Hace 7 horas
domingo, 12 de abril de 2015
Mejor otro día
Empecé la lectura de En picado, de Nick Hornby, el libro en el que se basa Mejor otro día, después de que me lo regalara Burbujaplanetera. Hornby, con y sin camiseta del Arsenal, está en un altar. Pero he de reconocer que no terminé En picado como pude hacer con joyas como Juliet, desnuda, o con Alta fidelidad o con cualquiera de ellas. Dicen que no se puede frivolizar con el suicidio, pero hay que (des)dramatizar. Es la vida. Es cotidiano. Y Hornby lo hace con 4 individuos que en Nochevieja se encuentran, curiosamente, en una azotea cual Beatle desesperado en lanzarse al espíritu. A partir de ahí empiezan a pasar ratos juntos dentro del drama que lleva cada uno encima. Manifiestamente mejorable hornynianamente hablando. Y todo lo demás.
Trance
¿Olvidar o recordar? ¿Borrar nuestro disco duro mental y empezar de nuevo? ¿Parchis, damas o ajedrez? Danny Boyle nos enjambra en mitad de la miel más perversa en un juego/videojuego/sueño del que es difícil salir y en el que nada es lo que parece. Bueno, Rosarito Dawson nunca es lo que parece. Ni el resto del reparto. Y si el robo de El vuelo de brujas no fuera suficiente, y si recordar a Rembrandt en La tormenta en el mar de Galilea tampoco, pues mala suerte. Trance es un ejercicio de atención y engaños, de pasado recalcitrante y juegos equívocos. Pero vivan los errores de nuestro pasado. Y todo lo demás.
sábado, 11 de abril de 2015
Big Bad Wolves
Si Tarantino no hubiera abierto la boca, ¿cuántas personas hubieran dejado de ver Big Bad Wolves? Un número altísimo, claro está. Big Bad Wolves tiene sus momentos de lucidez y soplete, sus momento viral de red, sus policías y sus caballos, sus gritos y sus tartas, pero no son para tanto. Simplemente para pasar el rato, simplemente para olvidar la puta realidad durante un momento. Y todo lo demás.
viernes, 10 de abril de 2015
Jodiendas con vistas a la morera
Ahora que la embajada londinense está a punto de volver, los gusanos (no me refiero al gobierno actual de España) están pasando las últimas horas en la residencia catastral. Lástima. Pero siempre nos quedan los motores de combustión.
Celebrando la festividad de Ezequiel
Como buenos católicos (y en semana de Pascua, más), siempre hay que recordar a Ezequiel. La Biblia, injustamente tratada en sus traducciones al castellano, nos deja momento que pueden ser interpretables en cualquier asunto. Viva la Biblia y viva Tarantino.
Segunda mitad de Dobles fatigas
jueves, 9 de abril de 2015
Better Call Saul. Primera temporada
No sé si es mucho o poco tiempo, la verdad. Un 13 de octubre de 2009 terminé de ver la primera temporada de Breaking Bad. Lo dicho. No sé si es mucho o poco, no sé si los duendecillos verdes estaban ya en la mente de alguien. No lo sé. Ahora, más de cinco años después, parece que Saul forma parte de nuestras vidas, pero no este Saul de la primera temporada de Better Call Saul. Pero hay que saber que las raíces de las buenas vides son viejas, y el vino, y el sabor a fruta madura, y los patéticos finales, y todo lo demás, tienen un culpable: el cabronazo de Vince Gilligan. El tipo nos adelanta materia, nos va adelantando materia desde los putos capítulos de Expediente X hasta ahora. Y la muñeca en la piscina, adelantando el puto accidente de avión. Y todas esas mierdas. ¿Cómo éramos nosotros hace unos años? ¿Éramos chistes ambulantes como ahora o simplemente gilipollas? El apetito asesino, el colmillo, las flechas de San Sebastián, todo está en el ADN. Todo. ¿Pero de verdad Saul pudo ser el gilipollas que era antes de ser el Saul de las decenas de móviles en el cajón? ¿Seguro? ¿Tan patético? ¿Seguro? Eso de tragar veneno hasta inmunizarse está bien como truco de marketing, pero hasta cierto punto. Y el cabronazo de Gilligan solo nos adelanta una pildorita en mitad de nuestro tratamiento. Cambiamos quimioterapia por tortura china de pedicura; modificamos institutos por juzgados con tres bandoleros cortando cabezas; cambiamos a Pinkman por dos (des)cerebrados con patinete y cámara; matrimonios imperfectos; fraudes de saldo. Todo es mentira, hasta el calvo contando su historia de Philadelphia, y sus falsas borracheras, y su nuera en plan bien y su nieta haciendo esculturas de plastilina. ¿Cuánto va a estirar el chicle el señor Gilligan? ¿De verdad que Saul no nació cabrón? ¿De verdad que los cabrones tuvieron antes su corazoncito? Yo no me lo creo. Pienso que esto es un juguete en manos de Don Vince. Es una fábula sobre la perdición, sobre la lentitud del pasado, sobre los Rolex falsos y las monedas con JFK mirando al oeste, sobre las camareras que piensan en Kevin Costner y sobre los tickets de estacionamiento. ¿Hubiéramos invertido 10 capítulos de nuestra vida en un tipo tan patético como el Saul de la primera temporada? No lo sé. Pero la cometa de Gilligan no anda con prisa y el viento siempre tiene un precio. Demasiado precio. Y todo lo demás.
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