Hace 3 horas
jueves, 8 de enero de 2026
Rojo
No es fácil reflexionar sobre Rojo, de Marc Cistaré, porque no es fácil pensar sobre algo sobre lo que ha pensado más de uno. Reflexiona mucho MC sobre la democracia (“La lluvia es democrática, le chinche a quien le chinche”) y reflexiona mucho sobre la capacidad de las personas (en primera persona) de cambiar el futuro de los demás (y decía EHDLCV que los demás son muchos). Rojo va sobre picar piedra, sobre encontrar un lugar en el mundo después de muchos desastres y sobre la forma en la que los cobardes encuentran su lugar. Dice MC que “las cuentas atrás no suelen terminar bien”, pero es que casi nada termina bien en la vida. Casi nada. Puestos a mirar al cielo (“uno se olvida de rezar cuando más lo necesita”), nada como mirar al frente: “La alambrada marca la barrera entre el hambre y el hambre extrema. Entre el frío y el frío insoportable. Entre el miedo y el miedo aterrador”. Y apostilla MC: “Cuando alguien manifiesta que se muere hay poco que replicar”. Volviendo a la democracia (“La democracia es una hija de puta cuando quiere”), nos hace pensar Rojo sobre lo que decide la mayoría en nuestro nombre, sobre los dobles trabajos y atribuciones, sobre los silencios incómodos y sobre las ventajas de ser insignificante cuando toca ser insignificante. Escribe MC: “La invisibilidad cotiza al alza en tiempos de guerra”. No hace falta que caigan bombas, pero la invisibilidad está muy cotizada. También retrata (otra vez) la situación del bando republicano, o, mejor dicho, la inexistencia de una cara real del bando republicano, puzzleada en cromos peleados con su creador, o con su origen primigenio. Pero como todo es mentira, Rojo, nos cuenta que las heroicidades, como todo, son mentiras, porque “son como la nieve”. Nieve para todos: “Unas veces cuajan, otras no”. Y el infierno, y las guirnaldas, y la puñeteiridad del tiempo, que “pasaba cona la rapidez con que pasa cuando no tiene que pasar rápido”: Y puestos a añadir, palabras, sobre la democracia, MC, puntualiza, atizando sobre letrinas, esclavos de los puestos de esclavitud y todo lo demás: “La democracia asoma el hocico cuando uno menos lo espera”. Un buen libro para tener buenas reflexiones, y “qué obedientes son los fascistas cuando se les olvida mandar”. Y siempre nos toca obedecer.
lunes, 5 de enero de 2026
Mayor of Kingstown. Cuarta temporada.
Se ha presentado Carmela Soprano, disfrazada de alcaide, en MOK, y llega de la siguiente guisa: “Este es mi castillo ahora, y solo yo puedo bajar el puente levadizo”. El jodido puente levadizo. Tiene arrugas, no lleva ropa estrafalaria, tiene arrugas (otra vez, lo repito) y da lo mismo. Sigue mandando, disfrazada en mitad del feudalismo de MOK. Porque MOK va de eso, de un feudo, de un señor, de señores menos importantes que se creen más importantes porque tienen más poder que el señor. Nada nuevo bajo el sol, porque si algunos dicen que todo es western, el hombre de la camisa verde decía que “todo es feudalismo”. Pero el que manda, se lo deja claro, ya seas Carmela o Jackie disfrazada de enfermera de serie b: “Si quieres paz en tu castillo…”. El medievo contemporáneo sólo ha cambiado la potencia de las armas; el resto, igual. Parecido. Con nieve, con muertos en mitad de la calle con ropa de monasterio, aunque el Jorge de Burgos contemporáneo es alguien de otro color distinto y con retinas distintas. Pero la mierda es mierda en todos los feudos: “Otro maldito día, otro hermoso día”. Y como en cualquier universo de TS, siempre cae un hermano, sea en el primer episodio de la primera temporada o en el tercero de la cuarta. Un hermano de sangre, o un primo medio hermano, o una hermana política, o un socio del peor de los negocios. O del negociado indefinible. Pero siempre caen. Otros los llaman adelgazamiento de la base del régimen de MOK; algunos, adiós supervivencia. Siempre hay que poner cencerros a las bestias. Siempre. Pero no hay suficientes cencerros en este mundo, me dijo un día EHDLCV. MOK no dulcifica nuestro presente, sino que nos lo presenta real: duro, asqueroso, costoso e irrespirable (y si hace falta, con más nieve que antes, que los sabañones hagan su labor tanto o más que las chimeneas en Michigan). Vivan las visitas. Cuando te quedas sin salvavidas, no queda más que hacer. Tragar agua, y volver a tragar e intentar hacer esporas en el resto de tu piel. Viva la impotencia. Sal, arena y vías de trenes convertidas en guillotinas: “Algo limpio, algo necesario”. Hasta que deja de ser limpio, hasta que deja de ser necesario. Pero todo funciona: “Es el transporte. El transporte, la sangre de los Estados Unidos. Un camino para todo, transformadores y basura. Cuando algo se marca para basura, deja de existir”. No: “No es difícil hacer desaparecer algo que no importa”. Y las putas esquinas ejerciendo de putas esquinas. ¿Seguro que cada una de nuestras ciudades no es Faluya? Nada que hacer cuando llega la tormenta, porque en MOK todo es tormenta, y “hay momentos en los que sólo podemos sobrevivir”. Y puestos a rezar, “Dios no necesita escuchar mis oraciones porque tú oyes mis órdenes”. Y la tortura como redención, como único escape posible.
sábado, 3 de enero de 2026
Mix Tape. Primera temporada.
Aunque al principio parece que los tiros son nickhornbynianos (ahora que todos se han subido al carro del Arsenal, incluído Nolan), esto va de Sheffield y de Sidney, y de libros por escribir y de recuerdos de un pasado que siempre vuelve (y ahora más con las redes sociales). Pero nada es fácil, por mucho de que se repita mucho la frase (“el matrimonio se trabaja”). Mix Tape es una serie de preguntas que no siempre tienen respuesta, aunque, a veces, las suponemos. El tiempo, ese bandido que siempre nos apuñala, que decía el hombre de la camisa verde. Enchufes rotos, imágenes del pasado, palomas que te sorprenden cuando menos te lo esperas y madres que se equivocan mucho. Aparenta más de lo que es, pero siempre es bueno creer que la vida es una canción de Jesus and Mary Chain. Pero no lo es.
viernes, 2 de enero de 2026
Elsbeth. Primera temporada.
Después de año y pico vuelvo a Elsbeth con el mismo interés que la primera vez y con tiempo escaso, otra vez. Y Elsbeth empieza con una lucha contra el tiempo en un piloto de carreras, bolsos, pastillas y puñales, casi como podría ser una canción de Joe Crepúsculo. O no. Elsbeth son palabras mayores, disfrazada de letras pequeñas, aunque con argumentos sólidos. Pero muchas veces nos quedamos con la primera imagen de alguien en nuestra retina y la de Elsbeth es la de una loca a dos bajo cero con una corona estatualibertaria y nos lleva a la confusión, tanto o más que su bufanda multicolorina: “¿Sabe que se puede aprender mucho de una persona observando su armario del baño?”. Y como todo es mentira, “la verdad se convierte en meter a los malos en la cárcel”. Y si decimos bufanda, podemos decir también pañuelo. Y de King a King, y tiro porque me toca, y Elsbeth nos toca mucho la moral (en el buen sentido) por su forma de mirar, por su forma de doblar la cabeza, por su forma robótica de hacer gestos o de gesticular en sus hechos. Y las blusas también son de colores. De muchos colores: “Tener curiosidad no es husmear, es un signo de inteligencia”. La inteligencia no siempre se muestra de la misma manera, con o sin solapa de móvil de florecitas y jersey de mantel de bar de carretera. Hágase querer por unos pendientes de corazoncitos. Vivan los balones medicinales y la política internacional: “Cuando los rusos se cargan a una persona tratan de demostrar algo, para asustar al próximo que se le ocurra criticarles”. Y claro, todos hemos sido alguna vez de los de Eli Manning después de Eli Manning: “No se lo digas a mis superiores, pero yo también he apostado a los Giants de vez en cuando”. ¿De verdad los jóvenes no han visto Ocean's Eleven? ¿Quién confunde las palabras famosa e infame? Y puede ser que “los favores puedan interpretarse mal”. O muy mal, o dejamos los consejos para otros: “No dejes que tu inseguridad oculte tu incapacidad”. Elsbeth, ese personaje “extrañamente insistente o insistentemente extraña”. Muy extraña, y, como bien dice la policía, “nunca confíes en un bailarín”. Y puestos a bailar, la misma policía, nos retrata la subida de precios, lo insostenible, independientemente del lugar en el que te encuentras: “Los que ante no podían permitirse Manhattan se iban a Brooklyn, pero ahora tampoco pueden permitirse Brooklyn”. Y apostilla: “Ahora se van con sus padres”. Kombucha para todos después del trabajo. Y no lo pone el Génesis, “pero si buscan algo, hablen con una bibliotecaria”. Paxlovid para todos.
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