viernes, 27 de marzo de 2026

Bait. Primera temporada.

Después de Black Mirror, ya nada alrededor del cerdo será igual. Lo de Bait, que empieza muy bien y luego se descarrila, se va de madre. Entre la paranoia y lo inexplicable, entre el requisito de etnia y religión, y lo sarcástico. No sabría la forma de clasificar a Bait, con un aspirante a Bond que busca lo que no hay, con una familia que existe pero se surrealiza continuamente, con una aparato mental no apto para mentes cuerdas. Hágase querer por un viaje londinense, por una fiesta familiar, por un cine que ya no es cine porque hace mucho tiempo que dejó de serlo para convertirse en un producto de márketing, en un truco de márketing que escuchamos en Casi famosos. Todo mentira en esta vida, hasta las cabezas de cerdo voladoras y dicharacheras.

martes, 24 de marzo de 2026

La hija

Como todo es mentira, cuando acabo un libro me pongo la versión de Caja del diablo de Triángulo de Amor Bizarro. Esa Isabel, que no Rosario, nos habla, como Jota, de mentiras: ”Siempre pienso que me han engañado”. Y es así. La hija no es un libro fácil, en ninguna de sus partes, pero es un libro de los que te hace pensar (otra vez, que para eso estamos). Pensar, meterte en líos, Casi Famosos, que decía el hombre de la camisa verde. Cada vez añoro más el silencio. He leído La hija en huecos que he tenido en una sala de profesores en la que brincan más que piensan, en la que festejan más que piensan. Se ríen, o hacen comentarios, cuando te ven con el libro de turno, y no diferencian Qué quedará de nosotros de Sacheri de La hija de del Molino. Y a ellos les da igual. Vivimos rodeados de personajes que satirizan al que lleva el libro entre manos, en la mochila, en el ajetreo. La hija, en ese afán entre lo didáctico y lo inventivo (o la palabra que sea equivalente), busca creer que hay relación entre en lo que, a lo mejor, no lo hay. O quizás, el autor tenga razón. No lo sé. Pero en ese intento, en el de hacer pensar, en el de escuchar esa mentira, ese engaño, nos lo pasamos bien. O yo por lo menos lo intento, aunque creo que no está a la altura de Los alemanes. Esto es otra cosa, otra cosa hibridizada, que está bien. Escribe SDM: “Cuando pensamos en la infancia, los padres ya están colocados en la escena, no se presentan”. Cuando mi canija, con sus 33 meses y 18 días me mira, y me pide el libro, o la música de Martín, o hacer una muralla con trozos de madera, me creo de verdad (aunque sea mentira) eso de que “las cosas importantes nunca están lejos”: Ahora, con el miedo en el cuerpo de que me pase algo, o a mi canija, me acuerdo mucho de eso que decía EHDLCV: “La vida es eso que pasa entre muerte y muerte de gente que tenemos cerca”. Demasiado cerca, aunque “la vida consiste en subsistir”. Pero La hija te hace pensar en ese XIX que tenemos entre ceja y ceja, entre temas de oposiciones y cuadros a los que le damos vuelta en la quijotera, aunque “a nadie le importa el arte, siempre importan otros asuntos”: Otros putos asuntos, otros caminos de sirga como los de la 253. También creemos que decidimos solos (“Uno decide lo que cree que es mejor en soledad, y apechuga con su decisión”) y luego la vida te pone en tu sitio, o la democracia, o los abrazos, o los matrimonios con los primos: “Nos pasamos la vida admirando los amores imposibles, y cuando suceden en la realidad, escupimos sobre ellos como frailes con trabucos”. Ese mismo Jota de antes, en su Si me diste la espalda, dice que “ahora existen mil demonios”, ocupando lugares reconocibles. La hija nos recuerda que “la revolución es divertida si tienes veinte años y pocas ganas de dormir”: Pero luego está la vida, y “sentía la mentira como un insulto”: Pero no es así, porque “ninguna euforia dura demasiado”. Sobre la cimentación de nuestros valores, nadie está de acuerdo. No tuvo que ser fácil ser hija de Goya en aquel momento, pero no debe ser fácil para mi hija tener un padre como el que tiene. Pero es verdad que no tuvieron cantajuegos ni Isabel ni Luisa Fernanda. Y a cada uno de nosotros se nos mueren los reyes (ya lo cantó Algora, “no era una perdiz lo que me comí, fue el final del cuento”). Pero toca seguir, sean en la sala 66 o en la que sea, porque “no somos la misma persona todo el tiempo, no nos vestimos igual para la ópera que para el fútbol”: Pero ese triste final (el del cuento, el de SA y el de todos nosotros), nos lleva a creer que estos desastres personales tienen solución. Pero no. Siempre vendrá un Arrieta, aquí o en la tierra de las nieves de los Wolves, a ponernos tiritas, pero la herida sigue ahí, porque “somos prisioneros de nuestros prejuicios y vivencias”: Un buen libro para creer que todo esto tiene solución, aunque no la tenga. Pero siempre me queda mi canija. Mi canija.

miércoles, 4 de marzo de 2026

Los domingos

“Es tan fácil rendirse”. Muy fácil. Los domingos pone en la diana a aquellos que se cuestionan lo que hacen los demás, lo que intentan hacer los demás. En esa cuestión, en esa capacidad de elección, siempre es difícil posicionarse (o no hacerlo, y pasar por tonto o por calzonazos, o por gilipollas). En esa diferencia (la que decía el hombre de la camisa verde que separa al tonto del gilipollas), es muy fácil caer en el tópico, en la palabra resultonta, en la chufla que no siempre se entiende, y cuando se entiende se busca detrás otro matiz. “Jesús pone deseos en los corazones de la gente”,pero muchas veces creemos que esos deseos podemos moldearlos a nuestro antojo, a nuestro capricho. Y como nos cansamos, “nadie está feliz todo el rato”. Lleva también Los domingos la trama a lo económico, a lo monetario, al chanchullo familiar de herencias y desvaríos, de elecciones equivocadas y familias por completar, de números que lo descuadran todo y familias que crecen y, quizás, desaparecen. Y en esos tiempos divinos, tan distintos de los terrenales, de los que acontecen sin reloj y entre rejas, siempre hay una prueba que pasar, un listón que saltar, una penúltimo foso para el gran salto. Pero siempre tropezamos, sea domingo o no. Una película para pensar en que lo que nos conviene no siempre es bien visto por los demás. Casi nunca.

domingo, 1 de marzo de 2026

Der Tiger (El tanque)

Hágase querer por la escucha de una misa en latín en mitad de ningún sitio, en mitad de una guerra de todos los demonios. Der Tiger nos lleva a una misión de locos en un mundo de locos, en un mundo de humo, puentes caídos (ahora que se lleva tanto lo de utilizar la palabra puente) y ríos que sirven para muchas cosas. Pero Der Tiger es sobre todo paranoia, búsqueda innecesaria en la derrota inminente, chapuzón iniciático de caos y de un amén que no siempre significa lo que tiene que significar. Meta para todos, entre la lucidez taciturna (siempre JMR) y una evocación continua de imágenes que nos llevan a Malick en la mirada: “Los de los tanques siempre tan especiales”. Y el Reich, siempre era el Reich, lo primero. Vino, fuego y profesores de latín: “Si algo nos legaron los antiguos romanos, si hay una gran contribución que su imperio legó al saber humano, esa es la guerra. Siempre estaban en guerra. Y no para someter a ningún enemigo, sino a su propio pueblo, siempre luchando, siempre librando guerras”. La cadena de mando y sus mierdas: “Órdenes que hay que acatar y olvidar quién eras y qué te gustaba”. Pero no siempre se entienden bien las órdenes: “Las órdenes son lo único que tenemos, ellas lo sostienen todo. El ejército, la soledad, todo”. Y todo cambia, el escenario, pero recuerda demasiado, por momentos, a ese napalmístico ejercicio visual de Coppola. Pero, como siempre, todo era mentira. Todo.