lunes 13 de julio de 2009

El Discóbolo de Mirón.


El jueves pasado cogimos el cercanías para ir a Alicante a ver la exposición sobre La Belleza del Cuerpo. Vamos, una escusa para ver la copia del Museo Británico del Discóbolo de Mirón. El problema de los museos y las exposiciones es la cantidad de imbéciles, retrasados, notas, apestosos, julays y fauna de todo índole que se junta en estos recintos (y no siempre huelen bien). En fin, que al Discóbolo le faltaba una peana un poco más grande. Y a los apestosos y demás jauría escapada del zoo, lo que realmente les hace falta, es estar en Sing Sing. Pero no diez años. Cadena perpetua. Por apestosos.

El Juego del Ángel.

No tenía intención de leer El Juego del Ángel. Pero Sole Holanda lo comentó el otro día en casa y le cogí el libro a Don Importante. No es que sea nada del otro mundo, pero Carlos Ruiz Zafón readapta sus premisas literarias, ya leídas en La Sombra del Viento, en esta siguiente novela. El Juego del Ángel, como LSDV, es embaucadora. Te mete en una tormenta en la que siempre llueve, y graniza, y todo son rayos y relámpagos, y no hay descanso posible, porque en el Infierno nunca escampa. Muy bien narrada, la historia engancha desde el principio, no nos engañemos. El hilo de la cometa se alarga de manera oportuna. A algunas de las descripciones les sobran palabras, creo yo, pero la serpiente quedó encantada hace bastante tiempo. El marco geográfico es la Barcelona de fines de los años 20’s del siglo XX, industrial y deshumanizada, como era la España del siglo pasado, como es la España de hoy, como será la España del mañana. Pero, quizás, todavía queda algo de esperanza, algo que salvar en esta jungla oscura de sangre y vómito. Por cierto, hablando de descripciones, Ruiz Zafón pone especial énfasis en los olores de esta Barcelona que conjugaba alta burguesía libertina con proletariado que sudaba sangre para morir joven y putrefacto. De todo lo leído me quedo con el personaje de Isabella, ensoñadora hasta la médula, sarcástica e imaginativa. En fin, que estas 667 páginas nos muestran la vida, esa gran mentira en la que sufrir eternamente. Porque todo es mentira. Y punto.

This is England.


De piedra y sin riñones. Así me he quedado después de ver This is England. Año 1982. Islas británicas. La Thatcher, antes de su actual demencia senil (afortunadamente ya no se acuerda de casi nada) se metió a recuperar las Malvinas. Las Islas Malvinas. Y, como en todas las guerras, hubo daños colaterales. Soldados que mueren, sobre todo. Y eso deja huérfanos y familias destrozadas y todo lo demás. Y todo lo demás es un niño de 12 años destrozado y a la deriva, susceptible ante cualquiera que le defienda. Y mientras suena esa música de los 80 que a veces enamora y a veces desespera, acabas siendo un skin head. Un cabeza rapada que persigue a los indios y los paquistanís.

Pero la película es una reflexión profunda de lo que realmente existió. Esa coalición anglo-americana, Reagan&Thatcher. Porque no nos engañemos: esa situación se repite en ciertos lugares. Gana una derecha, busca el patriotismo exacerbado, se vende a las multinacionales y jode al personal. Eso es el triunfo reaccionario. Y en las crisis, los desfavorecidos con hambre acaban siendo peligrosos. Muy peligrosos.

Todo es mentira. Hasta que te dan una paliza, o te destrozan la tienda. No tienes un problema hasta que te han roto la nariz. Entonces tienes varios problemas, y el profe de mates no puede solucionarlos. Ni derivadas, ni integrales, ni jodiendas con vistas a la bahía. Todo es mentira.

Reflexión ilustrativa de la degeneración occidental, de los cantos de sirenas borrachas de chupar petróleo contaminante. Porque al final todo te mancha la ropa. Aunque no lo parezca, las sillas nunca están limpias. Sobre todo, las de los parlamentos y los ministerios. Esas sí que están sucias. Y punto.

domingo 12 de julio de 2009

¿España es lectora?


¿España realmente lee más que antes? Una cosa es la producción literaria, y otra, muy distinta, que el personal lea más. Es mucho más complicado. Y encima con ciertos autores que no han intentado meter con calzador facha y progre. Pues eso, que tenemos los lectores y los autores que nos merecemos. O vaya usted a saber. Pues eso, Nuestros poetas, de Astrud:

"Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Sólo hay que leer las cartas
que Guillén mandó a Salinas,
o escuchar a Gil de Biedma
leído por Carod-Rovira para verlo.

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Sólo hay que mirar las fotos,
están en las hemerotecas.
Dámaso Alonso en El Pardo
y Luis Cernuda en Acapulco.

Los que se hicieron ricos,
los que murieron pobres,
enfermos, en el exilio,
Leopoldo y sus dos hijos, todos ellos.

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Preguntadle a la viuda de Alberti,
si pudiera hablar Zenobia,
si estuviera vivo el bendito
padre de Jorge Manrique.

Si lo supiésemos todo
sobre algunos,
tanta metáfora
y tan poca vergüenza todos ellos.

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.
Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas.

Quevedo el putero y Góngora el lameculos,
Garcilaso el usurero y Rosalía la ludópata,
el maricón de Lorca y Bécquer,
que era un poco mariquita también.

Gimferrer el pervertido,
Ferrater el desgraciado,
los hermanos Machado,
el drogadicto y el maltratador.
San Juan de la Cruz
y Santa Teresa de Jesús.

Qué malos son, qué malos son,
qué malos son nuestros poetas".

Es lo que hay. Lo demás es un sol y una casa que, imparablemente, se te meten por los ojos. Y todo lo demás.

Coda: He puesto en dos salas de profesores distintas esta canción, entre clases, mientras la gente hace que trabaja pero no hace nada. Se molestaron. ¿Por qué se molestaron? ¿Por qué se rasga el personal las vestiduras? Los mantos de oro. Siempre vestidos con mantos de oro. Y punto.

Carteles para todos.

El concepto de actividad.


Escuchar a John Cipollina un domingo por la mañana es como ver marchitarse una rosa. Podemos hacerlo muchas veces, pero no lo hacemos casi nunca. Porque no queremos, porque no lo deseamos, porque está bien, pero no es imprescindible. Es como la actividad. Dentro o fuera del matrimonio. Siempre. Siempre puedes ser un perdedor. Un simple perdedor.

Hey, tonight.


Esto es lo malo de hacer(se) viejo. Muy viejo. Yo en el 98, en el 99, escuchaba a la Creedence en silencio, en mi habitación. Y, ahora no puedo. Ayer, en la Glorieta de Totana, mientras hablaba con Jenny, con Ana María, con Esperanza y con la más grande de las grandes, cuando hablaba con Esmeralda (un sol, un amor, una rendición) sonaba el Hey, tonight. Mucha gente lo sabe, y mucha gente no. Yo he escuchado, de muy pequeño esta canción con el primo drogata. Perdón, drogota. Que una o nunca es una a. Pues eso,, que no se pueden confundir las vocales. Y Esmeralda, siempre es un sol, un amor. Y la gente que me conoce, sabe, con, realidad, lo que suponen dos comas en el siglo XXI. Joder, Elena, cómo pasa el tiempo.