jueves, 30 de noviembre de 2017

miércoles, 29 de noviembre de 2017

Ya falta menos (para la Navidad)

Ahora que Eric nos recuerda en sus memorias de golpe las Navidades Radiactivas, hagamos jactancia de ellas, de lo que se queda por el camino del espíritu originario y de la mierda consumista en que se han convertido. Y todo lo demás, también.

Conquistadores Adventvm. Primera temporada.

Resulta chocante ver a Aitana Sánchez-Gijón haciendo de Isabel La Católica. ¿Un cerdo y un hombre huelen igual si los quemas? Parece ser que sí. Buen intento el de la primera temporada de Conquistadores Adventum. Pero el Infierno sigue estando lleno de buenas intenciones. Colones y sus secuaces, Ojeda y sus secuaces, hombres y fuertes, y mapas en las paredes, y barbas, y animales, y animales con armaduras, y manos que se van con los indios y con las indias, y los 39 del Fuerte Natividad, ansias de riqueza, actos para no cristianos. Oro, vómitos y cosas que no saber. Arcabuces y mierda en la selva. Mucha mierda, mucho barro, mucha humedad, mucho bicho, mucha mata, mucha pólvora. Y morir a miles de kilómetros de casa, con la sonrisa en la boca. Y reyes de indios, o de monos, o ahogados en mitad de ningún sitio, con barbas, insectos y mierdas varias. Que no falte la mierda. Nunca. Y muertes en calamares, y muertes como la de Juan de La Cosa, y Ojeda y Pizarro y el Fuerte de San Sebastián. Y Balboa y las peleas de perros y matar uno a uno. Gobernadores de mierda en tierra de ratones. Agua sucia y vírgenes con nombre de perras, y perras con nombres de reinas y canciones y procesiones. El Pequeño Capitán Ojeda, con sus enormes cojones. Encomiendas para todos. Tarambanas todos, y los cerdos de Vasco Nuñez de Balboa muertos antes de ser quemados. Juan Ponce de León, y las compras, y los cerdos muertos que cambian de manos. Pocilgas humanas y despojos humanos y huevos que no sabemos si fueron humanos, o extraordinariamente sobrehumanos. Y Bernardino el de Talavera hecho un pirata. Y la nao La Caprichosa, y Martín Fernández de Enciso. ¿No aparece en los mapas lo que no existe? ¿Hay barcos cualquiera? Y los vómitos de Hernán Cortes. ¿Nueva Andalucía? Y anacondas inimaginables pizarradas. ¿De verdad que se enfurece la Virgen de Los Remedios? Superstición y mierda a la plancha. Y el Cabo de la Vela, y la cuerda que no se acaba nunca y una pandilla de vagos de mierda hechos escombros. ¿Eres tonto o pirata? Cuba para todos, que hubo barbudos antes de los barbudos, que hubo azúcar, antes del azúcar. Una siete pasos, y el recuerdo de una codorniz en un plato. Y cañones de salvación, y pizarrísticas expediciones, y ermitas y más vírgenes e infelices que no terminan de morir. Pero deben morir. ¿Qué estuvo bien en la conquista? ¿Qué estuvo mal en la conquista? Y más vueltas en el Fuerte de San Sebastián, con aquellos perros que no querían volver a España, y aquellos canes que seguían a aquellos perros que mezclaban triunfos y miserias. Y el oeste los llamaba allá por 1511 mientras que Ojeda dormitaba en Cuba. Y los taínos cogiendo castañas y con la Virgen de Los Remedios en procesión . Y todo lo demás hecho (des)ventura mística. Y Panfilo de Narváez tratando con dureza al de Talavera. Y La Caprichosa en busca de Gloria. Y Santo Domingo, lugar para una cuerda para un talaverano con jota incluída. Buen final para ese pirata inicial del Caribe. Y 1512, y la selva de Darién, por panameños lugares, y más gloria en el horizonte. Y Ponquiaco y vino de Jerez para todos. Y Leoncico como guía y espejo en una selva, imitando los españoles cada uno de los gestos indígenas. Y enterrar(se) en arena evitando los mosquitos. Jugar la vida, ganar, perder acaso. O amigos o muertos, el principio de Vasco Nuñez de Balboa, detrás de indios para adorarlos, matarlos o que se los comieran los perros. Y el Pacífico en 1523, por el 25 de septiembre, también llamado Mar del Sur, 20 años olvidado por los españoles. Y la malaria llevándose a Américo Vespucio mientras Ponce de León llegaba a Florida, "la más floreada de las penínsulas". Coronas que ganan gracias a mierdas con cojones, pese a la escoria noble de castillos y blasones y esclavos en la despensa. Y bautizar a las indias antes de empujar, que quede todo bien ante los ojos de Dios. Y María Caridad de los Remedios, nuevo baustismo balboiano, y el momento cortesano y pizarrístico. ¿Coomo lloran los cangrejos? Buena pregunta para que la responda la india de turno. ¿El mar brotó de una calabaza gigante? ¿Eso también lo responde el mar? ¿Cómo no iba a parar la mirada alcohólica de Vasco en Anayansi? ¿Botines? ¿Santiago de Cuba bajo las cenizas de la ermita edificada por Alonso de Ojeda? Bendito franciscano, bendito Ojeda. Y el pesado de Bartolomé de las Casas, ese plasta al que nadie quiere cerca. Nunca. Furor Domine o Pedro Arias de Ávila, ese cabronazo, ese hijoputa que todos queremos de nuestro lado cuando el asunto se pone bien jodido. Pedrarias al poder. Y Pizarro con su barba, y Hernando de Soto, y otra copa para Vasco, que no falte. Y Veragua en el horizonte, y traiciones e incumplimientos e imposibles que no se podían cumplir. Traiciones, traiciones, traiciones. Veragua. Veragua. Veragua. 1514, año de intrigas y mierdas varias en Veragua. Y la selva del Darién, y el Virú, y el Perú, que en algún sitio debería estar. Vivan los polizones borrachos. O bancarrota total, o calzones de oro. Sin término medio. Ninguno. Y la Viagra natural, alias cantárida, que mató a Fernando el Católico, por empujar y empujar. Y por noviembre de 1518, jaleo. Y la puta lealtad, que solo mete en líos. En muchos líos. Y, como en Gomorra, no puedes fiarte de la familia. Nunca. Ni de tus supuestos amigos o conocidos. Y en Acla, la muerte de Balboa en 1519. Reir antes que suplicar. Y la leyenda de Leoncillo, y su collar, y todo lo demás. Y las peticiones de Magallanes en Portugal, y su medio cruzado mensual que no llegaba en 1517, y Túnez, y penurias varias. Y el desprecio del rey portugués, y la oportunidad, y el opio y su vasija, y otra vez Túnez. ¿La pimienta de Malabar? ¿Solo un sueño de mil se hace realidad? Viva la reputación, vivan los hechos, vivan las actuaciones. Y el gigante Patagón, de tachenkiano pie. Y un viento asqueroso en Bahía de San Juan, en La Patagonia, allá por marzo de 1520. Malditas calaveras, malditos aires, maldito todo. Y los bichos cruzados, los que escupen incluidos. Y más saltos, antes y atrás, y más atrás, que un año da por mucho en la modernidad. ¿237 vascos, negros y vascos junto a Magallanes? Vaya tela. Pero viva la heroicidad. Vivan los cojones de todos. 13 de enero, río de enero; después, río platense; y seguir, y seguir, y seguir. Y nada como un poco de calcio, para arreglar el asunto. Y diez españoles y uno de Burgos, y darle al calcio, al rugby, al salto y al codo. Siempre es bueno desfogar(se), aunque sea en una playa olvidada de la mano de Dios en la Patagonia y con Juan Sebastián Elcano quejándose continuamente, que el solo iba para contramaestra para la nao Trinidad y no para dar bandazos. A falta agujeros femeninos, dar(se) de palos, con Juan de Cartagena, y Gaspar de Quesada a distancia y de allienatore, Luis de Mendoza y Sánchez de la Reina, y toda aquella chusma con ganas de jarana, y Gómez de Espinosa y sus secuaces y toda aquella jauría en busca de no se sabía qué. ¿Tierra del fin del mundo? ¿Cementerio al que nadie iría? ¿Mierda congelada sobre escoria con más frío que bautismo en Islandia? Y el Obispo Fonseca, también lejos, suspirando. Y Antonio Pigafetta, que lo mismo escribía que bailaba que se ponía ropa verde. Y los bateles sorprendiendo al patagón, y muerte sin flores. Y el Yucatán, y Aguilar y Cortés, y los mexicas con sus cojones luchadores. Y marzo de 1521 y las Filipinas después de años y millas, y pestes en los tres barcos que quedaban y que no desertaron. Y mientras, en Chactemal, Cortés a lo suyo. Y la isla del Mactán, cuando 1521 no quería romper y cuajar como Dios lo requería. Y Pánfilo de Narváez, y los desertores, y un Caribe que no daba tregua. Y vuelta atrás, otra vez, dos años después, en las islas de las especias, y había que volver, y conchas que decidieron si volvías con Espinosa por el este o con Elcano por el oeste. Y 1522, y el Timor indonesio con clavo en la bodega, y Cabo Verde en el verano de 1522, y la huída hacia adelante, y jugar porque no quedaba otra. 6 de septiembre de 1522. Volver a SLDB, volver a los orígenes, volver. Mucho barco para tan poco marinero. Y llegar en octubre con el emperador, llegar a Valladolid, a escuchar algo que nadie entiende. Y aquel Clemente que era pontífice en 1523 leyó aquel libro del lombardo o de cualquier estado italiano. Calaveras para todos antes de la última ronda que estará por llegar. ¿Siempre nos faltan horas? ¿Siempre nos faltan días? ¿Siempre? Y no era Miguel, era otro Espinosa el que iba a cerrar el círculo. Menudo círculo el de aquellos conquistadores. Manzanilla para todos. Y el alguacil Cabeza de Vaca y el final delos días. Y todo lo demás, también.

martes, 28 de noviembre de 2017

Vuelve la lluvia, vuelven los himnos

Hay himnos que, como las migas, con lluvia entran mejor. Mucho mejor, para el recreo de unos tímpanos de aula vacía en sueños.

Vergüenza. Primera temporada.

No tenía pensado ver la primera temporada de Vergüenza. Ni de coña, me dije. Pensando en el poco tiempo a emplear que tenemos en nuestros reloj, mecánicos segundos que vuelan y se convierten en años, me dije que no. Que no había tiempo. Pero en esas que, entre clases que nadie escucha, entre gritos de pasillo y bolas de papel de aluminio que no sé si es Albal o Reynolds, leí la crítica de Rosa Belmonte. Con Belmonte me pasa lo que con don Manuel Alcántara, que cada día me gusta más como escribe, como lo último sobre Ramón de Carranza. Pero vayamos a lo vergonzoso. A lo esperpéntico, porque la primera temporada de Vergüenza es esperpéntica. Hay veces que la carcajada es recurrente, hay veces que hay que mirar para otro lado, hay veces que no sabes dónde mirar. El techo, el hueco de la ventana, las fotografías. No hay música de Henry Mancini, sino de unos gitanos callejero en una cochambrosa exposición de fotografía; no hay bodas lujosas, solo de chiste; no hay nada fuera de lo común, pero hay que verla. Nos gusta lo vergonzoso de los demás, el escarnio (si es público, mucho mejor). En esa exaltación de lo grotesco, Vergüenza se sale. Ahora que (casi) todos utilizan el "freak" de la película de toda la vida, no viene mal reflejarnos en este tipo estrafalario, en esta familia estrafalaria, en este amigo estrafalario. ¿Qué pensaría el club de los barbudos (Unamuno incluido) de la primera temporada de Vergüenza? Pensar, no lo sé. Lo que está claro es que muchas veces, infinitas, no queremos ver ese mismo reflejo, el nuestro: el de un chiste ambulante. Y todo lo demás, también. Coda: Pero después de todo, siempre podemos escuchar a Mancini y olvidar, por unos minutos, ese reflejo.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Sobre himnos y otras cuitas

Como cada lunes, aunque algunos hoy olvidan ir a clase, toda hablar de himnos, cuitas sin Werther, banderas, capitales y música para empezar a sumar líneas casi uno. Casi uno.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Wolf Hall. Primera temporada.

Allá, por tiempos peñafielísticos, escuchamos hablar y tuvimos que escribir en un examen cuatrimestral sobre Oliver Cromwell, sus aventuras, sus cuitas, sus llantos, sus dramones, sus ascensos y su llegadas a los infiernos. Casi todo en plural. Casi todo. Ahora, aprovechando el jueves de Acción de Gracias, vamos a parar a otro Cromwell y he visto Wolf Hall. Luchas, inventarios, envenenamientos femeninos, primeras barbas masculinas, huidas hacia adelante porque no queda otra. Porque a Cromwell no le quedaba otra. También aparecen los bolenísticos enjuagues bucales, con y sin grandes pechos que llevar(se) a la boca un rey. Y no un rey cualquiera, sino Enrique VIII, que aparece escuchando a Catalina, la tía del emperador, contando historias sobre la primera noche, la penúltima y cualquier noche de aquel infierno en que se vio inmersa la Cristiandad poco después de convertirse en Cristiandades. Nada como un divorcio para joder (un poco más) a la iglesia de nuestro señor. Con un tono que da gusto verlo. Con silencio, sin estridencias. Poniendo, entre voces bajas y susurros, entre animales de palacio y escudos que volver a pintar, los puntos sobre las que no son griegas. Siempre el griego desde el principio, y Tomas Moro, y los embajadores italianos, y soltar frases en francés. O en lo que haga falta. Y deriva el asunto hacia infames juicios, en palabras y cargas, en la cabeza de Ana y en el futuro de Juana, en la penitencia por un futuro que no existió hasta que fue presente. ¿O era la revés? Grande Wolf Hall.