martes, 2 de junio de 2026

El nombre de la rosa. La novela gráfica. Volumen 2 (de 2).

Empieza valiente la segunda parte de la adaptación en dibujo de El nombre de la rosa. No hay medias tintas porque la revolución de los colores, la del monasterio y el goce, siempre busca la altura y ya se sabe que “de la mujer dice el Eclesiastés que su conversación es como fuego ardiente, y los Proverbios dicen que se apodera de la preciosa alma del hombre”. Habla ENDLR de exceso y celo, de herejía e imposiciones, de inquisición y violencia, pero a lo mejor se queda un poco corto en meter más texto de UE, más texto contra JDB, más jarana ante el desastre. O no. O todos franciscanos o todos escuchando a Mostaza y Gálvez, o todos creyendo que hay que quemar a los que no piensan como nosotros, o no piensan, o lo de pensar no va con ellos. O solo va con ellos, o contra nadie. “Al volver pasé por tu casa”, cantan siempre Kokoshca, en No queda nada. Pues eso pasa con la lectura de ENDLR, que al final no queda nada. Nada de nada. Ni un ápice de cenizas, aunque siempre volvamos a la meseta, a la puta meseta. Volver para nada.

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