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lunes, 8 de junio de 2026
For All Mankind. Quinta temporada.
Siempre hay que querer a los buenos guionistas que en mitad de una tortura escriben: “¿Crees que tengo miedo? Yo llevaba la seguridad de la ciudad de las estrellas cuando eras un adolescente con acné que se follaba a la cabra de la familia”. De la puta familia. Siempre hay tiempo para seguir pegando a alguien que tienes encerrado, decía EHDLV. Claro. Es lo que hay. Dolor, estrellas, agujeros negros y algo que hay que limpiar, y volver a limpiar. No es fácil terminar algo como FAM, pero es muy difícil terminar cualquier cosa. Es muy difícil terminarlo todo. O casi todo. Hay momentos en esta quinta temporada que piensas en un gulag y otros gulags con más frío. Hágase querer por confesiones, por confesiones que hacen por ti, por confesiones que te despiertan: “Si no cumples y me quedo aquí, acabarás solo en este mundo. Enterrarás a toda tu familia y pasarás el resto de tu vida esperando un puñal en la oscuridad”. Aunque se va al populismo (“Imagina que cierran Disney World, deciden echar a todos sus trabajadores y que echan también a toda la gente de Orlando”), no todo es populismo (o populismo ruso). Filtra, filtra, que algo queda. Volver, rancheras. Nada como intentar diferenciar el hogar y el puto agujero en el que vives. O en el que intentas sobrevivir. Algo atemporal. Legoland, Legoland, Legoland y “jamás se abandona el KGB”. El KGB. Culpabilidad, gracias y un día en el que no sale el sol. El egoísmo, porque FAM va también de egoísmo, de pensar en uno mismo antes de pensar en los demás, de “instalarse en montañas”, porque lo demás nunca nos gusta. Queremos ser faros en mitad de una tempestad en la que solo somos olas. Olas muy cutres. El capitalismo, crecer y todas esas mierdas, cada uno en su cárcel. En su cárcel particular. En su puta cárcel particular y como MR, alguien dice, después del alcohol, que hay que ser fuerte. Muy fuerte. O lo suficientemente fuerte. O algo más fuerte que los de enfrente, que “Marte es nuestro”. Muy nuestro. El fuego, la falta de oxígeno y todo lo que no está entre Los Garres y Marte no es ni Lages ni Saturno: “No más manifestaciones”. Decisiones incorrectas, siempre, por el mal de todos. Y volver, en estas jodiendas, es un verbo complicado. También la palabra insurgente. Todo es complicado. Radical. Terrorismo. Pero ese final, tan difícil de conseguir, se salva, o se intenta salvar y quedan un par de capítulos finales más o menos resultones, aunque siempre piensas en “Que no sea Kang, por favor”. Que no sea Kang.
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