domingo, 27 de febrero de 2022

Nasdrovia. Segunda temporada.

Empieza la segunda temporada de Nasdrovia con Los Brincos. Ni más ni menos. Y con personitas hablando de cebolla en la tortilla que piensan cambiarse de nombre. ¿Seguro que no todos los taxistas escuchan la Cope? Y nada como un 25 de febrero de 2022 para el estreno. Putos ruskis. Y los recuerdos de la guerra de Chechenia del 90, ahora recordados como chiste macabro. Y dice el hombre elefante, por las calles de Moscú, “que en las calles no se entiende el inglés, se entiende el miedo”. Toma nota, Biden. No, perdón, que la momia está embalsamada y no puede tomar nota de nada. Y nada como comparar la Toscana con Chernobyl. Con la mafia, sea del sitio que sea, solo hay un camino: huir. No se les puede vencer. Nunca. Quemar a Tachenko. Llamar a George Harrison el gourmet de los Beatles. Casas con rincones únicos. Decorar el terror. Mierda sobre mierda. Y los planes alternativos, bacalá. Concursos y cazas. ¿Cara de acelga? Y la Autosuficiencia de Parálisis permanente, y Rocío Jurado, y Rafaela, y los taxis y las jodiendas con vistas al transformismo. Y es cierto que la mafia mata más que el ejército. O no. El infierno sigue lleno de buenas intenciones, incluso siendo más floja que la primera temporada. Coda: Y esos secretos de las recetas...

jueves, 24 de febrero de 2022

The Responder. Primera temporada.

The responder es un querer y no poder. Saber que tienes que trabajar en un ronda de noche pero la pintura da miedo. Necesidad frente a realidad. Hay veces que hay que parar, pero no puedes. El policía de guardia nocturna que es llevado al colapso… pero eso es que pasa en todos los trabajos. Cuidarse y descansar, le recomienda la loquera. “Este trabajo me mata”. ¿Y a quién no? ¿Para qué sirve apagar un fuego en mitad del infierno? Dice el prota: “He olvidado la última vez que hice el bien”. Nada como ser odiado, nada como ser un borde, nada como refrescar el pasado para joder bien el presente. La terapia y la pérdida de tiempo. Lo chocante es la patrulla solitaria, con el loco haciendo solo la noche por esas calles del demonio, rodeado de yonkis, pajeros solitarios y muertes súbitas. Nada como ser degradado como para recordar otras cosas, otros asuntos, otras mierdas. “Los polis son porteras”. Asuntos pendientes, ir de recados nocturnos, demasiada mierda en mitad del vertedero. Esas noches son una ciénaga, casi tanto como un primero de ESO. Nada como venderse, nada como dejarse comprar, nada como estar siempre a punto de la lágrima. Y las residencias de mayores y sus factores, y los cuernos, y volver a pensar, como David Jiménez Torres, en El mal dormir. Hay mucha gente a la que nadie le importa una mierda. Solos en el infierno. ¿De qué sirve a alguien que le alarguen su agonía? ¿Y los curas borrachos tienen solución? ¿Y hay perversión en el error continuado? ¿De qué sirve la reputación cuando no tienes dinero en el banco? The Responder nos hace reflexionar sobre la capacidad que tenemos las bestias, entre las que están incluidos muchos humanos, de caer en la repetición del error, una y mil veces, hasta buclear el infinito.

miércoles, 23 de febrero de 2022

State of the Union. Primera temporada.

Pintas y vino, y esperas en una mesa, y por supuesto que no puedes cagar en una casa que no sea la tuya. Ni en el trabajo. Kant y niños y castigos y mierdas varias. ¿Hornby era esto? ¿Hornby ha quedado para esto? La responsabilidad compartida y los chascos, y los atajos en las relaciones. Todo mentira. Incluso las matemáticas. ¿Qué supone la repetición del pecado original? ¿Reescribir la Biblia? Nada de 100 metros, nada de maratones, nada de Usain Bolt: aquí estamos con lo de Fermín Cacho, siempre con Fermín Cacho. O con Abel Antón. ¿Pero qué queda cuando no queda nada? ¿Juego de tronos? ¿Existió Juego de tronos después de la segunda temporada? ¿Enfermedad? El dinero, el trabajo y hacer el trabajo propio de tu sexo: siempre ganar. El bien, el mal, lo injusto y lo tramposo. Vivan las conversaciones en los bares. ¿De qué hablar si no hay nada de lo que hablar? State of the Union es una farsa teatral, una mentira contemporánea, una canción con buen estribillo sobre el desamor con facturas, terapeuta y ruido de coches y vajilla de fondo. La terapia, esa forma de perder tiempo, dinero y retransmisiones televisivas. Y nada como la comparación del divorcio y el Brexit (otra vez). Burocracia de día a día, de compras de rúcula y suposiciones de entrecot diario. Y de atocinar la vida, que nos hace falta más tocino. Nada como compararnos con los demás, nada como perdonar la vida cuando llega el apocalipsis sin San Juan. Y recordar la patada del holandés a Xabi Alonso, y de ese tipo al que te puedes encontrar en la graduación de uno de los tuyos y que comparte algo con una e y una equis. “Siempre puedes imaginarte vidas mejores que la que tienes”. Y más frases con las que pensar sobre si volver a la soledad después de compartir vida y criar hijos es bueno, malo o manifiestamente mejorable. Hornby no es el mismo Hornby pero sigue teniendo algunos momentos de lucidez. O no. O quizás, reflexionar sobre morir solo, pensar en infartos y morir en accidentes, y todas esas preguntas que, de vez en cuando, entre pintas y vinos, salen a relucir, y a nombres del pasado, y pactos de muerte que no se cumplen o no se cumplirán, compartiendo o no residencia de ancianos. Comer verdura y series de comadronas y temas de conversación y películas en blanco y negro. El futuro, salir adelante y eufemismos baratos para rellenar minutos de conversación. Esperaba muchísimo más.

Hightown. Segunda temporada.

Hay series que necesitan un empujón, y no quedarse a medio camino. Y Hightown lo hace en su segunda temporada, dejando claro desde el principio que no hay medias tintas, que hay asuntos que hay que dejar atrás pero que conviene no borrar ciertos números de un móvil. O sí. Hay que borrarlos y largarse, pero no siempre puedo uno marchar. No. Nunca. Hightown saca los fantasmas a pasear y va del insomnio al recreo familiar, de la paliza que se repite al ensueño de una vida que no es vida sino rutina infernal. Las medias tintas, en espacios de tiburones, llevan a redes de decepción, de huida y de negación. ¿Y hay solución? Yo creo que cuando todo se tuerce, es imposible, aunque algunos sigan creyendo que sale el sol y que es posible un mañana. Hightown nos lleva a esa pregunta, a la posibilidad de creer que si lo hay, de que es posible. Vivan los enredos. Niños que se hacen adultos a base de golpes, adultos que no quieren responsabilidades y viejos que ven humillado su orgullo. Hay para todos, dentro y fuera de la cárcel, en los escalones de la vida y en las casas ajenas, en los aparcamientos y en las mesas compartidas, en los ojos llorosos y en los silencios incómodos. Viva el presidente Jefferson y Acción de Gracias. Hightown va sobre recaídas y pasos atrás, sobre llantos y preguntas a doctores, sobre aceleraciones y nuevas reconversiones que no siempre funcionan. Y pérdidas de las que duelen y no te recuperas nunca. Nunca. Y fantasmas de SOA, y fantasmas que viven vidas de perversión y huida, de anhelo y decepción. No es perfecta, pero la segunda temporada de Hightown deja buenos momentos para desconectar de un mundo que no es perfecto. Nunca.

lunes, 21 de febrero de 2022

Raysed by Wolves. Primera temporada.

Hágase querer por un androide, hágase querer por una mezcla de Matrix y Alien, hágase querer por planetas lejanos y por ridleyscottanianas historias, hágase querer por dioses con nombre de sol, hágase querer por ateos y tecnócratas, hágase querer por tipejos que cambian sus caras, hágase querer por niños abocados a su erradicación, hágase querer por historias que mezclan ilusión y desolación, hágase querer Eminencias que tienen fin desde el principio, hágase querer por familias ficticias, hágase querer por fetos reales e imaginarios, hágase querer por la infertilidad y el terror, hágase querer por la mutación y los altos vuelos, por los bichos y los pozos, por el amor y el desamor, por la capacidad de elegir y errar, por las historias bien contadas y maravillosamente narradas. Vaya joya es la primera temporada de Raised by Wolves.

Justified. Sexta temporada.

Termina la sexta temporada de Justified creyendo que hacemos, de vez en cuando, justicia. Pero es mentira. Ni existe la justicia, ni creemos en ella. Quizás podemos mirar para otro lado, podemos encerrar a un loco, podemos utilizar la Biblia con fines espurios, podemos bastardear hasta la náusea. Lo que haga falta. En esta sexta, se adelgaza desde el principio la base de la serie, cayendo personajes siniestros uno detrás de otro, pero dejando vivo a más de uno (o de una, o de une, ministra) que debería estar muerto (o muerta, o muerte, ministra). Justified no es una serie que nos recomendaría el Ministerio de (Des)igualdad, o el de Justicia e Interior, o el de Gracia o de Guerra. O Guerras. Justified necesita tiempo, va a su ritmo, pero es una gran serie que, pese a los errores finales, suele tener coherencia. Quizás sean los años pero cada vez más repito las palabras coherencia y reflexión, y Justified, casi siempre, cumple con esas dos palabras, con dos premisas. Es difícil encontrar a tipos, en las miles de series que podemos encontrar, a tipos como Raylan Givens y Boyd Crowder, a individuas como Ava, a policías que guardan buen licor en su oficina. Justified se cierra (de momento, que ahora entre tantas sagradas escrituras profanadas cualquiera resucita lo que haga falta) con una buena temporada y con momentos que mezclan aversión y atracción, ganas de asesinar y jodiendas con vistas a un pueblo del que, antes o después, hay que salir porque está maldito. Y nos encantan los malditos. Vivan Ray y Boyd y Ava. Hasta el final.

miércoles, 16 de febrero de 2022