no equivocarnos? ¿Cómo no equivocarnos y no hacer daño a los que están cerca de nosotros? La dificultad de acertar es manifiestamente baja. Muy baja. Siempre, en mitad de ese recorrido, hay asuntos inmorales, hay decepciones, hay cracks del 29 y del 73, hay un dolor que no tiene fin. ¿La lucha es el objetivo? ¿Se pueden bajar los brazos? La segunda temporada de Lovesick, con su apariencia de comedia sin pretensiones, (se) mete en jardines, en demasiados jardines aunque el olor al césped te encante. No siempre las flores huelen bien. Se pudren rápidamente. Nada más triste que un 8 de noviembre en un cementerio para dar(te) cuenta de que solo una semana después, la plenitud de las flores es decrepitud, es mal olor, es un lapo escupido en un océano que no se regenera sino que está más contaminado que hace cinco minutos.

jueves, 24 de noviembre de 2016

Canciones para superar noviembre

¿Qué nos pasa? ¿Por qué somos inestables en noviembre? ¿Por qué nos cuesta tanto animar(nos) ante la cuesta de noviembre? En los partidos diarios de cada día, sin gracias que dar a entes que no se lo merecen, en mitad del cansancio, hay canciones que salvan. Brochas que untar en un barniz que sabe a gloria. Maravillas de segundos que no quieres que se acaben. Salvan y solo queda una semana para salir. Para la evasión. Noviembre es una percepción engañosa. Himnos que nos ayudan en mitad de esa mano en el pecho. Abrigos sin motivo. Vikingos en el desierto. Tienes que adaptarte. Piezas fuera. Volver a empezar. Acabar con todo. Posesiones que abandonar. Gestiónar los momentos de otra manera. No solo hacerlo del modo "de toda la vida". Y Ride, clásicos al poder, para el postre. Y todo lo demás, también.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

¿Miel y galletas?

¿Qué te evoca algo mágico cuándo cierras los ojos? Pregunta de trivial para un día de lluvia en el sultanata de Sean. ¿Montará Sean su nuevo partido regionalista? Agua, miel y galletas para todos.

domingo, 20 de noviembre de 2016

El polvo y la ceniza de Rafael Martínez Cuadrado

El pasado día 7 de noviembre de 2016 estuve con Burbujaplanetera en el recital poético de Rafael Martínez Cuadrado en Zalacaín. Un clásico de Murcia en otro clásico de Murcia. A Rafa lo conozco poco. Ya no visito lugares tremolísticos ni yeséricos, pero antes me cruzaba alguna vez con él. Su hermano nos adelantó esa misma noche las partes del libro (Familia, El arte y el artista, Erótica, Toponimia y Meditaciones elegíacas) en las que muestra su ideario político, heterogéneo y distinto, su viaje del cero al infinito, su travesía de la tortura (desde el inicio la muerte de su hermano está presente) a la relativa felicidad. O tal vez, no. Solo nos impresiones para este momento. Lo primero que llama la atención, positivamente es el uso (ahora denostado por algunos, historicistas a veces, antihistoricistas otras) de las citas (Gaudí, el olvidado Cernuda, Gerardo Diego, Jorge Luis Borges, Rubén Darío, Aleksandr S. Pushkin, Leopoldo María Panero, Andrés Trapiello, Blas de Otero, Ramón de Campoamor, Luis García Montero, Rafael Alberti, Friedrich Nietzsche, Garcilaso de la Vega, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Eloy Sánchez Rosillo, Giacomo Leopardi, Fernando Pessoa, Luis de Góngora, Pablo Neruda, T.S. Eliot, Kavafis, Cesar Vallejo y otros que no conocía y sigo sin conocer. ). Ya se sabe lo que toca con el pantalón de campana: sí, no, tal vez. Familia como nido, según don Luis, para empezar. No se puede estar sin ellos, o, quizás, sí. Las ausencias de los que ya no están voluntariamente provocan distintos comportamientos en los familiares que se quedan. Martínez quiere resucitar al hermano con el verso, describe las "noches lóbregas de duelo". Olvidar se hace imposible, pero los días pasan, aunque siempre hay recuerdos en momentos concretos. En Responso ilustra con palabras el descanso en "el limbo del olvido". Pero hay seres a los que es difícil borrar del disco duro neuronal. Demasiados truenos, demasiada lluvia para olvidar. En el Llanto dedicado a la madre resume los ojos de la progenitora y la bilis tragada con palabras encadenadas como "amargo ejemplo de tu espíritu agónico". En la versión b de El limbo del olvido reescribe que "y tu memoria anegará mi tristeza". Hasta el límite, hasta romper la presa y que llegue en primera persona del singular nuestro Tous particular. En La poesía es un arma cargada de pasado RMC subraya con bolígrafo rojo que "no es un juego el poema; es más que música, pero también es eso". Algunos ponemos la música por encima de la poesía, pero cada uno tiene el diablo que se merece. Definitely Maybe, y engañifas varias, y todo lo demás. En El poema, busca el autor la inspiración entre dioses, musas y trabajo minucioso. ¿Pero no tenía que llegarnos la inspiración cuándo estamos trabajando? Tal vez no, porque como FdQ indicaba, "es mengua de la honra". Recordando al antiguo residente de un manicomio canario, recordando películas míticas, RMC junta cinco palabras para situar "la vecindad poética del alma", aunque no siempre la encontremos. O tal vez, no exista, sea fruto de nuestra imaginación mientras vemos crecer la hierba. No sé si el dios del Aleph estaría contento de encontrar(se), en la oscuridad de un soneto entre Rubén Darío y John Keats, pero cada ciego tiene a la Kodama que se merece. Si William Randloph Hearst levantara la cabeza no sé lo que pensaría de su estirpe, no sé lo que pensaría del lujo y la estancia. O únicamente no pensaría. A veces, la invocación, la soledad, los amaneceres, no son suficientes para entender la poesía. En Búsqueda asume la comparecencia de otras retinas ("dame tú la quietud de tu mirada"). En Laberinto hay aullidos de desesperación por el contacto( "donde encuentres mi voz allí te espero"). En Blues para un aniversario frustrado se hace preguntas que muchas veces no encontramos a definir salvo cuando las vivimos en la singularidad de la desesperación: "¿Decepción? ¿Desamor? ¿Orgullo?". O simplemente las vivimos, con o sin desesperación, o simple rutina. Con la cuarte parte, Toponimias, viaja a lugares comunes en su existencia, recuerdos y momentos para olvidar iris reflejados en ninguna parte (para mí la parte más difusa del libro). Y si hace falta citar el Libro de Job, pues se hace cuando "nadie escucha mi voz". Tiene razón RMC en Taedium vitae que "no hay placer ni dolor en el presente; solo monotonía". Demasiada monotonía. En el Eterno retorno, con el calendario en la mano, asegura que "la oscuridad de ayer me ciega ahora". Ahora y siempre, que diría el otro con la lira en la mano. En definitiva, El Polvo y la ceniza es un ejercicio con el que pasan al presente distintos recuerdos y lecturas, canciones que evocan tristeza y rimas que causan dolor. Y todo lo demás, también.

MCM (Mínimo Común Memo)

En eso que estaba yo, recién acabado un test con los jóvenes profesionales en ascenso (no son yuppies, son alumnos de primero de Educación Secundaria Obligatoria), pensando en mis cosas y comenzando un segmento de ocio (también llamado recreo) cuando me encuentro con La gran engañifa de 1996, artículo escrito por Kiko Amat en El País. Mientras junto estas letras, suena de fondo Apartament Story de The National. No sé si nos dejamos engañar en el 96 (el año que perdimos en penas máximas contra Inglaterra en Wembley, after extra time con fallos de Nadal y Hierro). ¿Nos dejamos engañar o necesitábamos un engaño en nuestras vidas? ¿Qué le exigíamos a la música? Y en mi pequeña colección de discos hay varios sencillos de Oasis. ¿De verdad nos dejamos engañar o escuchar a Liam y Noel nos hacía el hedor más pasable? A falta de reinas azules, porque no toda la época victoriana fue de color negro, nos quedamos a medias entre muros maravillosos y el déjate llevar. ¿O fuimos realmente mínimos, y comunes y memos? Sigo juntando letras, y las máquinas, caprichosas ellas, hacen sonar el Wait de M83. Caprichos del Youtube a falta de zumo de naranja. Y las cruces de tres santos en la guitarra de un acérrimo seguidor del City preBeguiristain. Y luego te llega Malasombra y todo te parece un sueño.

Scrotal Recall (Lovesick). Primera temporada

La conclusión que sacas cuando acabas de ver la primera temporada de Scrotal Recall (Lovesick) es que el pasado es un calendario con muchas hojas. Demasiadas. Y a veces, al recordar esas hojas quitadas del calendario y recicladas en panfletos de Podemos, en publicidad de alubias o en folios con los que hacer aviones, sacamos conclusiones. Equivocadas o no, pero conclusiones. Viva el jodido método científico. De nada sirve la observación; de menos la recogida de datos; casi nada la emisión de hipotesis; cero a la izquierda la comprobación de hipótesis. Siempre tropezamos en los mismos errores, siempre dejamos escapar el caballo ganador en la apuesta de nuestra vida, y no me refiero al Euromillones de hace quince horas. Demasiados errores en esas desperdiciadas hojas de calendario hechas foto de Susana Díaz o recordatorio del premio Mandarache. Somos clientes de nuestros errores, de nuestro calendario hecho hábito, cuando siempre debe ser habilidad. Hoy es 19 de noviembre. Recuerdo el 19 de noviembre de 2011. Algunos lo recuerdan como víspera de la elección del 20N, derrota socialista y mayoría absoluta desperdiciada por el PP. Yo no lo recuerdo por eso. Estábamos en la mesa, terminando la comida en la residencia catastral. Sonó el timbre, y me asomé a la ventana. El nieto de mi madrina vino a decir que le había dado un infarto. Usainbolizado llegué al 480 de la Carretera que lleva al Lugar de Don Juan (ahora Avenida). 12 minutos estuvieron delante de mí intentando reanimarla, para un total de 21. Anteayer, entre bolsas y naranjas, entre kilos de comida de perros a noventa céntimos, me dijo mi padrino que el tenía pensando un final de vida distinto. Muy distinto. Lovesick habla de ocasiones aprovechadas y perdidas, habla de pintas y ron con leche, se ríe de bodas y funerales, recuerda a vivos y muertos, alcance momentos de lucidez que hacen dar(te) cuentas de ocasiones y balas perdidas, de demasiadas hojas de calendario recicladas para asuntos absurdos. Coda: ¿Por qué tanto tiempo sin llorar en un bar con una pinta en la mano escuchando a The Horrors?

viernes, 18 de noviembre de 2016

Los ánimos templados

Antes de cruzar por enésima vez esta semana el puerto cadenístico toca escuchar himnos que templan ánimos, que dan serenidad, que buscan luz en mitad de la oscuridad, que buscan estrellas en mitad de ninguna parte. Y todo lo demás, también.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Otro Gasol en L.A.

La vida da muchas vueltas. Elegido por los Lakers en el draft, en segunda ronda. Decepción. Pero la vida da muchas vueltas, y mandaron sus derechos a Memphis con el traspaso de su hermano. Y anoche metiendo triple decisivo ante el enemigo angelino de los últimos años, estos Clippers con los que se han encontrado en más de una ocasión en la postemporada del Oeste. Vueltas y vueltas que da la vida.

Westbrook vuelve a sacar su fusil

Y lo mejor de todo es que está Mike en el banquillo bien cerquita. Muy grande don Russell. Otra vez.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

Viva Sangonera (La Verde) libre

Grande el comentario de Federico sobre Echenique y su idea sobre la autodeterminación del país aragonés. Aquí todo el mundo olvida la Historia Medieval, los orígenes del condado de Aragón, su conformación reinal con Ramiro I, la formación de la Corona de Aragón, sus distintos niveles de intervención en la reconquista. Todos queremos una Sangonera La Verde libre; todos queremos un Aljucer libre; todos queremos algo libre; todos queremos; todos.

La España de Lopetegui

Sabemos como empieza la España de Lopetegui. No sabemos como acabará el asunto, y si los que tienen que coger las riendas lo harán, pero de momento el resultado es positivo. El talento como respuesta, el talento como premisa, el talento como símbolo del sistema.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Penúltimo desastre condominero

Otro desastre de los de toda la vida, que diría el gran Guillermo Giménez. La peor versión de Mesones es la de Salmerón, al que ya pita la afición de La Condomina. Reverte debe cortar esta racha o nos veremos en un buen marrón antes que tarde. Y todo lo demás, también.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Las fieras y los domingos

Nada como escuchar al personal recordar los atentados de Francia de hace un año. Viva la demagogia. Mierda en cantidades industriales. Hemos estado mirando para otro lado, para otras quiblas mientras que las que teníamos en el barrio parecían invisibles.

Empezando el domingo...

Escuchando un poco de todo: educación, etiquetas, Concilio de Trento, falta de Ilustración, Sarajevo...

La profesora de Historia

De vez en cuando, y para desengrasar, y para entender resultados electorales, está bien ver alguna película. La de esta madrugada post Rockets Vs Spurs ha sido La profesora de Historia. Hay muchas similares, llenas de buenas intenciones, pero es difícil cerrarlas bien. En este caso, el círculo se cierra casi a la perfección, sin aburrir pero sin adoctrinar, sin hacer(se) larga pero poniendo énfasis y subrayando con rojo lo que hay que subrayar. Será por alumnos difíciles; será por directores que pasan de todo; será por profesores con vocación. Pese a todo, somos una profesión señalada, mal vista, se supone que bien pagada y que disfrutamos de muchas vacaciones. Cada uno tiene el diablo que se merece y debimos ser muy malos en generaciones anteriores, en generaciones presentes, para tener genocidios y holocaustos. Pero siempre hay un hilo de esperanza, un momento de lucidez, un freno cuando todo se va a pique. Pero siempre nos queda la pregunta del ¿y ahora qué? Habrá que seguir con la lucha, habrá que seguir esperando milagros en noches de tormenta, canciones que limpien la atmósfera, sondeos y rifas para encontrar, por fin, un buen profesor. Y todo lo demás, también. Aunque parezca utópico, hay que intentarlo. Siempre.

jueves, 10 de noviembre de 2016

The Fall. Tercera temporada.

¿Se puede ser paciente ante el horror? ¿Se puede intentar ser mejor que peor? ¿Se puede intentar olvidar? ¿Por qué atender a alguien que causa terror? ¿Por qué intentar entender a un asesino? ¿Por qué es más importante lo malo que lo cotidiano? Los puntos suspensivos con los que empieza la tercera temporada de The Fall son duros de compresión. Cantan Los Punsetes que lo importante siempre está en el exterior. Y puede que tengan razón. Y que los botiquines, a veces, se quedan pequeños. Y no tenemos respuestas para esas sensaciones: para los silencios cuando te dan la mano, para no saber decir te quiero, para encerrar diablos en el bote del jabón líquido fresa pasión hidratante y protector. Todo es difícil de entender en esta puta vida y, el horror, aún más. Y nada es lo que parece, o si pero no lo queremos creer. The Fall se despide a lo grande, con puntos suspensivos, con silencios y diálogos lentos, con sudores ante una cámara y un coche en una playa, con dolor y más dolor, con loqueros que quieren imponer sus criterios y con las grietas de los sistemas judiciales que gotean sin parar en mitad de la tormenta. No hay cielos para los que se merecen llegar al túnel del aguacero final antes de tiempo. Pero el tiempo, como si Bloch y Febvre y Braudel fueran historiadores no olvidados, hay que medirlos por los cambios y no por la duración. Y el aguacero del dolor sigue su marcha, desde el principio al final, sigue sin descanso, jodiendo la marrana hasta el final. Hasta el final de los finales, lineal y circularmente. The Fall es una serie que duele ver, pero que hay que ver. Retrata al personaje, al cabrón con momentos de lucidez, pero que es un cabrón. Con motivo o sin él, cabrón. Y que bien retratan algunos guionistas y directores a estos hijos de Satanás. Hay veces que piensas en apagar la tele y olvidarte del mal, del horror. Sabes que puede acabar mal o fatal, pero lo tienes que ver. Y todo lo demás, también.

Las estadísticas, los números, la democracia

No siempre es bien entendida la democracia. El último martes, esa madrugada viendo resultados de estados en USA, la victoria de Trump. Ahora todo tiende a relativizar(se) o a exagerar(se). Todo es mentira, una gran mentira. Nadie se preguntaba ayer el motivo de la venta de ideales obamísticos a las grandes empresas, porque mandaba más el vice que el presi, porque una gran mentira bien vendida se convirtió en un sueño que engañó a muchos norteamericanos del sur. Mapas azules y rojos, mentiras sobre el cristal, engendros políticos y el miedo de lo que está por venir. ¿Pero que eran los Bush? ¿Qué son la mayoría de gobernadores estatales? Stan, uno de los hermanos Van Gundy, hablaba ayer de lo que se le ha hecho a las minorías. Minorías, mayorías, guetos, impuestos con superdiferencias interestatales. Muy complejos los resultados para sacar conclusiones tan rápidamente. ¿Pero qué eran los Bush? ¿Nadie se acuerda lo que significaron y han significado los Bush? ¿Y no tenían ningún candidato peor los demócratas? El personal quiere cambios. No siempre tienen que ganar los Spurs porque aburren; no siempre tienen que ganar los Warriors aunque superen el récord de Jordan y sus secuaces; no siempre tiene que ganar Lebron S.A. (otro que dio su apoyo a la esposa de Bill). Que los dólares, muchas veces, nos impiden la industria armamentística, la América cerealística, las jodiendas con vistas al Golden Gate. No es hora de flores en el pelo, ni de hippies con móvil de 700 euros. Olvidad un rato la realidad y soñad. Y todo lo demás, también.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

Escuchando al Pulpo con Abellán en Radio 4G

¿Cuántas mañanas escuchando a Abellán, al Pulpo de Mirasierra, a Fernandito, a Casoliva? Uffffffffffffffffffff Carcajadas y buena música. Un día, otro día, otro día, el libro, el disco, el show... Vaya época.

El inicio de La Barba

Espectacular Harden en su inicio de temporada tanto en puntos como en asistencias. Un crack en toda regla.

13 triples en un partido

Curry haciendo historia (otra vez) como bien nos lo cuentan los amigos de NBAManics.

martes, 8 de noviembre de 2016

Fauda. Primera temporada.

Llegué a Fauda hace meses gracias a la reseña de Lorenzo Mejino, esa enciclopedia de series internacionales inacabable. A falta de tiempo, entre paso y paso por el puerto cadenístico, de tarde en tarde he ido viendo esta joya israelí. Desde la distancia siempre nos equivocamos con adjetivos y epítetos sobre el conflicto entre palestinos e israelíes, entre buenos y malos, entre malos y peores. No hay buenos en esta serie. Todos salen derrotados. Podemos tener toda la tecnología del mundo, todos los drones del mundo, toda la inteligencia del mundo, pero no podemos hacer nada contra el fanatismo. Recuerdo cuando la banda terrorista ETA asesinó en Murcia al guardia civil García Rabadán. Se escuchó la detonación en la noche en kilómetros. Son esos sonidos los que quedan: ruidos, cristales rotos, gritos, finales de historia con pesadillas. Demasiadas pesadillas. Fauda, como todos los cuentos y parábolas de este conflicto que ya no sale en los telenoticias a diario. Alepo es ahora presencia continua, pero nos olvidamos de otros ejemplos en Asia, en África, nos venden una bajada de pantalones ante el narcoterrorismo en Colombia. Desde el punto de vista de la ficción, Fauda mezcla las investigaciones con la vida cotidiana, las relaciones personales saltan por los aires a la misma vez que los mártires hacen su trabajo. Gran serie que nos muestra algunas de las muchas aristas de un problemón al que no le sacamos punta. Y los puntos suspensivos siguen sin ser completados. Siempre hay tristes finales para los cuentos, como cantaba El Niño Gusano. El más triste final del cuento. Pues eso pasa con Fauda, eso pasa con este caos que parece no tener final aunque esté excelentemente narrado y contado.

lunes, 7 de noviembre de 2016

Una más de Laso y sus secuaces

Derrota sangrante ante un FCB en cuadro. Sin soluciones desde el banquillo. Sobran las palabras pese al barniz en el marcador del final. Lamentable.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Asturcón

Ahora que vuelvo a hacer guardias en plan salvaje, suelto canciones de fondo para ver el efecto. Y le digo a los rehenes del centro penitenciario que escuchen y busquen palabras que no conocen. El jueves tocó "asturcón". Siempre hay una guardia para enseñar algo, siempre hay una guardia para aprender algo. Y sí, un día usted morirá.

La penúltima arista de Alex Turner

Nada como madrugar los sábados, leer la prensa, esperar que pase el tipo limpiando la calle a las nueve y diez y escuchar a un Alex Turner tranquilo. Y todo lo demás, también.

Rock Me Gently

Aunque Ray Donovan acabó, no me canso de escucharla. Una y otra vez. Ray es historia y nosotros, también.

viernes, 4 de noviembre de 2016

La penúltima de Laso

Tiene narices que teniendo una de las mejores plantillas de su historia (¿qué equipo de Europa tiene esos pivots?), el Real Madrid dependa de los momentos de Llull, Carroll y alguna que otra individualidad. Poco más para la sección de baloncesto del Real Madrid. La derrota en casa ante el Baskonia diezmado enseñó las debilidades tácticas de un equipo que, con otro entrenador, hubiera ganado muchas más Euroligas en los últimos cinco años. Pero el tiempo pone a cada uno en su sitio. Y la victoria de ayer ante el Galatasaray no evita pensar en esas preocupaciones. Y todo lo demás, también.

jueves, 3 de noviembre de 2016

UCAM Vs Unicaja (Eurocup 2/11/2016)

Borroso y decepcionado por la falta de público. Pero con Baron y Benite en plan estelar. Deleite ante un Plaza que no sabe mover sus peones (otra vez). Estuvo bien, pero un Palacio de Deportes lleno hubiera estado mejor. Coda: Cortesía de Don Importante.

miércoles, 2 de noviembre de 2016

Black Mirror. Tercera temporada.

Nada como el paso del tiempo, nada como las nuevas y viejas costumbres. Seis partes, seis trozos de tarta en esta tercera temporada de Black Mirror. Muchos la idealizamos con aquel primer capítulo: el cerdo político parabolizado con el cerdo de toda la vida. Pero hay muchos tipos de cerdos y, en modo zapateril, cerdas. El primer tozo de tarta, Caída en picado, tiene un cierto aire de caverna platónico. Individuos con trajes blancos, todo bien clarito, todo bien caramelizado, para la gran mentira del me gusta y no me gusta. Hay que gustar a los demás, que los demás nos valoren, que los demás dejen un pulgarcito positivo. Pero la caverna es cabrona y nos hacen caer en desgracia o visitar las alturas. Pero la caverna no es perfecta, tiene imperfecciones, y si siempre hay un gordo al que desprestigiar, un ángel caído, una oveja negra, un bulimia que no reconocer. Y cuando la caída es definitiva, no hay posibilidad de salvación ni paloma picassiana que te rescate. En Playtesting, el segundo trozo de tarta, otra vez sin vela, los recuerdos y la realidad virtual se hacen fantasma de la navidad del presente, recordando la lucidez de Línea mortal, aderezados con salpicaduras de Alzheimer, con dolor en 3d, con criaturas que nos devuelven lo peor del pasado y un futuro en el que no recordaremos nuestro nombre, ni el color de nuestros ojos ni la saliva que generamos en un pasado remoto. Jugar es divertido y peligroso, jugar es salir derrotado porque como nos enseñó Juegos de Guerra, "la única manera de ganar es no jugar". El compañero de clase que nos pegaba, el bufón en que nos convirtió, la araña en que se convirtió y el cuchillo que nos clavo. O tal vez, todo fue una invención nuestra, tal vez fue un dolor de muelas pasajero, una piedra imposible de orinar, un tumor imposible de extraer. La tercera pieza no empieza con tarta, sino con patatas fritas sobrantes en una hamburguesería en Cállate y baila. El horror de la web de tu ordenador hecho paranoia, hecho asunto robotizado, haciendo pesadilla los minutos siguientes. La cuarta porción no es de tarta, ni de patatas, ni de oxígeno que no riega las células: saltos temporales, películas cambiantes, estrellas caídas en desgracias, maquinitas que solo te meten en líos aunque esté presente el espíritu de H&CF. Pero deja un regusto de dolor que se te queda en el alma. Todo es mentira hasta en la muerte. Todo. Absolutamente. Y la quinta pildorita es La ciencia de matar, reflexión entre retinas sobre lo que queremos ver, lo que nos obligan a ver, lo que no queremos ver. Mentiras y verdades, medias tintas, jodiendas con drones y cacharritos que nos joden (aún más) la vida. Y el postre en este sexto menú de Black Mirror es Odio nacional, la joya de la Corona, el diamante pulido, la abeja asesina perfecta. El mal, como el infierno, es una cosa muy personal. Pero hay muy listos, o que se creían muy listos. Odio nacional es el Apocalipsis, invento que lleva la maldad en su interior. Y todo lo demás, también.

martes, 1 de noviembre de 2016

6 años en una tumba sin nombre

Esta mañana, antes de darle al michirón entre aguas de Espinardo, hemos tenido una conversación en el dormitorio/cementerio sobre el hombre de la camisa verde. Seis años y mes y medio después sigue con una lápida sin su nombre. Un espíritu del olvido. Una hermana que olvida. Una tumba sin reconocimiento ni recuerdo. Y todo lo demás, también.

lunes, 31 de octubre de 2016

Cara de estar oliendo mierda

Esa es la cara. La cara de los diputados socialistas el sábado en el paripé que hicieron en el Congreso de los Diputados. Mientras el Atlético le metía 4 al Málaga, al socialismo español (o lo que queda de él), le metieron más de cuatro. Una goleada. Hubo triplete, doblete, póker y repóker. Y allí estaban los imprescindibles/prescindibles diputados socialistas. Y su cara era la de estar oliendo mierda. No es mía esa definición pero viene a ilustrar con palabras (y con gafas azules de portavoz, que contradicción) esos rostros. Estar oliendo mierda. Después de haber tragado mucha mierda. Y la que les queda por tragar, porque tragarán. Y que no le tosan lo más mínimo al registrador de la propiedad que nos monta otras elecciones antes del 30 de junio y la mitad de esos diputados imprescindibles/prescindibles se quedan sin sillón. Porque entonces no solo será cara de estar oliendo mierda. Será algo más. Y ya no suena Heroes en La Condomina. Esto es un sin Dios. Coda: Me estoy imaginando a esos diputados imprescindibles/prescindibles tirando de agenda en pleno verano, que llega septiembre y sin trabajo. Al paro por imperativo. Aunque siempre quedarán los amigos del colegio. Y todo lo demás, también.

domingo, 30 de octubre de 2016

¿Por qué aguantar otro gobierno gaviotil?

Ayer, ejerciendo de florista, de auxiliar sin bata blanca, de tiende pantalones y recoge cacharros de cocina, no pude escuchar a Rufián. No me cae especialmente bien, pero ayer hizo que, entre murmullos de maleducados, algunos no pudieran mirar al estrado del Congreso de los Diputados. Pocos se salvaron ayer del rufianesco chaparrón. Hernando miraba al frente. El no fue no para pocos. Y Rajoy quiere elecciones, quiere acabar con el PSOE, quiere terminar el trabajo que Zapatero empezó. La sodomización política, con el rabo llegando a las amígdalas después de pasar por kilómetricos intestinos y eléctricos bazos, ha llegado a su (pen)último temporada. Pero la última, antes del remate en fuera de juego, antes que nos pongamos de parto y tengamos que volver a Alquerías a buscar culipavas, intuimos como acabará. Entre reválidas y mierdas varias, no vemos lo realmente grave del asunto. No hay caja ni interior de caja. No está la caja ni el interior de la caja. Podremos ir a bodas en las que nos pongan en mesas con nombres de canciones ganadoras de Eurovisión; podremos mirar para otro lado para saltar coches de lujo; podremos escapar de corverísticos ejercicios de peatonalización; podremos, Mirando al suelo, tener un momento One Mississipi y soportar (momento de imaginación) esa colitis sangrante de políticos que queman billetes de 500 para calentarse en plan Pablo. Mejor no preguntar dónde cojones está el dinero de tanto madrugón para pagar IRPF, Cuotas Obreras y mantras en viajes a Cartagenas sin indias. Y con camisa blanca, bien limpia antes de sudar. Para que digan que no sudan la camisa nuestros políticos, ni hernandean gafas azules. Y llegó el nabo, con partido nuevo, o sin él, al cielo del paladar. Ganó Peter y su principio. Ganaron los de siempre. Pero no os pongáis cómodos que mañana hay que madrugar, mañana hay que llenar el frigorífico, mañana mediaseteaermos y reiremos recordando la llamada del estornudo a Jota Jota. Y no pasará nada. Nada Coda: Se nos ha caído otro heredero de Carlos III. ¿No es mejor recordar a la verdadera dinastía? ¿Por qué debemos aguantar a los usurpadores y sus secuaces políticos? Coda 2: Ahora, domingo presantos, el hombre de la gorra somos cada uno de nosotros. Somos tradición, somos moda envejecida. Y no contemplamos el exilio, no contemplamos lo realmente importante: las obras del AVE nos impiden ver el bosque. Reid, volved a leer a Juan Salvador Gaviota mientras asistís al último concierto de Gen Rosso y sed felices ante la feliz gobernación. Mejor no imaginar que pensaría Miguel Espinosa de todo esto. Viva la España de los malandrines. Y todo lo demás, también.