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lunes, 2 de febrero de 2026
Marbella (Expediente Judicial). Segunda temporada.
“Yo no soy un gángster. Que mi dinero viene de la droga… ¿De dónde creéis que viene el vuestro? O el de las grandes cadenas de hoteles, restaurantes, campañas políticas. No estoy hablando solo de Marbella, ni de la Costa del Sol. Te estoy hablando del mundo entero. Es muy fácil poner mala cara cuando se habla de narcoabogados, pero si no fuera por nosotros, esto sería el caos y los primeros que pedirían que todo volviera a ser como antes, seríais vosotros, los buenos, o los que vais de buenos”. Esas palabras del abogado protagonista de Marbella resumen la gran mentira del mundo. ¿O es que no nos acordamos del Just Say No reaganinano ideado por publicistas drogotas? Aunque no está al nivel de la primera temporada, esta continuación sigue siendo divertida, aunque hay acentos exagerados, caballos que mueren de forma equivocada, obras inacabadas e infiernos personales manifiestamente mejorables. Pero todo es posible cuando se asaltan hospitales y hay personas que muestran el lado más cabrón de las cosas. Y si han convertido a Florent en un campeón de las olas, enhorabuena.
His & Hers. Primera temporada.
His & Hers tiene momentos folletinescos que te hacen pensar en dejarlo todo en el limbo, pero es atrayente con su historia de amigas que dejan de ser amigas (¿acaso lo fueron alguna vez?) y esa relación interracial entre gente que tiene cara de estreñimiento (Jon Bernthal) y cara de muela podrida (Tessa Thompson, que parece, por momentos, que dejó su talento en el mundo del oeste postmoderno). Pero no nos desviemos, que Atlanta es muy grande, y blanca por momentos aunque sea negra de nacimiento. Aunque desde el principio algunos la destriparon (momento SO), de nada sirve la demencia, ni el odio, ni la sed ultra de joder al personal con el que tenemos trencillas (si acaso no le hemos dado un champú casero de cebolla y algo más). Sin música de Clif Martínez, nada es lo mismo, pero siempre hay una cámara que graba o deja de grabar,a piltrafillas con pretensiones y un pasado que, convertido en recuerdo duradero, es más cutre que un mueble sueco nada original. Para un rato, para una conversación interrumpida, para un duelo senil en el que encontrarse y no recordar, nunca más aquello de que “si alguien te viene con una corazonada, mándalo a la mierda”. No. No es eso. No. Es más sencillo: “Lo más peligroso que hacemos es mentir: a los demás y a nosotros mismos”. Lo dicho. Todo es mentira.
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