martes, 8 de septiembre de 2026

Furious. Primera temporada.

Furious nos hace un cóctel que piensas que debería explotar pronto, pero se hace de rogar (alguno diría que se indigesta, que todo se queda en una silla de ruedas, en una mano encogida, en una paliza a propósito, en enfermedades que van de la locura a la soleda, de lo soberbia a la inconsciencia, de lo banal a lo más absoluto despreciable. Y, aunque parezca que va de otra cosa, Furious, en su primera temporada va sobre todo del desprecio, de ese desprecio ajeno que tanto nos molesta pero sobre todo el desprecio que muchas personas tienen sobre su ser, sobre todo su ser. Aunque va en ocasiones a la exageración, a la aguja, al fentanilo, al dolor ajeno (ahora sería de los demás, que diría MAHN), y a otros muchos asuntos, siempre damos gracias porque siempre hay alguien que está peor, que vive el infierno en sus propias carnes, en sus entrañas y en el alma que les fue robada cuando tocaba, que siempre toca antes o después, con homilía o sin ella de por medio. Furious, otra bluf que va de muchísimo a menos, pero al final, las matemáticas siguen siendo furiosas. Y mucho.