lunes, 12 de octubre de 2026

La isla

No está La isla a la altura de El sermón sobre la caída de Roma ni de A su imagen, pero es que difícilmente hay muchos libros que estén a la altura de El sermón sobre la caída de Roma ni de A su imagen. Pese a esos peros (todo es queja en la vida, todo cansancio, existencial y del otro), deja Jérôme Ferrari chispazos de ese genio para retratar y retratarnos en esta gran mentira que es la vida. Aunque al principio parece todo brumoso (como casi todo en la vida), al final consigue enderezar la historia con su facilidad para resumir el caos diario de cada uno de nuestros momentos, de cada una de nuestras vidas. “Nunca he creído en las mentiras de la nostalgia” escribe ya casi al final de La isla, cuando muestra su pensamiento sobre el turismo y la mierda que todo ese fenómeno hilarante del selfi y lo cutre lo invade todo: “Nosotros no somos inocentes, sino cómplices de la transformación del mundo en un gran centro comercial”. Somos inconformistas, y muchas cosas más que JF resume en una frase: “Los humanos nunca ganan cuando ven cumplidos sus deseos”. En esta ilustración sobre los cafres y su deseo de hacer daño, sobre las idas y venidas al hogar familiar, sobre los más bajos instintos y lo que creemos perder cuando no sabemos que nacimos derrotados, todavía se ve el hilo de esperanza en algún momento (“habíamos venerado la cultura y el estudio, porque nada nos importaba más que salir del lodazal”). Pero como ya todo es turismo y terciarización, no hay salida posible: todo mierda. En algún momento, todos pasamos por esa lucidez imposible (“a veces sueño en dejar la enseñanza”), pero se nos pasa, y volvemos a la mentira del día a día, y claro, siempre pasa lo mismo: “Todo salió como estaba previsto, pero no significa que saliera bien”. Pero esa lucidez (tildada por JF como de “insufrible privilegio”) nos lleva a transformar lo cotidiano en algo no solo insufrible, sino en algo que va de las tentaciones desérticas al Apocalipsis: “El lugar en el que estaban ofrecía ya una versión bastante convincente del infierno”. No está mal volver a las palabras de Ferrari, aunque dejen más desesperanza en nuestra vida.

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