martes, 30 de noviembre de 2021

Pretérito perfecto

"¿Será por si así se atreven a conjugar el pretérito perfecto del verbo escuchar? ¿Será para que asientan una vez más y no sden cuenta? Durante varios lustros, la enseñanza de la gramática ha sido considerada una tortura elitista por unos planes de estudio que consideran que sólo es lengua la de las estaciones de autobuses: Me dé dos billetes para Sevilla y similares. Pero yo-dice el experto- estaba siempre de mesas redondas -o sea, comiendo- y congresos y no me he enterado de nada. De ná de ná, vamos. Aunque mi cuenta corriente, sí. Faltaría más". José Perona, Pretérito perfecto (21 de diciembre de 2004).

SPQR. Una historia de la antigua Roma (libro de Mary Beard).

En el prólogo de SPQR, la autora Mary Beard habla de una curiosidad personal a la hora de hacer el libro. Pero se refiere a la creación de esa Roma grandiosa como un proceso complejo, en el que “crean desolación y lo llaman paz”, o algo así dice MB que Tácito reflejó para referirse a lo que hacían los romanos en Britania. Dice MB que “la historia de Roma es un gran desafío”. En el capítulo 1, se va al año 63 a.C. y se refiere a Catilina (ese personaje sobre el que el profesor Rafael González de Historia Antigua me mandó el trabajo de 1º en la facultad, y que no llegué a terminar, cogiendo bibliografía como si no hubiese mañana) y a Cicerón. Describe la autora los territorios controlados pro Roma como “una creciente mezcla de lujo y basura, libertad y explotación, orgullo cívico y guerra civil homicida”. Y en ese año 63 a.C es cuando se produce, según MB un “complot terrorista en el corazón mismo de la institución romana”. Incide en la figura de Cicerón, con todo muy documentado por sus escritos. Habla de aquella situación con definiciones de “terrorismo”, “revolución” y de “acción directa”, habla esos enfrentamientos directos de forma verbal en el Senado entre la doble C. Se centra también (viva la filología), en el significado de la palabra candidato, el “blanqueado”, porque llevaban la toga de ese color… Vivan las lenguas clásicas. Se refiere a los cuadros encargados después y que reflejan aquella disputa, cuando en realidad dice MB que en el Senado romano había que multiplicar 6 x100 para alcanzar el numero de senadores… También describe huidas y sentencias a muerte, cita a Salustio, se acuerda de las “Catilinarias” y de muchas cosas más. En el capítulo 2 trata de explicar el motivo por el cual son tan importantes los orígenes de Roma. Habla de las historias sobre Rómulo y lo que cuenta Tito Livio (MB lo llama simplemente Livio), y habla de Siete novias para siete hermanos como parodia del rapto (ahora no sé si en la tele pública pueden poner una película así en alguna de sus cadenas). Cita cuadros de Poussin y Picasso y vuelve a Salustio y a Horacio y a Ovidio y hace reflexiones generales: “Las ansiedades culturales son a menudo un privilegio de los ricos”. También, como otros, hace referencia a que sobraba uno de los dos padres fundadores de Roma, y de también escribe sobre la ampliación del origen de los emperadores romanos, y de la brutalidad de las conquistas y la esclavitud romana. Se centra también en la polémica sobre la fecha de la fundación de Roma, diciendo que “trataron de sincronizar los acontecimientos de Roma con la cronología de la Historia de Grecia”, y ahí cita el ciclo olímpico de 4 años, y el Libro de la Cronología de Ático y se refiere al 753 como el tercer año del sexto ciclo de los Juegos Olímpicos… Al final todo es mítico y todo es mentira. Como siempre. Y sigue con los hermanísimos, que no son las hermanas Williams pero reflexiona sobre el asunto: “La historia de Rómulo y Remo es alternativamente fascinante, desconcertante y reveladora de las principales preocupaciones de los romanos, por lo menos entre la élite”. Había otras leyendas sobre el origen de Roma y MB se refiere a la historia de Eneas y la Eneida de Virgilio, y dice que “la historia de Eneas es tan mítica como la de Rómulo”. También se refiere la autora a los orígenes de la ciudad y los nombres, y los míticos nombres de reyes (esos que estudias para las oposiciones, con los Tarquinos y el resto), y la violación de Lucrecia por uno de los hijos del rey, y esa forma de condena (MB lo llama “sentencia de muerte política”) para los que se hacían llamar o querían ser el “rex” de turno (llega a apostilla MB que ningún emperador permitió que lo llamaran rey o ser llamado rey). Hablando de definiciones, también especula con las diferentes apreciaciones de reyes y caudillos, y de la peligrosidad de las sucesiones entre reyes. A veces, como buenos estadistas, abusamos de los números y MB lo hace al final y al principio de SPQR (de los 7 reyes, tres asesinados, un rayo mató a otro, otro expulsado y solo dos mueren naturalmente en el lecho; de los emperadores que se sucedieron entre el 14 y el 192, catorce, en contraposición a la sangría que ocurrió entre el 193 y el 293, en el que hubo más de 70). Se refiere al calendario de los 12 meses y esos datos que debemos conocer de fiestas anuales, días sagrados y otras fiestas religiosas, meses lunares, más meses que se añaden y todas esas cuentas en las que nos perdemos con y sin brújula… Y la república, y esos asuntos públicos y la utilización de las fechas de los años de los mandatos de los cónsules y los nombres que daban a los años, y de esa construcción de la República como un proceso de décadas y siglos. A veces, desespera un poco la sucesión de nombres y fechas, de epitafios y adjetivos: el primer acueducto que llevó agua a Roma (312 a.C), la primera carretera importante (Via Apia), las ley de las 12 tablas, el cambio que se produjo de forma importante en el siglo IV a. C. o la crisis del siglo III d.C. Son muchas las anécdotas y los chascarrillos, los conflictos entre patricios y plebeyos, entre el Mario y el Sila de turno, entre César y sus enemigos y el error de la clemencia cesarística, la destrucción de Roma por los galos en el 390 a.C. y la guerra latina, y las guerras samnitas y Aníbal y la batalla de Cannas y Cartago en el horizonte… A veces, demasiado de todo y hay que parar y dejar el libro y volver a la semana… O a las dos semanas… Luego se centra en el comienzo del colapso republicano, en los asesinatos que se sucedían, en magnicidios y jodiendas con vistas a los teatros de piedra permanente, como el primero que se inauguró en el 55 a.C o la caída de los Graco o de Marco Licinio Craso, Pompeyo y Julio César y aquel primer triunvirato… Y dentro de lo que llama la atención para los desprevenidos (o para los despistados), es el uso que hace MB de la palabra xenofobia en el contexto de limpieza étnica dentro de la diversidad de pueblos itálicos (me sigue pareciendo raro eso de itálicos). Y al final, todo se desgasta y los antiguos amigos y aliados se convierten, como en cualquier dramón, en enemigos acérrimos. Y sale la dictadura (palabro, palabro) y la crisis y muertes en Nápoles y los Espartacos de turno (con o sin agujerito debajo de la boca) y las ciceronadas de turno y la explicación de todo que hace allá por la 284: “Los romanos tenían tendencia a utilizar el soborno como excusa práctica cada vez que la guerra, las elecciones o los veredictos de los tribunales no les eran favorables”. Vamos, como ahora, como siempre. Reflexiona la autora sobre la importancia que tuvo Mario sobre “el resto de la república, tanto que difícilmente pudo haberlo planeado”, o sobre Pompeyo (“tiene derecho a ser considerado el primer emperador romano”. Y pongo la tele y pienso en MB cuando asegura que “Julio César fue la primera persona viva cuya cabeza apareció en una moneda acuñada en Roma”, al más puro estilo Iglesias en sus papeletas electorales (o casi). Explica también la extraoficialidad de lo que montaron Pompeyo, Craso y Julio César y esa forma de institucionalizar lo que no se podía hacer. Y los dados, y el Rubicón y la forma de ser un dictador ausente de Roma (como luego lo fueron los últimos emperadores), y los idus de Marzo (guárdate, que ya falta menos, y lee a tito Guillermo) y asesinar en nombre de la libertad y la llegada del segundo triunvirato y la batalla de Accio (Actium) y los suicidios, y las teorías sobre Cesarión y Cleopatra entendida, según MB, como un “blanco útil” al presentarla como extranjera. Todo esto, lo bueno, es que lo hace de forma amena, aunque quizás con demasiado numerito. O no, o que estoy mayor, y ya no leo a la velocidad de antes. Y Augusto, y su sucesión, y esa política matrimonial tan difícil en la que se mezclaba todo en esa Roma. Y los Julio-Claudios, y los Flavios y lo que viene después de Trajano y las citas de Gibbon, y hombres y mujeres hechos dioses, y ricos y pobres, la Roma fuera de Italia y Caracalla y los inventos para cobrar más impuestos. Luego acaba hablando del jardín sin flores y mucha arena que supuso la aparición del cristianismo (más que jardín, cementerio) y de los emperadores de origen extranjero y de todo lo que pasó después del asesinato de Cómodo y de las mentiras y las medias verdades que realmente creemos saber sobre la Roma imperial. Un gran libro para tener tiempo de enlazar y buscar información extra.

lunes, 29 de noviembre de 2021

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Una de fantasmas

"Un fantasma recorre Europa Unida: llegará un día en que sea un continente de abuelos; según los burócratas euorpeos, que se jubilan tras ocho años de viajes agotadores de avión con tropecientos mil euros, no se podrán mantener las pagas de sus jubilados. Dicho y hecho: no sólo se alarga la edad de jubilación, sino que, a la hora de fijar la pensión, se tendrán en cuenta los salarios de todos los años, en vez de los de los quince o veinte últimos". José Perona, Jubilaciones (18 de mayo de 2003)

domingo, 21 de noviembre de 2021

Sobre nosotras sobre nada

Pensaba que me iban a gustar más los apartados de Rosa Belmonte que los de Emilia Landaluce, pero es al revés. Empieza Sobre nosotras sobre nada con dos citas: una de un tal Durrell que no conozco, y otra de Ramón J. Sender (del que me decepcionó mucho su Mr. Witt en el cantón). También adjuntan un Manual de instrucciones e intenciones, para no engañar a nadie, aunque no he visto Seinfeld, y no creo mucho en el azar. Citan al Trueba pequeño (a David, que hay mucho Trueba) y su Ganarse la vida (tampoco lo he leído) y Matar a un ruiseñor… y te preguntas el tiempo que ha tenido la peña para leer (y sigues preguntándote en qué has perdido tú el tiempo para no leer y ver tantas cosas que se quedan en el olvido). Escriben en el MDIEI de que la intención era titular el libro como “No tengas críos”, pero, al final, no pudo ser. Escriben que está el libro “cerca del elogio de la amistad”. Cuando tengo alumnos que me escuchan, digo en clase (siguiendo a don Manuel Alcántara, al que luego recuerdan en una anécdota al final del libro por una reunión por su 88 cumpleaños), que los amigos de verdad se demuestran en la cárcel, el hospital y en los cementerios y velatorios. Que la mayoría de personas no tienen amigos de verdad, tienen gente con la que pasamos ratos. A John Cusack lo vi en Alta Fidelidad pero no en Balas sobre Broadway (otra de la lista), y pero sí, hasta que me quedaba dormido después de las preguntas, el Un, dos, tres. Empieza RB, a la que vi por primera vez presentando a alguien en el edificio de Servicios Múltiples de Alfonso X en Murcia (ese alguien era Espido Freire y le dijo que era “asquerosamente joven”), con una frase de su madre, la anteriormente citada “No tengas críos”. Una frase maternal que antecede a Marx ya Emily Dickinson, y a Goethe, y las dudas sobre las palabras de los mortecinos (¿por qué son tan malas las agonías largas?) Hay que tener una enciclopedia a mano para saber los nombres de los que citan, la verdad. También Belmonte se refiere al primer negro que vio en Murcia, como yo les hablo a mis alumnos del primer burka que ví, en Alhama, en septiembre de 2009 al bajar de un tren con la factoría de ElPozo al fondo. Sister Act si la he visto, y también he estado en Vera (pero solo para un entierro y una boda) y no paré en el complejo nudista, que es uno de esos sitios donde llegaba su madre repartiendo donuts. Las uvas de la ira la vi la primera vez durante el confinamiento covid como obligación de un cinefórum particular que montamos los amigos de la carrera, y se me quitaron las ganas de ver a gente con ganas de comer donuts o lo que fuera. SNSN te recuerda Ben-Hur, la lepra y los daños colaterales, que antes de tito Arnold también había daños colaterales. ¿Quién es Ray Milland? Entre Dúrcal y Jurado dice que murió su madre. El día de la muerte de Dúrcal me pilló a mí en Alquerías, en mi primer año de trabajo, y esperando a mi compañero Marchal (que ejercía de chófer de Drácula, que yo no conduzco) un camarero del Nebraska, mejicanito, me contó la adoración que en Puebla tenían a la mujer de Junior. ¿Hay alguien que llorara por la muerte de la madre de Tony Soprano? Después EL titula su primera pieza Como no te guste Venecia, te tiro al canal, y dice que sin su madre seguramente sería yonki, gorda y peluda (con eso Loquillo te hace una canción). Cuenta EL andanzas de chinas y Lambrusco, del que bebíamos en Refugio y una escena de aeropuerto que ni la de Los Serrano. Hace recordatorio del colegio opusino al que no entró y de las monjas de tortura, que no de clausura. EL, lo que no quería era ir al colegio, como yo no quiero ir al instituto, esa cárcel convertida a alturas de 2021 en elemento de insurrección continua y de deriva hacia lo insoportable. Y reflexiona EL sobre en el día en que ya no esté su madre, y de cómo será todo (también cita El hombre sin atributos, del que para variar, no tengo ni idea). En el siguiente tema hablan de Educación (si se escribe así en el postcelaanismo no lo sé). Empieza RB hablando del chinarro de los patios del colegio, pasa por la bolsa de American Beauty y cita Paracuellos de Carlos Giménez (tampoco lo he leído). Ni idea de la figura de Enyd Blyton. ¿Lo blanco de los limones? ¿De verdad? Recuerda los golpes de las monjas. Cita un par de veces Los papeles póstumos del club Pickwick, del que me enteré por una Cultureta que escuché enclaustrado en mi exilio temporal en Totana (de Dickens no pasé de Canción de Navidad). Recuerda RB ir al conservatorio para salir del internado (no sé si sería Jesús María, donde ahora escucho por las mañanas a las 8 que entran a clase a ritmo de Coldplay…). Y luego al Saavedra a estudiar, ese instituto don de me he comido 4 cursos pero al otro lado de la mesa. No, tampoco he leído Nuestro común amigo, pero cuando mi abuelo Salvador, ciego desde los 23, me pedía que le leyera, algún día le dije que cuánto dinero me iba a dar (eso me lo ha recordado mi madre más de una vez). No sé si esa reflexión que hace RB en la página 48 sobre la universidad (lo digo como Licenciado en Historia) es real, o era real el siglo pasado. No lo sé. El día que presentaron el libro con FJL habló de una profesora suya del instituto que luego acabó en la Facultad enseñando Historia en la Universidad y me recordó la imagen de la doctora María de Los Llanos Martínez Carrillo… que serán imaginaciones mías. Luego EL expone que su madre indica que la familia es una institución antinatural. No estoy de acuerdo. Pero se pone a hablar de un duque al que iba a ver a Múnich, y se te pasa. También dice que “el presente es demasiado implacable con el pasado”. Escribe EL sobre personas que conoció gracias a sus padres, desde exministros franceses a tipos que estuvieron en el Desembarco de Normandía. Habla de su abuelo paterno, el que votó no a la Constitución de 1978 junto a un notario para que quedase constancia de su “no”. Recuerda a los muertos de su familia, algunos de ellos llevados por el cáncer. Y las Baleares, y el Colegio Rosales (no el del Lugar de Don Juan, otro) y su Auto de Reyes Magos. Asegura que no debe ser fácil tener críos y apostilla que de los hijos no te libras ni de las pesambres que te dan (el Word no reconoce “pesambres”, pero da igual, yo creo que se entiende). Cuenta andanzas de campamentos en los Grandes Lagos y dice que “la vida, el cabaré, es lo que enseña. Hacerse mayor, básicamente”. Y luego, la comida, y RB empieza a recordar los mapas de las vacas en la carnicería. Asegura que le gusta leer a las personas que escriben sobre comida y sobre personas que comen, que comer es lo mejor del mundo. Viva la asadura y la casquería, pijo. Y sentencia que “engordar también es hacerse mayor”. EL empieza las andanzas de la comida con vomitonas varias, de esas que hemos tenido todos, y con un Foie gras de regalo de los que se hacen esperar para situaciones concretas para llevarlo al buche. La siguiente píldora, la televisión, de la que RB dice que “es tan buena maestra como cualquiera si la aprovechas”. Recuerda los JJOO de Moscú, y cómo su madre compró una tele en color en 1983, el año en que se desarrolla la 4ª de The Americans. Y siguiendo con el deporte, ese que estoy viendo de fondo con el Real Madrid Vs Coosur Betis, recuerdo el primer campeonato de atletismo de Helsinki… Shameless empecé a verla, pero Con ocho basta, no. ¿FOMO? Como escribe RB, “ahora hay una palabra nueva para cada tontería que ya existía”. Y el placer del VHS, eso que mis alumnos ahora no entienden… EL se refiere a Dallas o Dinastía y su importancia para lo que pasó a partir de 1989 en el este de Europa. Habla de los spoilers y de lo previsible y de convivencias, de bolsos de Loewe y de muchas telenovelas de las que sí me sé los nombres. En la siguiente pastillita, se refieren al deporte, y RB recuerda al golfo de Juanito Mühlegg ye el Darbepoetin, del que nos enteramos en Murcia por La Verdad, y del béisbol y del softbol y del Tai Otoshi, mientras que EL escribe sobre gimnasia, fútbol y hockey. Y luego, el amor, ese truco de marketing del que hablaban en Casi Famosos (me da algo ver al protagonista en The Morning Show tan trajeado). Empieza RB el apartado hablando de libros sobre mujeres que se encierran en casa y tienen problemas sociales, y se hace un elogio de la soledad, pero también se reflexiona sobre el desamor. También hay 7 líneas en la página 151 que son una maravilla. Luego pasan al trabajo y citan a Eduardo Haro Ibars, y con eso es casi que suficiente. Empieza RB hablando del turno de oficio, y de Sangonera, y del juicio de los tres novilleros que fueron asesinados en Cieza, y de las continuas esperas de los abogados. También reflexiona EL sobre el Excel, el mismo que yo sigo utilizando para calcular las notas de mis alumnos. Para cerrar el libro hablan de perros y de amistad, y no he visto U.K.S. ni Wonderfalls para hablar de ellas con nadie. Un buen libro de recuerdos que hace pensar en los propios durante los días de lluvia, que alguna vez lo hace en Murcia.