miércoles, 15 de septiembre de 2021

miércoles, 8 de septiembre de 2021

Recordando calles de Baltimore

Todo modo

Empiezo diciendo 15 de 149, luego sigo… He vuelto a leer, más de veinte años después, Todo modo de Leonardo Sciascia. ¿Motivo? ¿Hay que dar un motivo para volver a leer a Sciascia (tengo pendientes Los apuñaladores y El Caso Moro)? Creo que no, pero me vino a la cabeza moviendo papeles de trabajos de la facultad, de 3º y 4º, y encontrarme citas de Sciascia de aquella casa de putas disfrazada de hotel-ermita… O lo que fuera aquello de Zafer, como la inmobiliaria de Juan de Borbón en Murcia, que el ZaHer (viva Zaragoza, viva Hernández) ya no es lo que era, los pasteles de carne no son los mismo, ni los camareros (el Valiño mayor, vaya personaje)… En fin. Lugares de soledad, curas leyendo cómics y revistas (aquel Linus), apariciones de presidentes de bancos, de ministros, de senadores, de diputados, de industriales, de la mafia con sotana y de traje, de cadenas y cocineros con pasado (siempre me acuerdo de la pregunta del dinero que llevamos encima y la policía con el cocinero de Todo modo. Gaetano, ese padre paradigma de tantas cosas, en Italia y en el Mediterráneo austral, y los ejercicios espirituales como farsa de una gran tragedia. ¿Qué es la historia italiana contemporánea? Es Todo modo. Y la Iglesia, como base de reflexión, de jodienda con vista a un campanario. Y las citas: “Me abandoné a reflexiones sobre la Iglesia, su historia y su destino. O sea, su pasado esplendor, su mediocre presente y su inevitable final”. Reinvención y engaño, crucifijos y rezos del pasado que huelen a humedad. Y el precio: “Solo las cosas que se pagan son auténticas, si se pagan con la inteligencia y el dolor”. Arriba Italia, Ciao Italia. Y, de fondo, o en primer plano, siempre atento, el diablo. Muchas veces buscamos al enemigo cuando realmente hemos convivido con él desde el Paleolítico: “Cualquier instrumento que ayuda a un bien, solo puede ser obra y oferta del diablo. Quiero decir para ustedes, para la Iglesia”. Y, usando la parodia, o el sarcasmo, o la etiqueta que queramos ponerle a la comunista Iglesia, siempre comunista. Ya se sabe: “Las cosas que no se saben no existen”. Y alfil y torre, partidita y escaques: “Las cosas que no se saben no existen”. Y antes o después, con Benedicto o Francisco (o mucho antes, que el mejor fue Alejandro VI… eso se merece un yepa valenciano, Rodrigo), más frases para enmarcar: “Los papas no solo mueren en buena salud sino de buena salud”. Lo dicho, nada como buscar el reclinatorio y el agua bendita, el incienso y esa copa (ahora los curas no dicen cáliz), para recordar más frases: “Los sacerdotes buenos son los malos. La supervivencia, y, más que la supervivencia, el triunfo de la Iglesia a lo largo de los siglos, se debe más a los sacerdotes malos que a los buenos”. Y, en mitad de ese Mar Menor que es la Iglesia, siempre hay que sacar agua de la sentina y remar, buscar un puerto que nos ilumine con su faro a través de la tormenta: “Yo, que soy un sacerdote malo, le digo: la Iglesia es una balsa, La Balsa de la Medusa, si quiere, pero una balsa”. Sí, esa era la de 15 de 149. Y Sigmundo superputifroid y evitar los encuentros con gente con la que se pasó tiempo en el pasado: “Haber pasado unos meses en la misma aula no significaba gran cosa respecto a las afinidades o los afectos”. Víboras y bichos y el bien y el mal y todas esas palabras manidas que no llegan a ningún sitio: “Y en su verdadera esencia, el cristianismo es esto: que todo está permitido. ¿Cree usted que serían posibles el crimen, el dolor, la muerte, si Dios no existiera? Y la caída y el crimen, imposible (o muy difícil) de parar y la mentira del Estado, y existir en el error y en mitad de la equivocación. Muerte y solemnidad, todo tiene cabida en Todo modo. Gran libro, incluso recordando que en aquella balsa, de 149 solo se salvaron 15.

lunes, 6 de septiembre de 2021

Himnos, himnos, himnos...

La casa de papel. Quinta parte.

Mejora La casa de papel en los primeros cinco episodios de su quinta parte. Aunque sobran por su ñoñismo algunas reminiscencias del pasado, se dejan ver sus capítulos de acción, más de terremoto mediático y de hormigón, de cemento saltando y cristales hechos añicos, de agujeros en los pies y partos, postpartos o pueperios, que de todo hay en el Banco de España. ¿Hacía falta estirar tanto el serial? Quizás sí, quizás no, pero esto es la industria del entretenimiento y la factoría, del fordismo del ocio en estado puro. ¿Quién dijo que Ford vendía coches por diversión? La verdad es que la publicidad ha hecho mucho por La casa de papel, pero tiene ciertos momentos por los que merece la pena verla (y no deja vivo a todo Cristo, la verdad, que los apóstoles también fueron crucificados e, incluso, algunos boca abajo).

Calomarde. El hijo bastardo de las luces

No tenía ni idea de la figura de Calomarde. Ni puñetera idea. Ni carrera, ni facultad, ni libros de texto, ni oposiciones. Nada de nada. Ha tenido que ser vía La cultureta, como descubrí a Sergio del Molino y el recuerdo de este tipo a través del relato breve pero intenso de su vida en su publicación en Libros del K.O. Calomarde cuenta el ascenso al poder y las cloacas estatales de un tipo aragonés, ministro y covachuelista profesional en tiempos de Fernando VII (¿se puede decir covachuelista cuando ahora si eres novio, novia o novie de un político tienes puestecillo [o puestecilla, o puestecille] asegurado?). Estaría bien que la peña no buscase un buen refugio, una ayudita, un empujoncito en su vida. Del hambre a los cielos, del enjambre aragonés de tierras fértiles pero sujetas a las inclemencias temporales a Ministro de Gracia y Justicia, mandamás entre mandamases, camarilla sobre camarilla, impostor y jugador de barajas varias, de jodiendas con vistas a los papeles, a las Indias, a los golpes de Estado, a las jugarretas políticas, a los chascarrillos, a los matrimonios que no funcionan, a las familias reales, a las consortes y a las hermanas de las consortes. Siempre hay un momento de renuncias y huidas, siempre hay un momento en el que Calomarde se retrató: pa-ta-ta (¿o era tubérculo comestible?). Calomarde no hizo ascos a hacer alarde de peloteos varios, de palabras de homenaje a gente que se merecía hoguera, todo por el ascenso, todo por el puesto, todo por olvidar una parte de su pasado (aunque no toda, que Aragón tira mucho). Empieza Sergio del Molino hablando de una iglesia, de un monumento, de un párroco. ¿Cuántas personas han escuchado el apellido Calomarde? Yo pensé en Bob Esponja, la verdad, cuando vi el título del libro: Calomarde. El hijo bastardo de las luces. Lees bastardo y luces, y puedes pensar en Hoyo 19 o en un jeta (o un superviviente). En ambos casos, en el Hoyo 19 y en la Ilustración a la española, bastardo va bien. Combina, que dicen en las boutiques (o bouticos, o bouticas, ministra, que estamos hablando de un ministro). Me estoy imaginando a una de nuestras ministras leyendo (es mucho imaginar, pero es lo que tiene estar viendo calificaciones de mis alumnos de tutoría de la evaluación extraordinaria de septiembre) y quedarse en plena invención bioycasarística viendo lo que hizo Calomarde con su esposa. Recuerda también SDM el modo de reflejar al personaje por Buero Vallejo (tampoco lo he leído), y también escribe SDM la imagen que se tiene Calomarde: “monstruo infame y soez”. Casi nada. Infame y soez. También dice el autor que a Calomarde le hace falta un film o un libraco como el de Scurati sobre el Duce (tampoco los he leído, voy sumando y la calculadora no es el móvil, es una calculadora). Hablando con los compañeros de estudios (que no se como me retratan ahora que ya no quedo físicamente con ellos, quizás me llaman el “calomarde”), Andrés Serrano del Toro me dijo si no sabía lo del “manos blancas no ofenden”, y aquellos sucesos de La Granja, y la infanta Carlota, y 1832… Pues no. Tampoco lo había leído. No. SDM se refiere a Galdós y los Episodios Nacionales y el retrato que se hace del aragonés allí, pero tampoco he leído esa referencia. Tampoco. Toma libros y olvídate del mundo. Mesonero Romanos también es citado por SDM para las citas que se refieren al tipo nacido en 1773, y de Villel y su escuela paso a Zaragoza a seguir estudiando Derecho en 1788, y escribe el autor sobre una Zaragoza totalmente distinta a la que destruyeron los franceses, y donde se podían encontrar libros ya que su producción era abundante. Siempre los franceses, siempre sus destrucciones olvidadas, siempre todo perdonado porque había que dejar que la Revolución Francesa y sus Ideales (viva los locales de Murcia y sus antiguos nombres) llegaran a todos los rincones del mundo conocido. Y sin poner copas en Ideales, pero Calomarde sobrevivió a la experiencia zaragozana trabajando en casa ajena, y con ideales de ser, desde joven, ministro de Gracia y Justicia. Un Belloch adelantado a su tiempo, ni más ni menos. Viva Zaragoza, viva La Costas Brava, viva Muy Poca Gente, viva el CAI de los Arcega pero no el Real de Victor Fernández ante el Real Murcia de Mesones, (todo tiene un límite). Y de ahí, trepando y con amistades, al Madrid de Godoy a trabajar en Secretaría de Indias, con papeles y más papeles. SDM escribe sobre Godoy, sobre ese tipo convertido en Dios en un país lleno de creyentes con hambre y sed, de creyentes piojosos olvidados del Dios de las alturas y que tuvo su Trafalgar y su invasión napoleónica, y que tuvo a un sinvergüenza Fernando como rey. Y ahí sale el médico de Godoy, y su hija, y los matrimonios que había que inventar para salir adelante. Y salen, muchos salen, aunque rana, y cada uno en su casa y el Dios de los piojos en la de todos. Y una vez llegados los gabachos, todos a Cádiz, y si no funcionaba con unos tocaba arrimarse a los otros, que ya sabemos que la política es el arte de lo posible y siempre había unos Ciudadanos que buscan su lugar en el mundo. O no. Y entonces surgen bodas reales, y hay que arreglarlas y siempre hay tipos que tienen que sacar el cieno de la acequia: siempre hay que mondar la cequia (nada de acequia a partir de ahora). Y en esa cequia, y en ese fango, Calomarde se las arregló para que los peces nadaran y el supiera hasta de la contaminación del Mar Menor, de la cual todos somos expertos (tanto o más que sobre el COVID, todos expertos). También se refiere SDM a Goya, su casa, sus pinturas, su Aragón y su marcha a Francia, donde murió Calomarde. Y después de ese Sexenio Absolutista fernandino, el Trienio que empezó con Riego y en el que Calomarde empezó a funcionar a pleno rendimiento con la Regencia de La Seo de Urgell a partir de 1822. Y de ahí, a las alturas, siendo ministro de Gracia y Justicia desde 1824. Antes me refería a Belloch, también conocido como el chófer de Drácula; pues Drácula ya existía, y se apellidaba Calomarde y se montó su chiringuito donde lo controlaba todo hasta que el rey empezó a chochear y dejó de ser útil y se tuvo que marchar a Francia después de que en el 1832 lo largaran de ministro. Cuenta el libro también su final, sus cartas, sus apuros económicos y todo lo demás. Un libro pequeño pero bueno, corto pero sobre un personaje grande que si estuviera hachebeoizado sería materia de visionado obligatorio en los institutos, pero para eso habrá que esperar.