lunes, 27 de enero de 2020

Ray Donovan. Séptima temporada.

¿Nos hemos quedado sin Ray Donovan? ¿Todo círculo se cierra? ¿Nos quedamos sin hiel y flores para los domingos por la noche? ¿Nos quedamos sin bilis ni ambrosía raydonoviana? Otra vez se van cerrando puntos suspensivos sobre hermanas muertas, sobre hermanos pequeños que hay que conocer, sobre maridos que son engañados y tienen sed de venganza, sobre Parkinson y doctores y terapias alternativas y volver a sonreír con personas del pasado. Explotar, huir, paraísos, golpes del pasado que tienen repercusiones en el presente. Con vueltas al pasado como en la última temporada de Boardwalk Empire, al final vamos a empezar a entender algunos asuntos. Algunos. Detalles para explicar ciertas aristas que completan elementos complejos. Uniformados para sufrir y hacer sufrir, para disfrutar y escapar, y disparar y lograr redención. Porque los Donovan, en su encrucijada de difícil definición, busca mucha redención. El puto Katrina de la redención se merecen los Donovan. O un Infierno cargado de ira, vísceras, zapatos que se arrastran y alcoholes varios. Los Donovan. Vaya saga. Vaya historia. Con altibajos, pero siempre maldita e incontestable, siempre visceral y llamativa, siempre vacilante y combativa. Toca enterrar a los muertos y escapar. Y todo lo demás, también.

¿Únicamente?

sábado, 25 de enero de 2020

Himno para pensar en batallas perdidas

Himnos para sábados que prometen lluvia

El Embarcadero. Segunda temporada.

Ha vuelto El Embarcadero para marcharse. Ha vuelto El Embarcadero para descifrar ese sudoku inclasificable en el que se convirtió en su primera tanda de episodios. Había que rellenar esos puntos suspensivos y lo han hecho con altibajos, con situaciones creíbles y otras rozando lo inverosímil. Es cierto que todo tiene ser completado, pero hay formas y modos, hay métodos y técnicas para hacerlo. Cuadrar el círculo no siempre es fácil y, como siempre recordaba Daniel Monzón cuando era crítico antes que director, "el Infierno está lleno de buenas intenciones". El Embarcadero es difícil de asimilar, no es una historia clásica dentro de lo inclasificable del disparatado número de series que se lanzan al mercado en la actualidad. Cuando pase la fiebre, o la moda (pantalón campana sí, pantalón campana no), tendremos que valorar si series como El Embarcadero, con una idea magnífica pero no siempre ilustrada con imágenes perfectas y recayendo en exceso en obviedades, se hubiera dividido en dos partes. No lo sé. Quizás sea una impresión, el estado febril, escuchar poca música, pero creo que pese a estar bien podría estar mucho mejor. O no. Vaya usted a saber. O falte más sangre, y más vísceras y más arroz o todo lo contrario. Lo bueno es que no hay redención, que hay que seguir para adelante. No queda otra. Coda: ¿Tiene cada uno el diablo que se merece? ¿Es tan difícil no equivocarse en esa capacidad de decisión?

viernes, 24 de enero de 2020

Mientras dure la guerra

Ha tenido que llegar 2020 para ver Mientras dure la guerra. Y la he visto con reservas, entre otras cosas, porque no he leído nada de Unamuno (como no he leído las Novelas Ejemplares galdosianas). Mal empezamos con estas asociaciones de ideas. Mientras dure la guerra es de las que hace pensar en las actitudes cambiantes. Ya recordamos hace 10 años el asunto de la devolución del acta concejil a Unamuno por parte del ayuntamiento salmantino. Casi nada. Y todos, después de ver la película, somos expertos en unamunitis. Expertísimos. También se le recordó después de la lectura de Las armas y las letras. Vaya libro, para releer más de una vez. Empieza MDLG con una bandera con su bandera republicana de rigor, sus camiones militares en la plaza salmantina de referencia, con verde y fusiles y un grito declarando el estado de guerra un 19 de julio en Salamanca. Y de ahí en adelante, frases que sabemos o creemos saber o creemos que fueron ciertas. ¿Fueron realmente ciertas? Hasta la detención del alcalde Casto Prieto aparece. Casi nada. Nietos, abuelos, campanas, detenciones, claustros, aulas y curas. Que no falten curas y carteles de corridas de toros. Y del Estatuto Catalán y de traiciones de instituciones a las personas, y de las personas a las instituciones. Mitad y mitad. Rectores pidiendo colaboración. ¿Podemos morir por nuestras ideas políticas? Antes sí y ahora, hasta ayer, también en España, y en otro país, sigue pasando. Y Marruecos, y diplomáticos alemanes viendo a un Franco pasmado. Y ese paso del Estrecho, esos aviones de un lado para otro para hacer una guerra y seguir ensangrentando al personal. Crucifijos y cojines verdes, mujeres en el recuerdo y animales de papel. Y empiezan los disparos a primera hora, bien cerca de los cementarios. Y Azaña escribía mal según Don Miguel (todavía no teníamos La velada en Benicarló). Las hijas, la edad, los nietos que leen los artículos paternos y la expulsión del rectorado. Hasta curas protestantes, o como se diga. Hasta recuerda Karra Elejalde haciendo de Unamuno el suicidio de Balmaceda (y que debió seguir ese ejemplo Azaña quitándose de España y de su vida). Y Millán Astray y sus chascarrillos. Y los himnos recitados. Y el manco en Cáceres con Tito Paco a la vuelta de Argentina. Ceses y hemerotecas y todo lo demás. Depuraciones y cargos. Propaganda fuera. Todo empieza en un momento, todo se dispara y se acelera y se va a la mierda. Y detenciones y muertes, como la de Atilano Coco, que te cambian la vida. Y el cambio de bandera, marcando territorio. Y esa Marcha Real, para seguir marcando aún más España. Mola, Kindelán y Cabanellas ante don Miguel. Una pandilla y una foto, y una mano de Millán Astray sobre la espalda unamuniana. Y esa junta eligiendo al líder, con Cabanellas llamando al futuro Generalísimo "Paquito, el Cuquito". Todo es mentira en esta vida. Mentira. Y la bendición mora o baraka que llevó a Franco al liderato. Ese nombramiento, esa reunión, ese hermanísimo. La veleta de Unamuno en esa conversación en mitad del campo con Salvador Vila, sobre la misma historia de España y sobre revancha y odio y Stalin y de sacristía y rezos y de todo lo demás. Pero una cosa es hablar, tras un coche abandonado, y otra bien distinta disparar y hacer el cafre y joder la marrana. Habla el Generalísmo con su clon con traje en una avión de la gresca española. La jodida gresca. Y Unamuno ejerciendo de San Pedro, renegando tres veces de un Salvador al que iban a fusilar. Las putas contradicciones de la vida. Y Cabanellas contra todos ese grupo que le toma el pelo y que él se dejó tomar. Y el día que lo resume todo, o no resume nada: Todo es mentira. Y para acabar, más bandera.