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martes, 23 de junio de 2026
Literatura, amigo Thompson (1988-1989)
Nada como volver a MS-O y a La ruta del aventurero y a Pío Baroja, y a esas frases de la página nueve (tanto o más que ese “Bienvenido [o bienvenido] a mi casa” de Triángulo de Amor Bizarro en MAR). La literatura y esas otras ocas olvidadas, que no patos. Pum, pum. L,AT va de libros, pero también va de párrafos, va de momentos, va de segmentos: “Pío Baroja, en algún sitio, o en varios, dice que él escribía por pasar el rato y por ganar algo”. Como todo es mentira, pasa el tiempo y el tiempo se va a la mierda: “Como los años entierran a los años, perdía su pista: esos libros que van desplazándose por los anaqueles como las amistades a las que dejamos de frecuentar”. Y Boris Vian, Pablo Neruda, Borges, Milton, Céline, y Gil de Biedma y todo lo que podemos esperar de los buenos libros, aunque no siempre nos parezcan buenos libros (“campeones de lo antisocial”, que dicen TAB), en “la breve tregua de una tregua aún más breve”. Pero no hay brújula, ni leches que superen el vómito cuando es infinito (“uno debe ir curándose de ese enfermizo vivir en lo perdido”). Y Mutis, y Musil, y Conrad, y González-Ruano y Rilke y entender que “a veces es preciso reducir la vida a lo esencial”. Y las cosas, y no tenerlas, y querer tenerlas y todo lo demás. Viva Salgari, viva lo que viene aunque no venga y no lo encontremos en las Islas Lofoten: “Los muertos están ebrios de lluvia antigua y sucia allá en el cementerio extraño de Lofoten”. Y Valentí Puig, y otras reflexiones, porque “quién no ha temido alguna vez ser el único testigo”. Y apostilla MS-O: “Tarde o temprano aparecerán por alguna página”. Y esos últimos días (casi planetarios) llegando a creer tiempo para leer las lecturas pendientes (Museo de cera de José María Alvárez [su lectura preferida de aquel junio]; Crónica del alba, de Ramón José Sender; Las inquietudes de Shanti Andía, de Pío Baroja). Y ese inicio de La torre de Dédalo que resume muchas cosas: “Libros que permitían el espejismo o la ficción de vivir intensamente, de una forma menos mortecina: un vivir exaltado, el del que sueña despierto. Ignoro por qué razón esos sueños y sus protagonistas, esos espejismos fueron, o han sido, tan prolongados, han permanecido tanto tiempo conmigo a modo de una rara familia, de una estirpe, a la que es difícil renunciar, pues está en el origen de esta pasión”. Y ese “prestigio de la diferencia” que lo subraya (en rojo) casi todo. Y “eso, la lectura, un mundo aparte”. Y citas, más citas, de más asuntos pendientes (Tiempo de silencio, de Luis Martín Santos, con subrayados de suegros no conocidos; El obsceno pájaro de la noche de José Donoso) y de artículos de Umbral en El Norte de Castilla. Pero como todo es mentira, “las gentes, como los que temen morir ahogados, reaccionamos de formas muy curiosas”. Y el reloj, jodiendo la marrana, siempre: “Y al final, no sé, la dolorosa sensación de que todo recuerdo, todo vagabundeo por el pasado es insuficiente, de que no hay tiempo para revisitar, releer, volver a ver y a escuchar. No sé, esa zarabanda de imágenes, de páginas, de rostros…”. Y el torreón de Gómez de la Serna en Velázquez, y la forma en la que “hay quien escoge la noche para construirse un mundo”. Y añade MS-O: “En la noche uno está a salvo de los mercachifles malévolos, de sus jaculatorias y de sus jeremiadas”. Y Felipe II (rey de gusanera para MS-O) y la presencia de “imágenes del pasado que iluminan el presente, que nos hacen comprenderlo mejor”. Y los cuadros de Saura, y El perro de Goya, y “el fervor del presente, el apetito, el no desentenderse de la exigencia del siglo”. Crusoes todos: “No hay otra tierra que esa isla desierta”. Pero siempre hay que buscar algo, algo que nos salve, algo que de esperanza: “Cuestión de celebrar lo que no va a volver a repetirse, como si no fuera así y esos momentos de rara plenilunio pertenecieran a la vida de todos los días”. L,AT es un artificio que da mucha vida, por lo menos para mí lo ha sido, entre este mayo y junio que se hace interminable, que no termina nunca, que necesita un apoyo existencial. Y deja buenos momentos: “Cuando escribir es, además de una manía, un reto, un desafío, contra la violencia del mundo, contra la malevolencia del prójimo en un ciudad asfixiante, contra la propia enfermedad y las propias taras, contra esa muerte que uno lleva dentro y engorda a costa de uno, contra las pejigueras de la vida…”. No conocía lo de “pejigueras” hasta las lecturas de MS-O, y creo que es una palabra que lo define bien. Y en esa 176, lo define mejor todavía: “Que se llega sencillamente para no enloquecer, para amar incluso, para no matar, para desentrañar alguna minúscula parte del secreto de la propia existencia, y en esto puedes no tener suerte alguna, algún secreto que, como un fósil, como una de esas piedras raras que vienen de otro hemisferio, como un aerolito, está agazapado en algún rincón de nosotros mismos, en el pasado o en el futuro”. En el futuro, o en lo que venga: “Escribir para que los días se parezcan a esas noches que no son de insomnio, sino de paz, de quietud, de un silencio que no encierra amenaza alguna, de tregua, y más que de tregua de armisticio; escribir para desvelar, para ocultar, para olvidar, para conocer antes las propias vergüenzas…”: Joder, y lo acaba, recordando ese agosto y ese septiembre de San Juan de Luz de 1989 con ese “la escritura, un puerto de quietud”. Y yo quiero más quietud en mi vida. Mucha más quietud. .
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