viernes, 26 de junio de 2026

El imperio desierto

El imperio desierto, de Ramón Mayrata, nos lleva a ese gran desconocido que es el Sahara español, o lo que había de Sahara español cuando dejó de ser español y pasó al aquelarre, a la locura y que ha terminado de ser vilipendiado por perros metidos a políticos (o casi siempre fueron perros los políticos, aunque no se autodenominaran así). “Nadie puede pretender aprender del pasado. Enterrarlo, sí”. Esas palabras de RM nos con las que inicia EID nos lleva a ese mapa mental que es el Sahara, algo indeterminado ya por bastantes, y, sobre todo, olvidado por la mayoría. “El desierto es capaz de enamorar con la misma intensidad que la más fascinante de las mujeres”, escribe RM en este libro en el que hay mucho margen, mucha opinión de primera mano y mucho olvido (“Tú no sabes lo que significa la palabra ayer. Tú no tienes ayer”). EID habla de subterfugios y amores, de hambre y movimientos de liberación, de palabras desconocidas (barbián) y de la forma en que “todas las calaveras ríen”. Pero no hay mucha risa en EID, aunque sí referencias a lo bereber, a los Ulad Delim, a los regulares, a la temeridad y a la forma en que en la que todo depende, como bien dice Mayrata de la voluntad. De la jodida voluntad: “Todos olvidáis que este país es como un niño abandonado en el centro de África con un saco de piedras preciosas colgado del cuello”. Y como todo es mentira, también es mentira la sociedad internacional, ese algo abstracto que no existe nada más que para joder la marrana: “Creéis que esa panda de bucaneros que es la la llamada comunidad internacional os va a regalar un país por el simple hecho de que sus habitantes deseen la independencia”. Nada. Y como la vida va de derrota en derrota, también nos recuerda RM que “la mayoría de los hombres malgasta su vida entre el ilusionismo estéril y la obcecación en el error”. Y algo de ilusionismo sabe Mayrata. Subraya todo el tiempo la importancia de lo que hay entre duna y duna (“no se enfrentan a un puñado de hombres, se enfrentan a un desierto”) y de lo que hay entre alma y alma (“creen que sólo somos un inconveniente”). EID también muestro lo que no siempre vemos, lo que está entre el alcohol y lo invisible: “La imaginación no es más que una resaca tras una borrachera de realidad”. Y apostilla: “Eso que llamamos realidad no es más que una versión, entre otras muchas, de lo que pasa”. Y no sabes si es mejor olvidar o escapar, porque de la “mala memoria depende su tranquilidad” (y en cierto modo, la de todos). Y volviendo a los políticos hechos perros y a los perros hechos políticos, se pregunta el autor: “¿Para ti es un problema local que condenen a todo un pueblo a la extinción? Yo siempre lo he llamado genocidio?”. Un excelente libro que nos cuenta historias que debemos recordar. Siempre.

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