viernes, 7 de diciembre de 2012

¿Tú no flotas?

¿No estás muerto? ¿No quieres ser concejal? ¿No quieres dietas por viernes de alquiler neuronal?

jueves, 6 de diciembre de 2012

Laboratorio

¿Tiene que existir algo? ¿Por qué no encuentro ese laboratorio de las farmacias del espacio? Pues eso, dice que Mercurio. Siempre Mercurio.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Otra vez

Una joya, de esas que no escuchas todos los días. Han de arder, unas tras otros, ciudades y pueblos. Y todo lo demás.

Boss. Segunda temporada.

Nada como empezar a trabajar como para dejar de hacer lo habitual, lo cotidiano. Y eso da rabia. Me ha pasado, la rabia (esta vez no contra la máquina) y la segunda temporada de Boss. Y luego, a mitad de nada, te enteras que lo jubilan y mientras nos tenemos que comer a botellas y cámaras, pero es lo que hay. El alcalde Kane es un señor cabrón. Esas seis letras y esa tilde lo dicen todo. Cabrón. Sin escrúpulos, temblecoso, hiperhijoputa, manipulador y cualquier palabra que se te pase por la cabeza. Incide en lo de siempre, aunque ya no sorprende, porque los políticos son así. Ya lo vimos en la quinta de The Wire. Son patatas a 180 grados que cuando intentas tocar te trastocan los dedos y el alma. Sobre todo, el alma. Da igual la sangre (la reconocida y no reconocida). Se aprovecha de la amistad, del matrimonio, de la paternidad, de cuestión racial y de cualquier resorte que esté a su alcance. El señor Kane, primero; todo lo demás, después. Una lástima que se nos acabe este inventillo de Boss, que no hay nada como una ciudad como esa. Chicago da para eso y para mucho más. Y, al día de hoy, no sorprende que las ciudades importantes estén al borde la intervención, de que se junte pasión y política, y, sobre todo, que al público, al espectador de turno, al sufrido sufridor, a todos y cada uno, intenten jodernos. Para eso está el señor alcalde de turno. Y todo lo demás.

martes, 4 de diciembre de 2012

Una de mentiras

Y hit, que esto es un hit, uno de tantos como aquel día que el Chelsea le ganó al Bayearn.

Grandes

Hay textos que vienen como anillo al dedo en tardes de correcciones infinitas de doble cero. Cero, doble cero, cuando estoy cerca de ti. Cero, pero no tengo donde ir. Tu querer y mi querer, aunque se ríe por dentro no puede prevalecer. Te tengo que ver llorar y pasando el sufrimiento que tú me has hecho pasar. Yo no siento que te vayas, levanta niña del alma porque sentada desde el cigarro lo llaman sangre de mis entrañas. Se apagó mi cigarro, perdí un amigo, perdí el camino, perdí el camino, a la luz del cigarro yo vi un molino.

domingo, 2 de diciembre de 2012

Tempestad!!!

...era el castillo del Conde Drácula. Joder, cuánto tiempo sin escuchar "el último peldaño".