
domingo, 30 de noviembre de 2008
¿Qué tendrá la botella?

Almas reflejadas.
Entro por una puerta metálica. No sé muy bien si estoy en el Congo o en Burundi. Da igual. Todo es lo mismo. Esto es una especie de manicomio. Digo una especie porque la selección natural aquí es otra cosa. Si Darwin levantara la cabeza se volvía a morir. Seguro. Seguro que la palmaba. La evolución no puede ser esto, seguro que no. Repito mucho seguro porque no lo estoy. Esto es el viento hecho dolor. No sabes lo que va ocurrir diez segundos después. Es así. Es como si un predicador intentara vender algo por la tele. Inútil total. Y entonces veo la claridad. Veo los ojos más claros del mundo sobre un fondo negro. Después veo a alguien sostenido por seis personas, cogido por el cinturón. Y un plato en el suelo al lado de la mayor loca de la historia. Y un cordón haciendo su trabajo. Y los nudos hacen daño. Y unas manos esposadas. Y otro loco esposado a una tubería. El vómito, prieto o no, va a salir pronto. Y vuelvo a entrar, y veo más nudos y más negros atados. Y a uno se le cae la baba, y otros rezan, y las flores buscan su esplendor. Todo está aquí. Llevad cuidado. No se trata de perderse en la traducción, sino que el traductor te venderá. Y la cama sin hacer. ¿O está hecha? Y punto.
sábado, 29 de noviembre de 2008
Odiando de 8 a 7.
viernes, 28 de noviembre de 2008
Las ruinas del Imperio.


3 y cuarto de la mañana. Noto algo cerca del tomate-patata (vulgo, corazón). Palpita lo suficiente, pero no es eso. Es una maquinilla de afeitar en el bolsillo superior del pijama. Los restos del naufragio de ayer tarde, supongo. O no. Del infinito pasado. Creemos que avanzamos, pero estamos equivocadísimos. Crees que avanzas, que das pasos, pero no. Giras y giras sobre la misma piedra, sobre la misma losa de 40 x 40. Incluso retrocedes. Te ofrecen vinagre y lo rechazas. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Eh? En este lado de la buena suerte quizás todo sea gris. O no. Pero no avanzamos, eso seguro. Ya lo decía Braudel en “El Mediterráneo y el mundo mediterráneo en tiempos de Felipe II”, que hay que “medir el tiempo por los cambios y no por la duración”. Y punto.
jueves, 27 de noviembre de 2008
Buscando tierras bajas.
Sabes que no debes, pero lo haces. Empiezas. Con más ganas de las que deberías. Es pura inercia. Eres lo que quieres ser. Aunque las consecuencias serán fatales, no preguntas sobre teorías acerca de lo impensable. Las cosas pasan. Los ángeles también cayeron. Continúas, avanzando, entre la noche eterna que es lo que queda de supervivencia. Lo que espera es lo que menos importa. Pasar lo inevitable. La lucidez es un recuerdo de la niñez. Y la soberbia de la juventud. Y el esplendor de los eclipses. Y la elipsis vital. Y las tierras altas. Y todo lo demás.