miércoles, 24 de noviembre de 2021

Una de fantasmas

"Un fantasma recorre Europa Unida: llegará un día en que sea un continente de abuelos; según los burócratas euorpeos, que se jubilan tras ocho años de viajes agotadores de avión con tropecientos mil euros, no se podrán mantener las pagas de sus jubilados. Dicho y hecho: no sólo se alarga la edad de jubilación, sino que, a la hora de fijar la pensión, se tendrán en cuenta los salarios de todos los años, en vez de los de los quince o veinte últimos". José Perona, Jubilaciones (18 de mayo de 2003)

domingo, 21 de noviembre de 2021

Sobre nosotras sobre nada

Pensaba que me iban a gustar más los apartados de Rosa Belmonte que los de Emilia Landaluce, pero es al revés. Empieza Sobre nosotras sobre nada con dos citas: una de un tal Durrell que no conozco, y otra de Ramón J. Sender (del que me decepcionó mucho su Mr. Witt en el cantón). También adjuntan un Manual de instrucciones e intenciones, para no engañar a nadie, aunque no he visto Seinfeld, y no creo mucho en el azar. Citan al Trueba pequeño (a David, que hay mucho Trueba) y su Ganarse la vida (tampoco lo he leído) y Matar a un ruiseñor… y te preguntas el tiempo que ha tenido la peña para leer (y sigues preguntándote en qué has perdido tú el tiempo para no leer y ver tantas cosas que se quedan en el olvido). Escriben en el MDIEI de que la intención era titular el libro como “No tengas críos”, pero, al final, no pudo ser. Escriben que está el libro “cerca del elogio de la amistad”. Cuando tengo alumnos que me escuchan, digo en clase (siguiendo a don Manuel Alcántara, al que luego recuerdan en una anécdota al final del libro por una reunión por su 88 cumpleaños), que los amigos de verdad se demuestran en la cárcel, el hospital y en los cementerios y velatorios. Que la mayoría de personas no tienen amigos de verdad, tienen gente con la que pasamos ratos. A John Cusack lo vi en Alta Fidelidad pero no en Balas sobre Broadway (otra de la lista), y pero sí, hasta que me quedaba dormido después de las preguntas, el Un, dos, tres. Empieza RB, a la que vi por primera vez presentando a alguien en el edificio de Servicios Múltiples de Alfonso X en Murcia (ese alguien era Espido Freire y le dijo que era “asquerosamente joven”), con una frase de su madre, la anteriormente citada “No tengas críos”. Una frase maternal que antecede a Marx ya Emily Dickinson, y a Goethe, y las dudas sobre las palabras de los mortecinos (¿por qué son tan malas las agonías largas?) Hay que tener una enciclopedia a mano para saber los nombres de los que citan, la verdad. También Belmonte se refiere al primer negro que vio en Murcia, como yo les hablo a mis alumnos del primer burka que ví, en Alhama, en septiembre de 2009 al bajar de un tren con la factoría de ElPozo al fondo. Sister Act si la he visto, y también he estado en Vera (pero solo para un entierro y una boda) y no paré en el complejo nudista, que es uno de esos sitios donde llegaba su madre repartiendo donuts. Las uvas de la ira la vi la primera vez durante el confinamiento covid como obligación de un cinefórum particular que montamos los amigos de la carrera, y se me quitaron las ganas de ver a gente con ganas de comer donuts o lo que fuera. SNSN te recuerda Ben-Hur, la lepra y los daños colaterales, que antes de tito Arnold también había daños colaterales. ¿Quién es Ray Milland? Entre Dúrcal y Jurado dice que murió su madre. El día de la muerte de Dúrcal me pilló a mí en Alquerías, en mi primer año de trabajo, y esperando a mi compañero Marchal (que ejercía de chófer de Drácula, que yo no conduzco) un camarero del Nebraska, mejicanito, me contó la adoración que en Puebla tenían a la mujer de Junior. ¿Hay alguien que llorara por la muerte de la madre de Tony Soprano? Después EL titula su primera pieza Como no te guste Venecia, te tiro al canal, y dice que sin su madre seguramente sería yonki, gorda y peluda (con eso Loquillo te hace una canción). Cuenta EL andanzas de chinas y Lambrusco, del que bebíamos en Refugio y una escena de aeropuerto que ni la de Los Serrano. Hace recordatorio del colegio opusino al que no entró y de las monjas de tortura, que no de clausura. EL, lo que no quería era ir al colegio, como yo no quiero ir al instituto, esa cárcel convertida a alturas de 2021 en elemento de insurrección continua y de deriva hacia lo insoportable. Y reflexiona EL sobre en el día en que ya no esté su madre, y de cómo será todo (también cita El hombre sin atributos, del que para variar, no tengo ni idea). En el siguiente tema hablan de Educación (si se escribe así en el postcelaanismo no lo sé). Empieza RB hablando del chinarro de los patios del colegio, pasa por la bolsa de American Beauty y cita Paracuellos de Carlos Giménez (tampoco lo he leído). Ni idea de la figura de Enyd Blyton. ¿Lo blanco de los limones? ¿De verdad? Recuerda los golpes de las monjas. Cita un par de veces Los papeles póstumos del club Pickwick, del que me enteré por una Cultureta que escuché enclaustrado en mi exilio temporal en Totana (de Dickens no pasé de Canción de Navidad). Recuerda RB ir al conservatorio para salir del internado (no sé si sería Jesús María, donde ahora escucho por las mañanas a las 8 que entran a clase a ritmo de Coldplay…). Y luego al Saavedra a estudiar, ese instituto don de me he comido 4 cursos pero al otro lado de la mesa. No, tampoco he leído Nuestro común amigo, pero cuando mi abuelo Salvador, ciego desde los 23, me pedía que le leyera, algún día le dije que cuánto dinero me iba a dar (eso me lo ha recordado mi madre más de una vez). No sé si esa reflexión que hace RB en la página 48 sobre la universidad (lo digo como Licenciado en Historia) es real, o era real el siglo pasado. No lo sé. El día que presentaron el libro con FJL habló de una profesora suya del instituto que luego acabó en la Facultad enseñando Historia en la Universidad y me recordó la imagen de la doctora María de Los Llanos Martínez Carrillo… que serán imaginaciones mías. Luego EL expone que su madre indica que la familia es una institución antinatural. No estoy de acuerdo. Pero se pone a hablar de un duque al que iba a ver a Múnich, y se te pasa. También dice que “el presente es demasiado implacable con el pasado”. Escribe EL sobre personas que conoció gracias a sus padres, desde exministros franceses a tipos que estuvieron en el Desembarco de Normandía. Habla de su abuelo paterno, el que votó no a la Constitución de 1978 junto a un notario para que quedase constancia de su “no”. Recuerda a los muertos de su familia, algunos de ellos llevados por el cáncer. Y las Baleares, y el Colegio Rosales (no el del Lugar de Don Juan, otro) y su Auto de Reyes Magos. Asegura que no debe ser fácil tener críos y apostilla que de los hijos no te libras ni de las pesambres que te dan (el Word no reconoce “pesambres”, pero da igual, yo creo que se entiende). Cuenta andanzas de campamentos en los Grandes Lagos y dice que “la vida, el cabaré, es lo que enseña. Hacerse mayor, básicamente”. Y luego, la comida, y RB empieza a recordar los mapas de las vacas en la carnicería. Asegura que le gusta leer a las personas que escriben sobre comida y sobre personas que comen, que comer es lo mejor del mundo. Viva la asadura y la casquería, pijo. Y sentencia que “engordar también es hacerse mayor”. EL empieza las andanzas de la comida con vomitonas varias, de esas que hemos tenido todos, y con un Foie gras de regalo de los que se hacen esperar para situaciones concretas para llevarlo al buche. La siguiente píldora, la televisión, de la que RB dice que “es tan buena maestra como cualquiera si la aprovechas”. Recuerda los JJOO de Moscú, y cómo su madre compró una tele en color en 1983, el año en que se desarrolla la 4ª de The Americans. Y siguiendo con el deporte, ese que estoy viendo de fondo con el Real Madrid Vs Coosur Betis, recuerdo el primer campeonato de atletismo de Helsinki… Shameless empecé a verla, pero Con ocho basta, no. ¿FOMO? Como escribe RB, “ahora hay una palabra nueva para cada tontería que ya existía”. Y el placer del VHS, eso que mis alumnos ahora no entienden… EL se refiere a Dallas o Dinastía y su importancia para lo que pasó a partir de 1989 en el este de Europa. Habla de los spoilers y de lo previsible y de convivencias, de bolsos de Loewe y de muchas telenovelas de las que sí me sé los nombres. En la siguiente pastillita, se refieren al deporte, y RB recuerda al golfo de Juanito Mühlegg ye el Darbepoetin, del que nos enteramos en Murcia por La Verdad, y del béisbol y del softbol y del Tai Otoshi, mientras que EL escribe sobre gimnasia, fútbol y hockey. Y luego, el amor, ese truco de marketing del que hablaban en Casi Famosos (me da algo ver al protagonista en The Morning Show tan trajeado). Empieza RB el apartado hablando de libros sobre mujeres que se encierran en casa y tienen problemas sociales, y se hace un elogio de la soledad, pero también se reflexiona sobre el desamor. También hay 7 líneas en la página 151 que son una maravilla. Luego pasan al trabajo y citan a Eduardo Haro Ibars, y con eso es casi que suficiente. Empieza RB hablando del turno de oficio, y de Sangonera, y del juicio de los tres novilleros que fueron asesinados en Cieza, y de las continuas esperas de los abogados. También reflexiona EL sobre el Excel, el mismo que yo sigo utilizando para calcular las notas de mis alumnos. Para cerrar el libro hablan de perros y de amistad, y no he visto U.K.S. ni Wonderfalls para hablar de ellas con nadie. Un buen libro de recuerdos que hace pensar en los propios durante los días de lluvia, que alguna vez lo hace en Murcia.

El debate de Garci por Encubridora

sábado, 20 de noviembre de 2021

Kin. Primera temporada

Llevo cinco años sin volver a Love/Hate y no me lo consiento. O no debería. Gastamos el tiempo en asuntos sin importancia, en irrelevantes pérdidas de conocimiento y colas en supermercados, en tiendas de chinos y atascos, en calles con personas que no saben llevar un paraguas y con alumnos que no deberían existir porque el aborto debería ser legal en todos los supuestos. En todos. No sé el motivo de no volver a Love/Hate, al menos, una vez al año. Quizás intento todos los años volver a pasar de la página 100 de La montaña mágica, pero no lo consigo. Lo intentaré, que me quedan 40 días de año. Kin recuerda en muchas cosas a Love/Hate, pero estamos en 2021, y todavía se puede huir a España desde Irlanda. No se si debe, pero se puede, y que te reciban de una u otra manera. Kin acaba en una iglesia, después de una misa de cabo de mes, con el evangelio de San Mateo y con el tema del ojo por ojo y diente por diente y todas esas sotanadas sin sotana que antes o después soltamos en una conversación, tanto o más que un estribillo de The Killers o de Los Planetas. Es verdad que Kin trata sobre venganza y dolor, sobre droga y mafia, y en este tema no podemos frivolizar. Hasta los canallas, antes o después, tienen su corazoncito y viven en desamor, parece que tienen sentimientos y no solo ataques epilépticos al más puro estilo Ian Curtis, pero hoy es 20N (toca recordar otros evangelios según San Buenaventura o San José Antonio) y no 18 de mayo. A diferencia de otras series con capos de la droga de mercados menores (aquí estamos en la catolicísima Irlanda), en la mayoría de los casos, (casi) nadie grita, hay mucho susurro y mucha palabra baja, mucha confidencia después de tiempo a la sombra y mucha ausencia (y llanto por la misma), hay lluvia y bruma a mansalva, hay familias que tienen que ser enderezadas y familias que en la huida han quedado desmembradas, hay ratas que tienen que salir a cazar porque por algo son ratas y hay muchos bajos instintos que satisfacer. Y hay que tener en cuenta que una mujer se hace respetar no por sus palabras y los lazos que lleva un 8 de marzo, si no por sus actuaciones y por lo que hace en lugar de otra persona, sea macho, hembra o palmera hermafrodita. Kin es una joyita que compartir, pero siempre que se pueda, en voz baja. Y las moralejas siempre vienen bien, que no todo el mundo ha dejado de alimentar a los imbéciles de su familia. Coda: Y si, es bastante complicado poner la otra mejilla. Mucho.

The Morning Show. Segunda temporada.

Pedir perdón, dejar atrás el ego, creerte el ombligo del mundo, marcharte a Italia, ir en busca del virus. Viva la publicidad, viva la mentira. The Morning Show vuelve con ese intento de ser radical, pero como en la primera temporada, no llega a dar el golpe en la mesa. Al final siempre hay que ser políticamente correcto porque es lo que hace el viento de levante: llevarte a donde piensas que debes ir. O no ir. ¿Hay motivos o no hay motivos para hacer lo que hacemos? ¿Debemos asumir nuestros errores o debemos caer en una penitencia eterna? Procesos que se eternizan, entre la culpa o la lástima. Preguntas que se hacen y situaciones que provocan los coches y los silencios, las luces en la noche y los viajes a Italia, el inicio de la pandemia en Occidente y vender un servicio de streaming que no sabes quién lo verá. Problemas de ricos y de borrachos, de vida social y sabanera (así la llamaba el hombre de la camisa verde). Busca y hallarás, decía el Génesis… ¿O era el Éxodo? Nos confundimos con los libros bíblicos como lo hacemos con las situaciones embarazosas, con seguir hacia adelante solo con la perspectiva del dinero en el horizonte. Todo sigue siendo mentira, aunque nos la televisen y podamos verla a cualquier hora del día.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Don Importante dirigiendo ACEM

Entrevista en Onda Regional a Don Importante con motivo de su nombramiento como presidente de ACEM.

The Americans. Cuarta temporada.

La cuarta temporada de The Americans se mueve entre la partida de ajedrez y el puzle incompleto, entre piezas que no cuadran y sogas que no cuelgan, entre marchas al país desconocido y virus y bacterias que pueden joderlo todo, entre viajes a Etiopía que se tuercen y viajes que no se hacen a Kenia, entre hermanos caídos e hijos que salen sin motivo aparente, entre penas de muerte de rápido cumplimiento y videojuegos que enganchan, entre deseos y remordimientos, entre la inquietud de la novedad y el dolor de ver crecer, entre lo que creemos que influimos en los demás y en lo que realmente lo hacemos. Pero, a veces, las piezas de ese puzle incompleto aparecen pero aunque cuadren no son perfectas. Y la partida de ajedrez, en mitad de una interminable sucesión de jugadas, nunca acaba, y como en Juegos de guerra, la única manera de ganar es no jugar. Tablas, una y otra vez. Y la familia que ve la tele junta, no hace falta que rece, porque permanece unida aunque el apocalipsis llegue a Kansas City mientras ve The Day After, o ve los mofletes rojos de Reagan, o espera a Andropov o se pierda la final entre Redskins (cuando se podía decir pieles rojas, que ahora en el pudridero intelectual en el que nos movemos es imposible decirlo) y los Raiders. Una sucesión de virtudes imperfectas, pero en la Guerra Fría, como en la ficción, casi todo valía. Incluso las virtudes imperfectas y, por supuesto, las vocaciones tardías que tienen mucho peligro.