jueves, 14 de junio de 2018

Billions. Tercera temporada.

Se trata de la batalla. De la batalla de las ideas. Un banquete de ideas, de inmensos manteles blancos, de la lucha de los gemelos dorados, de las copas y las luces sobre las mesas. No deja títere con cabeza esta tercera temporada de Billions (otra vez). Y cada problema tiene su solución. Y se añora Billions cuando no se tiene. Dar pena en mitad de las tinieblas. Cartas. Nuevos protagonistas. Usurpadores. Proposiciones (in)decentes. 30 millones por decir. Cifras, cifras, cifras. Emociones diluídas. Tratos, tratos, tratos. Intentos de recuperar vidas. Anillos que lo cambian (casi) todo. Reflexiona también la tercera temporada de Billions sobre el origen genético de la bajeza. Y los dientes largos intentando probar un escribano, uno de esos que se ahogan en un buen Armagnac. ¿Qué ocurre cuando nos pasamos la ley por el forro de los caprichos? ¿Qué valor tiene la amistad en 2018? ¿Todo vale por dinero? ¿Todo es cuestión de sueños (in)cumplidos? ¿El café sienta mejor que la cicuta? ¿Cuándo llegan los temporeros a la casa del abuelo? ¿Es la culpa un estado mental? ¿Precio al kilo de culpa? ¿Cómo está de precio la culpa? ¿Tenemos estómago para mentir una y otra vez? Todos contra todos. Todos contra el mundo. Todos quieren ser el mejor. Pero no hay universo para todos. No hay suficiente dinero para todos. No vale, incluso, una pachanga con Sharapova. Tampoco juntar(te) con rusos que te hacen recordar la importancia de la familia. O tomarte un Casamigos con quien ha estado siempre en tus peores pensamientos. Como pasaba con Ray Donovan, los penúltimos capítulos de temporada son grandiosos, y hacen que pensar y dejan frases memorables, icónicas palabras para momentos de subrayado rojo, de énfasis infinita, de limar y lavar y hacer sangre a los amigos. Si es que existen los amigos. Y si existen, regalarles algo que les apasione aunque a ti te traiga malos recuerdos. Seguir siendo el rey aunque existan otros que quieran ese reinado. No es fácil en los capítulos intermedios seguir la tela de araña que se borda con aguja fina en esta tercera temporada de Billions. El jersey puede salir raro. Pero no. Entra bien y la lana no pica. Y puestos a joder la marrana, frases míticas: "No hay mamadas en un caso federal". Tal que así. "La poligamia es una forma de socialismo". Otra que tal. "Ganar no es ganar si no hay matanza". Para enmarcar, también con un buen ganchillo. "Decir la verdad es lo peor". Puede ser. "A veces, lo malo que pasa, no es tan malo". Billions siempre deja una colección, pero es difícil hacer la selección. Complicado. Y al final, siempre se abre una puerta y las coaliciones cambian, en plan Borgen y hay nuevos enemigos, y nuestros mayores detractores se convierten en nuestros máximos aliados. ¿O era al revés con los comunistas? Todo es un plan que cambia. Siempre hay que tener un plan B, de los buenos, con mayúsculas. O tal vez, no.

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