martes, 1 de julio de 2008

Caracoles.

Ayer, por la huerta agonizante, había más caracoles de la cuenta. Los viejos dicen que eso, en verano, es sinónimo de tormenta. Una granizada en condiciones. Qué lástima que no llega el día del Juicio. Y el día del Juicio Final. Es que me tienen en ascuas. Y éstos, desperezándose.
A ver si resuelven ya algún problema. Entre unos y otros, lo único que hacen es castigarnos. La eliminación del azar y la negatividad de la improvisación, que decía yo en la famosa programación. Y encima estrellas polares.
Delirios de verano. Y se acabó ayer el paripé claustral con casi 3 horas insufribles, y empieza el peregrinaje devoto. La jauría humana. Las puñaladas traperas. Pesadillas y más pesadillas. Acoso y derribo, dice J. Y Noé construyendo el arca del siglo XXI. Y todo lo demás.

3 comentarios:

Dante dijo...

Esto quiere decir que en el Juicio Final ¿acabaremos ahogados de caracoles? No es muy una tormenta muy predecible para los meteorólogos pero tal vez un frente de caracoles puede estar acercándose por la península.

jm dijo...

Los caracoles, ellos si que saben, mira como pasan del tema agarrados a sus ramitas

supersalvajuan dijo...

Caracoles y vino tinto, simbiosis perfecta.