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domingo, 14 de junio de 2026
Cuarto partido de la final de la NBA 2026 (Redención, dolor, apocalipsis)
He podido ver sin enterarme de nada del cuarto partido de la final hasta el minuto 17. Piensas en derrota, en rebotes, en el acierto exagerado de los Spurs en el triple (estamos hablando de la final entre NY y SA). Hay días que llega alguien aquí por error (como yo en mi vida anterior, de día y de noche, antes de escuchar a TAB, y como ahora, todos los días en el instituto). Vivan los estanques de plata. Sacrificio. No tiene explicación lo de esta noche. O quizás pueda tenerla. O no. O nada. “Tú, yo, inseparables…”, que dicen también TAB. Luego, al rato, tampoco crees que nada tiene explicación. Esos triples, ese Harper, ese V y ese C, ese deje de superioridad. Por el otro, probaturas e improvisación que van de Sochan al alemán de apellido que no se puede escribir (casi nada, casi nada se puede meter entre metales de una tabla que no se puede completar, o que pensamos que no se puede completar, o que no queremos completar). Y luego, una cuesta arriba, un Tourmalet, una canción que no tiene frases que acaben en infinitivo pero que parece que si puede cuadrar con un calendario inexplicable. Hágase querer por los choques, por el contacto, por posesiones que deberían alargarse (Fox, Brunson) y que no se alargan [la necesidad por encima de la necesidad, la necesidad por encima de los jueves de mercado]. Evaporación de ventaja que nunca debería ser evaporada. ¿Y esos tipos que sólo piden alargar posesiones? ¿Y esos tipos que sólo piden algo abriendo brazos y rascándose la oreja y creyendo que son entrenadores cuando solo son herederos de un tendero que no tiene herencia? Y en esa oscuridad, no hay sacrificio posible a estas alturas de la fuente sin agua (¿MJ sobra?). ¿O sobra todo? ¿Cadenas para soltar a alguien atado desde una altura que no se puede ver? Ahora, sin importancia (o con toda la que puede tener un viernes casi que amanece), hay seres que se atreven a preguntar sobre la posibilidad (o la obligación) de que un hijo lleve bicicleta o patín, pero no se atreven a preguntar sobre la posibilidad neuronal de sus organismos (o antiorganismos). Ya lo cantaba Jota: “Si me diste la espalda…”. No hay que preguntarse por rotaciones, por ejercicios de repetición, por tipos que nunca se ríen pero que ejercen su influencia total (¿por qué tardó tanto en entrar OJA en el tercer partido, qué esperabas MB?). Todo es manifiestamente mejorable. Mucho. Todo. O no. Pero es que no es explicable. Nada es explicable. Nada.
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