martes, 18 de julio de 2017

Engrenages. Quinta temporada.

No es fácil resumir la quinta temporada de Engrenages, con bajas inesperadas y muertes con móvil en la boca, ataques de perros peligrosos y planchas ardientes, con padres que resultan no ser padres y padres con muy bajos instintos, con madres que no conocen al padre de sus hijos y padres que hace tiempo que no ven a sus hijos. También hay madres que no conocen a las viudas de su hijo. Todo un tejemaneje difícil de explicar pero que para ojos del espectador es reconfortante entre tanto caos. También reflexiona esta quinta entrega con el valor de la palabra dada, de ejercer de chivato, de jefes con buenas intenciones y jefes que su diarrea peteriana solo les hace poner ojos en un ascenso. Hay muchos tipos de malos: los que juegan con millones de euros entre Libia y Francia, los que juegan con cientos de miles de euros con camiones robados y los que juegan con cientos de euros para llenar la barriga de cerveza con muchas consonantes. De todo, como en Versalles, de reyes solares a jardineros con hambre. Saltos al río y secuestros que nunca salen bien. Coches que desaparecen. Palizas que llegan. Y todo lo demás, también.

Deadwood. Primera temporada.

Dice el dueño de uno de los garitos del pueblo que "es más fácil alcanzar la luna que entender a una puta". Deadwood reflexiona desde el principio sobre el papel de la mentira en un mundo supervivientes. Todo es mentira en Deadwood. El marco, el Oeste, es solo un instrumento. Uno más. En esa jungla humana de barro, partidas, alcohol, oro, tiendas y jodiendas en mitad de las boñigas de los caballos, surgen líderes y putas, surgen sombreros y ropas viejas, camisas sucias y chinos, chupitos y doctores, niñas que deben morir pero no mueren. El rasero alto para juzgar a los demás. Epidemias físicas y morales, ascos y maderas, tiendas de lona donde ocultar las pústulas y todo lo demás. Disparos en la sien a jovencitos sin escrúpulos. Entierros y ataques, piedras de oro y droga en vena. La vida. Insatisfacciones. Una detrás de otra. Pueblos que crecen, borrachos que se acumulan, tiendas que se acaban, felices recuerdos en mitad del barro. ¿Bacon rancio? ¿Disparos baratos? Ofertas que no llegan como deben, precios que no se alcanzan, manchas que aparecen misteriosamente en el suelo y hombres que faltan a sus principios. Y todo lo demás, también.

domingo, 16 de julio de 2017

Fortitude. Segunda temporada.

Fortitude es (otra vez) un infierno blanco. Muy blanco y, en esta segunda temporada (otra vez) muy rojo. Auroras de sangre que vaticinan más sangre, cabezas cortadas, vueltas inesperadas, estados comatosos, insectos varios, bares en los que refugiar(se) y un montón de asuntos más. También políticos, que se piden cabezas. Y mejor no jugar con ciertos mejunjes, con cierto meados de reno que se pueden ver las estrellas. Y estrellar(se). Es lo que toca, con y sin cinturón, con y sin hacha en la mano, con robo de zanahorias incluido. Y los ruskis, a lo suyo. Voces que se oyen en mita de la oscura noche, jeringas en el ombligo, mierda de reno para ver las estrellas y lo que hiciera falta. Pistolas sobre bandejas, hombres sin caras. Personas sin cara ni personalidad. Gritos que se extinguen. Gafas de nieve que lo ocultan todo menos el miedo. Más cabrona y más sarcástica que la primera. Cegueras sin neblinas previas, sin borradura que no son tumores. Fogatas en cementerios, niñas desenterradas, jodiendas con vistas a la fogata. ¿Existen las cegueras psicológicas? ¿Existe tanto vodka para tanta persona sedienta? Lenguas sobre cuchillos. Cabezas que dan angustia. Gobernadores impropios de su cargo. No se puede encontrar lo que no se busca. Mujeres congeladas, videos que llevan al pasado, carpas para encontrar soluciones bíblicas para enfermedades del siglo XXI. Padres e hijos enfrentadosk en una Atenas congelada. Trasteros con secretos, con demasiados secretos. Locuras tras locuras, huidas y más huidas, alcohol y más alcohol. Sensación de paz en mitad del infierno. Todo es amor en la locura. Bobadas hippies para acabar con todo. Coros celestiales para aceptar la siniestralidad. Petacas antes del accidente. Cada pecado tiene su penitencia. A cada estiércol le toca su San Alejo. Helicópteros sin futuro y minas de caza. Demonios, monstruos, chamanes, camillas de hospitales y camillas de morgues. Todo se junta en la ardiente nieve. Todos los sacrificios tienen un precio. Todos.

El Evangelio según Jim Carroll

Bíblicamente hablando, letras mágicas. Risas ante los testamentos de cada una de esas personitas.

sábado, 15 de julio de 2017

viernes, 14 de julio de 2017

Vals de los sueños

Lo dicho: convertir en cristal la imaginación.

Himno de mitad de julio de 2017

miércoles, 12 de julio de 2017

El Chapo. Primera temporada.

Durante 20 minutos volvemos a Narcos. Pero solo es un ratito. La primera temporada de El Chapo es ambición, es un ascenso a desde Segunda B a jugar la Champions en muy poco tiempo. Habla de túneles y compras (como la del agente de la DEA al que le dice El Chapo que con su jubilación no tendrá ni para putas). Vaya historia la del Chapo Guzmán. De traca. Y como en La Reina del Sur, tenemos también un Güero, un tipo de piel blanca. El Chapo y Don Sol. Tal para cual. Siempre un negro y un blanco. Siempre un dolor de muelas antes de un orgasmo. Siempre un funeral. Siempre un luto. Todo tienen un precio. Ya hemos visto túneles como entre Méjico (viva el profesor Andreo, viva Méjico con jota) como en Weeds. Menudo invento los túneles. Y un túnel abre y cierra puertas. Muchas puertas. Y saltos del 85 al 88, con la llegada de Carlos Salinas de Gortari. Parece ayer. Y los pimientos, los chiles El Compadre. Y cruzar por Tijuana. Y los hermanos Avendaño, diciendo que no al Chapo en el comercio de cocaína. Y el cártel de Guadalajara, con don Miguel Ángel y sus secuaces. Y las primeras cárceles de máxima seguridad. Las luchas internas y las envidias. Y de ahí, más saltos, al 24 de mayo de 1993, con el asesinato de Juan Jesús Posadas Ocampo, arzobispo de Guadalajara, que en sus sermones criticaba duramente a los patrones del narco. ¿Se llevaba desde arriba? ¿Cuánto sabía CSDG? Todo esto es como escupir en el Golfo de Méjico. La primera temporada de El Chapo es una temporada de venganzas, de demasiadas venganzas. Ejemplo de esa venganza es el personaje de Amado, siniestro hasta la bilis. Además, está la doble vida familiar chapense, una semana con una, otra semana con otra, siempre con Toño, su fiel guardaespaldas detrás. Y la guerra abierta entre los Avendaño y el Guzmán. Y el recuerdo del gol del Abuelo Cruz. Como si fuera ayer. Y el apóstol Mateo, sus palabras, el olvido. Y la persecución, y Guatemala, y El Salvador. En los últimos capítulos de esta primera temporada la historia se centra en el drama carcelario que olvida el sentimentalismo y saca los más bajos instintos en todos los sentidos. Vaya jodienda con vistas al acolchado estar encerrado. Muy duro hasta para el mayor de los criminales. Y la camisa de fuerza en mitad del infierno. Y el pasado, que vuelve cuando peor estás. Siempre.

Con el mono

Aquí estamos. Pasando el mono después de ver los 28 capítulos de ">The Leftovers en 6 días. En esas seguimos. Aguantaremos. Coda: Y en esas seguimos, entre tierras de Fortitude, en mitad de Deadwood y en una cárcel con El Chapo. ¿Saldremos?

lunes, 10 de julio de 2017

¿Los ángeles no se discuten?

¿Da igual su parentesco? ¿Su padre? ¿Financiando campañas y asesinatos el papá? ¿Los ángeles no se discuten?

The Leftovers. Tercera temporada.

3+4=7. 7 años desde el inicio. Demasiadas referencias bíblicas. Podemos sacar referencias numéricas de lo que queramos. Cebollazos para empezar el apocalíptico final de la tercera temporada de The Leftovers. ¿Sirve de algo moderar el tono? Y si hay que resucitar, se puede resucitar hasta al asesino de perros. ¿Hay algo real en la vida? ¿Lo que crees está pasando? Anécdotas y vidas en torno a semáforos. Intervenciones divinas que nos cambian la vida. Veneno en las ideas y en el agua. Bautismo en mitad del caos. Bautismo que salvan y condenan. Bautismos que no cuentan. ¿Está el Nuevo Testamento anticuado? La paloma, el mensaje, el dron, el gas y la mentira que te quieras creer. Por los teléfonos solo dan malas noticias. Y las secuelas de la Biblia solo contienen mucha mierda. Mejor no viajar demasiado a Australia. Parar el diluvio, las goteras, los cantos aborgíenes y todo lo demás. Preguntas que quieren hacer(nos) pero que no nos atrevemos a repetir. ¿Nos podemos salir con la nuestra? ¿Es el pasado una simple cinta de casete? ¿Isaías 41? Y sí, tenemos que hablar de Kevin, pero del Kevin correcto. Y no nos referimos a Durántula, aunque los potajes de algas sirven para las heridas de las serpiéntulas. ¿A cuánto están los sesos de canguro? ¿Se puede ir a la deriva sin freno ni límite en una serie de televisión? ¿Podemos estar las 24 horas del día estar haciéndonos continuamente preguntas? ¿Tenemos Reyes Magos a la altura de las expectativas? ¿Para cuándo la segunda venida de Cristo? Cuando Dios te pega, sangras por la narices, el alma y por los orificios existentes y por existir. ¿Somos más de Abraham o de Isaac? ¿Somos más de bromas o de blasfemias? ¿Hacemos lo que hacemos por Dios o por nosotros? ¿No juzgar para no ser juzgados? ¿Volvemos a lo de siempre? ¿Mentiras piadosas para estirar el chicle? ¿Manos salvadoras? Y detrás de esa frivolidad, hay muchas lágrimas, mucho dolor, mucha mierda sobre más mierda. El miedo a la soledad. ¿Es posible disfrutar la soledad? ¿Incineración? ¿Enterramiento? ¿Hacer un Dalí o un Lenin? Y al final, de tanto resucitar, puedes morir. Otra vez. O para siempre. Familia, matrimonio, niños que mueren sin zapatos. De Kevin a Kevin y tiro porque me toca. ¿Está el fin del mundo aquí y nosotros somo ese ahora? ¿Vivimos en un DEFCON2 permanente? ¿De verdad recordamos lo que debemos recordar? ¿De verdad fallamos a las personas que queremos? ¿De verdad creemos?

domingo, 9 de julio de 2017

The Leftovers. Segunda temporada.

Pregunta de Trivial para empezar la segunda temporada de The Leftovers: "¿De dónde son los Tesalonicenses?". ¿Por qué el Pleistoceno llega hasta nosotros? ¿Por qué no nos esforzamos lo siguiente? ¿Por qué nos marchamos durante unos minutos? ¿Por qué no escondemos la palabra verdadera en ocasiones? ¿Por qué escogemos lecturas bíblicas determinadas en ocasiones concretas? ¿Por qué montamos escenitas ante los grandes regalos? ¿Se merecen los farsantes el fuego? Es verdad que los hijos pródigos nunca vuelven solos. Y con os Pixies de fondo, todo es posible. El Arca y los Animales, la tormenta y el terremoto, los cigarros y el Wild Turkey 18, la realidad de los que creen y la estupidez de los que ahuyentan sus miedos bajo los peces. ¿No hay milagros en Milagro? ¿Es real la seguridad de lo inestable? ¿Hablar con zombies durante horas? ¿Himnos celestiales en mitad del desastre? Huellas para conmocionar y para pervertir. Y hay etiquetas que hay que quitar de la puerta de una casa antes o después. ¿Y si la solución la tuviera un viejo negro cojo y que vive bajo un techo lleno de cientos de bombillas? ¿Y si la teoría de la lente es verdadera? ¿Y si se pasa del tonteo a otra cosa más seria? Los culpables, los enemigos, los locos, los renacidos y los que, aprovechando el dolor, quieren más sangre. Nada como una loca rencorosa para hacer mucho daño. Conocer(se) mejor para odiar(se) más. ¿O era al revés? Temblores y más temblores. Es lo que toca en zonas raras, en zonas de contacto. 8 horas dan para mucho. Pero todo es mentira, hasta la muerte, hasta los trajes blancos, hasta las reuniones en familia, hasta las resurrecciones. Todo es poner(le) imaginación. Y creer. Aunque pasen 4 años. 4 malditos años. 4 benditos años. A veces pensamos que hay personas que nos quieren pero no es así. Nada es eterno. O tal vez, sí. Soñar y soñar y volver a soñar. Y punto.

sábado, 8 de julio de 2017

viernes, 7 de julio de 2017

20 años después

20 años y muchas partidas después vuelves con el Super Mario Bros. Y te pasas las 32 pantallas y se te queda tal careto.

jueves, 6 de julio de 2017

The Leftovers. Primera temporada.

Cuando empecé con la primera temporada de The Leftovers empecé a pensar en sinónimos. En sinónimos de desconcierto. Que de un segundo para otro desaparecen 140 millones de personas a nivel mundial. Tal que así. Y el cataclismo es bestial. Multiplicación de sectas, multiplicación de paranoias, desastres personales, bebidas, perros que matan ciervos y un montón de mierda que empieza a salpicar a familias enteras. O a medias familias. O al cuarto de familia que queda en algunos casos. Lluvia de todo tipo de porquería física y espiritual, con la música de Max Richter para aplacar el sentimentalismo. Demasiada Biblia tuvieron hasta aquel catorce de octubre. ¿Cómo volaron esos 140 millones de personas? ¿Cómo lo hicieron? ¿Cómo dejaron sumidos en la depresión al resto de familias, medias y cuartos de familia que quedaron. Y ante tal cebolla sigues pensando en sinónimos y sinónimos, en sueños y disparos en la noche, en tipos que hablan raro y fuegos que te consumen en un segundo. La famosa locura de los que se quedan, de los que tienen que aguantar la tormenta de nieve, de los que persiguen y no encuentran, y de los buscan y siguen buscando cuando han encontrado los datos que pensaban. O que creían que necesitaban. Y las palomas, a lo suyo. Y pastores vengativos. ¿Una prueba la desaparición? ¿Suspenderíamos una prueba así? ¿O directamente iríamos al infierno de clase B? La prueba puede ser una infidelidad tardía, un desmadre del pasado, un jueves en el que lo negro se vuelve aún más negro. ¿Castiga Dios a sus más fervientes seguidores? ¿Es más importante callarse que decir la verdad? ¿La verdad es fuego? ¿Y si la locura es colectiva? ¿Y si el silencio es una farsa? ¿Y si un encierro en un frigorífico nos hace ver la claridad? ¿Y si la portada de una revista nos puede dar la solución? ¿Con qué yo nos quedamos? ¿Con cuál de ellos? La cuerda, el cuchillo, la estancia acogedora: todo tiene un fin. ¿Previsible? ¿Pistola en caja de juguetes? Carreras en mitad de la noche, bolsas, actividades repartidas, viajes a (casi) ningún sitio. Muñecos que simulan, que hacen recordar. Si las civilizaciones están muertas, vivan las civilizaciones muertas.

El himno del 5 de julio escuchado el 6

Al escuchar a Liam esperamos que todo sea definitivamente quizás, o sabanazos mañaneros o estar aquí ahora. Pero no todo se reduce a eso. Dicen que hay que evolucionar, cambiar, modificar himnos y conductas. ¿Estamos equivocados? ¿Por qué cambiar lo bueno?

miércoles, 5 de julio de 2017

Los martes de julio

Empieza ese curioso fenómeno, himnos de madrugada mientras los híbridos de enfrente vuelven de hacer sus trabajo. Fenómeno (para) altas capacidades de la desesperación. Empieza y acaba en tres minutos de dolor nocturno, que escribió alguien hace 20 años. O tal vez, no.

Dear White People. Primera temporada

¿Es Dear White People una jodida tomadura de pelo? ¿Basta con ver 10 minutos para pensar que es esa tomadura de pelo? ¿Fiestas de blancos con cara negra pintada? Niña negra sabelotodo y que juega con varias barajas a la vez. Caucus de asociaciones negras. Negros riéndose de blancos con chaquetas militares. Asociaciones varias sobre negros en universidades de blancos. Relaciones interraciaciales. ¿O se dice interrazziales en plan reirnos de nosotros mismos? ¿Escupiendo en el mar? ¿O debería llamar(se) el racismo en los tiempos de Twitter? ¿Somos negros en el 95% de nuestra historia? ¿La negra del Black Power etiquetada en una foto de un maromo blanco? Todos los mitos se caen aunque tengan ojos verdes. ¿Biracialidad en posición horizontal? ¿Es irónico el uso de la palabra "churri"? ¿Solo somos milennials sobre el papel? ¿Miércoles de difamación ¿Cómo muere la revolución? ¿Una revista de blanquitos llamada Pastiche? ¿Nos gusta contar las verdades de otras personas en público? ¿Racismo inverso? ¿Se puede hacer bromas sobre raza interponiendo ignorancia? ¿El pelo a lo afro es símbolo o decadencia? ¿Las etiquetas? ¿Los traumas son imperecederos? ¿Discordia de ébano y marfil? ¿Disfrazados de cualquiera de los 43 primeros presidentes de USA? ¿Propaganda racial a la hora del almuerzo? ¿Se dice republicano o "fiscalmente conservador"? ¿Nada te hace follar más que una buena prosa? Venga hombre. Y gracias a las etiquetas no nos bebemos la colonia. Arriba las etiquetas y los que etiquetan. ¿En el mundo real solo se dispara a un negro por ser negro? Y te utilizan, simplemente te utilizan. ¿Sonic 29 es una contraseña fiable? ¿Y en las fiestas del teatro valen todas las preguntas? ¿Juglaresca sin Zoe? ¿Informar? ¿Odiar a los periodistas? ¿Está la prensa de parte de los malos? ¿Qué peli de Will Smith sobre fútbol? Niños a la sombra de papá. Papás con sombra. Y música como si Kubrick saliera de la tumba. Negros buscando abanderado con bandera. ¿Quién sufrió más vergüenza Jackie o Marilyn? ¿Qué tipo de pregunta es esa? Hay que racionar el caviar, que si no cansa. La salida siempre está en el mismo sitio, lo que cambia es la entrada. ¿Retóricas para convertir una universidad en un polvorín? ¿Ulises negro con Ítaca negra a la vista? Vientos para todos. ¿Flagrante racismo disfrazado de sátira? ¿Emperadores negros? ¿Nadie recuerda que Adriano hizo diosa a su suegra? El Obama de la universidad y todas esas milongas. ¿Es importante votar? Falta Rajoy en Dear White People. ¿Para cuándo un ministro de origen ecuatoriano en España? ¿Salir de la universidad con un papel que no vale de nada y supertripa cervecera? Muerto el hermano de, muerto el hijo de, muerto el padre posiblemente de alguien. Preguntas de chicas blancas tontas rodeadas de negras listillas. ¿República patriarcal o locura de país? ¿Nacer mirando para otro lado? El pelo negro y sus dificultades. Orgamos de poder (mal)intencionados. ¿Todos los hombres son iguales? ¿Los macarrones importan? ¿Reavivar la revolución? ¿Jobs y la gran mentira sobre Jobs? ¿La revolución puede esperar un sábado? ¿Ser negro y disfrutar es una revolución activa? ¿Obama no lo había arreglado todo? ¿Y poner a parir a Tarantino por usar a Samuel L. Jackson? ¿Solo tienen identidad los negros para quejarse? ¿El Trivial está culturalmente en contra de los negros? ¿Nos autocensuramos? La esclavitud, la esclavitud, la esclavitud. ¿Cómo que no es el color un arma? ¿Adelgazar cuando el país arregle sus problemas raciales? ¿El racismo sigue por aquí? ¿No fue la elección de Obama un asunto racial? Las plegarias no paran las balas. Aumentar la negritud, aumentar la estupidez. ¿No ha cambiado los blancos en 200 años? ¿Verdades evidentes como que somos iguales? La bala y la cautividad. ¿Solo los blancos son mediocres? ¿Somos los blancos gilipollas? ¿Racismo institucional? ¿Podemos sacar conclusiones de los comentarios? ¿En el mundo real no se puede bloquear al personal? Todas las administraciones se acuestan con fanáticos. ¿Te jodes?

martes, 4 de julio de 2017

#Provincia51

Modus. Primera temporada.

Empieza la primera temporada de Modus mezclando sangre entre la nieve y entre ascensores, árboles y pasillos, discursos en bodas y horquillas que elegir. Patrones difíciles de seguir, hasta que se encuentran. Pulseras y tabletas, muertes famosas. Lo mal visto se convierte en pecado para mentes obtusas. Camiones en la noche, archivos que buscar, cementerios, presente y pasado que no debe ser público. Gritos de feminazi en mitad de la calle. Siempre sin apenas sol, siempre con agua y con nieve. Autismo y visiones, muertes que vuelven, zumos que nunca se acaban. Gastronomía ecológica. La obispo que muere en la calle. Las cosas bajo el colchón. Camisetas de pieles rojas de la capital de USA. Colgados que sacan a relucir sus más bajos instintos. Ordenadores que acaban congelados. Fuegos que acaban con papeles. Misas de San Esteban, el primer mártir cristiano. Satanes, ángeles caídos, ángeles castigadores. Pero en Modus todo es mentira porque todos los asesinatos, bajo un patrón, un mismo patrón, esconde una verdadera finalidad. Sectas y pasaportes, engaños y suegras convincentes, sotanas que esconden secretos, cuellos rotos, arte grafitero como muestra y prueba. Capuchas y niebla, botellas rotas y ADN bajo las uñas. Nunca se olvidan los rostros. Nunca. Los rostros se quedan en la quijotera. Y todo lo demás, también.

Bajo la noche

Tras las citas de James Joyce y Ezra Pound empieza Bajo la noche de Exabierre Eder. Genésis bíblico hablando, empieza todo. Desde la primera página marca territorio (entre Bic y Bic) el autor: "Ante la imperiosa presión o prisión de los denominados poderes fácticos". Los que lo controlan todo. O casi todo. También pone en una misma frase, y con razón, delincuente y asocialidad en una misma frase. Desde el principio, todo clarito. Cuando estoy en clase y digo Hoja del lunes, nadie entiende nada. ¿Por qué no enseñan los abuelos a sus nietos lo que era La Hoja del Lunes? Y la delación de la envidia, del qué dirán, de la mentira continua. EE, en pocas palabras, ilustra una situación sonrojante: "Alcanzar la calle para sentirse delatado otra vez más". Otra vez. Algo común. Algo "de toda la vida". Algo como la costumbre, moda ya no se sabe si envejecida o de pantalón campana sí, pantalón campana no. Sorprende la locuacidad de la narración de Exabierre Eder, esa manera de retratarlo todo y a todos. Frases lapidarias que enmarcan en agendas y cuadernillos, modismos que apuntar mentalmente para compararlos con la mediocridad reinante en el siglo XXI. Hasta hoy, ciertas situaciones las definía con la manida "de la tortura a la felicidad"; el autor de Bajo la noche lo hace con "el paso de víctima propiciatoria a verdugo descarnado". Y ya te quedas sin epítetos, te quedas en una desventaja literaria que no sabes como admirar. O sí. Volviendo a leer esas primeras páginas en plan bucle, y quedántote con ganas de leerlas en voz alta ante un auditorio deseoso de frases bien hechas. ¿Somos capaces de pensar en los dolores que no sufriremos ante ropas que nunca nos pondremos? ¿Cómo planteamos un dilema tan original? ¿Por qué hasta julio de 2017 no había leído Bajo la noche? Y en mitad de la jarana, solo queda una: "Política de recen lo que sepan sí es que saben no importa en qué credo". Esa forma de pintar una situación, un fiestón sin final, una penúltima copa antes de la antepenúltima y repetir esa jugada hasta que el cuerpo aguante (si es que aguanta, si que es se le puede poner fin a la noche antes de misa de seis). Látigos que hay que poner en marcha; zurriagos que buscan carne en la que hacer sangre; cordeles ansiosos de epidermis que quebrantar. Escribe EE desde el principio de Bajo la noche sobre la inflación. Cuando en tercero de la ESO hablo de la inflación, de la ley de la oferta y la demanda y de semejantes majaderías, los niños se quedan en blanco. Música celestial para neonatos en la UCI del hospital. EE escribe sobre la inflación a la vez que lo hace de "los ocupantes de las aceras". Frases que reflejan realidades como subsidios de desempleo que se dejan de cobrar. 6%. Buena tasa para inflacionar o dejar de comer y, si hace falta, de respirar. Resume la situación EE con las siguientes palabras: "truenos retumbantes que preconizan un diluvio apocalíptico". Todo esto antes de la crisis del 2007, del robo y el cachondeo del FROB, del FLA y del cachondeo de bancos y cajas de ahorro gobernadas por políticos ineptos que se ríen delante de nuestros caretos. Nunca pensabas que tres letras juntas, NLC, daban para tantos en distintos y diferentes contextos. Nunca, nunca, nunca, cual epopeya florentiniana. ¿Quedan buenas mulas para arar como Dios manda? ¿Quedan burros que emborrachar para que tiren del carro y puedan pasar el puerto seco fronterizo de turno? E imitando el espíritu de Steve McQueen, aparece la huida del desengaño. Insultos en idiomas varios, latinismos para sacar la bilis que llevamos encerrada décadas y que no había salido a la luz en condiciones. ¿Se puede discutir la autoridad? ¿Se cumple el axioma ederiano de "Autoridad quién sabe/Potestad quién puede"? ¿Se cumple la ecuación ederiana de "legitimidad/asentamiento/poderío/mando? Le pone EE distintas etiquetas a la referida huida: gris, espantada, sin reproches, incluso bochornosa además de paliativa. Sabemos, los que por aulas andamos, que se busca la titulación y el diploma, que a los diez minutos de acabar casi todo se olvida. Casi todo. No siempre, pero muchas veces si. Nueve palabras lo resumen todo: "Se pasa por aro o se tira la toalla". Tal que así. Y en otras cinco: "Estamos solos y ellos comparsados". Vidas fugaces en las que tenemos que apechugar. No queda otra. Y del BIC pasamos a la Montblanc, como el que pasa de cerveza a vino, como el pone de manifiesto los "rencores y las rencillas históricas". Para superar ese invierno que nunca acaba podemos acabar usando sucedáneos como el "alcohol, dejadez y depravación falazmente placenteras". Creemos que sirven para algo, para olvidar, para reflexionar, para atenuar la existencia, pero no es así. Y sale el lobo que llevamos dentro, el odio que se manifiesta en palabras de EE en un hundimiento que hace reflexionar: "Sumiendo a la sociedad entera en el penoso compromiso de recurrir a la violencia coercitiva, desde un punto de vista aséptico realmente odiosa". Y siempre hay una mala hierba discordante, una mala hierba que rompe las reglas versallescas del jardín bien edificado. No al desorden y no redoblado al caos. A esos extremos no se puede llegar. Todo vale para alcanzar un puesto garantizado, un puesto con secretaria y ordenador con el que asegurar un jornal con trabajo inexistente pero que nos sirve para alcanzar las "cumbres celestiales del bienestar y la abundancia". Viva la política de hechos consumados. Nadar incluso antes de guardar la ropa. Y las variantes de nuestro NLC particular se multiplican por un curioso fenómeno de ósmosis histórico como si fuera un virreinato en la península ibérica, en América, donde hiciese falta. Todo se consigue con la disciplina adecuada para llegar a la Corte Celestial o donde nos propongamos. Y vuelta al terror, al pavor, a la huida. El salto a la segunda unidad, tras la cita de sodomitas y gomorritas en el horizontes del Génesis, nos lleva la Pamplona urbanística, de "monstruo insaciable bautizado urbanización" según EE. Fotografías de una sociedad que nos retrata a cada momento: " Imagen complacida que tenéis de vosotros mismos con el gintonic en la mano". ¿Para qué algo más? Hay más, hay "neveras reventadas por la abundancia". Alcohol y billetes en la "mayor renta alcohólica de las europas". Y hablando de procuradores y políticos varios, sentencia EE: "estamos administrados por unos Próceres que no saben percibir muy bien las aspiraciones populares, que no se acaban de enterar por dónde les da el aire, ni si es cierzo o bochorno". Político al sur de los Pirineos. Siempre. Y la prensa que resumen la mierda diaria. Y ese funcionariado que hay aumentar, alimenta bocas sin freno ni control, que hay que crear la red para que nos deban favores de todo tipo. Y la farra y la "fauna noctívaga" que nos rodea e inunda. Más de los que creemos. Y los recelos familiares, y las conductas impropias que hacen que te vayas a reflexionar al Tíbet o a las antiguas colonias de Francia en Asia. Pero todo se puede reconducir, y, como serie de televisión nórdica, encontrar el norte después de días de oscuridad y frío y nieve en la nariz y en los sesos. O tal vez, no. Escribe EE de "esa comodidad de vivir en el estiércol", de no tener aspiraciones ni retos ni metas en el alto de la etapa reina de montaña del Tour de Francia. Heráldicas y Sanchos varios, como si de un tema de oposiciones se tratara el asunto de buscan el origen de los apellidos. Hidalgos todos, cuanto menos. Y el pasado, y las guerras, y las sotanas, y ese puzzle en el que todo se une y se separa, rompecabezas para humillar en el momento justo y a la persona adecuada con la venganza correspondiente. Tres píldoras o cuneta, depende de la fecha. ¿La solución son los hunos? Se pregunta el autor, de nuevo, buscando perspectiva sobre la sombra, anteojos de vida: "Solo los bárbaros pueden acabar con la barbarie". Tema espinoso. Muy espinoso. Y de ahí, a la Plaza del Castillo y al resto de barrios y plazas, sean rojas o no. Totalmente de acuerdo con el autor que los bares son referencias específicas, muy válidas, de rápida asociación de ideas. Y Witiza, y el Conde Don Julián y todo lo demás. Y la imposibilidad de discutir en condiciones sobre el aborto y el divorcio, que la Santa Madre Iglesia sigue mandando y mucho. Y por encima de mucho, otro escalón, que las Sagradas Escrituras están para algo. Esos muros de piedra de la historia son inquebrantables, aunque no siempre incorruptibles como Robespierre (no nos metamos en jardines, que podemos caer en la tentación de llamar a la profesora González y acabar en preventiva hablando de la Revolución Francesa). Escribe el autor hablando de la ciencia que Heródoto de Halicarnaso nos comenzó a infiltrar en vena: " Tarea vasta de edificar y derruir y volver a edificar sobre las ruinas que configuran la andadura sempiterna de nuestro pueblo". Y de todos los pueblos, de las naciones y las comarcas, de las entidades locales menores y las pedanías olvidadas de la mano de ese Dios que creó a la mujer y al hombre a su semejanza, y de otros cabildos y lugares también olvidados de la mano de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier. Y el fuero, y el clan, y la cuadrilla y la familia, y su defensa a ultranza, y sus privilegios, y sus reglas escritas o no. En mitad de la evangelización, los poderosos no se doblegan. Siguen, con sus cuarenta dogmas, o los tengan que sumar, imponiéndose. La terminología sirve, entre este y oeste, para eliminar lo defectuoso, lo gastado, lo que ya no funciona en condiciones. No hay concesiones para lo imperfecto. Y borrachos somos y en el camino nos encontraremos. En el seno de nuestro rebaño, de pub en pub vamos de ginebra en ginebra, vamos sumando etílicos momentos en nuestra travesía particular. Y el siguiente salto nos lleva a definir los pañuelos, los moqueros de toda la vida. Y las preguntas de los sucesores de San Ignacio de Loyola en mitad de la calle ante las que no se puede ahuecar el ala. De ninguna manera de escaparás. Seguro que no te escapas. Navarra como reserva espiritual, teología por los cuatro costados. Ya no hay jueves que brillan más que el sol, aunque por aquel entonces sí. ¿Seguro que abril es el mes más cruel? ¿Por qué beber? ¿Por qué huir? Escribe EE: "Toda foto, como todo recuerdo, es de cualquier modo una traición". Cohetes y autores hispanoamericanos que caen del cielo. Disfrutar de la literatura. Y Borges y su lazarillo perro. Y Vargas Llosa sin Isabel. Y todo lo demás, también.

lunes, 3 de julio de 2017

Camino de Las Azores (LXXVII)

Soñando con papeles y volviendo a realidad en un charco cotidiano que se evapora mientras llueve. Todo es ciénaga intelectual, todo chusma andante, todo ruido sin un violín de fondo.

domingo, 2 de julio de 2017

Camino de Las Azores (LXXVI)

Ante la jesuítica imposibilidad de no leer un sermón, ahorraremos palabras. Cuentan los curas que se cortan en la mano mientras aligeran el jamón de procedencia alhameña (vivan las contradicciones, chivos y alhamas, profetas y cuchillos jamoneros) que "en tiempo de melones, cortos los sermones". Lo dicho, el sermón sin ficus de Santo Domingo de anoche, manifiestamente mejorable.

Camino de Las Azores (LXXV)

Metalizados andamos, como tipos en Deadwood buscando oros que nos saquen de la ruina. Las Azores no nos dará la felicidad, pero atenuará nuestras penas. O eso es lo que utópicamente creemos.

Otra cuenta pendiente

Ayer estaba yo andando entre revistas, con Belén Esteban hablando de su penúltima cirugía, y el consorte de la tienda me hablaba de su visita laboral a Almería. Parando en un bar, el consorte, que había celebrado su santo el día 29, veía las noticias en el Canal 24 Horas mientras apuraba su café con hielo. Nada del otro mundo. La misma cantinela de final de mes. La Guardia Civil había requisido ingentes cantidades de marihuana. Al lado del consorte de la dueña de la tienda de perfumes y revistas estaba un almeriense que quisiera ser murciano (viva la triprovincialidad, que no solo es Murcia Puerto quien quiere ser provincia dentro de la CARM) que dijo al del café con hielo: "Lástima que todo eso lo vayan a quemar. Esta gente no sabe que gracias a la hierbabuena no hay guerra en España". Tal que así.

sábado, 1 de julio de 2017

El corazón de la niebla

Empezando El corazón de la niebla, escribe Miguel Sánchez-Ostiz de la necesidad de no dejar en el olvido hechos y asuntos más o menos pasados, más o menos presentes. Y empieza a hablar del personaje, de Juan Miguel Arróniz. Siete años pueden dar para mucho. O para muchísimo. Buscando en lugares insospechados, en zonas fronterizas, en valles como el de Humberri, en zonas como Eleta, te encuentras con sorpresas. Escribe, marcando la distancia y la prudencia MS-O que "es un equilibrio, el que la injusticia o el crimen alteran, que no se restablece jamás". Nunca. ¿Preguntarse por la verdad? Imposible, con y sin deportivas de tres rayas y abuelo alemán. Juezas que no pueden con la causa, porque la misma es difícil de encauzar. No tengo ni idea de asuntos judiciales y ese vocabulario a veces da miedo. Subraya MS-O ese "limbo de los archivos judiciales". Si el cielo no es un lugar físico, mejor no pensar en ese sitio repleto de archivos judiciales, olvidado de inocentes y culpables, a partes iguales. ¿Saber qué ocurrió en la casa del protagonista? Los que supieron algo, "callan o mienten". Como en política, en vida social, en la charla del dominó o en la espera de la fiesta del cordero. Conjeturar, allanar el camino, salir contra el viento en mitad de la tempestad. Hay que intentarlo, hay que buscar un plan hache en mitad de un diccionario desordenado y con páginas arrancadas. Escribe el autor, y con razón, "que del prójimo y de sus actos nunca llegamos a saberlo todo". Nunca. Apostillo recordando al hombre de la camisa verde, otro que murió en extrañas circunstancias y al que su única hermana despreció muerto y vivo: "Ni falta que hace". ¿Cuáles son los límites de la denuncia y de la falsa denuncia? La piedad y la falta de piedad, los muertos y los malos muertos. Me viene a la cabeza, leyendo estas últimas palabras de la introducción "A modo de prólogo" de El corazón de la niebla la tumba de ese mismo hombre con esa misma camisa verde: tumba sin nombre, sin fechas, sin nada. El problema de las etiquetas. En las botellas, quitarlas; en los muertos, ni Dios ayuda para que el personal siga lanzando mierda sobre los muertos. ¿Era el prota un filósofo desengañado? ¿No son todos los filósofos unos desengañados? ¿Por qué confundir correligionarios con amigos? ¿Por qué huir? ¿Por qué Madrid? ¿Por qué utilizar la ironía y el sarcasmo para huir de la mayoría aplastantemente aburrida? Hay una frase que allá por los noventas, tras baloncesto y birras varias, se utilizaba mucho: "Yo no tengo amigos; tengo gente con la que paso ratos". MS-O va un paso por delante, y lo ilustra con palabras más certeras: "Creía tener amigos y muchas veces no se daba cuenta de que trataba con fieras". Y no. Los cincuenta no son los nuevos veinte (ni falta que hace). En esa lucidez, taciturna o no (otra pregunta de miga de pan), se encuentran "los prejuicios hechos valores". Y la política y sus daños colaterales (habla el autor del GAL y los silencios que provocó), y de la corrupción y el fin y los medios y todo lo demás. Y como si de un matrimonio se tratara, el boli rojo subraya más palabras de El corazón de la niebla, "el insidioso susurro de las oportunidades perdidas". Y entrar en política es muy difícil, como bien sabe Don Importante. Se utilice o no la palabra casta, la política es en muchas ocasiones muy desagradecida. ¿Entrar con alegría en la política es posible? ¿Entrar en política única y exclusivamente con afán crítico? ¿Dónde está el término medio? No seríamos capaces, o tal vez, sí. Corrompernos gracias a la política. Nunca digas nunca jamás ni este cura no es mi padre. Puede que exista algún concejal de urbanismo limpio y sin corromper, pero no conozco a ninguno. De verdad. Viva España, viva "esa formidable pachanga". O parranda, depende de las hectáreas. Esa política, la de los primeros años de la penúltima década del siglo XX, fue de traca. Y las sobremesas, y sus charlas, y esas palabras que salen de cháchara y retratan al personal, al barrio, a la comarca, a la región y, si hace falta, al país entero. Adiós fronteras. Habla MS-O de Arróniz, don Juan Miguel, como si fuera un Jorge Albi, un tipo de esos que "rompe su desesperación con un salvaje cóctel". Todos tenemos reniegos. Unos más que otros, aunque con el panorama del reniego del pasado, cualquier cosa era posible. A veces no queremos recodar el modo de actuar de hace veinte años: pintas, actitudes, soberbia, jodiendas con vistas a El viejo y el mar. Lo define (a Arróniz) MS-O como un "abanderado de las ideas". Da envidia esa definición, aunque los asesores al final caen antes que los asesorados. Esa idea me hace recordar Mirando al suelo, pero no nos vayamos por las ramas del ficus de SDdM. Abundantes y copiosos de palabras son los tartufos de finales del XX. El tiempo de los hipócritas ha vuelto. Está aquí instalado desde hace mucho tiempo. Lo contrario ha ganado; las expresiones, han perdido. Recuerda con acierto el autor, como si viera muerto al hombre de la camisa verde, de que los suicidios se tildan de muertes en extrañas circunstancias. Le podemos dar cierto barniz para olvidar el asunto. Que no se sepa. Ponerle tierra encima. Plantar pimientos. Lo que se quiera. Pero sigue así. "La ley tiene muy poco que ver con la verdad". Cierto. Y la fascinación de las hemerotecas. Y esas rebabas, que lo ilustran todo. Absolutamente todo. Y llegar a la página 23 y descubrir lo que significa "meterse en honduras". Sí, en honduras. Del sarcasmo a la seria verdad. Y viceversa. Director general. Menudo rango. Y cuando los cargos oficiales, semioficiales, oficiosos y semejantes se acaban, no es plan de volver a la tiza. Los desertores de la tiza tienen malas agonías en el trabajo (que no quieren volver a hacer, por supuesto). El principio de Peter hecho cargo oficial, semioficial, oficioso o semejante. O como se diga. Y creer(se) Montaigne. Ni más ni menos, Ensayos para arriba, ensayos para abajo. Otro burdeos para todos, otro siglo XVI que pago yo. Artículos para leer, releer, coleccionar y olvidar. Como Manuel Alcántara y su Vuelta de Hoja, Arróniz tenía sus Despropósitos. Montaraces hábitos y trochas. Atajos para morir en la orilla. Buen sitio las librerías (como El Nautilus) para "deshacer amistades". Suena bien. Y sí, comprobado, las manías unen. Siempre. Los filósofos, eso tipos que no tienen claro los límites entre derecho y justicia, arronizados todos. Y preguntas que hoy estarían en la calle, en el telediario de todos los días, en la columna que dejamos a mitad de leer: "¿Tú crees que a la gente le gusta que le mande gente ejemplar?". Leer, leer, leer. Comentar, comentar, comentar. Volver a analizar los libros. Caer en la tentación de un análisis profundo de Molestias del trato humano de Juan Chrisóstomo de Olóriz. Vueltas que da la vida. Resacas que da la vida, de distinta índole. Complejos de culpa que sumar a la operación matemática de todos los días, de toda la vida. La lectura de El corazón de la niebla hace reflexionar sobre las diferentes aristas de la soledad. Renunciar a los demás. Hay que tener valor para llevarlo a cabo. Renunciar. Volver a la cara. Encierro sin siete ni julio ni pañuelo ni sangre en el cuello. Ruptura con todo. O con casi todo, en plan Tengo una pistola. Tal que así. El espíritu indomable del aislamiento, olvidando latitud y longitud, escondiendo la geografía precisa en ala ahuecada. O como se diga. ¿Es posible la misantropía en un conversador nato? ¿Seguro? Escribe MS-O que "vivir al margen, dedicarse a vivir a otro ritmo, es privilegio de unos pocos". Envejecer al margen de todo, envejecer sintiendo la soledad (bien)entendida, envejecer suponiendo que ese aislamiento es necesario, envejecer rodeado de filosofía y libros varios. ¿Somos capaces de situarnos en una posición intermedia entre la víctima y el verdugo? ¿Se pueden ver los toros desde la barrera? Somos michirones en un plato reutilizado en un bar lleno de mugre, serpientes que rezuman soledad pero que en perspectiva queremos estar acompañados en el final de nuestros días. Travesías de herejes en un mundo de reformas, luteranizando altares de veneración. "Vivir ni envidioso ni envidiado" escribe MS-O. Suena raro, suena difícil, suena en do menor cuando necesitamos silencio. "Ni envidioso ni envidiado". Suena raro pero dulce, como el Get Together de los Everlasters. Años de fiesta continua que acaban en soledad. De la ciudad al campo, y tiro porque me toca, y si tiro la bala puede resbalar y dar(me). Escribe MS-O de "meterse en la boca del lobo". Ilusiones en mitad de la barbarie. Enfatiza, ahora que vemos otra vez atentados en los informativos todos los días, en frases que hacen pensar en voz alta, baja, en silencio: "Solo aspiro que que el nacionalismo no sea obligatorio". Barbaries subvencionadas desde el poder. Luchas que hacen daño. Tableros de ajedrez en los que la única manera de ganar es no jugar. Hay personas que no entienden los temas de conversación. Subraya en este sentido el autor que "la estupidez, ésa, ésa si que no tiene patria, pero muchos patriotas". Escoger los viajes, los lugares, los sitios, los estancias. Ese woodyallenismo de las manías. Subraya MS-O: "Una forma de ser nadie es ir a dónde somos extranjeros y de esa forma ser uno mismo de una manera libre y genuina". Y lo que puede salir mal, sale mal habitualmente. Casi siempre. Y en esa "boca del lobo", la misma Pantanosa que podemos encontrar en muchos lugares de nuestros países, se metió el protagonista. Y justo ahí se empieza a hablar de ETA en el libro y de las personas que marcharon a otros lugares siendo amenazados (la anécdota de los zapatos en el frigo para hacer saber que la vigilancia y la persecución era un hecho es bestial). ¿Hablando se entiende la gente? Doctores tiene la Iglesia, pero la Iglesia en ciertos lugares ha colaborado interesadamente con terroristas y asesinos. Y parece que de eso no se puede hablar. O sí. Y a algunos se les hizo tarde, y se quedaron en el camino, o cuando iban a comprar la prensa, o jugando al dominó, o tomando unos vinos en el bar. Escribe MS-O la palabra barbarie, y enfatiza ese "salto atrás". Y recuerdos, muchos recuerdos, como el de la Partida de Barandalla. Vaya recuerdos. ¿Nos podemos aislar definitivamente en una casa? ¿Y en una tierra? ¿Van de la mano o son indiferentes? De Montaigne a Sabunde y tiro porque me toca. Y los jardines de las palabras dadas, de los hechos consumados, del sí pero no y el parchís y la oca y demás. "Ser de palabra es casi una seña de identidad y al final un mito. Un asunto en el que no cree nadie. Hay que tener testigos. La palabra sola, sin testigos, no se sostiene. Eso lo saben sobre todo los que la empeñan y los que creen, como los aldeanos, que su palabra vale más que la de los demás, ya sean de ciudad o de fuera". Casi nada. Incide MS-O en "la servidumbre de la vida de la tribu". Y al final te encuentras. Te encuentras. Siempre sales perdiendo cuando te encuentras. Del entusiasmo a la decepción, del servilismo a la soledad. Alude el autor a "las molestias del trato humano". Pero no podemos, o sabemos, estar solos. Es muy difícil estar solo y más difícil todavía saber decir que no. Y aparece Jasone como ejemplo de mil cosas, ejemplo de Fracción del Ejercito Rojo y todo lo demás. Y buscar donde no hay: idioma, banderas, "tradiciones inventadas para rellenar un calendario festivo de afirmación nacional y vasquista". Lo que hiciera falta para ser un buen vasco. La integración y esas milongas. Y los locos entran en escena, y cambian el panorama. Y el viento sur y los suicidios en otoño, casi siempre en otoño. Y en mitad de ese jardín físico e ideológico, en mitad de esa inercia anfetamínica, aparecen las nubes que con sus pequeñas gotas los nublan todo. Así habla del asunto MS-O: "Peligrosos asunto la niebla: desdibuja los perfiles, nos oculta las cosas, lo que está lejos nos lo acerca y al revés, nos aleja y oculta lo que tenemos al alcance de la vista, nos hace ver cosas que no existen, embriaga incluso, incita a la melancolía". Apostilla, pocas lineas después el autor: "Tener o o no tener niebla en la cabeza, ésa, dicen los que saben de la aventura, es la cuestión". Y une insomnio con niebla, soledades torturadas durante noches sin dormir: "Mal asunto el insomnio: muchas ideas y ninguna buena. Tener o dejar de tener niebla en la cabeza, ésa es la cuestión". Y en esa frontera, todo es posible. Según esta historia, "la frontera es un país en el que desaparecer es más fácil de lo que parece". Y en esa contextualización salen los días de los más bajos instintos, de "la barbarie sin ideología precisa". Folclore y nacionalismo, unión de aspectos cuyas fronteras son difusas. Otra vez, fronteras; otra vez, lío. Y en mitad de ese infierno aparece, otra vez, la pasión por los libros. Cuando hay pánico, cuando hay confusión, un libro, muchos libros, te salvan. No fallan. Y las historias cruzadas del temor, del miedo, de sentir que algo puede pasar. Historias de puticlub. Historias de las de toda la vida, con alcohol a mansalva y jodiendas con vistas al valle. Y el sábado de carnaval, puede pasar cualquier cosa, no hace falta estar en NOLA con vendavales a la vista ni con Katrinas que barren a todos. Y con una copa de Mirabelle en la mano todo es más fácil de contar. Y lo de pensar, y, además por cuenta propia, te mete en líos escabrosos, en jardines de mucha broza y en el que pisas moras que luego te delatan. ¿Coches blancos en la niebla? Con razón, con mucha razón, se afirma en El corazón de la niebla que "vivir a tu aire es privilegio de ricos o de Robinsones o de gente que se pone del otro lado". Y confirma después MS-O: "Ser Robinson tiene otras servidumbres, poco amables". A lo mejor, o peor, me hago mayor, pero llevaba tiempo sin leer lo de "manchurrianos". Me da envidia que alguien escriba eso de "saber de entrañas". Mucha envida. Saber de todo y a todas las horas, sin depender de la dirección del viento ni de las jodiendas de la veleta. Y luego aparece ese "pasado de afición al rebaño". Las lecciones. Que no nos den lecciones, que somos mayores y tenemos la cama muy vacía. Y los pistoleros, y sus fechorías, y todo lo demás. Los potajes patrióticos solo llevan a charcos con infecciones, con jodiendas en hospitales para terminales. O carnes partidas. Y la diferencia entre ebriedad y sobriedad, entre pasajes leídos y escuchados, y entre historias al son de himnos generacionales antes y después del 83. Y recuerdos de Montejurra 76 y todo lo demás. Y escuchar a Second y todo lo demás. O como se diga. Y me recuerda El corazón de la niebla, mis años de dar clase en Bachillerato. Mis años de hablar de GAL y ETA, de Montejurra y de lugares comunes de los Grupos de Acción Católica y de la AET, y todas esas mierdas que no sabes si es mejor explicarlas o olvidarlas. Que esa es otra. Olvidar, pasar página, hablar en clase. Jardines en los que no sabes si pisar. Escribe, y con razón el autor, que "nunca fueron buenos tiempos para andar por libre". Distancia y observación, que decía el profesor del instituto. ¿Quién da esas "cátedras de dignidad o indignidad"? Pues no hace falta saberlo, digo yo. O tal vez, esté en otro error. No lo sé. ¿Y Arróniz creía en ese estoico negocio de vender la patria? Buena pregunta. Canta la Demencia, antes y después de no descender administrativamente tres años, que un patriota es un idiota. Difiero. Mucho. Hay momentos para todo. Incluso para el patriotismo. Y el Mossad navarro, del que algún día hable con el señor Iturbe Abasolo (y no me contestó). Y luego la mierda del nueve milímetros parabellum metido en el sobre el acolchado. Eso es para abandonar el planeta. O el universo. También me habló JIA de los zapatos en el congelador, de las bolsas de basura en el congelador. Ese "imperdonable pecado de decir lo que pensaba". Joder. ¿Traición? En las clases, cuando daba clases, en el Pleistoceno, recordaba la frase de JFK:"La traición no prospera porque si no ya nadie la llama traición". Da igual. Hay que tener estómago y resucitar. Ese "romanticismos de la vieja idea" y su vigencia. "Términos medios y matices". Y luego esas frases que apuntamos, que nos hacen pensar, de las que no sabemos si somos carne de rutina como cantan Viva Suecia. Esas frases. "Y no tener más certeza ni más bandera, que la tierra y la lengua". Esos espíritus que nos llevan a la perdición, esos espíritus que "encuentran un motivo de burla en la pobreza". O como se diga. Y sí, en eso estoy de acuerdo con Josu y sus secuaces: "Las anotaciones marginales de los los libros parroquiales hablan claro". En esa misma fronda oscura de la que escribe MS-O que es un lugar común de los que juntamos letras nos metemos en jodiendas. Faltan comas en la frase anterior, pero no es plan de ponerlas. La frontera siempre presente. Siempre. ¿De verdad podemos entrar todos en un mismo país? ¿Quién convence a quién? Himnos. Lo dice Jota, "las palabras solo pueden hacer daño". Frases que duelen y todo lo demás. ¿El castellano motivo de encono? También está el tema de los robos de libros. Gran tema. Universal. Antes o después, todos caemos en esa tentación. Y esas frases que retratan, espejos de tantas cosas: "Libros, escritores, qué asco, piensa la mayoría, que se jodan, por no asegurarse, como le dijo el folklorista profesional". Sí. Y esas juezas, esas juezas con olores varias que dicen que "los guardias no están para impedir que los perros ladren por la noche". Con un par. Y también deja el libro buenas reflexiones sobre el egocentrismo, sobre ese momento en el que el ombligo es todo. O casi todo. Con letras propias o ajenas. Escribe MS-O que " tendemos a pensar que son las nuestras las únicas depresiones que son importantes". Y luego, grandes preguntas. ¿Cuándo saber si eres "el mejor amigo de"? Difícil. Muy difícil, sobre todos cuando las células dicen basta y te llaman por teléfono. Y luego, con la muerte a espuertas, las preguntas sobre la amistad. ¿Dónde está el rasero de la amistad? ¿Dónde ese rasero que pone el límite entre la gente con la que pasamos ratos y a los que las viudas consideran amigos? Muy jodido establecer ese supuesto límite, ecuatorial, línea meridional o tropical imaginaria, de la amistad. Vaya asunto este de la amistad. Muy, muy, muy peliagudo. Y, estas tesituras, MS-O, acierta: "A cierta edad empiezas a apreciar la soledad, la libertad a ella asociada, necesitas agarrarte a algo material, sólido..." Y todo lo demás. ¿Qué nos une aparte de la bibliofilia, la literatura (y estas dos últimas décadas la seriofilia)? Y luego "Cito volat et occidit". Y tipos que van con tres guardaespaldas a un cementerio. Y el médico hablando del "desastre de los desastres". Y las autopsias, y el alcohol, y los ansiolíticos, y los falsos peritos para falsos incendios, y los falsos testigos, y los bufones mordaces, los peores de todos. La niebla en todo su espesor en la muerte de Arróniz. Verdades pálidas. Los límites de la pertenencia a la tribu y esas fronteras tan peligrosas. Conjeturar. Casualidades que no existen. Juezas que hablan de literatura. Y todo lo demás, también. Extrañas circunstancias. Subraya MS-O las cualidades de ciertos personajes como son "los profesionales de las cortinas de humo". Y en mitad de esa niebla, siempre encontramos a alguien a quien odiar, al que tildar de algo. Incide el autor en esa idea: "Casi todos necesitamos un enemigo para ser algo, una burla que nos afirme". Conozco bastantes curas, he comido con más de uno, he estado en entierros de curas y de familiares de curas, y siempre encuentras sorpresas en ellos. En este caso, el amigo de Arróniz, cura que también era, entre otras cosas, arqueólogo. Ayer, en el velatorio del profesor Eiroa, vi a tipos curtidos por el arqueólogo sol llorar como niñas. Es lo que tienen, que a los que dan buenos sermones se les coge cariño y afecto, como a Don José Manuel o como al profesor Eiroa. Es lo que hay. El cura y la garantía de la vasquidad. Cura de "racismo instintivo". Y aldeanos ilustrados y petulantes que cuentan su versión del cuento. Será por versiones, como en la canción de Lagartija Nick. Aluches hay muchos, cada uno en su latitud correspondiente. En este caso, este Aluche, "vasquista antisemita", es otra muestra de juntar ideas nazis y ombliguismo. Esa definición de "Maquiavelo de barbecho" es aplicable a políticos de distinta calaña y similar negación. Y recordando a Sergio Algora toca pasar, "pasarás la página y verás, que estás preso otra vez, en el más triste final, el más triste final, el más triste final del cuento". Es lo que encuentras en los cuentos. Y médicos y padres de médicos que certifican muertes. Y que certifican, con sus actos y sus palabras una forma de vivir: "La barbarie, la crueldad, el dolor, formaban parte consustancial del mundo, sólo cabía protegerse pasajeramente, y no siempre". ¿A ciertas alturas de la película podemos creer? ¿Suerte o casualidad? Y puede ser que como indica el autor "que la verdad resulta molesta casi siempre". Pues habrá que mentir e inventar, reinventar y volver a mentir. O como diablos se diga. Y la versión del cuento, según Paquito Añoa, otra más. Y entre todas, una ley que sale victoriosa, la ley del silencio. Y al final de la película, el perdón sale al encuentro. ¿Es posible utilizar la palabra perdón? Escribe MS-O que "el perdón es un mito, es una conveniencia social y nada más, una máscara de respetabilidad en todo caso". Para mí es difícil perdonar, es entrar en un infierno personal donde no sé situar justamente la balanza de la indulgencia. Termina MS-O asegurando que "escribir de las cosas que nos perturban es una manera de desembarazarnos de ellas". Desordenado orden el de las palabras perturbadoras. Bendito desorden el de los libros y las bibliotecas, el de los himnos y las canciones. Y todo lo demás, también. Es prácticamente imposible, utópico, pero pinta bien ese alegato final de MS-O, una forma de vida, símbolo de autoestima individual, presión neuronal y deseo confesable: "El encerrarse en una biblioteca, vivir en ella, pensar desde allí el mundo y desaparecer en las páginas leídas, no ser alcanzado en ellas por nada ni por nadie. A veces poco más se puede pedir. A los audaces dicen que les ayuda la fortuna". Mágica maniobra de evasión la de ese encierro sin Fermines. Y punto.

The Principal. Primera temporada.

El problema de The Principal es que es real. Cualquier cosa puede pasar en un instituto. Da igual la latitud, la longitud, el continente. Lo que no pase en un instituto no pasa en casi ningún sitio. Crímenes y mierda al por mayor. Un director que quiere cambiarlo todo y se mete en un puto infierno. En el mismísimo infierno. Policías sin uniformes. Alumnos muertos. Directores con antecedentes. Ritos de purificación. Indígenas contra musulmanes. Suníes contra chiítas. Todo cabe en un instituto. Esponjas con las que lavar al muerto. Boxeo y clases de cocina. Refugiados de muchos sitios. La guerra. La puta guerra hecha instituto. Boxdale, instituto solo para chicos en un barrio infernal, con tiendas infernales, con crimen y todo lo demás. Como en cualquier barrio en cualquier ciudad del mundo. Entierros bajo cables y líneas de alta tensión. Oraciones que quedan en el vacío. Pañuelos con olor a tabaco. Corbatas como símbolo de distinción. Imposibles en el horizonte. La insensibilidad policial. Publicidad para vender portátiles en mitad de un infierno. Acusaciones retiradas. Carreritas por el patio. Sin testigos. Mierda sobre mierda. Etiquetas que te ponen para "tildarte de". "De". Pasado sobre pasado y tiro porque me toca. Terrorismo y antiterrorismo. Vacantes con fuego. Y más conjeturas, de hermanas a madres que hablan de casualidad. ¿Qué tiene solución en el mundo? ¿Algo? ¿Nada? ¿Volver al antiguo IES? Tragedias del pasado que vuelven al presente, y lágrimas de matones. Palizas que están en el disco duro neuronal durante décadas. El protocolo de la amenaza de bomba. Recuerdo que el año pasado, trabajando en Cartagena, sufrimos una falsa amenaza. Parecía cachondeo de los niños, pero la policía llegó de manera inminente. Fue un caos salir de allí, pero necesario. Hay ciertos asuntos que no se pueden tomar a broma. La locura de la cerrazón y todas esas milongas que cuando se convierten en realidad hacen saltar todo por los aires. Relojes que marcan el miedo y todo lo demás. Pero hay esperanza, aunque no lo parezca. Siempre. Hay que creer que estamos aquí para poder cambiar las cosas, aunque sea poco a poco. Y punto.

jueves, 29 de junio de 2017

Los Beatles de serie B siguen siendo los Beatles de serie B

El último himno de junio de 2007

Sally sigue esperando por nosotros

Zanahoriear lo cotidiano

Vuelvo a conversaciones del curso 2006/2007 que andan por aquí. Conversaciones con alumnos ingleses sobre el Creep del zanahorio y sus secuaces.

Glastonbury ha vuelto!!!

Versalles. Segunda temporada

Nada como cazar ratas por si luego hay hambre. Nada como elegir esposa para el hermano del rey entre la reina y la amante del rey. Nada como morir envenenado. Nada como ganar a los naipes en las timbas de la Corte. Nada como dormir en cama ajena con la madame de turno. Nada como volver a ver Versalles en su segunda temporada. Nada como hacer preguntas sobre la etiqueta cortesana. Nada como volver a buscar soluciones en los restos del envenenado. Nada como investigar los aposentos de una viuda. Nada como preparar el banquete de una celebración eclesiástica del XVII. Nada como tener oídos en los salones y sus fiestas. Nada como pensar en los testamentos ajenos de viudas ajenas. Versailles al poder. ¿Incluso en la luz son las sombras las que dicen la verdad? ¿Beber en pozos envenenados? Mierdas sobre cartas. Mierdas sobre extensiones de pelo. Mierdas sobre el palacio de los palacios. Mierda, mierda y mierda. Bajo la influencia de una mujer en cuestiones de Estado, perdición. Conclusión: ninguna. ¿Nuestras sombras caminan junto a nosotros? No escuchamos. Hacemos pensar que nos escuchan y que escuchamos. O algo así. Y en las altas esferas, todo se hace a cambio de algo o de alguien. Siempre hay sustitutos para los sustitutos de los titulares. Guillermito y sus naranjas, las amantes y sus cuitas, los milagros hechos cuñadas, los intereses económicos, los venenos de todos los colores. Andadas otra vez en torno a Versalles, en mitad de las locuras y las renuncias del rey Luis XIV de Francia. Marchales hechos policías; historiadores convertidos en policías; cruces multiplicadas. Guerras en las que sacar lo mejor y lo peor de uno mismo. Venganza y resurrección, venenos al por mayor, elecciones divinas en mitad de la consagración. Domingo de Pascua. Sermón. Sangre de Cristo. Cuerpo de Cristo. Música celestial. Conspiraciones. Lágrimas bajo el velo. Sacerdotes herejes. Misas satánicas. Sangre de pequeños seres. ¿Seguro que la noche más oscura da paso al amanecer?

Camino de Las Azores (LXXIV)

Pasando del arre al so, que para eso seguimos siendo animales. Pasamos de la tortura a la felicidad, del desánimo al éxito más absoluto. Luego nos despertamos, empapados en un sudor que nos hace pensar en perfiles, en nieblas, en patrias con y sin mayúscula. O cómo se diga. En esas estamos, viciados de costumbres, de modas envejecidas que diría el profesor Pepe Perona. Volvamos a mirarnos en esos espejos de bibliotecas sin fondo. Y todo lo demás, también.

miércoles, 28 de junio de 2017

Lleva tiempo sin sobrarme (Carnaval)

Andaba, sin levantar(se) de su trono, un pánfilo, hablando de teatro. Cargo de responsabilidad. Principio de ascenso y frutales que probar a los postres. Machín. Carmen Machín a dicho. Voy vestido de barbaridad.

Las fieras, hasta el último día

Aunque el problema no sean únicamente las fieras, el problema principal son los padres de las fieras. Casi siempre. Menos mal que nos queda algún himno que venerar, algunas letras con las que deleitarse entre fiera y padre de fiera. Viva Junio. Y todo lo demás, también.

martes, 27 de junio de 2017

Homenaje a Lagartija Nick

Hoy toca estrechar himnos mientras Triángulo de Amor Bizarro homenajea a Lagartija Nick con su Esa extraña inercia (anfetamina). Ya se puede parar el mundo.

Nobel. Primera temporada

De Afganistán a Noruega. Saltos temporales. Política. Ministros que cumplen el Principio de Peter. Destacamentos en los que se pasa mucho tiempo. Muertos que viajan de vuelta a casa. Talibanes que son talibanes las 24 horas del día. El ritmo de Nobel no deja tiempo para los puntos suspensivos. Se pasa de la lágrima al dolor. La diplomacia es una mierda. Todos lo sabemos. Y estar entrenado para llorar a un compañero no borra esas lágrimas. La puta diplomacia. El manejo del dolor. Recordando al gran Manuel Alcántara, podemos definir a los diplomáticos, a los ministros, a la gentuza en general: sí dice que si, quiere decir quizás; sí dice quizás, quiere decir no; sí dice no, es que no es un buen diplomático. Vaya puta mierda la política. Y los políticos. Un buen diplomático es aquel que entra en una habitación hotel equivocada y al ver a una señorita desnuda dice "perdone usted, caballero". Pero a lo que iba. Nobel muestra lo inútil de estas misiones en países como Afganistán. Barnizar el desierto para intentar ponerlo en el mapa de la democracia. Vaya milonga. Milonganza. La foto del soldado muerto en los periódicos. Vaya foto. Talibanes que pegan a sus mujeres hasta que se desmayan, una y otra vez. Esa mierda de guerra en la que no puedes disparar hasta que te disparan... si no eres americano. Ir a una intervención como esa es entrar en una ratonera. "Estamos aquí para morir". Saltar por los aires en tierra hostil. Familia y Estado, política y mierda al por mayor. Ministros de un mismo gobierno enfrentados. Opios, sobrinas, hijos, antiguos hábitos para nuevos dolores y premios podridos hasta el tuétano. Y todo bajo la opinión pública, bajo unos periodistas que buscan carroña en mitad de un nido de buitres. Cuernos, pendientes junto a la piscina, niños que hacen preguntas, miedo a distintas temperaturas. Pero sigue siendo miedo. Ministros que buscan la gloria en mitad del horror. Cóctel que no siempre deja buen sabor porque la política no deja nada más que daños colaterales. Y todo lo demás, también.

lunes, 26 de junio de 2017

domingo, 25 de junio de 2017

Sense8. Primera temporada

Visiones. Sesiones de música. Las mujeres no cierran tratos y abren las piernas. Chicago y Seúl. Policías que escuchan truenos en habitaciones vacías. Más visiones. Sobrinas que saben algo. Resonancia límbica, el lenguaje más antiguo de las especies. Paranoias de herman@s. Conexiones. Actores con problemas. Paraguas que no se encuentran. Citas a las que no se puede llegar empapado. Arcos iris en mitad del entierro. Ortodoxos camino de ningún sitio. Y más dolores de cabeza en Sense8. Migajas para los demás. Calles, junglas, reyes. San Francisco y Méjico con jota, siempre el profe Andreo en el horizonte. De Berlín al cielo, sea oeste, este en la piedra del collar. Ir con respeto. Palmaditas en la cara. Renuncia (in)justificada. Tumbas de los Bogdanow. Momento meada House of Cards. Tal que así. Gallinas. Y más conexiones. Y relojes que parecen parados. Llamadas que no cogen. Reuniones que no se llevan a cabo. Tintes y escaleras. Clubs a los que no volver. Distinciones que separan. Bombay sin azul. O con camiseta azul, campanas y mucho incienso. Demasiadas ofrendas. Sirenas al otro lado del mundo. Cajas fuertes. Taladros. Vinilos junto a la chimenea. Ruiditos. Tirantes. Lluvia sobre el asfalto. Y más sirenas, y carreras. Heridas y frío. ¿Odio? ¿Vergüenza? ¿Listas? ¿Vidas salvadas? ¿He oído Santo Tomás? Sorpresas de champán y llaves perdidas. Y más Méjico, igual, sueños hechos realidad. ¿Lobotomías? ¿Salir? ¿Abandonar? ¿Estamos locos? ¿Nacemos locos? ¿Vivimos locos? ¿La birra tiene bandos? ¿La birra tiene colores? ¿Desde cuándo hacer lo correcto está mal visto? ¿De verdad los fármacos son como los zapatos? ¿Los necesitamos pero no todos nos valen? El problema de Sense8 es la imaginación que hay que poner(le). Esas vidas cruzadas, esos momentos en los que saltas latitud, longitud y millas sin explicación, sin motivo aparente. Visualmente excepcional. Sí. Un show para las retinas. Sí. Pero hace falta un poco más. ¿Celebración o luto? Cruces de camino, hospitales, policías irredentos, robos y más jodiendas que rozan la tomadura de pelo. Muchas lágrimas, mucho sufrimiento, mucho pasado hecho presente. Las lealtades y los dobles bandos. Las luchas sin cuartel. Coches y partos. Locura. Y la posibilidad de elegir. Y pisar cuellos. Helicópteros, opciones b, carreteras. Escapar en mitad de un fallo en Matrix. Y todo lo demás, también. Y huir, y barcos y lo que el viento manta. Experimento fallido el de esta primera temporada de Sense8.

sábado, 24 de junio de 2017

Fargo. Tercera temporada.

Entre hermanos anda el juego. Entre hermanos anda el sello. Entre hermanos empieza la guerra. Entre prestamistas está el jaleo. Entre muertos empieza todo con principal y secundarios de lujo. Y a investigar, y nieve, y dolor, y sangre, y el pasado que vuelve a salir. Y las timbas, y orina de mano en mano. Y entre venganzas y aparatos viejos de aire acondicionado, entre confusión de pueblo y hielo, empieza la marcha en la tercera temporada de Fargo. Para poner(se) a temblar. Y la anarquía al norte y al sur de África, y las referencias a Corea del Norte y a tito Vladimir, y al Danubio y a los cuadros de burros y a los ataques con ingeniería íntima femenina. Buscar en Internet en 2010 también te metía en líos y podías saltar por los aires. Apretones de mano que son mentira, farsa fraternal entre accidentes de tráfico y carnets falsos. Y rostros de Panteras Rosas y chinos y más rostros de cabezas que podían explotar en cualquier momento. Y libros encima de la mesa y féretros y urnas que llenar de cenizas. Pasa en esta temporada de Fargo, como en la tercera de Better Call Saul, que la relación entre los hermanos se va la mierda. No vale ictus, no valen complicaciones de la polio. Ni Éxodo, ni aparcamientos, ni Génesis, ni Levítico. No. No hay socios a ciertas edades. No. Hay absorciones. Hay jodiendas en torno al parking. Demasiados paralelismos. Es mejor no tener a ciertas personas como enemigos. Momentos de debilidad. Bochornos y cintas de video. ¿Cuánto dinero necesita un hombre? ¿Cuánto más una mujer? ¿Por qué nos cuesta a los hombres hacernos los difíciles? Oficinas, teléfonos y jodiendas que no llevan a ningún sitio. A ninguno. Luego, las ventanas al infierno dan a otros infiernos; las carreteras, a sangre; los frigoríficos, a justicia; los aeropuertos, a la cárcel. Aunque hay que ponerle imaginación en más de una vez, la tercera temporada de Fargo se hace querer aunque sea de manera sarcástica. Y todo lo demás, también.

jueves, 22 de junio de 2017

Better Call Saul. Tercera temporada.

Todo es mentira en la vida. Todo es mentira en la vida del falso Saul. Todo. Se junta todo. Dramones. Enemigos en casa. ¿Son solo tres series en una o son más? Demasiadas historias en la tercera temporada de Better Call Saul. Al igual que en la tercera temporada de Fargo, la relación entre hermanos es el eje central de la historia, pero hay muchas más historias. No vale el pasado. El pasado es ahora. Y está aquí. Haciendo anuncios. Baterías en bolsillos. Juicios. Papel de los de toda la vida. El morigerado de turno, el criado bajo manto de rico, el más o menos posicionado no sufre; los que se buscan la vida, hacen lo imposible, posible, pierden. Siempre pierden. No llegará el día. No llegará. En mitad de esa lucha, en mitad de la pastilla cambiada, en mitad del taller paterno, en mitad del cobro del día, en mitad de las paredes de madera arrancadas, sale una luz: victoria, derrota, utopía. Saul sin tilde para sus amigos va cambiando, paga su servicio; su hermano, cobra a lo grande por el agravio. Las otras dos patas de la mesa, siguen su guerra. Cuatro series en una, cada momento a su lenta velocidad, cada uno estima un estado, una ilusión, un dolor tras un accidente, unos folios en mitad del desierto, unas zapatillas colgadas en un cable, un paso fronterizo donde parar, un bufete que controla tres estado. Siempre hay un 18 de julio para empezar una nueva historia que se hará vieja. Siempre hay un dinero que invertir. Siempre un sufrimiento para conseguir algo. Siempre. El problema es saber plasmarlo, moldearlo correctamente para expresarlo con imágenes, con palabras y, de vez en cuando, con la música adecuada. Y no siempre esa música es celestial. Y todo lo demás, también.

El espíritu de Jerry García

O Garcia. Me da igual. Su espíritu, su forma de vivir, su influencia posterior, sus palabras, sus actuaciones, el valor de la contracultura, el valor de hacer lo que apetece pero hacerlo bien. Busquemos en nuestro interior lo que puede hacer(nos) mejor. Espíritu.

miércoles, 21 de junio de 2017

Himno atemporal de 21 de junio de 2017

El himno definitivo

Escuchar El La Oscuro De La Fuerza es un ejercicio de pulcritud sonora. Necesitados de niveles de abstracción, buscamos soluciones a problemas bajo músicas hipnóticas, intermediaciones que nos llevan de lo concreto a lo que nos determina de por vida. Himnos, himnos, himnos.

La joya escondida

De tarde en tarde, sorpresas de la vida, se encuentran joyas que han quedado aisladas, al margen de (casi) todo y que tienen diamantes en su interior. Ese aislamiento, es cinturón sanitario ante la estupidez, tiene un precio. Ahora, con la foto de rigor, se hacen distintos tipos de preguntas. Pero estamos demasiado mayores para contestar. Demasiado.

martes, 20 de junio de 2017

Los himnos que no cansan

Hablaba el hombre de la camisa, entre libros de ajedrez y ordenadores viejos, entre goteras y cables sueltos, entre millones de erratas y libros subrayados, de la profundidad de los himnos, de la pureza de las cosas que nos gustan, de los laborales hechos festivos. Y todo lo demás, también.

Las evaluaciones, los cafés y todo lo demás

Nada como llegar al cuarto café entre evaluación y evaluación, entre humedades y vientos sin levante ni camino de Las Azores ni sobras de Carnaval. ¿Qué fue de los Lunes de Carnaval?

domingo, 18 de junio de 2017

sábado, 17 de junio de 2017

Prime Suspect 1973 (2017)

Casi por curiosidad, entre chefs versallescos y encamadas que no se consumen, a Prime Suspect 1973 (edición 2017). Demasiada mierda en el ambiente de esta serie: puta violada con nombres y apellidos, mujeres policías que empiezan siendo números y acaban siendo mucho más que eso, clasismo, machismo, caza de brujas, cárcel y daños colaterales, yonkis que se arrastran y arrastrados sin corazón. Y eso solo para empezar. Pero son muchas más preguntas las que plantea la serie: el papel que desempeñamos y el que podríamos desempeñar, lo que podemos dar de sí y lo que esperan los demás que demos de sí. Demasiado de sopetón. A diferencia de otras, aquí el ritmo es más rápido. Desde el principio, hay momentos en los que no hay respiro: saltos desde el autobús, robos en plena calle, muerte bajo la lluvia, morgue y sangre y asco por lo que te encuentras ante ti. Y luchar por encontrar tu sitio, o que te dejen tu espacio y no acabar en simple marioneta. Jefes, secuaces y los últimos de la fila. Demasiadas preguntas sin respuesta, pero a pesar de ello podemos indagar. O intentar indagar. O intentar. O. Y luego todo se complica con robos y cárceles, huidas imposibles y muletas del pasado, fotos que traen personas a la memoria y hermanos que se odian hasta la muerte. Camisas rojas del pasado que vuelven a los setentas, Creedence Clearwater Revival sonando sin parar y hospitales en los que dar malas noticias. Santos que no son tan santo. Mierda al por mayor. Y todo lo demás, también.

El Cuarto Poder se ha vendido

viernes, 16 de junio de 2017

¡Vivan los días épicos!

Día de elección

¿El niño de la cruz? ¿Quién ha elegido a...? ¿El valor? Otra vez tito Stanich dando en la diana.

Camino de Las Azores (LXXIII)

Para que se reparta el testamento hace falta la muerte del testador y todas esas frases que te vienen a la memoria cuando no sopla el viento, cuando cae el sol y parte el futuro y las ganas y todo lo demás.

Camino de Las Azores (LXXII)

Recordando años como si fueran uvas sordas, personas con mal vino que tuvieron poderes, apoderados del mal que nos llevaron a fracasos... Recordad, malditos, recordad.

jueves, 15 de junio de 2017

Don't Look Back In Anger

No lo había visto hasta que lo ha puesto en su cuenta de Vippter el gran Jesús Gallego. Después de los últimos atentados de Londres y Manchester, Inglaterra y Francia jugaban en tierras galas a ese invento británico que nos apasiona a todos (aparte de las cuchillas de los Peakey Blinders). Antes del partido, la Guardia Republicana entona el Don't Look Back In Anger de Oasis. Y Dios no estaba para disfrazarse de nada, que ya lo hizo de jugador de baloncesto con Jordan. Pero daba igual. Los hinchas cantaban como hay que cantar. Teresita May y el señor de la profe de teatro, alias Macron, no cantaban. Desconfía de políticos que no canten ciertos himnos, aunque sea recordando a muertos. Pero los himnos están para algo. Y salió una joya.

miércoles, 14 de junio de 2017

Los peces de la amargura

Tenía escrito un texto sobre Los peces de la amargura de Fernando Aramburu. Lo perdí, como tantas cosas se pierden con el terrorismo (de cualquier etiqueta o Estado). Tenía ese texto, escrito en sus comienzos un día de otoño que era fiesta en Cartagena pero no en Murcia (es lo que tienen las patrias que no conviven, que todo lo sacan de contexto). Tenía un texto en el que me acordaba de mi compañero de clases entre 1993 y 1996, Josu Iturbe Abasolo, al que nunca le pregunté el motivo por el que sus padres vinieron a vivir a Murcia en aquellos años de atentados y en el que dejaron su Basauri natal. Tenía ese texto que empecé a escribir en un hospital cuando acompañé a mi padre al Universitario Virgen de la Arrixaca. Escribo todo esto porque en el primero de los textos, el homónimo de este libro, aparecen idas y venidas a hospitales, viajes en autobús como el que hicimos mi padre y yo ese día hacia el lugar de Don Juan, hay padres que son receptivos con sus hijos, hay madres exigentes, hay parejas que dejan de ser parejas por culpa de atentados, hay matrimonios que no se llegan a celebrar porque todo se acaba. Con el terror, todo se acaba. No hay medias tintas. Nunca. No se puede olvidar. Nunca. También hablaba en ese texto de Los días humillados de Rubén Castillo Gallego que, curiosamente (nada de casualidades, que las casualidades no existen), empecé también a leer en un hospital un día de Navidad que acompañé a mi madre a otro centro sanitario. Y Madres es el título de la segunda parte de Los peces de la amargura, madres que justifican la venganza ante los españoles de mierda. Cromo por cromo, que hay fútbol este domingo mientras mi madre plancha. Lo que hay que hacer para crear "el país de los sueños". El gris de todos los días. Los llantos en el retrete. Los niños, los psicólogos que cagó Piaget y todo lo demás. Y huir para poder (sobre)vivir, respirar sin disfrutar, escapar para vegetar. En la tercera escena, en Maritxu, comienza FA reflexionando sobre la muerte de los niños. No de los adultos. De los niños. Y los curas defendiendo el cotarro etarra desde el altar, desde la catequesis, desde la confirmación y el bautizo. Agua vasca para bautizar a los futuros héroes de la Patria Nacional Vasca. Audiencia Nacional y represión facha. Hay que vender la moto. Y otra madre que purga los 28 años de cárcel del héroe de turno. Pinchos y vinos para todos, que paga el alcalde secuaz del jefe que hablaba de los chicos de la gasolina. ¿Súper? ¿Normal? ¿Sin plomo? Quemar banderas españolas con súper, normal y sin plomo, que ardiera bien. Retratos gernikianos del héroe por todo el pueblo. Tamaño XXL, por doquier, para almidonar el infierno vasco si hiciera falta. Homenajes con pasamontañas, que con pasamontañas y con el tiro en la nuca somos todos muy valientes. Tenemos, dentro del pasamontañas, más cojones que el caballo de Espartero. Verdugos por el bien, en plan Medievo, que los orígenes son los orígenes. Y pedir al loyolano (o como se diga) santo que sacara al hijo de la cárcel al menor tiempo posible, que el cura era intermediario de los héroes, que en sermones, letanías y rezos estaban presentes. Siempre. Casi como José Antonio un 20N en casa de un falangista. Como me decía el hombre de la camisa verde, lo primero que pintan los críos de los etarras son las hachas y las serpientes. Ni Gaudí, apostillaba el bueno de Ginés Caballero, que en paz descanse. Tenía memoria el jodido auxiliar jubilado. Pero eso son otras cuitas, otras historias. El cuarto Getsemaní se titula Lo mejor eran los pájaros. Ratas del aire y esas cosas que diría Joaquín Reyes. Y a contar vacas, y ovejas, y lo que hiciera falta. En el día que cambió tu vida te acuerdas de anécdotas, de almuerzos en casas ajenas, de cajas de lápices, de jodiendas con vistas a la bahía. Siguiente escena, La colcha quemada. Mirar para otro lado cuando arde el balcón del vecino del segundo, cuando esos geranios de ese segundo balcón queman su existencia. Pero lo importante es no entrar, no meter(se) en política. No vaya a ser qué. No vaya a ser. No vaya a. No vaya. No. Y habrá que decirle al vecino del segundo, al de la fábrica de muebles metido ahora a concejal, que se largue del edificio. No vaya a ser qué. No vaya a ser. No vaya a. No vaya. No. Siguiente estación, siguiente parada, Informe desde Creta. ¿Todos los hombres con pintas de inteligentes esconden secretos? Vaya usted a saber, no son horas para ese tipo de preguntas. El problema son las respuestas y llegar al centro del laberinto, y no poder salir, o no querer salir, y buscar sucedáneos, buscar un plan hache que preceda al jota. Ver morir a tu padre a quemarropa cuando eres un crío y poder vivir. Poder dormir. Poder respirar. Poder. Bueno. Abro paréntesis, como decía antes en mis clases, tanto o más que decía el profesor Chacón en las suyas. He aguantado 130 páginas sin llorar, pero ya tengo que llorar. Cierro paréntesis. De los que te dejan sin aliento y con lágrimas. Siguiente estación, Enemigo del pueblo. Al que señalan en el bar. Incluido el cura, el cura siempre jodiendo. Si todos lo dicen, algo de verdad será. Chivatos señalados sin pruebas. Jodidos hipócritas que te ponen en una diana. Decía Pepe Perona que "no hemos sido educados en la altivez del suicidio". No. Es cierto. Pero cuando te llevan a la desesperación, cuando meten pájaros muertos en tu buzón, cuando no le venden carne a tu hija en la tienda, cuando tus compañeros de timba te advierten, piensas en lo peor. Y lo peor es una cosa muy personal, como ese cura hijo de Satanás que es un etarra más. Con sotana, pero un etarra más. Golpes en la puerta es el siguiente capítulo. Habla de cárceles y de personas que no responden, de calendarios que hay en los suelos y de ruidos de uñas. Y ser un preso F.I.E.S. ¿De verdad eso era legal? O como escribió Tarrio, "la cárcel dentro de la cárcel". Esa cárcel donde no tienes espejos, donde los muertos no te escuchan, donde purgas por tus juegos y tus muertos. Y los muertos de los demás. Y por los muertos que un tipo de Francia dice que tienes que conseguir. En la siguiente escena, El hijo de todos los muertos, se reúnen imágenes y sonidos, chasquidos y ruidos de balas con 14 años de duración que siguen en el oído de la mujer que fue tiroteada en su coche junto a su marido y del recuerdo de la guerra civil otra vez. La vida hace extraños vecinos, que gente que salva vida a gente para que los descendientes del otro maten a los de uno. La siguiente estación de parada es Después de las llamas, donde dos ingresados en un hospital charlan y se muestran, cada uno a su modo, reales, falsos, con miramientos y distancia. La distancia, siempre la distancia. Y todo lo demás, también.

Camino de Las Azores (LXXI)

Seguimos camino de un destino que no sabemos si odiaremos o nos acogerá con los brazos abiertos, con el estómago lleno o con la cabeza fría. Pero la evasión no es cuestionable: honor, respeto y todo claro en el cuaderno de bitácora. Que no queden resquicios de dudas, que no queden pensamientos ocultos, que no caigamos en contradicciones.

El cuento de la criada. Primera temporada.

A los 15 minutos de empezar a ver la primera temporada de El cuento de la criada sabes que hay ponerle estómago al asunto. Va de sufrir. Desde el principio. Cuando se observa, allá a lo lejos, por el Ártico sin monos, un hilillo de esperanza... se esfuma. Se va. Sale un chaíto para decir adiós y joder la marrana. En uno de los sermones del primer capítulo se dice que "el deber es un cruel capataz". Vamos, un hijoputa de los de toda la vida. De ayer, de hoy y de siempre. Coger a las fértiles en las fronteras de Yankilandia para ser fecundadas por los jefazos, jefecillos, superjefes y el boss de turno sea o no alcalde de Chicago, sea o no yerno del exgobernador del Estado. Da igual. La sensación de opresión es absoluta. Hay momentos en los que solo deseas dos cosas: apagar la tele y apagar la tele. Es lo que tiene leer La Biblia al pie de la letra: se te va la pinza, la cuerda de la ropa, la carga de la lavadora y el tendedero entero. Sacar las materias de contexto. Joder por joder y tiro porque me toca. Toca en la cabeza, vestidito rojo, espías al por mayor, al por menor y multiplicados hasta la extenuación. Cambios de nombre para resituar la mierda. Rituales hasta para limpiar(se) el culo. Ceremonias, testamentos antiguos, lágrimas y cigarrillos finos después de ver al marido intentar inseminar a la esclava de la fertilidad. Lo dicho. Estómago, mucho estómago. El cuento de la criada es una buena reflexión sobre los estigmas, las etiquetas, los chistes (mal)entendidos. Todo tiene un precio y yo quiero naranjas frescas, o atún del mes pasado o te mando a las colonias a morir más pronto que tarde. Agentes dobles. Revueltas del pasado. Niños robados. Niños perdidos. Niños ajenos a los que amamantar. Para que ocurra algo antes permitir el hecho diferencial. Partidas de juegos de mesa. Escuadrones. El día D. Hora H. Antes o después todo se va a la mierda. Leyes que cambian leyes. Sociedades que se van al carajo día tras día con el cuento de nunca acabar. Posiciones que llevan al caos. Apocalipsis de dolor. Llantos sin remedio. Una rosa no siempre es una rosa. Hay ángeles que vienen a cambiar el aire, la atmósfera, pero la contaminación moral puede con todo. Platos relucientes después de comer. Locura colectiva. A criar se ha dicho. Pero los daños colaterales son múltiples, casi como el número de asesinatos y suicidios. Y en mitad de ese caos negro, oscuro, de pronto hay un hilo de esperanza. De pronto, tragando bilis las 24 horas del día, se ve un rayo de sol. O tal vez solo sea un atisbo de lo que podría ser. Acaba la primera temporada de El cuento de la criada preguntándose la protagonista si hay que tener esperanza en la futilidad. Vaya usted a saber sí esa esperanza es posible, porque es tan posible caer en gracia o en desgracia, vivir de rodillas y morir lapidada, hacer sangre y salir mal de un intento de suicidio. Luz y oscuridad a partes iguales, Ontario en el horizonte, toca que quitar y arrodillarse bajo la nieve. Hasta la sangre tiene belleza, hasta el dolor, grandiosidad. Y todo lo demás, también.

Loaded (2017)

¿Siguen siendo Primal Scream los Beatles de serie B? ¿Cómo habría sido la conversación entre Chema Rey y Tomás Fernando Flores en 2017 al respecto? Música ficción.

martes, 13 de junio de 2017

lunes, 12 de junio de 2017

Grantchester. Tercera temporada.

Reflexiona Grantchester, desde el principio de esta tercera temporada, sobre la virtud. Sobre lo que debemos hacer y lo que queremos hacer, aunque al final hagamos algo totalmente distinto. Nada de eso vale. ¿Tenemos valor para hacer lo que debemos? ¿Hasta dónde llega nuestro rigor para mantener nuestras convicciones? ¿Está el valor del "no" sobrevalorado? La integridad de mantener unos principios (sean los que sean, el límite es difuso según la primera persona del singular) es inequívocamente insegura. ¿Bien? ¿Verdad? ¿Justicia? ¿Belleza? ¿Es tan difícil poner esos 4 conceptos en una coctelera y sacar una ambrosía deliciosamente peligrosa? Y puestos a manjares exquisitos, buscamos premios cuando no hay ni sorteo programado. Nos engañamos, con y sin anillo, comprando vino, bebiendo pintas, recolectando güisqui, negándonos la mayor, la menor y todas y cada una de ellas. Ni el Big City de Spacemen 3 nos arregla el asunto. Ni ese jodido himno atemporal. Grantchester y las ediciones llegadas de América de poemas de tito Guillermo; Grantchester y sus historias fargianas de hijas que roban a padres, y mujeres que abortan sin que sus maridos sepan y de niños guapos que no quieren volver a la cárcel porque quieren sentarse sin ver las estrellas. El desamor, el amor (bien)entendido, los niños que se van y vienen, los amores primeros que no siempre los últimos. Vaya sarta de reflexiones deja la tercera temporada de Grantchester, con su dosis justa de azúcar y sangre, de venganza y vueltas al pasado, de recuerdos y bodas que están firmadas del revés. Y todo lo demás, también. Coda: Seguimos, como años atrás, sin creer en el jazz. Pero, por lo menos, los músicos de jazz se lo pasan bien, no como otros que ni disfrutan con "su música".

Camino de Las Azores (LXX)

¿Cantaremos algún día el Aleluya o nuestro rumbo irá de Requiem a Requiem y tiro porque me toca en do menor?

Rabia, acritud...

Y revoluciones orquestadas desde camas. Y cosas que dijo Sally y es tarde y todo lo demás, también. Coda: ¿De verdad oímos decir todas esas cosas?

Versiones planetarias del 2017 para Alburquerque

domingo, 11 de junio de 2017

¿Dónde está esa playa?

¿Herejes en otra vidas? Podría ser, deliberiando a ratos entre lanas y paños. Todo puede ser.

Santísima Trinidad

Hoy, entre papiroflexias y caminos de piedra hacia la ermita, toca reflexionar por la festividad del día: la Santísima Trinidad. Hay que creer, aunque yo no me llevo bien con las palomas.

Estrellas sobre estrellas

sábado, 10 de junio de 2017

Flaked. Segunda temporada

Las consecuencias de nuestros actos sobre los demás. Decisiones que causan estragos en la comunidad donde todo el mundo te conoce. Ventas para construir hoteles. Traición. Traición. Traición. Bicis sin sillín, para empezar. Todo es mentira en la época de las bicis sin sillín. Las series sencillas, sin aparentes pretensiones como Flaked, acaban dando sorpresas positivas. Casi 4 meses después, todo ha cambiado. Nada es igual. Hasta los leopardos tienen cuernos. ¿De verdad podemos vivir como si no hubiera existido el ayer? ¿Es posible? Defraudar, algo típico de alcohólicos. Gran invento ese de dar bandazos por la vida. Una vez, otra vez y otra vez. Y llorar por nimiedades. Los accidentes y sus verdades. Barras sin estrellas en el mundo de las palmeras, el sudor, las guitarras y las estanterías movidas. Mentiras por doquier mientras la confianza era total. No hay causas nobles en las mentiras. El centro de atención no es motivo para inventar mierdas. La puerta se abre, antes o después. Pero las segundas oportunidades no son eternas. Cuando el cementerio de mierda adquiere categoría de nuclear, todo puede explotar en múltiples direcciones. Se crea un Chernobyl sentimental de difícil resolución. Pero, en mitad de la reflexión sobre la mentira, vuelve la caída a los infiernos. Y todo lo demás.