jueves, 29 de septiembre de 2016

El 28 de septiembre de 2016

Vamos a recordar este 28 de septiembre como el día en que se montó aquel follón inolvidable en el PSOE. Unos hablan de guerra directamente. Otros de rebelión. Otros editoriales también serán recordado. Editoriales que no falten. Fauda caótica para todos horas después de la despedida de Peres. Vaya horas. Y todo lo demás, también.

martes, 27 de septiembre de 2016

No se deben olvidar los crímenes

Es necesario no olvidar. No olvidar los muertos que han sumado años de horror, violencia y terrorismo. Que no se nos olviden los crímenes.

¿Qué sería de nosotros sin Juniper Moon?

El señor Amat nos recuerda a uno de los más grandes grupos del territorio español, de efímera existencia pero creador de himnos generacional. Viva Juniper Moon. Coda: ¿Se puede olvidar una enfermedad como la que ellos cantaban?

Avileando la tarde

lunes, 26 de septiembre de 2016

Gracia

domingo, 25 de septiembre de 2016

Versión zanahoria del día

Braindead. Primera temporada.

Nada como el verano para mezclar bichos y política porque, a fin de cuentas, son casi siempre lo mismo. Toca elegir entre Clinton y Trump, entre Sánchez y Rajoy, entre perdedores y apuñalados, entre politicuchos de tercera división y alguno que otro de segunda división B. Pero es lo que nos toca. Pero de pronto, en el verano de 2016, con las reuniones de demócratas y republicanos, apareció la primera temporada de Braindead. Con capítulos de risa desatada, con desamor e insectos, con lo mejor y lo peor de la política de los gringos. Siempre que se pasa de la tortura a la felicidad, los políticos andan jodiendo. Se joden entre ellos, literalmente, en todos los sentidos de la palabra. En todos, no solo en el que Poyet habló tras la derrota del Betis en casa ajena contra los chicos de Sampaoli. Y si algo tiene Braindead es locura y desesperación, soluciones inesperadas e imaginación científica, geniecillos locos que aparecen de la nada, explosiones cerebrales que salpican en ambulancias, en programas televisivos, en gimnasios, en despachos. La sangre alcanza límites insospechados. Y, como en las zapatillas blancas de Jack Teller ante su despedida de Gema, solo nos queda tirarlas a la basura. No hay solución para unos zapatos que llevan horas manchados de sangre. Hay que innovar, pensar, buscar hioides en cráneos de Atapuerca. La única manera de salvarnos de la guerra es evitar a los extremistas, saltar de lago en lago, volver a pensar un enroque definitivo. La palabra perder, según la ideología de Braindead, significa "redefinir la victoria". ¿O era al revés? Insano, loco, paranoico. ¿Qué no hacer en un jaleo de bichos del espacio que van a cambiar el rumbo del Imperio llegando a los jefazos del Senado? Simplemente se trata de poner(le) imaginación al asunto. La que cada uno pueda. O deba. O romper un listado de estándares de aprendizaje de la LOMCE. O escupir en el mar. O volver a todo que es, otra vez, insano, loco, paranoico. Luchar hasta morir por unos principios, aunque parezcan equivocados. Insistir, luchar ante un muro que no quiere escuchar. Bichos espaciales, desamor y amor entre republicanos y demócratas en todos los sentidos, tipos de la NSA que no parece ser de la NSA, doctoras con principios, padres que esconden muchos secretos. Y la vergüenza. En la vergüenza está la salvación. Nuestra salvación. Parece una contradicción pero a lo mejor solo nos queda huir. Es cuestión de tiempo que los bichos tomen el poder, y no solo en Corea del Norte. Coda: Y el peligro de una niña con una cámara. A conseguir nuestra vergüenza. Como sea.