viernes, 12 de febrero de 2010

El cojo y el loco.

A veces, etiquetamos una obra artística de cualquier tipo por su autor. Y, ya puestos, si el autor es un tipo como Jaime Bayli, hay veces que nos recuerdan las formas. En España, tan ombliguística del mundo como siempre, hubo mucha gente que se enteró de la existencia de Jaime Bayli por aquella genial entrevista que le hizo en su programa televisivo a otra estrella mediática como es Federico Jiménez Losantos. Vaya dos figuras. Así, de esa manera tan sencilla, con dos tipos con mucho talento, se puede hacer televisión. Pero como los personajes de esta historia, me desvío. La historia de El cojo y el loco es la aventura de dos balas perdidas que sufren desde sus primeros días. Estos dos adjetivos ya son ilustrativos por sí solos. Y la infancia infeliz (que podidamente mal que suenan estas dos palabras juntas, que desagradables) de estos dos individuos le pudre las entrañas de por vida. Cuando tu familia, siendo niño, se avergüenza de ti porque la osteomelitis hace que una pierna mida 8 centímetros menos que la otra, mal vamos. Cuando tu tartamudez y tu fealdad te apartan de los tuyos, mal vamos. No había leído nada de Jaime Bayli hasta el momento, pero la lectura de El cojo y el loco es puro entretenimiento. Bayli ha creado a dos individuos, el cojo Bobby y el loco pancho, plenamente cinematográficos. Dos niños encabronados por las putadas de la vida que les hacen cambiar sus destinos. El cojo, violado de pequeño en un trayecto infernal, y el loco alejado de su familia, ambos tomando rumbos alejados de la normalidad. La crudeza del lenguaje que muestra Bayli se añora en la literatura de masas, pijo. Y cuando esos dos tipos, individuos de buena familia, individuos de la alta burguesía de la liga, individuos marginados que se vuelven aún más locos y aún más cojos, sólo se puede esperar el Apocalipsis. Y, como San Juan no está ya para muchos trotes, y para una segunda parte apocalípticia hace falta una segunda parte bíblica, pues es el final que se puede imaginar. Quizá, en plan Barry Gifford y con un poquitito de música (sin llegar al videoclip de Tony Scott), hubiera sido aún más reconfortante. Siempre los putos infiernos personales persiguiéndonos. Y todo lo demás.

5 comentarios:

rakel dijo...

Hace tiempo que leí "No se lo digas a nadie".
Un poco rara,pero está bien.

La sonrisa de Hiperión dijo...

un poco, no... más bien mucho...

supersalvajuan dijo...

Rakel, el saco la bolsa y Dexter Morgan nos esperan.
Hiperión, a disfrutar del findesemana.

Necronomicón.net dijo...

Me lo pido.
Gracias.

Clares dijo...

Seguramente está bien y será entretenida de leer. Me ha interesado el tema de la diferencia, que en ciertas sociedades sigue siendo una causa de discriminación que crea seres humillados, los cuales pueden llevar una vida miserable en dos sentidos, o por exceso o por defecto. Aquí, según parece, será por exceso.