domingo, 25 de abril de 2021

Capone

Ahora vivimos en la época en la que idealizamos el caos y la violencia, idolatramos a muchos tipos que en condiciones normales debieron ser crucificados públicamente... y no pasa nada. Los alumnos te ponen en un altar al narco de turno y le dices malparido y se lo toman a bien. Pero el plata o plomo es inmemorial, es mucho anterior a PEEG. Mucho antes de Cali, Al Capone. Lo de Al Capone era para cuando era jefe de una mafia asesina. En casa, no. Como si un político socialista o comunista o gaviotil guay hablando bien de un etarra, de un exextarra o de un amigo de un extarra. Lo mismo. Capone, la película, se va al retiro de Al Capone en Florida, esperando una muerte en mitad de la locura y el delirio, en mitad de una mierda que se ve y que, en ocasiones, hasta se huele. Sí, se huele. Ves al amigo Hardy, camaleón él siempre, hijo de su tiempo y de sus disfraces, deambulando detrás de críos por mi primera vez, en una mansión muy rara, abriendo puertas. Pero te das cuenta que se ha convertido en una marioneta de la degeneración enfermiza, aquella sífilis contraída a los 15 años degenera en una neurosífilis de lo más traumática. ¿Pero se puede sentir pena por un asesino y tipo corrupto por muy mal que esté? ¿Nos acordamos del bolinaganiense caso? Pues eso. No. No se puede tener compasión ni pena con un asesino: no. Y Hardy lo consigue con una interpretación que haces que el tal Capone, el tal Fons, ya sea un chiste sin gracia, un testamento sin contenido, una ruina en lo ecónomico y en lo existencial. ¿En qué se convirtió el monstruo en la cárcel? ¿En un payaso? ¿En una criatura endeble? ¿Un juguete? ¿Un cacharro inservible? Y empieza a hablar, y hay día de Acción de Gracias (pero no vemos a los Lions, qué broma es esta...), y hay hijos que desde lejos hacen llamadas y va el mafioso y recordando se mea encima. No hay que recrearse en el adiós, las agonías largas (como las profesiones tardías), son peligrosas. Muy peligrosas. Para el que las pasas y para los que rodean al que las pasa. Incide la película en la ruina económica (no para de estar en el ambiente la pregunta de la ubicación de 10 millones de dólares escondidos por Fons y no encontrados...). Lo que no se puede encontrar, no se encuentra. Y como película con mafioso, escenita de cama para recordar, pero sin cabeza de caballo: sustituimos el bicho equino por mierda de Capone ya que Fons se caga encima y termina llevando pañales y una zanahoria en la boca porque ya no le dejan ni fumarse sus puritos. Pero como todo es mentira, hay alguien que se congratula de que la realidad de lo cotidiano sea dormir más o menos con tranquilidad: "28 años de tranquilidad he tenido que esperar para tener un poco de paz", dice su esposa (cómplice en tantos asuntos) y que en los últimos días del mafioso prefiere no tener que ir intranquila por la vida. La imagen de este Capone es la de un caballo que en su día ganó muchas carreras y que, como en la Cuba franquista, vive con una pata menos y no es sacrificado por lo que fue. Ese chiste ambulante, esa farsa con pañales, se recrea en su particular sala de cine casera viendo El Mago de Oz y ejerciendo la locura en su manicomio propio. Y como si de una broma macabra se tratara, Casanova y La fuga de Los Plomos me viene a la cabeza (cosas de hacerse mayor). Y hasta deja moralinas la película, con un niñato del FBI poniendo en su boca a Hitler y comparando la muerte del del bigotito con la estancia en la península de Florida del tipo que hizo de la ley seca un negocio. De todo hay en la viña del Señor. Y ya que toca ponerse místico (vengo de misa de 13:30 de San Pablo), habrá que preguntar a los cielos que si los dioses son mortales, Capone contaría bien la agonía de un Dios. O ahorrarnos la pregunta. Y, ya que nos ponemos, hay que fijarse bien en los ojos de Hardy, cada vez más ensangrentados, cada vez más rojos que un infierno que ese Capone se merecía como el que más, como el canalla que fue.

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