martes, 31 de marzo de 2020

Ese bebé, esa madre, esa historia...

Esa mano fría sobre el mármol...

Sigo pensando en esas seis palabras. Una en vez de esa, pero da igual. Vaya himno para el encierro...

Kalifat. Primera temporada.

La última vez que estuve con alumnos de 4º de ESO, en el curso 2017/2018, en el IES Monte Miravete, les impresionó, y mucho, The State. Mucho. Desde la escena en la que se deshacen del móvil. El niño y todo lo demás. Kalifat no deja indiferente en ningún momento. Por momentos desagradables, siempre tensionado, siempre con el aliento en un puño, la primera temporada de Kalifat hace pensar: ¿qué hacen unas niñas de instituto en Suecia que sean captadas para ir a la Siria del Estado Islámico en 2015? ¿Qué les lleva a ese disparate? Además, el papel de la inteligencia de la embajada ikeaniana en el mundo, los dramas dentro de las familias, las familias desestructuradas en el mundo "avanzado" nórdico, el recuerdo de la inmigración de Los Balcanes, las cabezas locas con las dependencias, el paso por la cárcel, las investigaciones inconclusas y todo lo demás. Una dulce nada de mártires que te hacen sacar los más bajos instintos. Los peores. El fracaso, la decepción, las falsas esperanzas, las jodiendas con vistas a una Suecia en la que no hay esperanza. Hay un momento en el que dejas de creer y te subes en el primer avión que te lleva al Infierno. ¿En qué fracasa una sociedad en la que se llega a eso? Ahora, en tiempos de coronavirus, en tiempos de encierro y enclaustramiento interior, toca reflexionar: ¿Cómo lo hemos permitido? Ahora que se habla del fracaso europeo de la Unión, de la desigualdad, del norte rico que se olvida del sur pobre, no está de más de mirar(nos) los guetos interiores. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para frenar esta locura? ¿Qué puedo hacer yo desde mi clase de Historia aparte de poner The State (y si algún día vuelvo a dar clase después del COVID) y Kalifat? Pues en cada una de nuestras palabras (y nuestras acciones), está la solución. Aquí y ahora, no esperar al siguiente 11-S, o al siguiente 11M, o al atentado de Londres, o al de Ferragosto de las Ramblas que nos pilló en Pamplona. Coda: Y a ese mismo grupo también le encantó The Looming Tower.

lunes, 30 de marzo de 2020

Cobra. Primera temporada.

Es fácil hacer comparaciones, viendo la primera temporada de Cobra, con la gestión gubernamental del gobierno español con la crisis del coronavirus. ¿Imprevisión? ¿Tozudez en el 8M? ¿Por qué no hay España un gobierno técnico en vez de una pandilla de patanes en su mayoría? Lo dicho, vas viendo escenas y vas comparando, una tras otra, incompetente por incompetente. El drama familiar y el drama estatal; la paronia familiar y salir impune de asesinatos; muertes globales y muertes particulares. ¿Por qué no vemos los centenares e ataúdes del Palacio de Hielo madrileño? ¿Se puede frivolizar en risas con una Mascletá en un plena rueda de prensa ministerial? Empieza Cobra con una escena en la Universidad de Liverpool cuando el Primer Ministro es señalado como "escoria fascista". Ya se sabe que el comodín "facha" o "fascista" vale para casi todo. Para casi todo, aquí en y en la Pérfida Albión. Putos comodines. La situación de crisis, por una tormenta solar (que nos recuerda a El gran apagón) que deja sin luz eléctrica, sin suministros y con cortes de carretera muchos territorios británicos. Y de ahí, al desastre, a la deriva de "mandarnos a la mudanza". ¿Qué hace un gabinete de crisis en una crisis? ¿Podemos fiarnos de los políticos o solo de los militares? Cuenta Cobra como dentro del gobierno británico hay un sector que pretende sacar rédito político a costa del Primer Ministro. ¿Nos sueña? ¿Nos suena, verdad? "Una semana puede ser mucho tiempo en política". No dice Cobra, con flema británica, "que no se pueden hacer chistes sobre veganos ni sobre trans". El Partido Conservador se pasa al lado oscuro, poniendo un impuesto a las grandes fortunas cual podemismo ilustrado. Siempre buscando el aplauso fácil, la crítica al zarismo orteguiano. Da miedo pensar las reuniones ministeriales, las de Cobra y las de España en tiempos del coronavirus. ¿De verdad no prohibir el 8M fue una gestión recomendable? ¿Qué decimos del doble guante de la ministra vasca del gobierno español? ¿Por qué el gobierno en Cobra no admite sus errores? ¿Por qué el gobierno español de Sánchez no admite sus errores? ¿Por qué el gobierno de Rajoy se bajó los pantalones en el tema del 1-O y no admitió sus errores? Plante Cobra el asunto de la moción de censura la primera temporada de Cobra, aunque el PM, antes metido en jaleos trainspotianos, decide convocar elecciones. Los señores votantes del PP deben recordar que este gobierno llegó al gobierno gracias a la no dimisión del peor presidente de la historia de España, Mariano Rajoy. Se habla mucho del olvido de la UE en tiempos de crisis de los gobiernos del Sur. A lo mejor, nosotros, con nuestra mierda institucional y multiplicidad de entes y gobiernos, nos hemos olvidado de Europa. En una discusión en el gobierno brexitiano, se dice: "Votaste por dejar la UE, o la raza humana". Quizás sea el momento de dejar la UE y volver a la cultura del barbecho español cuando todo esto pase. O no. ¿Cuáles son los valores superiores de los valores occidentales? ¿Podrá resucitar un Estado después de una crisis? ¿Podrá España recuperarse en esta década de este sindiós? ¿Cómo aprender a estar sin agua y comida? Dice hoy Alsina en su monólogo que el gobierno Sánchez calculó mal y que hay que poner nombre a los "expertos" que proponen... y no ocultar los errores del gobierno. Y en ese drama personal, el cansancio se nota. ¿Cómo afecta el drama personal de tener una esposa con corornavirus, una madre con coronavirus, un suegro con coronavirus, un médico personal con coronavirus?. "La gente cansada toma malas decisiones", se escucha en Cobra. Malas decisiones. Muchas malas decisiones. Si quitamos a fuerzas de seguridad, al Ejército, a los sanitarios, a supermercados... se salvan. El gobierno, no. Su gestión, utilizando terminología franquista (¿ya no se habla de Franco?), es "manifiestamente mejorable". Muy mejorable. Infinitamente mejorable. Siempre tarde, como un central lento y gordo en un equipo de Arrigo o de Paco Jémez. Pero Jémez no se cortaba en hacer cambios en el minuto 25. Aquí parece que no hay arrestos para cambiar al Illa de turno, o eliminar el Ministerio de Igualdad o el de Transición Ecológica. ¿Cuántas camas de UCI se podrían tener con el presupuesto de estos dos ministerios absolutamente prescindibles? Pues eso, miremos a Europa, que Europa tiene la culpa de todo. Y Cobra tiene el valor de mezclar las mafias extranjeras en tierras de Gran Bretaña, las violaciones de manadas extranjeros con la situación del país. No es incompatible. No. Hay que tener valor para subrayar lo subrayable aún en las peores situaciones. Olaf el Vikingo, no tenía miedo. No. Nosotros no debemos tener miedo para decir los asuntos más feos en voz alta. No. Y si hay que recordar Colonia, como yo hago en clase, se recuerda. A mis alumnas les recuerdo esa Nochevieja del 2015 cuando andamos por diciembre en clase y hablan de sus fiestas y sus vacaciones. Otra frase que deja Cobra: "Prefiero que me odien a que me olviden". ¿Alguien podrá olvidar la pésima gestión del gobierno Sánchez en la crisis del coronavirus? ¿Alguien? ¿Nadie? ¿Vida inteligente? A lo mejor si se le critica cuando nos quedemos sin agua embotellada, pero no desde los medios de comunicación comprados con publicidad institucional. Esos, de crítica, cero. No se pongan las imágenes de ataúdes, no; del perro ebolístico, Excalibur, todas y cada una. Todas y cada una. Aparece abalísticamente en Cobra un líder en la zona roja, en la zona donde no hay luz, que deja también frases suburbiales hasta que se lo quitan de circulación: "No le importamos a nadie salvo si hay elecciones y necesitan nuestro voto". Aprovechad el tiempo, no vaya a ser que no tengamos futuro y seamos carne de incineración y nos pierdan en mitad de un cementerio. Aprovechad, no vaya a ser que nos quedemos sin tiempo de ser infelices. "Una semana es mucho tiempo en una emergencia nacional". Nosotros llevamos más de 15 días y esto es un cachondeo. Nadie se acuerda del 11M y de aquel 13M, y del manido "no nos merecemos un gobierno que nos mienta". No. Ahora es tarde, debemos asumir nuestra fragilidad, la inutilidad de muchos políticos, los malos presagios de los murciélagos ("¿por qué están más protegidos los murciélagos que los códigos nucleares?") y de pensar en la dificultad de leer a Tolstoi. Muy difícil. Y quizás, la frase que lo resume todo y que en Cobra se repita: "La gente muere por su gobierno". Pero, a lo mejor, no somos lo suficientemente adultos para hacernos esa pregunta. Y tampoco "nadie lo quiere dejar después de un mandato tan breve". Coda :"Las niñas pijas ricas no deben ir a la cárcel". No sé el motivo de apuntar esa frase de Cobra. No lo sé. Veremos si con el tiempo alguna niña pija rica tiene que ir a la cárcel por su incomptencia. Coda 2: Como tenemos poca memoria, Cobra nos recuerda las matanzas de Visegrad, que fueron anteayer, aquí en Europa, en Los Balcanes, en Bosnia, en el verano de 1992. Coda 3: ¿Alguien vio a la ministra de asuntos laborales españoles en la rueda de prensa del domingo? Aquí dejó Luis Alcázar un apunte importante. Solo uno, uno de tantos que estos días nos sorprenden. Coda 4: Estamos incinerando a casi mil muertos diarios por coronavirus y aquí no dimite nadie. Nadie es responsable. Quizás, después de lo votado, habrá que recordar a EHDLCV y las frases míticas en mitad de la 301: "Cada uno tiene el diablo que se merece".

El Gobierno (sigue) cometiendo errores

No lo dice Alsina, pero lo recuerdo yo. Fue Compromís quien quiso largar a los curas de los hospitales.

domingo, 29 de marzo de 2020

ZTA (Himno para reflexionar en el confinamiento)

Unorthodox. Primera temporada.

“Un judío que peca sigue siendo un judío”. Y no. Ahora, en tiempos de coronavirus, “no hay lugar como el hogar”. Ahora que están mis alumnos enfadados con el mundo por estar encerrados, nada como ver Unorthodox para ver un encierro de por vida, un infierno por descubrir en el día, la imposibilidad de elegir (muchas veces nos enfadamos por la posibilidad de decidir y aquí es al revés). Huir. Unorthodox es una huida que sabes que no va a acabar bien. No. Es imposible. Contra la Torá no se puede luchar. Esta serie es la representación de la negación de la persona, la subordinación total a una locura disfrazada de religión. Ultraortodoxo. Los mandamientos de la religión. Todo lo ultra, resbala. Te saca lo peor. Las arcadas que se están viendo cuando, en algunos países (aquí no, el Sanchismo, religión oficial del reino introducida por esa corriente llamada redondismo, no las hace, estaba preocupada por el 8M y las mamandurrias de género, génera y génere, como bien digo en clase) en pleno coche o por la calle, te hacen los test del coronavirus. El ultraortodoxo judío, el ultrasanchismo, cualquier definición de ultra, acaba con la persona, con lo individual. Lo principal, la gran mentira edulcorada, la falsa realidad de un telediario que acaba con flores de geranios hablando de esperanza pero que no pone imágenes de la morgue de la pista de hielo. No. Hay que vender la gran mentira. Unorthodox es la gran mentira, es el drama de una muerte en vida, es el drama de mirar para otro lado, es permitir matrimonios sin fuste. Nuestro drama, el de la España del 29 de marzo de 2020, es el de un gobierno sin rumbo, que culpa a todos de todo, que no ve sus propios errores, sus desaciertos, su imprevisión y su nulo acto de contricción. Aquí, como el primo político ultra que se va de Brooklyn a Berlín a por la chica huída de una comunidad cerrada, todo está justificado: las mentiras, la persecución, el revanchismo y el odio a los demás. “Las mujeres no pueden leer el Talmud”, le dice el esposo enojado a su esposa que busca algo que no sea dolor en su matrimonio. Aquí, en la España sanchista, en la España ultra de este gobierno sin brújula que funciona a golpe de farsa y coyuntura, se está persiguiendo (nada de publicidad institucional) a la prensa crítica, mientras se vierten millones de euros (no de mascarillas) en la prensa oficialista (que suma más del 90%). Ayer alguien recordaba el gasto anual en televisiones públicas: más de 1800 millones de euros. Ahora, vamos a pensar en toda la mierda subvencionada, chiringuitos varios, de apoyo al ultrafeminismo, a los chicos ultra de la religión de Greta, a las embajadas catalanas por Europa, al tiempo y dinero de pines parentales, al dinero para el que no le da la gana de coger pimientos en Torre Pacheco… Pensad, en ese dinero, en camas de UCI, en mascarillas, en respiradores. Si hay 1800 millones de euros anuales para televisiones públicas, deberían existir más medios sanitarios. Esta fábula llamada Unorthodox es aplicable a casi todo. ¿Dónde está la epifanía de un ultraortodoxo? ¿Dónde la catarsis? ¿Dónde la del gobierno de Sánchez? Se pregunta Alcázar tras la rueda de prensa de la ministra Díaz, esplendorosamente peinada y maquillada una cuestión sobre las apariencias en tiempos de coronavirus, él que presenta un programa de lunes a viernes. No es solo la fachada. Siempre le digo a mis alumnos, alumnas y alumnes (¿lo he dicho bien, ministra?), que se fijen en el barniz de las cosas: algo anquilosado en el pasado, algo que no vale para nada, puede ser vendido si tiene un buen barniz, un buen maquillaje, una buena fachada: la idea ortodoxa del judaísmo o la perversión de un gobierno de naufragio continuo. Coda: Aquí seguimos a George Harrison y su frase sobre las etiquetas: "Prefiero ser un ex-Beatle a ser un ex-nazi, aunque preferiría ser un ex-nada".