domingo, 1 de febrero de 2009

Un Real Murcia enfermo y herido.



Sólo queda la permanencia. No se le pueden pedir peras al olmo. Y encima, a veces, resulta que la (mala) suerte también juega. ¿O siempre juega la suerte? Lo de ayer fue un intento frustrado. Un aborto inútil, un juego inhóspito. El Rayo Vallecano salió a jugar, lo hizo el primer cuarto de hora. Y un despiste entre Elía (ese portero que pasará a la historia del Real Murcia por sus inmerables Traviatas) y la defensa, permitió a Aganzo el gol de la victoria foránea. Es lo que tiene. Quien juega con fuego, se acaba quemando. Este equipo, que ya es un equipo, lo va a tener muy jodido. Tiene el enemigo en casa. Es como vivir en una casa llena de monstruos, y cada uno tiene un lastre muy difícil de soltar. Queda invierno y cada vez la manta es más corta. Cada vez más corta. Entre todos se lo cargarán, entre todos morirá el agonizante. Dice Tulsa que para llorar, a la iglesia o al hospital. Y en Nueva Condomina, ni hay iglesias ni hospitales. El Real Murcia de finales de enero de 2009 es un enfermo pendiente de una venganza que ahora mismo es imposible. No hay antibióticos para esta dolencia. Será el destino, serán los dirigentes, serán los políticos, será el cumplimiento de un pecado, una penitencia que no se sabe cuando acabará. Las barbaridades y el capitalismo. Y todo lo demás. Quizás necesitemos más Movillas, en todos los puestos. En el campo, en la directiva, en las instituciones. Gente que llame a la gente por su nombre. Y si hace falta deletrear, se deletrea. Pero no nos engañemos, la han liado parda. Muy parda. Entre todos. Y punto. 

1 comentario:

Leandro dijo...

Falté. Mea culpa, pero había motivo más que de sobra. Me pierdo la derrota y espero reengancharme con otra buena racha. En el campo, lo de fuera se pone chungo. Ya veremos